EN LAS NUBES

 

Soy una persona que llegó relativamente mayor al mundo de las nuevas tecnologías, pero que se sumergió en ellas con fruicción ya que les encontraba un tremendo potencial. No tardé en relativizar tanto entusiasmo. Aquí doy mi reposada opinión sobre la tecnología, sobre todo la que tiene que ver con la informática, las redes, la telemática y todas esas chucherías que nos distraen del aburrimiento y nos distraen también intimidad, relaciones humanas, en ocasiones dinero y tiempo, muuuucho tiempo. Algunos de vosotros seguramente estareis de acuerdo.

 
 
 
 

NO HAY MÁS DIOS QUE APPLE Y WHATSAPP ES SU PROFETA

 

Cuando no estoy suficientemente cabreado por algo, ojeo mis fotos, lo que siempre supone un motivo de alegría e inspiración. En esta ocasión me he dedicado a buscar semejanzas y he encontrado algunas muy curiosas.

En la imagen podemos ver a una cofrade enmantillada, a un monje budista, a una musulmana embozada y a una castañera dicharachera, y ¡todos ellos tienen el aparato en la mano!, bueno ustedes ya me entienden.

No hay edad, profesión o credo que se libre de la esclavitud del móvil. No existe cristiano ni sepulvedano que pueda huir del jodiaparato, ni Agamenón ni su porquero se podrían librar hoy de mandar chuminadas a sus amigotes.

Estos son los cuentos que nos cuentan de la globalización.

Y el que esté libre de culpa que tire el primer Android. Moisés lo tiraría al fuego.

 
 

AflickrGIDO

 
 

Como ya sabréis por otros contenidos de esta página, soy fotógrafo aficionado. De hecho, soy un fotógrafo casi compulsivo. No salgo de casa sin mi cámara de forma que en siete años he acumulado la friolera de 8.000 fotografías. Evidentemente, no todas tienen una calidad o merecimiento suficiente para subirlas a la red, pero había una buena porción de ellas que a mi juicio se dejaban ver, y así que las colgué en Flickr ya que ese host o lo como se llame a las empresas de almacenamiento de datos, me ofrecía espacio ilimitado en la nube de forma gratuita.

Pues bien, un buen día voy a subir la enésima foto y me encuentro con que me dicen que si quiero seguir teniendo espacio para más de 1.000 fotografías, que voy a tener que pagar. No es mucho dinero, no se trata de eso, se trata de seriedad y de buenas artes, se trata de no emplear la táctica de los camellos de regalar la droga hasta crear la adicción.

Pues aquí me habéis tenido estas navidades suprimiendo 7.000 fotos de su página, no tanto para no pagar, si no para que evitar a toda costa que se me carcajeen. Con que se me rían ya es suficiente.

De todos modos, como soy optimista en los ratos que me deja libre mi misantropía, considero que me han hecho un favor ya que casi 8.000 fotos no hay cristiano que las vea y me ha quedado una seleccióm más recoleta y más molona.

Bien visto, he de daos las gracias, chatos.

 

DESFENESTRARSE

El otro día, utilizando Photoshop, la herramienta de editar textos dejó de funcionar sin previo aviso, así que ni corto ni perezoso, abrí “Paint” de Windows. Procuraré ser suave en mi juicio: ES UNA PUÑETERA ÑORDA DE PROGRAMA. Nunca fue una maravilla, pero la versión 6.1, la última o una de las últimas, es especialmente cutre y no permite hacer prácticamente nada, sobre todo con las dimensiones y los textos, con lo cual, uno se pregunta para qué demonios se molestan en incluirla en sus sistemas operativos, ¡ahórrenos espacio y memoria RAM, mister WINDOWS!

Pero, ampliando la perspectiva, podemos hablar también de sus aplicaciones para resolver dudas y problemas: OTRO MOJÓN DE PROPORCIONES CÓSMICAS, y si no, que levante la mano quien ha solucionado un problema con sus pasteleros diagnósticos y aclaraciones. Son como cuando de niños mirábamos en el diccionario el significado de “puta” y te lo aclaraba con otra acepción: “ramera”, vocablo que te remitía a: “mujer pública”, en un infinito bucle que te hundía en la desesperación y la melancolía, motivo por el cual, uno no solucionaba sus dudas hasta que tu primo el del pueblo te llevaba de putas.

Señores de la informática: podéis retirar de la circulación los programas mierder y dejar de sacar versiones cada vez peores de algunas que ya funcionaban bien como sistemas operativos Windows, Word, Acrobat Reader, etc, etc, etc.

Es una gracia que esperamos merecer de vuesas mercedes, cuya vida guarde Dios muchos años.

 

CÓMO REIRSE ONLINE DEL PERSONAL

Cuando apenas contaba la red de redes con unas horas de vida, a la Administración y a cuatro desalmados más se les ocurrió un concepto modelno y chupiguay: las gestiones online.

A ver si se enteran, eso está todavia por inventar en Esñapa (no es una errata). Tenemos la peor conexión a Internet de Europa y por cierto también la más cara y los responsables de pensar los contenidos y los informáticos diseñan las páginas web con el culo y que me perdonen lo dos que emplean el cerebro.

El sistema online, hipotéticamente, permite realizar gestiones de forma rápida y sencilla evitando desplazamientos y disminuyendo costes. La realidad es que las más de las veces se trata de páginas abigarradas, preñadas de información y publicidad prescindibles, con unos menús confusos que las más de las veces carecen de la pestaña que tu necesitas, que para más inri te limitan el tiempo para operar en ellos, o te piden claves o datos sin explicarte dónde obtenerlas, redirigiéndote a otros contenidos que te sumergen en un laberinto de ramales de la original que te imposibilita o confunde para volver a un punto que habías marcado como referencia, que no te facilitan un teléfono, una cuenta de correo o una dirección para aclaración de dudas, no te permiten la rectificación una vez pulsado el intro y para acabar de arreglarte el día, muchas veces no te libras de llevarles al morro los papeles que les salga de las gónadas, con lo fácil que hubiera sido tocarles las narices a ellos y en directo desde el primer momento. Si además eres mayor de cincuenta años, tu economía es precaria o tus posibilidades de educación te han exluido del mundo ofimático, estás jodido.

Pero lo más triste es que te topas con un gran número de cretinos tecnológicos a los que les parece de lo más chachipiruli perder dos horas de su vida peleándote con una puñetera página web aunque sólo sea para encargar una pizza a la tienda que tienes al lado de tu portal al tiempo que te juegas también que otros filibusteros, aun mayores, te metan la e-mano en la e-credit card y te den un e-palo que te deje temblando la e-cuenta bancaria.

Siempre habrá soplagaitas para hacer ricos e impunes a los sinvergüenzas.

 

PENSAMIENTO MÁGICO

Cuando uno ya creía superado el pensamiento mágico, viene el mundo virtual y nos vuelve a colocar en el punto de partida.

En el albor de la humanidad, un cazador del Neanderthal discutía con la parienta nada más levantarse y se iba a cazar… y resulta que ese día abatía al mamut más chulo de la manada, ergo discutir con la parienta de madrugada era bueno para la caza (creo que esto no ha cambiado).

El pensamiento mágico es el fundamento de cualquier religión y de todas las supersticiones, y hoy día, la forma de introducir las nuevas tecnologías en nuestras vidas sin volvernos locos.

Mi abuela imaginaba que dentro de la radio había alguien hablando. No importaba que fuera físicamente imposible, era lo único que explicaba aquél extraño fenómeno. El cretino tecnológico del momento (seguramente algún yerno), le explicaba que no, que se trataba de las ondas hertzianas que viajando por el éter llegaban hasta la antena y ya está: podía escuchar al dicharachero Bobby Deglané en “Cabalgata fin de semana”, el programa solidario en tiempos de escasez “Ustedes son formidables" radiado por Alberto Oliveras, o al malagueño Antonio Molina cantando aquello de “Soy minero…”, y mi abuela, abandonaba la entrañable imagen de un señor bajito metido en la radio para aceptar la menos evocadora idea de ondas invisibles que van por el espacio llevando consigo actores, cantantes, corridas de toros y misas de domingo.

Hoy, todos mucho más cultos, ¡dónde va a parar!, aceptamos sin pestañear que hay una nube la hostia de grande donde están “colgadas” todas las chorradas que escribes y fotografías para compartirlas con más facilidad con tus colegas.

Hoy aceptas sin que se te mueva un músculo de la cara que toda la información personal que regalas  a los buitres de la tecnología está debidamente controlada y que si no lo está, los puedes demandar y te resarcirán por el ataque a tu privacidad.

Hoy nos tragamos sin que se nos caigan los palos del sombrajo que todas esas maquinitas, cablecitos y tecno-idioteces nos hacen la vida más fácil, grata y segura.

Y si no, ahí está el cretino de yerno para sacarte de dudas.

Si esto no es pensamiento mágico que venga dios y lo vea.

 

SINVERGÜENZ@S

Hemos perdido el derecho a la privacidad diga lo que diga la legislación al respecto. Cualquier sinvergüenza trafica con nuestros datos amparado por el hecho de que es el ciudadano el que tiene que negar explícitamente el permiso para hacerlo. Una vez más nos encontramos ante la absurda dicotomía entre lo legal y lo admisible gracias a leyes chapuceras.

Los sinvergüenzas camuflan en letra pequeña el derecho que usted tiene a negarles el trapicheo con sus datos. Eso en el mejor de los casos, en el peor, usted ni se entera de que se han pirateado los mismos junto a toda la información que va dejando a su paso por las distintas páginas que visita en Internet. Esta información la consiguen los sinvergüenzas mediante las “cookies”, archivos que deja usted en su ordenador mientras navega y que recopilan una completa información sobre su persona, como profesión, aficiones, pecadillos, etc., todo ello bien identificado con unos nombres y apellidos, una dirección y si es usted tan inconsciente como suele ocurrir, una fotografía tanto de usted como de su familia cuando las cuelga en las redes sociales, bien esto último sólo se produce porque es usted un cretino, y de eso los sinvergüenzas no tienen la culpa.

La ley lo ampara a usted, pero también a esos sinvergüenzas, difíciles de identificar con nombre y dirección y lamentablemente con bastante peores intenciones.

 

KEEP OS DEN

      

   A veces, cuando voy por la calle me pongo creativo y en lugar de pensar en el puto país de mierda en el que vivo me da por perderme en ideas tontas para volcar en esta página. Como soy presbítero (no sé cómo se llaman los que tienen presbicia) y tengo los dedos diez veces más grandes que los tipos del teclado del móvil, en lugar de escribir las monerías que se me ocurren las grabo en una aplicación con reconocimiento de voz de mi teléfono: se llama KEEP, término de la lengua inglesa una de cuyas traducciones al castellano es “guardar”, lo que tiene cierto sentido ya que lo que le hablas te lo transcribe y lo guarda…., bueno, no exactamente.

                Resulta que como tengo tendencia a ser mal hablado (estudié con curas, pero no me aprovechó, ¡qué le vamos a hacer!), pues de vez en cuando empleo términos como los que encabezan este escrito, por ejemplo: “puto país de mierda”, pues bien, la dichosa aplicación que debe haber sido diseñada por un jodido opusiano de la factoría Google, que es la responsable del engendro, ¡te los reproduce en texto censurado! He empleado a posta estos epítetos para que los podáis comprobar por vosotros mismos si disponéis de dicha aplicación. Así pues, puto es p***, mierda es m***** y jodido es j*****, y es que el nombrecito de la aplicación tiene truco, ya que otras acepciones de “keep” es “detener”, "retener” o "preservar”, Por ejemplo: detener malhablados o preservar la mojigatería.

                También es muy entretenido musitarle vocablos para gente con algún estudio o frases elaboradas. De ahí puede salir cualquier cosa, y es que Google, una vez más nos sorprende con ocurrencias que o no funcionan, o maldita la falta que hacían en nuestras vidas como Google+, My business, o Hangouts, por citar algunas. Yo en particular ya cerré mi cuenta de Picassa (hoy muerta y enterrada) y mi página de Blogger harto de que me pusieran trampas para acceder a ellas, así que, con todos mis respetos,  señores de Alphabet Inc (Google owners), ¡Keep os den!

 

DE LOS JEROGLÍFICOS AL WHATSAPP Y SUS ICONOS: VOLVIENDO A LOS ORÍGENES


  

Soy usuario minimalista de ese invento, no tengo en nada en contra de innovaciones chorras, de hecho yo mismo lo empleo cuando me sale el gen rata para ahorrarme el coste de una llamada, pero la verdad es que como medio de comunicación es un pastelero truño.

En el viejo estilo epistolar, la comunicación fallaba en algo fundamental: faltaba la retroalimentación, las inflexiones de voz, las miradas y el lenguaje corporal en general, y como necesitabas arrancarle la pluma a un ganso, mezclar hollín con grasa, echar mano a un trozo de pergamino y a un trozo de fieltro como secante, escribir a la escasa luz de una vela, sellar lo escrito con lacre y pagar un par de maravedíes, pongamos por caso, al servicio postal de la época, solías comunicar cosas con algún fundamento y te pensabas mucho malgastar tanto esfuerzo en escribir sandeces, y además tenías tiempo de rectificar antes de hacerlo irreversible..

El correo electrónico ya empezó a mostrar signos de debilidad mental al ser empleado en gran medida para adjuntar archivos de Power Point no aptos para diabéticos y de archivos JPEG de walkirias no aptas para cardiacos.

Pero lo que se lleva la palma es WhatsApp. No hay mensajería más barata, más inmediata y más prescindible.

Al margen del absurdo uso que se hace de ella, ya sea formando grupos perfectamente dinamitables, ya sea de acoso a pobres trabajadores por parte de sus depravados jefes, el sólo hecho de que la chorrada que se te acaba de ocurrir sea difundida inmediatamente como un virus around the world, ya debería hacernos pensar que coño estamos haciendo.

El otro día cometí el error de comunicarme por ese medio con dos amigos. En el caso del primero, comentaba mis opiniones vertidas esta página de un modo un tanto confuso, así que le contesté del mismo modo. Su respuesta fue un icono igualmente críptico.

Con el otro amigo, curiosamente hermano del primero, entré sin darme cuenta en una polémica sobre un tema que no viene al caso, y como resultado de las deficiencas ya mencionadas en el lenguaje escrito, unido a la rapidez con que fluye este particular medio, me temo que en algún momento lo ofendí.

Me he propuesto renunciar a WhatsApp y gastarme un par de euros cuando sea menester transmitir ideas con alguna complejidad.

 A ver si lo consigo.

 

PESCA DE ARRASTRE

A diferencia de las delimitaciones de paralelos y meridianos que forman una red de coordenadas tan necesarias para orientarnos para hacer, "verbi gratia", pesca de altura,, la otra red, la social, se ha revelado, en su más aborrecible cara, como un instrumento para sumergirnos en la más confusa desorientación y como un vertedero donde se arroja tanta basura que consigue robar nuestro valioso tiempo y, por qué no decirlo, también nos degrada un poco. Vamos que sirve para pesca de arrastre.

Cualquier prójimo por el que no sientes sino repulsión, tiene la santa potestad de incluirte en un grupo de retrasados para compartir mierda cibernética. Puedes no admitir semejante compañía o salirte de ella, pero mientras deshaces el entuerto, ya te ha robado el inapreciable tiempo que sueles emplear en masturbarte, por ejemplo.

No todas las opiniones merecen gasto eléctrico ni la foto de tus pies tiene relevancia mundial.

 Vamos a dejar de democratizar estupideces.

 

UNA NUBE SIN DIOS

Los años sesenta, setenta y gran parte de los ochenta fueron los de la televisión como medio de cohesión familiar y social. Las familias se reunían en torno al televisor y veían juntos “Noche del sábado”, “Directísimo”, “Un millón para el mejor”, “Un, dos, tres”, “¿Es usted el asesino?”, “Historias para no dormir”, “Reina por un día”, “Eurovisión” y por supuesto el “Telediario” “teledirigido”.

Al día siguiente, en el trabajo, el colegio o en la carnicería, las gentes hablaban del programa o noticiario en cuestión y se creaba una comunión la mar de chula al poder comentarlos y al haber experimentado todos unas emociones similares.

Y lo mismo ocurría en los hogares: los miembros de la familia hablaban del premio del apartamento o la calabaza del “Un, dos, tres”, del tipo que partía nueces con el culo frente a José María Íñigo o de la expectación del “desnudo” de “Historias de la frivolidad”.

Más caspa que el peine de un peluquero, pero unir, unía como el cemento Portland.

Hoy veo pelis, series o documentales de una “app” en la “Smart tv” de mi salón mientras mis hijos se parten la caja viendo youtubers chorras en sus “Smart phones” tumbados en sus camas mientras mi mujer pasa de todos nosotros mientras hace la cena.

A excepción de la gente más mayor, es casi imposible que dos personas hayan visto la misma maldita cosa en la sobremesa o antes de acostarse.

Aunque no me considero un carcamal, soy poco propenso a aplaudir con las orejas todo lo nuevo. Valoro en lo que vale la variedad de medios para conseguir información o entretenimiento, pero en el camino hemos perdido algo valioso y es la capacidad de conectar con los demás mientras nuestros cacharritos se conectan a ese sin dios que es la nube.

Alea jacta est.