ESPAÑA CAÑÍ

 

Si la seña de identidad de un español es realizar críticas demoledoras de lo suyo, soy el más español de España. Este apartado refleja un punto de vista interesado, si no interesante, de esta puñetera piel de toro. Salud.

 
 

LA REPEÑA

Hace años que mi familia y yo repartimos las vacaciones en dos fases y escenarios bastante contradictorios : durante la primera mitad viajamos extramuros, a pastos más verdes y credos más protestantes, durante la segunda, nos calamos la boina y las alpargatas de esparto y nos vamos a nuestro pueblo de adopción,  el cual no mencionaré para evitar ser arrojado al pilón si este escrito llega a las entendederas de mis ocasionales vecinos.

No me malinterpreten, es buena gente, no me tirarán al pilón, ya se les ocurrirá algo más mortificante. El caso es que llevar a mis hijos cuando eran pequeños era una tortura ya que, siempre según ellos, la muchachada local era algo bestia, y la única forma que tenían de divertirse era ir a la peña a drogarse y follar, repito, siempre según sus palabras, ya que las que les hemos enseñado son más bien tomar estupefacientes y hacer el amor.

Mis veranos transcurrieron en otro pueblo no muy lejano. Aún había caballerías, y los muchachos nos entreteníamos metiéndoles palos por el culo, y no pasábamos el tiempo en esa deplorable y degradada manera de  enfermar nuestra mente con psicótropos y nuestros genitales con purgaciones, eso sería más adelante, cuando nuestros tios o primos mayores nos iniciaran en los misterios de los burdeles.

Pero me estoy desviando. Las fiestas de los pueblos se han convertido en la legitimación del despropósito mediante el uso y abuso de las peñas. Las charangas, además de ser una insoportable abominación de ruido que algún que otro descerebrado llama música, son una exposición de argumetos de por qué no estamos integrados en Europa como dios manda. Desde fulanos que han entendido que ir pringados de vino y otras sustancias inconfesables es súper guay, a cincuentones que, haciéndose el beodo echan la mano a la cintura del sur de las muchachas, que también borrachas, han perdido la sensibilidad en salva sea esa parte.

También están los mozos y mozas (vamos a dejarlo ahí), que de puro beber y mal dormir, someten a su cuerpo a una coreografía sosa y repetitiva e imprimen a su rostro la semblanza del Cristo de Borja tras la restauración.

Pasadas las fiestas, cada mochuelo a su olivo y a desear tener uno de esos artefactos desmemorizantes de los que disponía Will Smith Men in Black.

No les caerá esa breva.

 
 

SOY ARAGONÉS, PERO NO ES PARA TANTO

    No sería un buen aragonés si no diera también un palo a mi tierra. Y es que nadie como nosotros para criticar lo nuestro, o por lo menos para restarle importancia y sobrevalorar cualquier tontada de fuera. Un buen aragonés se parece al español medio, como español medio que es, en echar por tierra lo suyo y minusvalorar los éxitos de sus paisanos en cuanto descuellan un poco. Eso sí, por un mecanismo que desconozco, se nos pone la carne de gallina en cuanto oímos una jota fuera de contexto, es decir, por ejemplo una transmisión desde Alemania donde un cuadro jotero baila o interpreta nuestro sones. Si la oímos aquí nos la pela bastante.

    Esta peculiaridad de nuestro carácter hace posible que otras comunidades se nos coman tranquilamente las migas con jamón, el patrimonio cultural y nuestra propia historia.

    El cachirulo ya sólo lo llevamos en pilares a dios gracias, pero es tan dificil quitárnoslo del cerebro que cuando he buscado imágenes para ilustrar estas líneas, no he encontrado una sola en que no aparezca el arlequín roji-negro.

    Se atribuye a Pio Baroja la frase: "La Jota es el grito de guerra de un pueblo sin civilizar". Ignoro si es de Pio Baroja, pero desde luego no puede estar más desacertada, ya que aunque es posible que seamos un pueblo sin civilizar, dudo mucho que gritáramos en una hipotética guerra cuando no lo hacemos, ni simbólicamente para defender lo nuestro y vivir en paz.

    Una cosa tenemos buena: que a puro de desidia y desinterés, nos ha importado un carajo las iniciativas para oficializar una lengua que históricamente se ha limitado a escasos territorios alto-aragoneses, o a pedir la autodeterminación y menos aún la independencia. Y es que en cuanto ponemos una competencia en manos de nuestros políticos locales, se las arreglan para cagarla.

    Ven, a eso me refería.

 

UNA GALICIA MUY, MUY LEJANA

       He visitado Galicia en un par de ocasiones y he conocido a tres gallegos, aunque no en esa tierra, que han representado una gran influencia en mi vida: Paquito "el rana", que estuvo dedicándose con fruición a joderme el futuro en mis primeros veinte años de vida gobernado el país inspirándose en su entrepierna, un jefe de sección en la G.M., rebotado de la marina mercante, que además de no saber si iba o venía, caminaba buscando equilibrio en un barco inesixtente dese hacía años, el cual gozaba creando la incertidumbre a su alrededor, y por último, nuestro actual presidente, que es la incertidumbre misma, persiguiendo continuamente el hilo de sus procesos mentales que pierde con más rapidez de la que emplea en fabricarlos.

    Sin duda hay gallegos amantes de la claridad y enemigos del liderazgo, pero desgraciadamente aún no han contactado con nosotros.

 

VASCOS, BOSQUES Y BOINAS

    He estado tres veces en el país vasco-euskady-vasconia-vascongadas, una cuando tenía dieciséis años, bañándome en la playa, en Irún, -perdón: Iruña-, otra, con el doble de esa edad en Bilbao, -perdón: Bilbo-, por trabajo, y la tercera el verano pasado (treinta años después), por gusto, fotografiándo la playa de La Concha de San Sebastián, -perdón: -Donostia-  (hay que ver la cantidad de geografía política que hay que manejar cuando sólo eres español de a pie, no nacionalista de ningún terruño "histórico" Como si los demás no tuvieramos historia).

    Pues de las tres veces me sobran dos. Y es que no he podido sacarme de encima la impresión de ser extranjero en mi propio país. No he podido abstraerme de la hostilidad latente en las pintadas que adornan sus calles, en el forzado uso de una lengua árida y en el restallar de una bandera que en muchas ocasiones ha sido baluarte de sus ciudadanos más intolerantes.

    Con las oportunas excepciones, hablamos de una sociedad machista, opulenta y belicosa que, no se por qué, me recuerda un poco al matón del instituto.

    Me gustaría decir que mis mejores amigos son vascos, pero como ya he referido en otro ocasión, mentiría.

 

CATALUNYA Y CATATONIA

    Según la Real Academia, catatonia es un síndrome esquizofrénico caracterizado por rigidez, estupor, y en ocasiones gran excitación.

    Según el diccionario de Google la catatonia es un síndrome neuropsiquiátrico que cursa con negativismo, oposición y estereotipos gestuales.

    Escojan el que más les guste, pero en realdad quería hablar de Cataluña.

    Los catalanes, ese gran pueblo al que tanto apreciamos en Aragón, se dividen entre razonables y nacionalistas. Los razonables opinan que, en manteniendo sus peculiaridades històrico-político-socioeconómico-pantagruélico-culturales, se la pela estar dentro o fuera de España. Los nacionalistas, pues eso, se dieron un golpe en la cabeza y están todo el día dando por el bottom.

    Como aragonés, me toca un poquito los coleonis que anden siempre retorciendo la historia atribuyéndose pasados gloriosos que no les corresponden y adueñándose de patrimonio artístico, aunque sea religioso, que tampoco es suyo. Me soba los gemelos del sur que me discrimine su administración para atenderme como paciente en sus centros sanitarios o para admitirme como funcionario en sus instituciones. Me carga bastante que utilicen su lengua como un arma arrojadiza a la menor ocasión, y además me resulta engolada y empalagosa.

    Iba a decir tengo amigos catalanes que son excelentes personas, pero mentiría: en realidad no tengo amigos.

 

DE LO EFÍMERO Y LO PERENNE

    ¿Qué os pasa valencianos?, ¿Pegais fuego a vuestras pequeñas obras de arte y convertis en ignifugos a vuestros grandes sinvergüenzas?

    He estado un par de veces en Valencia y estoy empezando a pensar que han sido más que suficientes.

 

MAS SIESTAS Y MENOS FIESTAS

    Uno, que ya peina canas y tiene la desgracia de vivir cuasi pegado a un espacio municipal donde, mira por donde, se celebran todos los saraos del puñetero barrio, está un poquito hasta las narices del personal que está deseando que toquen para bailar y de no pegar ojo la mitad de las noches estivales entre fiestas, ferias, verbenas y carnavales -sin haberlo deseado me ha salido un pareado-.

    Harto de borrachos, petardos, macarras, fulleros, crianças gritonas de padres huevones, harto de peñas, peñistas y peñazos que huelen a choto, harto de bares mugrientos regentados por orientales menudos y guarros o por españoles gordos y sin afeitar, con terrazas aún más mugrientas, llenas de clientes vocingleros que dificilmente superarían un test de inteligencia bovina.

    Si, mi barrio se ha vuelto espeso, lodoso, un barrio embarrado, como ya escribí hace algunas fechas, un lodazal humano que florece con los primeras notas de Paquito el chocolatero. Mastuerzos subvencionados con el pan del subsidio y la ayuda familiar y entretenidos con el circo de orquestas infames escupiendo metralla verbenera  para guripas y patanes. Pan y circo del de siempre.

    Válgame dios o superman.