LA FAMILIA, BIEN

Este apartado incluye mis experiencias como padre sufridor. Seguro que estais ahí.

 
 
 
 

MILENIALS, Y LAS REDES QUE LOS PARIERON

Tengo tres hijos milenials, esto es así, que le vamos a hacer, hay que quererlos igual.

Como todo que tenga que ver con estos nuevos tiempos que nos toca vivir, definir cualquier cosa no es tarea fácil, o como diría Rajoy, no es tarea menor, es decir, es tarea mayor, pero no desbarremos: pongamos que milenials  es todo joven/jovena nacida o crecida en el nuevo milenio, y por ende, hija de las nuevas tecnologías, la telemática y el “Internés”, y voy a llamar así a Internet porque sé que hacerse los catetos les molesta bastante.

Lo que estoy a punto de escribir no me va a hacer más popular a los ojos de la juventud, y por supuesto ante los de mi prole, probablemente me estoy ganando algún lapo de los primeros y el asilo de los últimos, pero no puedo evitar sacar el abuelo cebolleta que me posee desde que empecé a tener problemas con la próstata.

A ver, Internet está guay, mola mazo, es dabutem, flipa, o lo que coño digáis ahora para ensalzar algo, pero, uno está ya mayor para memorizar nuevas palabras, y en especial en inglés, tales como youtubers, instagramers, influencers, haters, likes, links, crowdfunding, trending topic, hasthtag, cloud, upload, download, etc, etc, etc.

Además, antes que me llaméis cavernícola, he de decir que no estoy en contra por sistema de toda esa vaina que acabo de describir, porque como la dinamita, o la pluma, no son malas en sí mismas si no el uso que se haga de todo ello. Lo que pasa es que, somos humanos, y dinamitamos más personas que antracita y escribimos más libelos que poemas, y así mismo dedicamos más tiempo a chorradas de la red que a convertirnos en mejores personas.

Mis hijos, y supongo que los hijos de otros sufridores, argumentan que la juventud nunca ha estado más informada ni ha sido más solidaria, y probablemente tengan razón, pero deberían dedicar un rato a pensar si picotear noticias y pulsar un voto de adhesión es suficiente, si no deberían profundizar más en el origen de lo que ha motivado lo que están leyendo en 120 caracteres.

Y además, ¿va a ser posible que levantéis alguna vez la mirada de las pantallas para ver que tenéis la habitación hecha unos zorros, que el aceite se quema en la sartén, o que vuestro padre está sufriendo un infarto?

 

LA CERTEZA DE LA INCERTIDUMBRE

Tengo tres hijos y el marrón de orientarlos en la vida. Nunca antes ha sido tan difícil. En mi generación, los padres te enseñaban una serie de valores, las instituciones educativas te formaban en una serie de áreas del conocimiento,…y a chutar por la vida.

Hoy, no les sirven tus consejos ni valores y, salvo en muy contadas ocasiones, tampoco les sirven las ofertas formativas al uso.

En esta sociedad veleta, veleidosa y títere, los acaparadores del poder y del dinero, han impuesto unos usos y costumbres que han mandado a cascarla cualquier patrón que pudieras tener en tu ingenua  cabecita.

La fase de los valores,  ya la tengo más o menos superada ya que he conseguido que lleguen a la juventud pensando por su cuenta, sin que estén enganchados a ninguna droga, sin que vistan pantalones pirata y sin que hayan visto ni un programa de “Salvados”. Me ha costado lo suyo, la verdad, han sido años de nadar contra corriente y luchar contra demasiados elementos.

Pero lo peor ha sido encauzarlos profesionalmente. En mis tiempos, cualquier área formativa estaba grabada a fuego en los dinteles de la puerta de Olimpo profesional: notario, arquitecto, mecánico, ingeniero, farmacéutico, fontanero, ebanista, …, con carrera o sin ella, conseguías los conocimientos necesarios para ganarte la vida más o menos honradamente. Hoy todo eso ha desaparecido. Las profesiones importantes, los puntales de la sociedad aún se mantienen: médico, abogado, juez, militar…, pero son las menos y cada vez están más desprestigiadas merced al envilecimiento social y la permisividad política. Y lo que queda no es mejor ya que el nuevo mundo descubierto, no por Colón, sino por los sinvergüenzas, se compone de profesiones que han de flexibilizarse a los requerimientos del mercado y de sus santos huevos. Lo llaman flexibilidad funcional y reinvención, y esto incluye a toda profesión con nombre mutable en función de su volatilidad y que no permita pegarse a la administración del Estado y chupar de sus escuálidas tetas.

Así que, en este papelón de padre atribulado, les he aconsejado que estudien lo que más les guste y que para ganarse la vida se metan en política.

 

Creo que no me equivoco.

 

HIJOS, OJOS Y HOJAS

 

Tengo tres hijos, criados pero no emancipados: el infierno.

Cuando nacen, te entregan un bultito caliente y palpitante, un nuevo ser del que ignoras por completo que cambiará tu vida para siempre. Le entregarás tu libertad, tu descanso, tu tranquilidad y tu dinero, y en justo pago te recompensará con sus balbuceos, sus risas, sus movimientos torpes y todo un surtido de fluidos y escapes sobre toda tu persona, Esos son los buenos tiempos.

Cuando son medio humanos –entre el lenguaje articulado de los tres años y el sincopado de los trece, la vida es medianamente tolerable: aún puedes ejercer tu autoridad como padre y guiarlos en el proceloso mar de una sociedad que juega en tu contra. Son días de juegos en familia, de salidas al campo, de descubrirles el mundo y de sentir su admiración. Disfrútalo, no volverás a vivirlo.

Desde los primeros granos en adelante todo se va al carajo. Los que fueron la niña de tus ojos ya se han convertido en entidades extrañas que si no consumieran megas y dinero a partes iguales, podrían pasar por seres ectoplasmáticos que viven en una realidad paralela a la que tú no tienes acceso.

Sus pilosidades en el cuarto de baño te dice que son adultos, pero la absoluta incapacidad para retirarlas te dice que para rato tienes niños en casa. Tu eres el árbol y ellos las hojas que se desprenderán algún día, … o no. Dependerá de que tipo de familia has creado: perenne o caducifolia.

Yo tengo cara de pino.

 

CUESTA ABAJO Y SIN BRÚJULA

    Los que hemos sido padres en democracia nos hemos encontrado con la papeleta de tener que educar a nuestros hijos en un país que había modificado la escala de valores, donde conceptos como respeto, disciplina y autoridad habían perdido parcial o totalmente su fuerza y razón de ser.

    Los que hemos sufrido los rigores de una educación religioso-tenebrosa con sumisión a todo lo que oliera a incienso y los temores a la autoridad paterna y seglar con su correspondiente anulación de la propia voluntad, nos hemos encontrado de pronto conque aquí mandan los huevos de los chavales y que si te resistes, te encuentras con una sociedad imbécil, que en un giro de péndulo, ha abolido tu autoridad como padre y ha anulado todas tus prerrogativas como educador.

    En este afán estupido-protrector de los menores hemos conseguido una generación que tutea a sus profesores, ningunea a sus padres y se cisca en cualquier intento de meterles sentido común en la cabeza.

    Una generación llamada a realizar en un próximo futuro una mejor distribución de la riqueza, hombres que llevarán a cabo un desarrollo sostenible de la economía con respeto a los hombres y al medio ambiente y unos hijos que sin lugar a dudas, en base al amor que siempre profesaron a sus mayores, cuidarán de ellos proporcionándoles unas esplendidas condiciones económicas y sociales para que se vayan de este puñetero mundo sin maldecir a su progenie.

    Tengo fe, estudié en un colegio de curas.