SOCIEDAD

Estas son opiniones muy personales y por tanto sesgadas sobre los comportamientos míos y de mis congéneres. Es una visión, por qué no decirlo, bastante desencantada. Sorry.

 
 
 

MIXIVIADO

 
 
 

Si la clásica sociedad española con pedigrí nunca ha sido un modelo de convivencia y buenas maneras, durante los últimos treinta años han ido llegando con prisa pero sin pausa, a este patio de Monipodio que es España, ciudadanos de otras tierras allende los mares o al límite de las fronteras de la Unión Europea.

Traen, como es lógico, sus costumbres, sus credos y sus defectos patrios con el inevitable resultado de enriquecer nuestros vicios sociales con los suyos.

Si el español se cree ruidoso, se puede sentar en el autobús junto a un ruandés o un somalí, que como es preceptivo va a sacar el móvil y a ponerse a vociferar en suajili con alguien de su tribu, allá en África, que por lo que se ve, no llega bien la señal y lo compensa gritando durante los treinta minutos que dura el trayecto hasta tu lugar de destino.

Si creía que era machista, tiene la posibilidad de observar como un musulmán viste como le da la gana, pero obliga a las mujeres de su familia a hacerlo bien tapaditas, para que no despinten si son trasladadas de improviso al sigo XII.

Si el nacional se cree chapucero, no tiene más que contratar a un rumano para que le haga la reforma del baño y conocerá matices de lo burdo y lo tramposo que no habría podido imaginar.

Si se cree carente de buenos modales sólo tiene que observar a un chino (o una china) soltar escupitajos en la acera o perseguirle en sus comercios con la habilidad de un espía de historieta.

Si creía que su estilismo carecía de imaginación, puede ponerse a observar a un latino exhibir lo peor de la estética yanqui con sus pantalones cagaos, sus gorras de visera, y ellas con sus “tops” que más bien parecen “bras”  y sus “jeans” ajustados marcándoles bien las lorzas.

Y es que como dice el refrán: “de fuera vendrá quien bueno te hará”. Esto es el futuro, amigos: mixtura de mal gusto y execrables modales. Bienvenidos al siglo XXI.

 

 
 
 

ASTUCIA Y ESTULTICIA

Estoy un poco cansado de oír decir a Agamenón y a su porquero que fulano o zutano son muy inteligentes porque han conseguido tal o cual cosa.

Según ese criterio, los zorros son muy inteligentes porque saben acechar a sus presas y cogerlas desprevenidas cuando están cagando, por ejemplo.

Según el mismo criterio, un bebé es muy inteligente porque ataca al pezón con la boca y no con el ojo.

Abundando, un concejal es muy inteligente porque se lleva porcentajes de las obras o recalificaciones que se acometen en su ayuntamiento cuando de lo que se le debería tachar es de chorizo, de sinvergüenza, y si acaso, de astuto hijo de zorra.

Hablemos claro, la inteligencia es un don que los dioses administran con usura para que no lleguemos a adquirir su sabiduría. El común de los mortales es simplemente astuto, y como mucho, listo, que es sinónimo, pero ha de aplicarse a los cuñaos  y a los de tolosa porque “tolosaben”.

Inteligentes eran o son Aristóteles, Leonardo, Einstein, Asimov, Bill Gates o Woody Allen, pongamos por caso, genios también, por supuesto, pero es que esa es la máxima expresión de la inteligencia, y esa es la medida a emplear antes de precipitarnos a llamar inteligente a alguien.

El resto somos peña que justo nos viene para sobrevivir, así que menos lobos.

 

 

¡QUÉ RICA LA PILARICA, REPITA!

Uno, que tiene el sentido localista y patriotero, amén de religioso, abolido, a dios gracias, se suele cabrear todos los doce de octubre cuando en esta especie de “día de puertas abiertas” dejamos pasar por la Puerta del Carmen que es la única en pie, en este momento a peña procedente around the world para colapsar nuestras calles, bares y lugares de culto de la paz y tranquilidad de la ciudad que hemos querido darnos, es decir una ciudad de tamaño mediano, y por tanto un tanto habitable todavía.

Misántropo convencido, aún soportaría las multitudes si no fueran acompañadas de disfraces pseudo históricos de cómo vestían nuestros abuelos, que ni de coña, ya que los míos los he visto en fotos y calzan boina, faja y alpargatas de esparto, y ni en las fiestas más sonadas llevaban las ricas chorradas que viste el personal en ofrendas y vermutes.

Aún soportaría los travestismos si no fuera porque me cortan la circulación de las arterias de la ciudad y tengo que caminar entre indios tabajara tocando el caramillo, subsaharianos que venden cachirulos, rumanos que me ofrecen globos de Boy Exmonja y guardia urbana contoneando las caderas ante mis preciosos ojos.

Las fiestas del Pilar pasaron de elitistas y sin distracciones gratis para el vulgo  durante el franquismo al despiporre absurdo, caótico y sin gusto de la actualidad.

La altiva y la cutre: ¿Son éstas las dos Españas de las que hablaba Machado?

 

 

PORTUGAL, ERES LA HOSTIA

Hace dos años visité Portugal por segunda vez. La primera fue en 1.981. En aquella ocasión, la impresión fue que en lugar de viajar en el espacio, lo había hecho en el tiempo, parecía que había retrocedido diez años respecto a mis referencias de la parte oriental de la península: coches más viejos, ropa pasada de moda, fachadas sucias y decadentes y niños con los mocos colgando, hasta el punto de que siendo ya un loco de la fotografía, no me atreví a sacar la cámara en el barrio de Alfama de Lisboa, primero porque no me pareció seguro, y segundo, porque me hubiera sentido como un turista imbécil y falto de sensibilidad fotografiando la miseria y suciedad.

En este viaje reciente recibí la agradable sorpresa de encontrarme un Portugal moderno y con la suficiente riqueza como para que no le asomaran las costuras deshilachadas del vestido. Pero quien tuvo, retuvo, y aunque en lo cosmético su aspecto se asimilaba al de cualquier capital europea (o casi, ya que las fachadas seguían padeciendo de la caries del azulejo sin reponer),  hay comportamientos más difíciles de erradicar. Son comportamientos derivados de unos usos y costumbres que se pierden en la noche de los tiempos en las sociedades como la falta de sensibilidad al sufrimiento de los animales o la pura y simple ceguera ante la mugre.

Antes que me fusilen los enemigos de las generalizaciones, he de apostillar que en ambas ocasiones me he sentido en Portugal como en casa, que creo que cualquier español es capaz de empatizar inmediatamente con ese pueblo trabajador y creativo, que sus expresiones artísticas (quizá, según mi gusto personal, a excepción del fado), me parecen sencillamente magistrales, que quien no ha visto el vestíbulo de la estación de Oporto, por nombrar solo una, se ha perdido una de las más grandes demostraciones de todo lo positivo que acabo de decir, que sus calles son agradables para el paseo y sus gentes amables y serviciales…, lo que no quita que urge se miren tras las orejas y acaben con el poco de roña que aun conservan.

Um grande abraço Portugal.

ESTRAGOS

Obviamente la foto es un montaje que puede tener su gracia, pero me he limitado a ocultar la lamentable imagen de su bebé con sonda nasogástrica. Al parecer a la aristócrata se la pela mostrar la cara de su hijo prematuro en tan penoso estado.

Siempre achacamos a los borbones sus desaguisados como  fruto de la consanguinidad, como si todo se limitara a un problema genético sin culpa alguna por su parte, pero en los últimos años están desplegando tal cantidad de barbaridades que hemos de plantearnos muy seriamente si queremos poner en sus manos la representación de toda una nación, así como dedicar un duro a mantener semejante peña.

Por otro lado, las aberraciones siempre han fascinado al populacho, y la prueba es que la propietaria de semejante esperpento editorial, lleva años forrándose exponiendo en su escaparate chulos y zorras de toda laya para deleite de burros y aburridos ciudadanos, por lo que parece que estos mamarrachos de papel cuché van a seguir disfrutando de las simpatías de la plebe, y ésta seguirá apoyando la monarquía aunque sólo sea para hacer de vientre de forma ilustrada.

Y los bosque siguen esquilmándose para alimentar las rotativas.

 

 

MODCERDOS

Estoy apreciando en los últimos años una nueva categoría social que llamaré "modcerdos". Son aquellas personas que independientemente de la edad te demuestran en cada uno de sus actos que son la hostia de modernos, entendiéndose como tal que no están constreñidos por las rancias normas de convivencia que sus padres y abuelos llamaban "urbanidad".

Estos prendas igual te plantan los pies en el asiento donde vas  a mancharte los pantalones más tarde que siembran las aceras con la porquería de sus perros  ya que para hacerlo con la de sus cabezas tendrían que tener un derrame cerebral.

Estos figuras te tutean a la primera de cambio, te mienten con el seguro, te birlan la plaza de aparcamiento o te queman la ropa tendida con las colillas de sus cigarrillos.

Estos acémilas lo mismo te estafan no declarando a Hacienda, que te difaman en el trabajo o devuelven los recibos de la comunidad.

Estos mastuerzos te refrotan su mochila por las costillas, te meten su paraguas en el ojo y caminan por la izquierda en las aceras.

Estos mentecatos consumen tu oxígeno y sueltan metano a chorro, pero eso sí, son muy modernos y muy cerdos. Son "modcerdos" y han venido para quedarse y para hacerte el día a día más entretenido.

Mientras pienso en desearles algo bonito para su futuro, voy a quitarme el asqueroso chicle que se me ha pegado en la suela del zapato.

 

ESPAÑA CANI

Históricamente, las personas con estudios superiores, universitarios y demás, solían caracterizarse por una amplia cultura y formación más o menos humanista.

Pero hemos ridiculizado durante años la necesidad de aprenderse la lista de los reyes godos, la filosofía, la generación del 98, el latín, el griego y el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo, y las consecuencias las estamos pagando siendo dirigidos por una élite de políticos y profesionales más ceporra que un boniato hípster.

Todos conocemos abogados, farmacéuticos, médicos y licenciados en empresariales, pongamos por caso, que lo que saben del mundo que les rodea es a través de revistas profesionales, de los noticiarios de la televisión teledirigida y de las páginas culturales del País en el mejor de los casos, y lo peor de todo es que a menudo alardean de ello.

La erudición se castiga con sarcasmo en el mejor de los casos y con indiferencia en el peor.

Y la inteligencia, directamente con el fusilamiento social.

 

CLONALIZACIÓN

He hecho el experimento de mostrar a varias personas la foto que ilustra estas líneas y preguntarles en qué ciudad creen que fue tomada. La respuesta ha sido de lo más variada y desacertada por la sencilla razón de que es una calle europea estándar. Está en particular es de París, pero apuesto lo que quieras a que encuentras un buen rosario de ciudades en el mundo con el mismo esquema: avenida comercial céntrica con franquicias o delegaciones de McDonald´s, Zara, Mango, H&M, Pizza Hut, Starbucks o puticlub "La Pepi", pongamos por caso.

Para los cursis esto es la globalización. Para mí , esto es la clonalización ya que no son sino fotocopias y estereotipos que amén de acabar con la identidad e idiosincrasia de las ciudades y de los ciudadanos, lo único que globalizan es la comida basura y la ropa barata fabricada en un apestoso rincón de extremo oriente.

Y es que la palabra globalización da un poco de miedo  ya que me suena a adocenamiento, a uniformidad, y a café para todos. Personalmente, como buen español, prefiero mantener mis diferencias culturales con el país de al lado, con mis conciudadanos y con el imbécil de mi vecino.

Si además la globalización te la vende tu gobierno como algo bueno, lo primero que deberíamos hacer es palparnos los bolsillos.

 

 

 

AFECTOS ESPECIALES

Vivimos en una melé, y lo que es peor en una melé globalizada, es decir, no sólo formamos parte indiferenciable de una masa pugnante, sino que dicha masa se parece un huevo a cualquier masa de cualquier país around the world.

Como consecuencia, el ser humano, siempre preocupado por su singularidad, intenta de las más variadas formas de destacar de la grisura. Puede hacerlo cultivando su intelecto y disfrutar en lo más íntimo de su ser de las diferencias obtenidas, o puede hacerlo cosméticamente, con relumbrón y fanfarria.

En el primer caso se luce poco, como mucho puede hacerse merecedor de alguna distinción por su trabajo o investigación, y el resultado será a lo sumo el reconocimiento de un reducido número de intelectuales, artistas o científicos.

En el segundo caso, el individuo puede hacerse destacar por los más primarios procedimientos de engañar a sus semejantes, encaramarse sobre ellos, presentar una imagen física favorecedor y proyectar estereotipos intelectuales y emocionales falsos.

Son personajes con tendencia al histrionismo, a gustos y querencias excéntricos y amantes de lo más nuevo –adoran las nuevas tecnologías, las redes sociales y los medios telemáticos-, comen, se visten, se peinan y se relacionan con los demás de forma desconcertante y exótica, y se pasan por el forro los filtros y frenos necesarios para vivir en una sociedad de la que pretenden ser una referencia.

Les gusta verse como especiales, como lo son sus afectos: afectos especiales, con tanto ruido y humo como falsedad.

DEPRESIÓN POST, PRE E INTRA

 

                Las vacaciones son ante todo una ruptura, normalmente de los nervios, pero hay gente que con pasmosa capacidad para el autoengaño, y así se convence a sí mismo e intenta hacerlo sin éxito con los demás, que ese paréntesis laboral servirá para:  cargar las pilas, para un reseteo, para pasar más tiempo con tus seres queridos, para hacer aquellas cosas que te hacen verdaderamente feliz, para la aventura, para la exploración de tu interior y de unas cuevas en Murcia, y para un montón de mierdas más.

                Lo cierto es que sólo consigues frustrarte porque el mismo proceso del viaje es una tortura gracias a las incertidumbres ante tu ordenador para encontrar y contratar online unos servicios sin muchas garantías de certeza, la lucha contigo mismo y con tus seres queridos para que metan lo justo en sus maletas para que se ajusten a los exigentes dictados de la miserable compañía aérea, los pesados controles aeroportuarios, los tediosos cambios de autobús, avión, autobús de nuevo, metro, taxi, etc , hasta que llegas por fin a tu hotel que no se parece ni por el forro a la foto de Internet, y al que piadosamente llegas tan cansado que sólo deseas tumbarte sobre la cama con edredón nórdico, tan útil en el mes de agosto.

                Tras pasarte el día discutiendo con tus seres queridos gracias a la convivencia forzada durante días y disfrutar del paisaje y paisanaje del lugar de destino y de maravillarte de la prodigiosa imaginación foránea para poner precios tan asombrosos a auténticas mierdas, sin entender por añadidura una puñetera palabra cuando pides explicaciones, derrotado, emprendes el camino de vuelta de forma inversa al mencionado, eso sí, gracias a no sé qué mecanismo mental, afortunadamente se hace más corto.

                Vuelves al trabajo (si tienes la potra de tener uno), no tan deprimido como agradecido porque se haya acabado esa pesadilla de paréntesis y sólo te vuelvan a joder las personas y situaciones conocidas.

 

CAPULLOS

    Desde los albores de su existencia, el hombre se ha visto obligado a poner en juego todo su ingenio para sobrevivir en una naturaleza generosa a veces y hostil casi siempre. Ha entrado en conflicto con otros depredadores por disputarse las presas, entre ellos sus propios congéneres. Ha tenido que competir.

    Pero una cosa es adelantarte al contrario para llevarte un trozo de bisonte a la mesa, y otra estar dando por el culo a every body para sobresalir dos puñeteros centímetros sobre los demás, porque no te engañes, cretino, siempre hay alguien más alto, más fuerte y que llega más lejos que tu. Siempre hay alguien que consigue la chica más rubia, el coche más potente y el infarto más catastrófico. Siempre hay alguien más capullo que tu.

    Pero como la naturaleza no es sabia, estos pimpollos florales tienen vástagos a los que inculcan sus estúpidas frustraciones pretendiendo que de sus músculos o de su cerebro brote la fuerza o el ingenio que, por genética, es imposible que hayan heredado.

    Les enseñarán a gritar a los árbitros, al conductor inseguro, a su anciano progenitor y sus futuros hijos: tus nietos, imbecil

 

 

TONTOS DE LAS PELOTAS

 

     Ignoro por qué mecanismo mental un hombre adulto se humedece cuando ve a otro puñado de hombres correr para atrapar, arrojar, golpear y meter un objeto esférico u ovoide en un cesto, unos palos, un agujero o una tronera. Solo lo entendería si las que se afanan en tan esteriles tareas fueran mujeres, y es que ver señoras correr, sudar y pelearse, siempre nos ha puesto a los varones.

    Yo, como todos los niños,  he perdido el tiempo con pelotitas de todo tipo con el nada razonable fundamento de que fortalecía mis músculos, mejoraba mis reflejos, aprendía el concepto de equipo y un montón de chorradas más. Pero, bueno, uno crece y ha de aprender a tener criterio y mandar a tomar por saco todas esas estupideces, más cuando quien las practica es un niño pijo que cobra más de lo que tu linaje pasado, presente y futuro lo hará por los siglos de los siglos, ... y gracias a tí, que eres su alimento.

    No soy amigo de prohibir melonadas si  éstas no me afectaran personalmente, pero resulta que los deportes monopolizan los medios audiovisuales en una amplia franja horaria, los hinchas de mi ciuidad acaparan el transporte público cuando juega el desastroso equipo que los representa y tengo que volver andando del trabajo, y ya puedes olvidar hacer vida social si retransmiten cualquier estupidez de esa índole por televisión, aunque para los talibanes del deporte acudir en masa a espectáculos tan lamentables es también hacer vida social.

    Estoy dispuesto a admitir que ser espectador de un evento deportivo puede tener cierta similitud con ver un thriller por lo que tiene de inquietante e impredecible, pero el desenlace es casi siempre frustrante, vamos una mala película.

     Si a pesar detodo lo expuesto, el personal sigue acudiendo tozudamente, domingo a domingo, a estadios, pabellones o pistas, a fustigarse, cabrearse e incluso a infartarse, no me queda otro remedio que pensar que son tontos de las pelotas.

 

YONQUIS DEL VOLANTE

 

         No tengo coche ni carné de conducir, ni puñetera falta que me hacen. Ya tengo unos genitales con los que estoy agusto.

         He podido prescindir de automóvil durante sesenta y un años, viviendo en una ciudad de tamaño medio, usando mis piernas y el transporte público y he viajado por todo el país y por toda Europa.

         Pero siempre habrá yonquis del volante que afirmarán que “no se puede vivir sin coche”, claro, que tampoco pueden vivir sin televisión, sin móvil, sin microondas y sin lavaplatos. Hay que ver la cantidad de cosas sin las que no podemos vivir.

         Hemos conseguido hacernos esclavos de un montón de chismes, pero, de todas ellas, la más prescindible es el coche.

         Hay excepciones, concretamente cuatro: profesionales (taxistas, comerciales, …), currelas sin transporte público ,discapacitados y funcionarios con coche oficial (asimilable al grupo anterior). El resto, queridos, permitidme que os desvele una realidad incuestionable, no necesitáis el coche para un carajo.

         Sé que muchos de vosotros vais a alegar que no es verdad porque perdéis  tiempo de tocaos los huevos en el sofá, no se puede comprar el periódico porque tenéis que caminar doscientos metros, ni podéis ir a ver la fuente del Jiloca cuando os salga de los gemelos del sur.

         Todo esto es verdad, pero pensad un momento en la porquería que soltáis a la atmosfera, el tiempo perdido en buscar aparcamiento, los cabreos con otros conductores, con peatones, con el taller y con el ayuntamiento, la Guardia Civil y la Dirección General de Tráfico,

         Si todo esto os la suda, pensad en algo que seguro que no: la pasta. Un coche de gama media puede costar unos trece mil euros, divididos para diez años de vida media, supone mil trescientos euros al año. Si añadimos el mantenimiento que incluiría combustible, seguro, aparcamiento, revisiones, mantenimiento, impuesto de circulación, limpieza y multas, añadan tres mil euros más al año. Total: cuatro mil trescientos euros al año, trescientos cincuenta y ocho euros al mes, doce euros al día.

         Por ese dinero voy en taxi donde me salga del níspero, como un marqués.

                Y que se estrese el taxista.

             

LA ABSURDA PULSIÓN DEL INSTINTO

El ser humano desde que nace se las arregla para complicarse la vida en virtud de no sé qué obstinado atavismo que le impulsa a buscar una pareja y formar una familia.

Para conseguirlo, históricamente, tenía que descalabrar a un rival, cazar el mamut más gordo y peder más fuerte que sus oponentes. Hoy día viene a ser lo mismo con alguna que otra minúscula variante. El premio a tan denodados exfuerzos es una juventud rodeado de crios gritones, una madurez entre adolescentes insoportables y una vejez entre viejos que huelen a amoniaco cuando sus adorables vastagos lo archivan en el asilo. La parte buena es toda una vida de sexo desenfrenado (snif).

El instito nos impulsa a buscar alimentos, a correr o defendernos de las amenazas, a procurarnos calor en invierno y refresco en verano, a respetar la furia de la naturaleza, a creer en dioses y hados, todo ello nos asegura la supervivencia y el bienestar, pero también, inexplicablemente nos impulsa a reproducirnos como si no fuera suficiente con sobrevivir y también hubiéramos de perdurar como especie para cargarnos el planeta y con el a nuestra progenie.

De locos.

 

 

CANTO GREGARIANO

    La socialización del individuo está sobrevalorada. Uno nace sólo y se muere sólo,  y en el ínterin, está también solo. Porque ¿qué supone la comparsa que te acompaña durante dicho periodo?: las más de las veces compromisos que no te apetece asumir con personas que no te apetece ver.

    Ah, y ¡viva Buñuel! (el surrealista, no el pueblo).

 

 

HOMO DISPENSABILIS

            El hombre es un ser vivo disfuncional. Es milagroso que haya medrado hasta ser tan peligroso y prolífico como una plaga.

            Desde el mismo momento del alumbramiento se percibe que ese ser cabezón amenaza seriamente la vida de su madre cuando distiende el canal del parto y genitales maternos hasta el punto de dislocación y desgarro.

            Más tarde, en la adolescencia, es incapaz de mantener sus joyas pudendas a buen recaudo con el consiguiente riesgo de ser responsable de la creación de una familia cuando aún es incapaz de servirse un desayuno sin derramar la leche.

            Cuando por fin se hace adulto, por decir algo, se dedica a cargarse su entorno con tozuda dedicación, y cuando por fin se hace viejo y en pura lógica debería ser devorado por un depredador, ahí lo tienes todavía gastando recursos y tocando los huevos a todo el mundo.

            Si no fuera tan cobarde, le haría un favor al planeta y empezaría ahora mismo a eliminar peña empezando por unos cuantos que yo me se.

            

BARRIOS Y BARROS

                       Me considero perteneciente a la clase trabajadora, por extracción y por vocación y como tal vivo en un barrio popular, o mejor obrero que es como me gusta llamarlo a mí. Hoy gracias a la crisis nacional es más popular que obrero y gracias a la crisis internacional es más interracial que nunca. Vienen de otros países a compartir nuestra miseria, manda huevos.

             En los barrios de toda la vida, cuando salías a la calle temprano veías señores y señoras (de verdad, pata negra) que iban a trabajar y algo más tarde al resto de la familia, esposas, esposos y escolares ocupándose en sus menesteres. Luego estaba la población desocupada por obligación o por devoción repartida entre jubilados, inválidos y vagos. De chorizos y gitanos ya hablaremos en otra ocasión, cuando se extingan los melones que te llaman racista sin haber tenido que soportar a uno de cerca.

            Era un ecosistema más o menos delicado, pero que se sostenía por la simple proporción de un mayor número de personas ocupadas que desocupadas. Había ingresos en las casas, se pagaban impuestos, las tiendas se abrían, se limpiaban las aceras y en las instituciones había un número aceptable de sinvergüenzas.

            Hoy, se ha ido todo a tomar por culo. La proporción ocupados/subvencionados se ha invertido y los sinvergüenzas nublan el sol. Políticas y mercados depredadores, personificados en vástagos de meretriz que han saqueado sistemáticamente los recursos,  han envilecido el empleo y han provocado una explosión migratoria fuera de todo control que hace imposible una mínima cobertura de las necesidades de la población, amén de haber conseguido también el envilecimiento moral de los ciudadanos, que miopes como siempre, acusan a los inmigrantes de su empobrecimiento acaparando empleo y recursos sociales.

            Ya no puedo decir que me guste mi barrio, pero seguramente moriré en él y no cambiaría mis pintorescos vecinos por otros que se consideran hombres de bien y no son más que lechuguinos y salvapatrias.

 

LOS NUEVOS PIJOS

                Es difícil abandonar un cliché, y uno de los más poderosos es el de los pijos. Históricamente, un pijo era una persona –generalmente joven, aunque no necesariamente-, que provenía de una familia adinerada o con la suficiente tontería para creerse que era así.

                Tenían gustos caros: vivían en lujosas urbanizaciones o en el centro de la ciudad,  llevaban ropa de marca, comían en los mejores restaurantes, viajaban a destinos exclusivos, hablaban siseando y su expresión facial oscilaba entre una sonrisa resplandeciente y la de materialización del hastío dependiendo si los mirabas o no. Sus preocupaciones intelectuales nunca iban más allá de “que me pongo esta tarde” o de “como le jodo esta tarde a Pituca”

                Bueno, pues esa especie de pijos ha muerto aunque ellos no lo sepan.

                El pijo de hoy está convencido que tiene un pensamiento progresista, un cónyuge triunfador y unos hijos portentosos. Sigue teniendo gustos caros, aunque como "progresista", no presumirá de ello, sino que lo que manifiesta es que lo que le gusta son los productos ecológicos, la ropa cómoda – y si es de marca, ¡mira que casualidad!-, viajar por todo el mundo con su inglés rudimentario, la gastronomía internacional y un montón de pijadas más siempre que estén sujetas a las leyes de una economía sostenible. Lo que no parecen ver, es que si toda la población aspirase a ese modo de vida no habría economía humana que la sostuviera, salvo, claro está, que sostengas ese edificio con una fuerza de trabajo esclava, que ¡mira qué casualidad!, es la que tenemos en estos momentos.

                Pues ¡hala, majos: a disfrutarlo!

 

LO SERIO Y LO SOLEMNE

                En este país de chirigota cualquier indocumentado habla con mayúsculas y escribe con escoplo sobre mármol, se da importancia, saca pecho, imposta la voz y hace el gilipollas de variadas maneras: confunde lo serio con lo solemne. Seriedad es el patrón-oro de nuestra conciencia y sentido de la responsabilidad. Solemnidad es lo que hacen los catedráticos cuando se disfrazan con toga y birretes al menor pretexto.

                En esta corrala quevedesca donde la capacidad de discernimiento está tan abolida como el pleno empleo, es frecuente confundir ambos términos. Yo he oído a un presidente de gobierno decir con una solemnidad de rilarse que España nunca entraría en la Otan y a un fontanero con gesto solemne que el lunes, sin falta, me arregla la gotera. Y también he visto gente seria, anónima y escasa, preocupándose y ocupándose, cumpliendo su palabra.

 

URBANIZACION EL HUERTO DE LOS CALLAOS

    Nos vamos al huerto de los callaos más pronto que tarde para nuestro gusto, y nos empeñamos en seguir con el simulacro de que aún tenemos, estamos o somos algo que merezca la pena perpetuar. Veánse si no las pirámides egipcias u otros templos funerarios de barandas de peso que edificaban unos tinglados de la ostia para que les sirviera de morada en el más allá, y de paso, para dejar constancia de su importancia en vida. En nuestra modestia clasemedianera hacemos lo que podemos. Los chalets se convierten en panteones, los adosados en tumbas y los pisos en nichos bien apiladitos, en comunidad, como de costumbre, todo bien organizado, para que cuando llegue el Día del Juicio, quien organice la vista no tenga problemas para encontrar a los comparecientes.

Nos empeñamos en reproducir nuestra capacidad adquisitiva hasta el el huerto de los callaos. En la foto: chavolos, pisitos, chaletitos y casoplones. La naturaleza humana es así de gilipollas, qué le vamos a hacer. 

    No pretendo ser irreverente con las creencias de cada quisque, pero una vez más quizá convendría reflexionar con aquello de regalar flores antes del funeral, hacer la vida aceptable, y dejarnos de historias cuando ya no hay remedio.

 

ME JODE LA MALA EDUCACIÓN

    Cualquiera de nosotros ha sido testigo de escenas como la de la avalancha de pasajeros que sin respetar la cola de un autobús, se abre sitio a codazos para conseguir un asiento, o del adolescente o no tan adolescente poniendo los pies sobre el asiento de ese mismo autobús, o sin bajar de dicho transporte, como todo el mundo, o casi, tiene un súbito interés por saber lo que pasa al otro lado de la ventanilla cuando sube un anciano o una mujer embarazada.
    Todos hemos sido testigos del ciudadano que arroja ostensiblemente o con disimulo la porquería que tiene en la mano a la acera aunque tenga una papelera en sus narices. O del ciclista o peatón que pasándose por el arco del triunfo las prioridades de circulación invade el camino del otro. O del fulano que permite que su perro siembre de bombas antipersonas las aceras de nuestra ciudad.
    Los que tenemos hijos en edad escolar, además hemos conocido a través de ellos cómo el profesor del instituto se presenta como Paco, Fernando o Johnatan y pide a la concurrencia que lo tutee. O cuando, sin pedírselo, cualquier lechugino se dirige a nosotros como si tuviéramos algo más en común que pertenecer a la misma especie.
    No estoy hablando de normas de urbanidad tan desgraciadamente denostadas en los últimos tiempos y que a mi juicio son el aceite o el bálsamo que suaviza la fricción de una convivencia social. No. Hablo de dejación de la sociedad civil de sus responsabilidades educadoras. La sociedad muelle en la que vivimos nos ha llevado a evitar la confrontación, el mal rato, a dedicar el tiempo que sea necesario a ilustrar a nuestro hijos o a conciudadanos sobre lo feo que es insultar a un profesor, pegar a la pareja o dejar solos a nuestros mayores.
    Nos vamos muy tranquilos a la cama sabiendo que llevamos a nuestros hijos al colegio para que los eduquen, colocando a nuestros padres en algún agujero infecto para que los cuiden o pensando que si hay actos de violencia, incivismo o canalleria varia, ya están las autoridades para corregirlo.
 
 
 

LADRILLO Nº 1: SALUD Y BIENESTAR MEDIOAMBIENTAL (TEXTOS POLITICAMENTE CORRECTOS QUE ME VEIA OBLIGADO A ESCRIBIR PARA APROBAR LAS PRUEBAS DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD)  

 

                    Los procesos industriales contaminantes son una amenaza para el medio ambiente, para la salud y y para el bienestar ciudadano.  También lo son la extracción de materias primas y los núcleos urbanos masificados donde se comercializan los productos y se dan las coberturas administrativas, financieras, etc.

            La sangre de la civilización moderna, la economía, en sus tres manifestaciones más importantes: sector primario, secundario y terciario, contaminan todo el organismo. ¿Qué se puede hacer ante tan grave problema? La única solución viable parece ser la racionalización del uso de recursos, la explotación de éstos de forma limpia y ante todo la moderación en el consumo.

            En la ecuación: recursos/explotación, el resultado no sólo debe ser un número entero, debe ser además un guarismo alto. Es lo que se ha dado en llamar desarrollo sostenible, es decir, no desarrollo que permita su continuidad sin agotamiento de recursos y sin empobrecimiento o destrucción del medio ambiente.

            Y aquí se presenta la segunda parte del problema: ¿Cómo se hace esto? Para llevarlo a cabo se han de seguir dos caminos simultáneos: legislación y concienciación. El uno sin el otro serían ineficaces.

            Controlar legalmente el consumo es no sólo imposible sino contraproducente en una economía de mercado: sólo cabrían penalizaciones fiscales cada vez más discutidas. El camino que queda es el de la concienciación.

            En la utilización de recursos y su explotación, si cabe, además de la concienciación, la fórmula legislativa: limitar concesiones de extracción, legislar sobre procedimientos, control de residuos industriales, eliminación de productos tóxicos y procesos contaminantes, etc.

            Aunque pueda parecer que todo este rosario de limitaciones perjudicaría la competitividad por encarecimiento del producto, lo cierto es que la publicidad que realizan fabricnates que utilizan medios no nontaminantes se ha revelado como la màs efectiva ante una población altamente concienciada de la importancia que un medio ambiente sano tiene para su desarrollo personal y bienestar físico y mental.