ORIENTACIÓN

Esta sección refleja mi punto de vista sobre la diversidad de opciones de vida que decidimos libremente, ya sean en el ámbito sexual o de cualquier otro. Intento desmotar tópicos y esterotipos tan queridos por los uniformadores y los intolerantes.

 
 

HABLEMOS DE LA EXO

 

Servidor se educó en un colegio religioso concertado, allá por el pleistoceno (década de los sesenta, plena guerra fría y sexo caliente). Era un centro con la frigolera de cuatro mil almas impúberes y púberes debidamente separados por un muro, que ríete tú del de Berlín.

La muchachada hacíamos lo que podíamos para atisbar en el proceloso mundo de las chicas, sólo visibles cuando nos reunían en el salón de actos para adoctrinarnos en la comedura de tarro que fuera menester en ese momento.

Lo hacían por ahorrarse repetirla a cada uno de los sexos, y nosotros aprovechábamos para sacar la lengua a las chicas o agasajarlas con un perdigonazo de arroz de cerbatana, que era nuestra manera de decirles que nos gustaría comerles todo lo negro… o lo que fuera, que vello aún no había mucho.

El caso es que salíamos a la vida, asilvestrados, jadeando y sin haber tenido a penas contacto con el sexo débil, idealizado en nuestra imaginación, lo que aprovechaban las féminas para hacer de nosotros lo que les daba la gana, mientras permanecíamos en ayunas de sus verdaderas intenciones.

Sólo en ese ámbito de mutua incomprensión podían explicarse los comportamientos machistas, pero hoy, amiguitos, eso ya no hay quien lo justifique.

No puede entenderse que hoy en día, los jóvenes y no tan jóvenes, pero ya educados en una sociedad más igualitaria, sigan reproduciendo comportamientos de película de Alfredo Landa con piropos soeces y mano al culo.

Nunca debieron darse, ¡y menos hoy, válgame Supermán!, discriminaciones sociales o económicas, abusos ni violaciones a mujeres.

Que el hombre es un impresentable en la mayoría de sus ejemplares es sabido, pero han transcurrido demasiados años desde las cavernas para que sigamos haciendo como que no nos enteramos.

Querido: deja ya de sacar pecho, vocear y dar puñetazos en la barra del bar, que no engañas a nadie. Eres una mala bestia sin civilizar y punto.

 
 
 

CASTRATIS Y PICHAS FLOJAS

La bonita imagen que ilustra estas líneas la tomé en un bar que ya he olvidado, centro de mi ciudad, zona facha. Podría decir que sobran las palabras, pero nunca sobran para calificar al bellaco que diseñó los artefactos y a los mamones que los compran e instalan.

Los que se mean en una boca de loza y les hace gracia no son sino castrati que encuentran en ese jueguecito de niños la compensación a su falta de hombría.

La vejación de la mujer no tiene líneas rojas para estos acomplejados picha floja. Anda y vete a machacártela con esa imagen en la cabeza, es lo más cerca que estarás nunca de tener sometida a una mujer.

 

BASTANTE HOMBRE

Iniciaré mi paseo por este jardín tan florido en el que me voy a meter intentando definir qué es ser un hombre en el siglo XXI y más concretamente en el año del señor de dos mil y dieciocho.

Ser un hombre desde mi parcial punto de vista sólo tiene una lectura posible, y es la referida a las características físicas de un individuo de género masculino de la especie humana. Estas características físicas las voy a obviar ya que sólo representaría la descripción de una serie de topografías de sobra conocidas.

Culturalmente, en cambio, la sociedad lleva siglos diciéndote que un hombre es un ser fuerte, duro, valiente, responsable, trabajador, elemento útil a la sociedad, buen hijo, padre y marido, protector de su hogar, proveedor de refugio, alimento y bienestar, garante de seguridad y porvenir, siempre dispuesto a los mayores sacrificios incluido la propia vida en caso necesario.

Sales al mundo con esa responsabilidad y acabas convenciéndote a ti mismo que ser un depredador y un cafre, en determinados momentos, está más que justificado.

Pero dejémonos ya de chorradas y hablemos con claridad. La mujer, por derecho propio ganado con sangre, sudor y lágrimas ha demostrado ser capaz de asumir esos roles tan rimbombantes y de hacerlo sin ruido. Ha sido la proveedora de alimentos cuando no quedaba otra, ha velado por los miembros más desvalidos de la familia sin sueldo ni reconocimiento, ha sacado las uñas y los dientes para proteger a su familia, se ha deslomado procurando un hogar cálido, confortable y seguro cuando ya venía deslomada del trabajo, y como pago, en ocasiones ha muerto a manos de animales, a menudo sus parejas, a los que me niego a incluir en la categoría de seres humanos, en general, y de hombres en particular.

Tengo sesenta y dos años y me considero una persona progresista, quítenle todas las connotaciones políticas que suelen acompañar a este calificativo ya que se puede serlo desde muchos ángulos del espectro social. He luchado toda la vida contra la educación recibida como macho. He dado ejemplo a mis hijos desde el momento de su nacimiento ya que me hice cargo de su cuidado al no tener empleo y ser mi mujer la que llenaba la despensa. Los he educado en igualdad, y me entero por ellos que su generación es aún más machista que la conocí yo.

Me siento asqueado como hombre porque para la mayoría de mis congéneres, las únicas categorías apreciables entre las mujeres sean las de que estén buenas o no, las estrechas y las zorras, las femeninas y las machorras, las tortilleras y las guarras. Son reducidas a unos genitales, y claro, así es mucho más fácil despreciarlas y atacarlas.

Soy enfermero y mis compañeras son mayoritariamente mujeres. Las he visto atender a los enfermos de un modo que yo no consigo hacerlo. La ternura, la empatía, la dedicación que he observado en ellas me avergüenza a veces por comparación.

No me gustan los coches, los deportes ni las pelis de tiros. Soy antimilitarista, anti taurino e iconoclasta, no me gustan las barras de bar, los salva patrias ni fumar puros, pero a pesar de todo ello me considero un hombre ya que conozco mis fuerzas y debilidades, y ninguna de ellas tiene que ver con mi sexo.

 

SIGLO XXI, CAMBALACHE, MUY CONFUSO Y MUY PUERIL

 

Si el siglo XX fue descrito en el tango como “cambalache, problemático y febril”, urge poner nombre al cuasi recién estrenado siglo XXI, siglo 21 para los milenials, ya que es su siglo por haber nacido en sus aledaños, pero el latín y los números romanos se la suele pelar bastante.

Si el siglo XX, según el tango, era un año en el que todo valía, nada ni nadie era mejor que otro, todo eran trapicheos y prisas, el XXI, viene caracterizándose por una increíblemente variada oferta de artículos y bienes de consumo, de propuestas estéticas, musicales y dietéticas, de orientaciones políticas, sociales y sexuales, pero sobre todo de provisionalidad, precariedad y baratura. Son baratos los bienes y servicios, los salarios y la dignidad.

En este estado de cosas he imaginado lo que podría ser una gran concentración de jóvenes en algo que les interese mayoritariamente y los mueva de la chaise-longue, como una protesta por la subida de los productos con contenido etílico.

Como toda masa informe al primer golpe de vista, ésta está configurada por grupúsculos sólo advertibles por un observador entrenado, o fijándose uno en las pancartas y enseñas, coño, que hay que decíroslo todo.

Pues bien, en el caso que nos ocupa encontraremos los siguientes grupos, subgrupos y grupúsculos, así como la interposición y transversalidad entre todos ellos:

1)     Los más aparentes: los integrantes de las diversas propuestas estéticas y/ musicales, verbigratia, y por nombrar sólo algunos:  punks, emos, lolitas, pijos, makineros, darks, inidies, canis, frikis, gamers, pokemones, y algún que otro despistado hípster.

2)     Los seguidores de posiciones políticas y sociales: feministas, ecologistas, animalistas, okupas, socialistas, comunistas, anarkos, podemitas, ciudadanitos, neo nazis y neo nazis negacionistas.

3)     Los integrantes de distintas orientaciones sexuales: lesbianas, gays, transexuales, bisexuales (LGTB) y otros que pudieran no estar adscritos como travestis o drags.

4)     Los defensores de las opciones dietéticas: omnívoros, veganos, ovo-lacteo-vegetarianos, proteinómanos de gym y cardio, amigos de los hidratos de carbono y enemigos de lo que come el grillo.

5)     El lumpen de bandas callejeras y chulos de barrio: Latin King, Ñetas, Dominican Don't Play, Forty Two, Trinitarios o Blood.

 

Así, entre esta gente tan chula, podemos encontrar, por ejemplo, un grupo de pijos en una conversación como ésta:

-Guau, que pasada, esto está lleno de pijos.

-Espera que saco el Iphone y lo subo.

-No jodas que se me ha estropeado el Mac y no lo voy a poder ver.

-Pues míralo en la Ipad.

-¡Hostia, es verdad, megaguay!

Justo al lado tenemos un grupo de emos que no dice nada y se limita a mirarlos con asco y a murmurar entre ellos cosas como

-“mierda de vida”

-“consumistas asquerosos”

-“voy a rajarme otra vez la muñeca”

-“me gustan las ojeras del rubito”

o cosas así de estimulantes.

Justo detrás de estos, las bases de los indignados podemitas se pone de puntillas y exclama:

               -¡Hostia que movida, qué capacidad de convocatoria tiene el coletas!

               -No te vengas arriba que he visto media docena con la esvástica tatuada en las encías.

               -No, eran reventadores de “Ciudadanos”.

               -A ver, consulta asamblearia, que esto iba de las birras.

               -Ya está la corriente discrepante tocando los huevos.

Un coro de feministas corea:

               -Nosotras parimos, nosotras decidimos.

               -Mi coño, mi decisión.

               -Contra la violencia de género, gasolina y un mechero.

               -Putas al poder, vuestros hijos ya lo ostentan.

Casi codo con codo, un colectivo de veganos/veganas, se pasa con por WashApp recetas de varias formas de simular entrecots con tofu, morcilla con carbón vegetal y san jacobos  con algas blancas, cera de abeja y muesli. Una que es anti tecnología arremete:

               -Los móviles están hechos con plástico orgánico de granjas de pollos.

Las demás quedan en suspenso un momento, niegan con la cabeza y siguen a su faena. Una dice sin dejar de teclear:

               -No le hagáis caso a esta que es una conspiranoica y una intransigente.

No muy lejos, un colectivo LGTB agita sus banderas arco iris mientras se intentan poner de acuerdo sobre las variedades de intercambios sexuales entre ellos.

               Trans: yo, activo y pasivo, pero nada de tías.

               Lesbiana: yo, sólo tías, nada de trans, ni bis machos, que veo un pene y me enfollino.    

               Bisexual, tío: joder cuánto inconveniente.

               Bisexual, tía: tú, lo que eres es un salido.

               Gay: tú, te callas, perra.

Por último, el colectivo neonazi, las bandas y los chulos se van diciendo en sordina:

               -En cuanto acabe esto, a esta cuadrilla nenazas les limpiamos las carteras y les ensuciamos los calzoncillos.

               En la cola de la mani, los maderos se contonean con suficiencia en los gestos y media sonrisa en la cara como diciendo: “haber aprobado las pruebas físicas para esta cagada”.

               Pero, tranquilos, que ya saldrán las autoridades a la palestra para decir que sólo eran unos pocos perro-flautas y un selecto grupito de hijosdalguien que se habían metido en eso por error.

 

ESTÚPIDAMENTE CORRECTO

  

    El otro día coincidí en mi deambular fotográfico por mi ciudad con una manifestación de ... no se muy bien qué, ya que cuando llegué a casa y lo comenté a mis hijos mileneals, saltaron como fieras a corregirme. Yo creía que era el día del orgullo gay, pero resulta que a lo que asistí fue a una concentración de LGBT, a saber: lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

    Voy a tener que ponerme al día en léxico-correcto-no homófobo-ni cavernícola. Y eso que me creía moderno, tolerante y chupiguay.

    He educado a mis hijos en los valores de libertad, pluralidad y respeto, pero también de la sencillez y el sentido común, y si resulta que no soy capaz de ponerme al corriente en la proliferación de nuevas siglas ni en el afán taxonómico de los amantes de la puñetera correcta clasificación de cada objeto, sujeto o concepto, pues bueno, pues vale, pues me alegro.

    Me vais a dejar en paz, por favor.

 

VEGETARIANOS, VEGANOS Y VEGASICILIANOS

              Todas criaturas del Señor caben en este mundo, veganos incluidos, pero sin olvidar el undécimo mandamiento: ¡No serás cargante!

         En su afán taxonómico y de destacar en algo, el ser humano se pega la vida etiquetando y etiquetándose.

         En lo nutricional, se ha desplegado todo un surtido de calificativos:  frutívoros, insectívoros, carnívoros, omnívoros, antropófagos, xilófagos, coprófagos, anoréxicos, bulímicos, vegetarianos, ovo-lacteo-vegetarianos, vegetarianos estrictos, y más recientemente veganos. Humildemente yo me considero vegasiciliano.

         Y es que cada uno, en lo alimenticio, como en el sexo, puede elegir la opción con la que se sienta más cómodo, pero no se puede ni debe hacer proselitismo, ni demonizar a los que no te siguen el rollo.

         El ser humano ha desarrollado un volumen craneal de mil cuatrocientos centimetros cúbicos gracias a su alimentación omnívora, sin la cual tendríamos un aparato digestivo hipertrofiado similar al de un rumiante en detrimento del crecimiento del cerebro. En definitiva: somos lo que somos por consumir carne.

         No puedes acusarme de que como cadáveres cuando tú comes brotes de plantas que vienen a ser los corderos lechales del mundo vegetal. No puedes acusarme de que se ejecutan animales para mi supervivencia cuando tú no dudas en tomar un antibiótico que mata bacterias con el mismo fin. No puedes acusarme de necrófago cuando en cada inhalación metes en tus pulmones  y estómago miles de cadáveres de ácaros, no puedes atacar mi conciencia tildándome de asesino de animales cuando posas tu inmaculado culo sobre un sinfín de vida microscópica cuando te sientas en cualquier parte.

         Porque, ¿qué tamaño, naturaliza, o personalidad ha de tener un ser vivo para que tú decidas si merece vivir o no? ¿una ameba, no porque no tiene ojos?, ¿un pollo, sí porque es mono cuando nace?, ¿un insecto, no porque te pica?, ¿una ternera, sí porque parece que te entiende?, ¿una anaconda, no porque puedes ser tú su comida?

         No eres superior a mí por alimentarte con puerros, my friend.

         Yo jamás pensaría lo propio en mi condición de torreznivoro.

 

HOMOSEXUALES, HOMOFOBOS Y MEDIOPENSIONISTAS

    Todo homófobo esconde un homosexual reprimido. Es una negación de sus verdaderos instintos. Odian lo que son y proyectan su odio a aquellos cuya homosexualidad es más evidente.
    Colectivos como fuerzas armadas, paramilitares, deportistas, trabajadores manuales, amantes de la automoción o de la maquinaria pesada, todos ellos semillero de homofobia donde lo haya,  tienen en común un sospechoso y exacerbado culto a la fuerza muscular o motorizada, a las duchas compartidas, y a darse palmaditas de camaraderia como signo de que son tan machos que pueden permitirse tocamientos equívocos.

    Algunos hemos sabido de homosexuales que han sufrido un auténtico calvario en el servicio militar siendo humillados por compañeros y superiores, quienes probablemente, se vestían con la ropa interior de sus novias y esposas frente al espejo.

    Muchos hemos asistido a conversaciones de barra de bar donde los machitos de turno hacen mofa del compañero, pariente o vecino homosexual por el simple hecho de que tiene más dignidad que ellos y no lo oculta.

    Todos hemos tenido conocidos personajes que se despelotan con cualquier escusa para exhibir sus depilados y musculados cuerpos haciendo ostentación de pectorales, culo prieto y genitales colgantes (no hay un espectáculo más lamentable desde mi punto de vista, nunca mejor dicho).

      De la iglesia, ya hablaré otro día.