MALAS BESTIAS

 
 

A menudo sacamos pecho para denominarnos a nosotros mismos animales racionales. Ya, ya.

 
 

CONTRA NATURA

 

Comenzamos a domesticar lobos hace dieciocho mil años, mes más, mes menos. Un animal, que siguiendo su naturaleza, te puede romper las cervicales con un mordisco, te puede desgarrar la yugular de un zarpazo,te puede atravesar el cráneo con sus colmillos… y decidimos convertirlos en lo que vemos en las imágenes que acompañan este escrito.

Le hemos convencido que somos su manada, que debe defendernos, guiarnos, entretenernos, brindarnos su compañía e incondicional lealtad y en pago de todo ello, les ofrecemos un hogar con salidas indispensables a la calle, les proporcionamos alimento aunque sea en forma de secos gránulos de origen incierto, les protegemos de enfermedades aunque de paso les cortemos el rabo y les pelemos para que respondan a la estética que nos apetezca,  y por último les recompensamos con una fracción infinitesimal del afecto que nos dispensa.

No entraré en un debate de si es moralmente aceptable o no ejercer la propiedad sobre un animal y poder hacer del él prácticamente lo que nos dé la gana. Me consta la importancia que tienen para muchas personas, ya sea de guías, de protección o de simple compañía, pero, por favor, no los tuneemos ni los disfracemos. Devolvámosles al menos una parte de su antigua dignidad y quizá decidan no arrancarnos la cabeza una noche mientras dormimos.

 
 
 

ANIMALES

       Piel de toro. Así calificamos nuestra península debido al discutible parecido de su contorno con el fruto del desolle de ese animal. ¡Qué simpático epíteto!, ¡qué imagen más sugerente se forma en nuestro cerebro al pensar que si matas a un bóvido y le arrancas la piel y la estiras, puedes formar algo parecido a nuestro suelo patrio!

     ¿Por qué esta fijación nuestra por extraer de la violencia connotaciones cultarales, artísticas o patrióticas?, ¿qué sensibilidad puede extasiarse ante el dolor, el derramamiento de sangre y en definitiva, la muerte de otro ser vivo?, ¿qué país de chalados afirma que tradiciones como excitar, provocar, banderillear, picar y estocar toros son tradiciones respetables e indiscutiblemente protegibles?, ¿quién puede aún defender que acorralar un toro hasta su caida al mar, cubrirle los pitones con fuegos de artificio, derribarlo y torturarlo de la forma que se le ocurra a los descerebrados del lugar, sea un forma de mantener la cultura y tradiciones de un pueblo? Contestaré: la de uno sin civilizar que pretende asimilarse a una Europa moderna, igualitaria, progresista y defensora de los más altos valores.

    Es cierto que la fiesta de los toros ha servido de inspiración a gran número de artistas, y que por ejemplo, Goya, dedicó una colección de pinturas a la tauromaquia, pero también dedicó otra a la irracionalidad y la locura en sus "Caprichos" y plasmó en otro lienzo la sinrazón de la guerra en "Los fusilamientos" del tres de Mayo en Madrid, y a nadie se nos ocurre pensar que la locura o la guerra deben defenderse porque genera arte.

    Del trato que dispensamos a otros bichos y personas, ya hablaré en otra ocasión.

 
 

DOS ANIMALADAS

   Voy a narrar dos experiencias vividas por el que suscribe: una en directo con un orangután enjaulado, la otra, a través de un documental de la 2 de RTVE que mostraba el día a día de una hembra de leopardo y sus cachorros.

 Respecto al orangután, éste se encontraba prisionero en el Zoo de Madrid. Yo, estúpido de mí,  iba con mis hijos pequeños a que vieran fieras (curiosa paradoja cuando mis propios hijos de 9 y 10 años merecían más ese apelativo), pues bien, nos paramos en el campo de concentración de los orangutanes. Era la primera vez que lo hacía y juro por la entidad divina que ustedes quieran que jamás volverá a suceder: aquel pobre individuo que teníamos al otro lado de la reja, un ejemplar adulto de pelo sedoso y mirada triste, mataba su tiempo, sentado en el suelo, dibujando formas abstractas con un palo en la tierra. Entonces ocurrió algo que nunca olvidaré: alzó su abúlica mirada hacia mí, la sostuvo unos segundos y volvió a su particular mandala.

    Si nunca has sostenido la mirada a un ser no humano, pero indiscutiblemente inteligente, nunca serás capaz de comprender que debemos dejar de mirarnos el ombligo y abandonar la absurda creencia de que somos seres superiores.

    La leoparda: Un leopardo hembra tiene dos cachorros que ya han entrado en la adolescencia. Todos los días sale a cazar para llevarles comida a la copa del arbol donde holgazanean. Intenta repetidamente que la acompañen en sus cacerías, pero los muy cachondos deciden que hace mucho calor para abandonar la sombra de las ramas. La esforzada mamá tolera la situación unos días, pero llega un momento que se le hinchan las gónadas y obrando "contra-natura" abandona su territorio de caza con sus dos vástagos bastardos en la copa del arbol.     Nuevamente parece que las diferencias entre especies no son tan abismales como creíamos. ¡Padres: os invito a una reflexión!