A FE SUYA

Aquí estamos, 2018 años después. Nunca un negocio fue tan próspero.

 

 

CASULLAS Y CAPULLOS

 

Me gusta jugar con las palabras como se puede ver en la sección de “PALABRAISMOS” de esta página, y así lo hago en los escritos que cuelgo en esta sección. En éste, por ejemplo, el fetén hubiera sido “CASULLAS Y CAPULLAS”, pero como quien toma las decisiones en la iglesia son hombres …, pues eso, que me ha salido un poco descuadrado.

La foto que ilustra estas líneas es fake, por supuesto, pero a lo que voy: ¿qué coño les pasa a los eclesiásticos con el sexo?, y la palabra “coño” está puesta a idea.

Estudié en un colegio concertado dirigido por un cura y, aunque había profesores seglares, los más eran de sotana y tentetieso. El caso es que tuve una adolescencia muy puñetera cuyo inicio coincidió con un absoluto pasotismo de mis obligaciones escolares lo que disparó la atención de mi tutor, un religioso con sotana de veintiún botones que me llamó a su despacho, me miró muy serio a los ojos y me dijo: “he observado con preocupación que tu nivel en los estudios, que nunca ha sido muy alto, ha caído en picado” y continuó dirigiéndome esa mirada penetrante con una pregunta: “¿te masturbas?”. Lo juro por las niñas de mis ojos.

Yo, que tenía catorce años y llevaba ya cierto recorrido por ese camino, así que me sonrojé, bajé la cabeza y mentí balbuciendo, como sabíamos hacer tan bien los chiquillos de aquella época: “no, padre”.

Entonces me soltó un sermón sobre la importancia de estar bien formado para ser “un hombre de provecho”, y la inconveniencia de “tocarse” para no acabar ciego y desnutrido y ser un desecho humano (no confundir con "derechos humanos", que por entonces sonaban a chino).

Esto viene a cuento porque, así se diezme la población  en todo el tercer mundo por hambre, enfermedad o guerras, así cambie la polaridad de la tierra, o así nos salga una oreja en el culo por la radioactividad o la alteración de la biosfera, la iglesia, a piñón fijo: “pero tú, ¿te masturbas?

El resultado es que, en su enfermiza obsesión y, en un culto que les prohíbe el sexo, se prodigue tanto degenerado a pesar de que se intente frenar tan absurdamente la humana pulsión a la coyunda con la prohibición del fornicio y otras prácticas con la contumaz negación de los instintos.

Eso sí, en los casos denunciados, toman drásticas medidas y los cambian de parroquia, territorio virgen.

Eso sí, en los casos denunciados, toman drásticas medidas y los cambian de parroquia, territorio virgen.

 

 

CULTURISMO

No puedo pasar junto a una mujer tapizada hasta la barbilla sin preguntarme por qué su credo dispone tantos preceptos que las cosifican y las reducen a meras propiedades sin criterio ni opinión.

Lo sorprendente es que muchas de ellas, nacidas en nuestro país, escolarizadas junto a nuestros hijos, parecen haber decidido continuar con esos hábitos, nunca mejor dicho, como si la educación recibida en materia de libertad les hubiera resbalado, o se la resbalase.

He visto sus ojos desafiantes y su barbilla en alto, al coincidir nuestras miradas, como arrojándome una superioridad moral que no sé de dónde se han sacado.

No sé qué pretenden afincándose en occidente ignorando occidente.

No espero entenderlos ni que me entiendan cuando expreso libremente lo que pienso.

 

DÍA DEL ORGULLO INRI

Un año más, los católicos de calendario sacan sus mejores galas de entre la naftalina, templan sus cornetas y tambores, izan la imaginería y hacen que el tráfico rodado y peatonal sea imposible.

Católicos cuya fe se limita a creer que algún día les tocará la lotería o que su tío abuelo palmará sin más herederos que ellos, se encasquetan el capirote o el tercerol de colorines, empuñan el mazo o la baqueta, y se llevan la corneta a los morritos selfis para desentonar la nota que sea menester.

Manolas cuya caridad se limita a echarle un euro al pobre de pedir a la salida de misa cuando se equivocan y entran al templo en lugar de ir a tomar el vermú, revuelven entre las reliquias de la abuela y sacan la mantilla, la peineta y el rosario, se lo envuelven en la muñeca como una filacteria, se planchan el vestido de luto, se pones los zapatos de tacón y procesionan entre penitentes descalzos y los displicentes calzados.

Un año más triunfa el anacronismo y la rancia tradición de tintes medievalistas frente al verdadero sentido de la fe en el siglo XXI y al sentido común.

Un año más me joderán el transporte público y el plácido deambular por las calles de mi ciudad, mareado por el incienso, aturdido por el tronar de tambores e irritado por el despliegue de fastos y embozos.

El día del orgullo LGTB, cerraban la manifestación (bastante más divertida, por cierto) un pequeño grupo de policías machotes de a pie sonriendo, no se por qué, sólo con media boca. Los días del orgullo INRI cierran la solemne mani otros policías con gesto circunspecto, compitiendo con sus uniformes de gala con el enjaezado de sus monturas.

Siempre ha habido clases.

 

 

ANACRONISMOS Y ANACROMISMOS

En un mundo tan cambiante como el que padecemos, una serie de instituciones cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos permanece inmutable e inamovible.

La iglesia o la monarquía, pongamos por caso, han visto florecer y morir oficios, tecnologías, maneras de hacer negocios o política, corrientes artísticas o culturales, modas, tendencias, formas de pensar y de vivir y cualquier expresión del quehacer humano bastante más volátil, permeable y efímero que esos vetustos pilares en los que se apoya la civilización occidental.

Son fósiles procedentes de eras oscuras donde apenas se podía respirar y pensar y contarlo podía costarte la vida, tiempos grises de sotanas raídas y pardos de hábitos monacales.

Son dinosaurios que no saben que se han extinguido y que permanecen vivos porque la noticia de su muerte tarda años en llegarles debido a su hipertrofiada cadena neuronal-burocrática. Pierden trozos de piel y extremidades sin enterarse porque su comunicación interna está descompuesta y no prestan atención a lo que les llega del exterior porque están sordos, ciegos e insensibles por su coriácea epidermis.

Como ellos, consumen recursos en ingentes cantidades y no aportan sino estupor y a veces, miedo.

Desafían a Chronos y a Chromos y se nos chulean siglo tras siglo.

Espero que no sea necesario un meteorito para que desaparezcan.

 

 

LAS MANOLAS NO MOLAN

Si, ya sé que aún no estamos en Semana Santa, pero no puedo resistirme a meter mi cuña en este momento ya que paseando por la calle he visto salir de misa a la parroquia octogenaria habitual acompañada de sus familiares más jóvenes para asegurarse de que no se rompen la cadera al bajar las escalinatas. Era una parroquia céntrica, y por tanto gente bien, pero que muy rebien, de las de abrigo de visón, chinchilla y astracan. Hace años que no veía abrigos de bicho en tal abundancia.
Pues bien, allí estaban muy santificadas y muy dignas aunque con la cabeza baja mirando al suelo por aquello de que las ñordas de perro y la osteoporosis no se llevan muy bien.
Beatas de misa diaria si lo permite la artritis porque tienen mucho que agradecer al de arriba ya que sus huesos que han conseguido sobrepasar los ochenta años no pasarán frío ya que los pueden cubrir con pellejos de roedores con pedigrí y disfrutan de pensiones que no se acabaran antes del día quince de cada mes.
Señoras de don fulano, mengano o zutano que no saben lo que es doblar el espinazo para limpiar su propia casa, no digamos la de otros.
Hipócritas que entonan el "mea culpa" en la iglesia pero nunca reconocerán culpa alguna en la injusticia social que les rodea.
Madres de energúmenos con la cartera rebosante que no dudarán en meterlas en una residencia de alto estanding (si no lo han hecho ya) en cuanto empiece a olvidarse del valor del dinero y dé propinas de doscientos euros a sus nietos.
La muerte las igualará al resto de la humanidad, pero mientras tanto ellas y sus versiones más jóvenes pasean con altivez su riqueza hasta donde deberían ser más comedidas como en las manifestaciones religiosas, aunque sólo sea para recordar que procesionan en el triste recordatorio de la pasión de un Cristo al que dicen adorar y que pregonó la piedad con los que sufren y la caridad con los menesterosos.
Manolas de mantilla y piadosas de mentirijilla.

 

DÉJÀ VU

¿A alguien más se le ponen los pelos como escarpias ante el atronante desfilar de un paso procesional? Puede que en algún caso ese curioso fenómeno fisiológico se deba a una especial devoción, algo parecido a un fervor religioso, o a un discutible gusto por una tétrica representación medievalista. En mi caso, el fenómeno se debe más bien a la orden dada a mi piel por un cerebro aterrorizado, más o menos como cuando ves una película de miedo.

Todo colabora a ello: el sonido rítmico y ensordecedor de tambores y bombos con su tensa membrana salpicada de sangre, los marciales toques de corneta, las figuras encapirotadas al más puro estilo KKK, los encadenados penitentes con sus tintineantes ruido de cadenas, los rostros distorsionados por el dolor o la pena de las figuras de imaginería, las enlutadas manolas compitiendo por el atuendo más rico dentro de su dolor, claro, y todo ello bien ambientado con un mareante olor a incienso, que si no has tenido la suerte de colocarte antes, puedes hacerlo en el momento que pasan los incensarios a tu lado.

Todo me recuerda tiempos tenebrosos de la historia de España en los que el cura era una autoridad nada desdeñable y los obispos paseaban codo con codo bajo el palco con el dictador. Se me puede decir que exagero y que las cosas han cambiado, pero si me quedo un rato en la procesión no puedo evitar sentir un “déjà vu” que no me gustalo más mínimo.

Debe ser algún alcaloide del incienso.

 

CONFESIONES Y CONCESIONES

Según el artículo 16 de la Constitución española "ninguna confesión tendrá caracter estatal". Al menos dieciocho santos y vírgenes son patronos y patronas de las fuerzas armadas y de la Guardia Civil. Por citar algunos: San Juan Bosco, San Hermenegildo, Nuestra Señora del Buen Consejo, San Juan Nepomuceno, San Fernando, Nuestra Señor del Perpetuo Socorro, etc. Siempre me desconcierta esa querencia de los ejercitos hacia personajes tan elevados que sin duda odian la violencia. Así mismo me desconcierta ver como el estado español se pasa por el arco del triunfo el mandato de nuestra carta magna.

Qué, don Mariano, ¿hablamos de inconstitucionalidades?

 

IGLESIA NOSTRA

       

                La iglesia católica lleva dos mil años funcionando. Es la organización más veterana del mundo. Ha superado cismas, escisiones, expolios, traiciones, guerras, caída de imperios, y hasta su propia podredumbre.

                Sólo se me ocurre otra organización con suficientes méritos para igualarla: la mafia.

                Mafia es un nombre propio que encierra un concepto más amplio: crimen organizado, y aunque a menudo la confundimos con “Cosa Nostra”,  ésta última sólo es la expresión siciliana de la primera, como la Camorra en Nápoles y la Campania, o la Yacuza japonesa, o la que les plazca en Rusia, China o en las chimbambas holandesas. En resumen, mafia es un epiteto que abarca cualquier actividad humana organizada, jerarquizada y con recursos humanos y económicos suficientes para enriquecerse a costa de vender falsa seguridad,¿les suena? Además según  algunos historiadores está entre nosotros desde el siglo XV. Dale tiempo.

                De hecho no es difícil encontrar algunos paralelismos a vuela pluma: preceptos rígidos, curiosamente muy similares en algunos puntos como los que se refieren a la fe ciega, respeto a las mujeres de los demás, decir siempre la verdad, o no prodigarse por las tabernas. Otros puntos coincidentes ya menos confesables son no contribuir a los impuestos, presionar a  los gobiernos, enterrar sus secretos y mentir y atemorizar a la población con terrores inmediatos o futuros.

                La iglesia siempre olerá a hipocresía y hoguera inquisitorial como la mafia huele a miedo y a pólvora.

                Amén.