ECONOSUYA

No soy economista, pero llevo suficientes horas de vuelo para saber qué cuadrilla de trileros manejan las finanzas y como sufridor tengo pleno derecho a decir aquí lo que pienso.

 

AUTÓNOMOS DE FE

Servidor, aunque no lo parezca, fue autónomo un par de años o tres. Fueron tiempos duros, había dejado un trabajo fijo en una multinacional para dedicarme a un sueño, que como tal, fue corto y fantástico, pero no me alimentó más que la imaginación. No reniego de la experiencia, ya que, soy de los que creen que más vale luchar por un sueño y fracasar que no haberlo intentado y además si sobrevives, resurges más fuerte.

Pero no quiero apartarme de la idea original que es reflexionar sobre la condición de trabajador autónomo. Antes de que los cabrones con licenciatura en ciencias económicas y empresariales paridos en Harvard,  Oxford o Deusto, ya más en casa, descubrieran que es más barato contratar a un fulano como falso autónomo que meterlo en nómina, un trabajador autónomo era un señor, que bien por las características y exigencias de su profesión, bien por una elección personal, era jefe y trabajador al mismo tiempo.

Como ya es sabido, la libertad conlleva, además de la grandeza de ser uno dueño de sus actos, la servidumbre de estar expuesto a la intemperie y ser tú el que ha de buscar el refugio y el alimento.  En cambio ser un trabajador por cuenta ajena es como ser una mascota que tiene asegurado el alimento siempre que divierta con sus trinos, entretenga con sus piruetas o lama la mano de su dueño.

Pues bien, estos aborrecibles tiempos de depredación, han traído consigo la perversión del concepto “autónomo”, ya que, éste, sólo lo es para sobrevivir como pueda bajo las órdenes de la empresa que ha tenido el morro de atarlo y esclavizarlo con sus draconianas condiciones.

El falso autónomo no tiene derecho a sueldo fijo, ni a pagas extras, ni a baja laborar, ni a fiestas, ni a sindicación, y a su jubilación llega con una miserable paga que no le alcanza más que para buscarse un agujero profundo y esperar allí la muerte, y con ella la liberación de su esclavitud.

Pero existe la justicia poética: puedes devolvérselo usando a sus madres en cualquier burdel.

 

¡A CELEBRARLO, CON UN PAR!

 

Recientemente se ha celebrado el Día Internacional de los Trabajadores y está bien que se le dedique un día para que no nos olvidemos que aún hay gente que trabaja, aunque sea por un sueldo de mierda, aunque sea lamiendo culos, aunque sea de falso autónomo, aunque sea un niño en el sureste asiático, aunque sea un trabajador sin nómina ni derechos. El resto del mundo, sencillamente, o vive subvencionado o se muere de hambre.

Y delante de las manifestaciones que se han celebrado por todo el mundo "libre-que-te-cagas", los primeros, los sindicalistas con las pancartas de sus respectivos sindicatos en cuyas sedes tienen un escritorio para simular que hacen algo y una sala de reuniones para arreglar el país y seguir liberados del puto curro cuatro años más.

Y detrás de los sindicatos, el pueblo, sintiéndose poderoso en la informe masa mientras en su fuero interno sabe que no tiene más peso que los eslóganes que corea, y si no lo saben ya se lo recordarán sus jefes el lunes cuando vayan a trabajar o su parienta cuando le eche esa mirada de "¡qué vería yo en éste!".

Acabada la manifestación, cada mochuelo a su olivo, o al bar a tomar una caña, a sacar pecho, y a narrar los "le dije", "me niego" y "exijo", que nunca pronunció ni pronunciará porque sabe perfectamente que es un pusilánime y un cagón.

Y el domingo, tras un chapucero polvo durante la siesta, al fumbol, a gritar al árbitro y al niño pijo que corre tras la pelota, a pitar el himno nacional, a ciscarse en el precio de los bocadillos del estadio y a seguir coreando himnos y gilipolleces.

Hemos celebrado el 1 de Mayo, pero no sé por qué.

GRANDES FASTOS, NEFASTOS GASTOS

Esta mañana he oído en un podcast (la noticia puede ser vieja porque soy abstemio de noticias frescas) que algún político nos ha gastado cuarenta mil euros en la primera comunión de su hija, y digo “nos ha gastado” porque la pasta queridas criaturas era tuya y mía. El locutor ha proseguido diciendo que otro ladrón electo se ha pulido otro tanto en un restaurante con unos colegas del sindicato,  otro fasto llevado a cabo para celebrar que tenía unos huevos como la Sputnik y para terminar nombra a otro picha brava que directamente se lo gastó invitando a putas. A eso se llama disparar con pólvora del rey, solo que ésta es una monarquía parlamentaria y la pasta es nuestra.

Nombro esos fastos al principio como especialmente prescindibles y sangrantes, pero hay otros, socialmente aceptados, que pagamos directamente de nuestros bolsillos y no por parte alícuota, que sólo son sangrantes y prescindibles, sin especialmente.

He hablado al principio de una primera comunión, acto religioso en el que el niño, de alguna forma, entiende que de manera simbólica  le van a dar el cuerpo de Cristo y que por la tarde le darán chuches. Así pues, los papás se gastan una fortuna en un vestido de época que terminará vistiendo a una niña más pobre o en la basura y se dejan timar por un restaurante que les cobra un menú a precio de Casa Real, así como otras menudencias como video, fotos y recordatorios que amarillearan convenientemente en la librería sin libros.

El ser humano pasa por otros fastos no menos pintorescos, pero el que se lleva la palma es el del funeral.

Un fulano no puede espicharla sin dejarse una fortuna, bien en lo que lleva toda la vida pagando a “Los Previsores”, “El Ocaso” y a otras aseguradoras con similar falta de imaginación en lo referente a sus nombres, o les deja el marrón a sus deudos para que se gasten media herencia en archivarlo.

Por cierto también lleva ciertos gastos colaterales como las flores, la esquela y los recordatorios, aunque en estos afortunadamente, no hay fotografía.

Pues bien, yo ha dejado información verbal de últimas voluntades a mi familia para que no se gasten ni un duro en mi funeral. Cuando palme, con el certificado de defunción debidamente firmado, he pedido que me metan en un maletero y me llevan al primer punto limpio, crater volcánico, nevero, incendio forestal o desastre natural con abundancia de víctimas y me coloquen subrepticiamente como una más. En mis sueños más estrafalarios, deseo que me incineren y soplen mis cenizas ante las puertas del Congreso de los Diputados. Con un poco de suerte más de uno pillará una conjuntivitis.

También les dejo un marrón, lo sé, pero mola más y seguro que soy recordado por más tiempo.

 

ESENCIA RURAL

Ya mi padre, allá por los setenta´s, me decía que no entendía cómo quintos suyos que habían huido del pueblo como de la peste para instalarse en un cuchitril extrarradial y trabajar en la Pikolín, la Pegaso, la Seat, o la Guardia Urbana, en llegando a cierta edad, empezaban a añorar el olor a estiércol de sus callejas de polvo y tierra (gracias Joan Manuel) de la infancia y recuperaban  la casa de la abuela para disfrutar de las esencias del agro.

Hoy, casi cincuenta años más tarde, está ocurriendo un fenómeno igual de desconcertante, pero en esta ocasión son los pijos, que en ningún momento de su absurda biografía han conocido ni de coña las fragancias de tierra socarrada por el sol, fruta en descomposición o boñigas, los que se alzan en defensa de los orígenes rurales que, seguramente disfrutaron sus tatarabuelos.

Personalmente estoy hasta el moño de que cualquier mierda con el apellido de rural, natural o artesano, se presente en sociedad con la aquiescencia de la prensa, y por supuesto con el interés de la publicidad, como algo que te remontará a tus inicios como cazador, recolector y mala bestia y te presentará como hombre conocedor de sus orígenes y orgulloso chupiguay de valorar lo auténtico.

Yo, aunque nacido en el extrarradio obrero ya mencionado, he tenido la oportunidad (no diré la suerte) de conocer el pueblo de mis padres cuando lo transitaban mulas y burros, cuando no era recomendable pasear por sus calles polvorientas o embarradas con la ropa de los domingos, cuando se aventaba y trillaba en las eras, cuando se perseguía a los gatos a pedradas, cuando uno se aliviaba en el corral en compañia de gallinas que lo picaban todo, cuando mosen Francisco soltaba rapapolvos desde el púlpito y cuando se pelaba a las vecinas en el lavadero y en el corro de la fresca nocturna.

Mis hijos no han conocido nada de eso y francamente, no sé si es una pena.

 

CITA PREVIA Y CABREO POSTERIOR

Desde hace algún tiempo se ha implementado en muchas instituciones públicas y privadas (banca, sobre todo) un sistema muy gracioso con el estupendo propósito de que los ciudadanos no procesionen en filas interminables y los empleados no se estresen. Es la cita previa. Di que estos prendas ya tenían mucha experiencia en ese campo de trabajar con la técnica del Tai Chi , pero ahora, además les quitamos la presión de unos usuarios que solían mirarlos con cara asesina desde la cola.

Como ya he dicho, este escrito sirve tanto para los servidores públicos (bonita redundancia), como para los sirvientes privados. Desde la comisaria donde he renovado esta mañana el carné en la que de seis mesas había ocupadas tres y se despachaba a los clientes sin prisa alguna (treinta minutos uno de ellos), a mi entidad bancaria donde los autoproclamados "gestores personales" ya no te reciben si no es previa petición de audiencia, porque al parecer han llegado ellos sólos a la conclusión de que los clientes somos escoria del populacho de la que se pueden reir hasta jartarse y a la que pueden tutear como feaciente desmostración de que les importamos un puñetero rábano y que aunque cambiemos de entidad vamos a recibir el mismo delicado trato.

Para hacer posible este super modelno procedimiento de sodomizarte, han cerrado la mitad de las oficinas en las que antaño (hace un año o dos), un propio te atendía con más o menos ganas y han colocado en ellas a estos individuos que te mienten cuando te dicen que las sucursales que quedan en pie han aumentado sus efectivos para atenderte y compensar esas oficinas cerradas.

Son los mismos que se te rien en la cara al decirte que te van a dar un truño por tus ahorros.

Dignos siervos de sus amos.

 

GANADO EN CONCESIÓN

Alguna vez he comentado que el alcalde de Zaragoza, un jurista y socialista para más señas, decidió un buen día cargarse el transporte público en mi ciudad. El procedimiento era fácil, caro, pero fácil, total, como no pagaba él...: se volvían a poner raíles sobre el asfalto y sobre los raíles un tranvía. Y digo se volvían, porque ya hubo tranvías en Zaragoza, pero el iluminado de la época decidió que dónde vamos con esos chismes que funcionan con energía electrica si podemos sustituirlos por otros chismes con motor de gasoil, y nada, se puso manos a la obra, arrancó los raíles y echó brea encima. Pues a lo que iba, su señoría, más moderno que un milenial, no contento con habernos endeudado con la Expo, se nos gasta el pastizal que fuera menester (por unos millones de euros vamos a discutir), y recorta los recorridos de varias lineas de barrios periféricos para que no nos queden otra alternativa que usar el tranvía mediante el penoso procedimiento para más inri que hacer transbordo. Una jugada maestra, éxito rotundo del tranvía como tuvo los huevos de decir. Sólo hay un problema. Bueno, varios: que la frecuencia del ecológico transporte de los cojones es penosa cuando no es hora punta, y el hacinamiento es tercermundista en las horas punta. Sólo he visto este sexo no consentido al que te obliga el enlatamiento en algún documental sobre los trenes de la India o del continente africano.

La jugada no le ha podido salir mejor, además de los beneficios políticos y personales -de tipo guay y modelno, preocupado por el medio ambiente- que haya conseguido, muchos viajeros dejan de utilizar un medio tan penoso y recurren a sus coches particulares, que aunque contaminen, dejan de suponer un gasto en subvención municipal del transporte público.

Y si esto no fuera suficiente los amables conductores de autobuses, salvo la excepción pertinente (una o dos), se encargan de recordarte que los que llevan el volante son ellos y tu a callar si se niegan a abrirte las puertas cuando ya las han cerrado, si frenan y aceleran como si estuvieran compitiendo en el circuito de burros de su pueblo, si paran donde les sale de los huevos para obligarte a ir caminando hasta ellos o para crear conflictos en la ya organizada fila, si no contestan a tu saludo pero se ofenden si no saludas, si te dan el cambio al que tienes derecho en la moneda más pequeña que son capaces de reunir, si se ponen la radio a todo volumen te apetezca o no escuchar la Cope, si no ponen la calefacción hasta que les sale de las gónadas, si te enchufan todos los voltios de luz que dan de sí los florescentes a las siete de la mañana o 
si arrancan antes de que el pasajero, joven o viejo, les da igual, haya podido afianzarse. En la entrada anterior hablé de los piratas con licencia de taxi, hoy le toca a los bucaneros con cerebro reauchutado y carné del sindicato. Parece que agarrar una poltrona oficial o un volante transforma a la peña en neardenthales. Soy ciudadano de a pie vocacional. Creo que nunca lo entenderé.

Además, como ya dije una vez, estoy basntante contento con el tamaño de mis genitales.

 

PATAPALO ERA UN TAXISTA MALO

Quien me conoce ya sable lo dado que soy a enemistarme con colectivos cada vez más amplios, pero hay uno que no había tocado, no sé por qué, y al que le tenía unas pocas de ganas: los taxistas.

Antes de nada mi mayor solidaridad a aquellos profesionales que se juegan la vida para llevar un plato de móviles a su casa y mi más indignada repulsa por la violencia ejercida contra ellos.

Vamos a realizar el aburrido ejercicio de decir que generalizar está feo, que no todos los miembros de un colectivo son iguales, etc, etc, etc, de acuerdo, pero entonces hablemos de porcentajes vuela pluma, de experiencias con dichos individuos y realicemos unos percentiles pedrestres para afirmar que lamentablemente, mis experiencias han sido tan negativas que me quedan pocas ganas de salvar a los pocos que, con pleno derecho deben salvarse.

Puedo hablar de cómo un taxista, profesional de tomo y lomo, consiguió en una ocasión que no perdiera mi autobus de empresa y evitar así tener que pedirle que me llevara a mi centro de trabajo a treinta quilómetros de mi ciudad con el consiguiente agujero en mi bolsillo.

Puedo relatar cómo otro profesional se mostró comprensivo y amable conmigo y sobre todo con mi padre al que llevaba al hospital.

Puedo hablar de cómo algunos de los taxistas que me condujeron por la ciudad fueron respetuosos con mi silencio y no me endilgaron una conversación indeseada, unas opiniones impresentables y una atmósfera corrosiva en la cabina.

Pero lamentablemente, también tengo que recordar cómo han ignorado a mi esposa a las tres de la mañana para aceptar diez metros más adelante a un grupito de jóvenes pasajeros de los de: primero déjeme a mí aquí, luego a mi colega allá, y por último a su prima, acullá.

También tengo que referirme a los que han conseguido irritarme con su increible habilidad -y no exagero- para pillar todos los semáforos hasta mi destino en rojo.

Como subvariante, aquellos que te preguntan por dónde quieres ir y que se molestan cuando les contestas que por el camino más corto.

Como variante de la subvariante, aquellos que dan por echo que no tienes ni idea de como ir de "A" a "B" y te obsequian con el recorrido con más pasos de contador.

El "humanitario" profesional que recriminó a mi hermana el vómito de su hijo enfermo cuando lo llevaba a urgencias.

Como colofón, aquél que arrancó antes de poder reclamarle, ya fuera del taxi el cambio de cinco mil pesetas en un recorrido de mil doscientas.

No tengo carné de conducir por decisión personal y he hecho uso del taxi ocasionamente a lo largo de mi vida, y como ya he dicho, he conocido un pequeño y selecto grupo de profesionales con todas las letras, pero lamentablemente he tropezado en mayor número de ocasiones con elementos que si son una muestra de mi sociedad, me bajo de este carrusel en cuanto pueda.

 

 PARTIÉNDOSE LA CAJA

Uno que ha trabajado desde sus tiernos catorce años y que gracias al espíritu de pequeño burgués, pero con salario vulgar, ha conseguido ahorrar unos miserables cuartos para sobrevivir un par de meses o tres de jubilación y los ha depositado con la ilusión de un niño en una de esas instituciones de seriedad incuestionable como lo es una entidad bancaria, de pronto descubre que su dinero no merece el más mínimo interés para esa gente, porque eso es lo que recibes a cambio de depositar tu tesoro en su oficina: ni el más mínimo interés.

Es más, no les interesas ni tú y te lo demuestran haciéndote pedir cita previa y tuteándote desde el primer momento que te ven la jeta.

Luego pasan directamente a reírse de ti, y te cuentan la milonga de que su negocio va fatal, que por los ahorros de toda tu vida sólo pueden darte una mierda que no llega al uno por ciento, que el índice Dow Jones o Nasdaq, esto, que el Nikkei o Ibex 35, aquello, y que la vida de un banquero es un drama y la de sus accionistas una tragedia.

Y tú, con la faz recorriendo todo el espectro de la indignación, les recuerdas que has pagado el rescate de sus miserables amos los cuales se están descojonando en ese momento de ti y de su atribulado empleado que no sabe dónde esconderse cuando estalles en un ataque de ira y le recuerdes el oficio de su madre y el origen incierto de sus jefes.

La banca se nos ríe en la cara mientras el gobierno nos mete la mano en el bolsillo para llenárselos a ellos, son el hambre y la gana de comer aliados para reducirnos a la inanición mientras se parten la caja (¡qué doble sentido más aparente!).

Los papeles han cambiado. Antes, cuando entrabas en un banco y veías a un tipo con pasamontañas, normalmente era el que estaba a este lado del cristal blindado.

 

ES DE LOW COST

    
 

                Abundando en las vacaciones y en todo lo que me irrita de ellas, no puedo pasar por alto las compañías aéreas de “low cost”. No daré nombres, pero me referiré a una de titularidad irlandesa. Ya sé que gracias a compañías como ésta ha sido posible popularizar los vuelos al extranjero para ciudadanos que no podían ni soñar con ellos, pero me pregunto si para hacerlo realidad era necesario que fuera todo tan cutre.

                Los compartimentos para el equipaje de mano son  insuficientes para el número de pasajeros y te obligan a facturarlo en el último momento, gratis, pero impidiéndote acceder a objetos que contabas tener a mano en la cabina.

                El espacio entre asientos es tan miserablemente cicatero que si te sales de la media carpetovetónica de un metro sesenta tienes serios problemas con el viajero de delante.

                La temperatura se elige para que un oso polar o un pingüino se encuentren como en sus respectivos polos.

                El idioma por defecto de lo que sale por megafonía es el inglés tanto para información general del vuelo como para las medidas de seguridad. Eso si, se pasa al español de Salamanca cuando te ofertan sus chuches a precio de gourmet y el rasca y gana.

                Para colmo, se ha establecido la tonta costumbre por parte del comandante de la cosa, de soltar una fanfarria al aterrizar, que es afanosamente aplaudida por el rendido pasaje.

                Tonto como soy no puedo evitar recordar lo que he visto en tantas películas donde personajes fascinantes eran obsequiados con una copa de champán por una despampanante azafata mientras les guiñaba el ojo en lo que podía ser la promesa de un revolcón en zonas habilitadas en el avión para ello. En cambio, esto en lo que viajamos los desprevenidos turistas del siglo veintiuno, es como oí definir tan acertadamente a un pasajero “autobuses con alas”

                Desgraciadamente en éstos no puede uno pulsar el timbre para bajarse.

                      

 

JUBILADOS Y JOROBADOS

    Igual que es importante para tu futuro por qué agujero has de salir cuando naces, no lo es menos por que otro agujero sales cuando te jubilas. Si sales del agujero de una gran empresa con capacidad de reírse de la Administración y de todo cristo, es posible que lo hagas con sesenta y dos o sesenta y tres años, te acojas a un E.R.E., al paro y, body-body, redondees hasta los sesenta y cinco librándote dos o tres años de madrugones, mastuerzos, explotadores y jefes en general.

    Si tienes la desgracia de salir por el agujero de una pequeña empresa, sin capacidad para descojonarse de la Administración, pues te jodes y pencas hasta los sesenta y siete si te descuidas.

    A más, a más, en este país, con una tasa de imbéciles superior a la media europea, vemos a los agraciados con un temprano retiro como seres tocados por la gracia de dios, como unos despabilados que se lo han sabido montar, un ejemplo a seguir, vamos. Deberíamos recordar a estos lumbreras de vez en cuando que el solaz de estos muchachos privilegiados se lo estamos pagando entre todos, y que los que han logrado beneficiarse con este despropósito, lo mejor que pueden hacer es callarse la puñetera boca en lugar de jactarse de lo listos y afortunados que son, ya que en tu caso, premio-novel-de-las-narices, la jubilación te llegará un pelín más tarde si aún sigues vivo, y si aún queda un puto duro para pagarte.

    ¡Hala, y cierra la boca que te va a entrar una mosca!

 

PATRONES Y PATANES

    Mis hijos están descubriendo el mercado laboral y flipan. Estudian y trabajan a tiempo parcial (tanto lo uno como lo otro) para disponer de algo de cash, y las alternativas laborales para jóvenes como ellos no son muy imaginativas, ... vamos, fundamentalmente de camareros.

    La hostelería en particular es un sector en el que probablemente más leyes laborales se incumplen y donde, gracias a incumplirlas, más se ahorra en salarios. Además cualquiera puede ser empresario de la hostelería, y cuando digo cualquiera, quiero decir cualquiera. Ingresas en tan prestigioso club desde que abres un bar o lo coges en traspaso (¿eh, Chin Lu?), hasta si lo que montas un emporio de cadenas hoteleras. En toda la gama de todos ellos hay un denominador común: los empleados son seres sumisos con horarios flexibles, contratos de apretón de manos (o de testículos) en muchos casos y salarios no menos flexibles, sujetos a menudo al complemento de las propinas.

    Gracias a una población cada día más empobrecida y a una juventud desesperada, los empresarios, en general, estan consiguiendo lo que siempre han ambicionado: mano de obra esclava, sin recursos económicos ni intelectuales que les toquen los dividen-dos (tienen dos).

    Y dicho ésto, me bajo al chino a tomar un carajillo de ginseng.

 

SURICATOS Y SINDICATOS

                Estas simpáticas mangostas llamadas suricatos lanzadas a la fama entre otros por el inolvidable Rey León de la factoría Disney, con sus nerviosos movimientos y adorables caritas, me han robado el corazón, …. Igual que los sindicatos, de torpes movimientos y embotadas carazas me han robado la ilusión. Ambos son de hábitos sociales, están acostumbrados a la vida subterránea y trabajan lo menos posible, pero mientras los primeros me suelen hacer reír, los últimos me hacen llorar y preguntarme que pintan además de pancartas. Nunca ha estado la clase obrera más jodida en democracia como ahora y nunca he sentido más nauseas que cuando se pasan por mi puesto de trabajo, casualmente sólo en vísperas de elecciones sindicales.

                Los suricatos se alzan de puntillas sobre la madriguera para vigilar el acecho de depredadores. Los sindicatos sólo salen de la suya para que comprobemos que siguen vivos.

                Hakuna matata.

 

MEFISTÓFELES COTIZA EN BOLSA

                En 1981, el menda, entró a trabajar en una multinacional recién aterrizada en mi ciudad. Evitaré dar nombres, pero si daré pistas: fabrica automóviles y está ubicada en una capital aragonesa. Seré sincero: se me abrió el cielo. Era un contrato indefinido y yo tenía 25 años, estaba esperando el momento adecuado para casarme, y si había una alineación propicia de estrellas en el firmamento, era ésta. Eres guapo y con dinero: ¿qué más quieres, Baldomero? Bueno, pues eso, que me casé, primero con una puta y luego con una santa (la puta sigue fabricando coches y la santa aún me soporta).

                En mi bisoñez creía que una empresa de ese calibre, con la solvencia y la filosofía germano-americana era el microcosmos adecuado para que un joven como yo volcara todo su potencial de trabajo y que en justa recompensa alcanzara un puesto de responsabilidad suficiente para verme colmado personal y profesionalmente.

                Es increíble lo que puede alejarse de la realidad lo que preconizan este tipo de empresas. He mencionado la filosofía, y es que te crees como un pavo los argumentos de que has entrado en una gran familia donde cualquier horizonte futuro es posible si trabajas duro y eres un buen chico. Solo es cierto la mitad, la segunda mitad. Lo de trabajar duro se puede negociar si eres suficientemente “buen chico”.

                Ser buen chico en una empresa de éstas representa vender tu alma: te tragas toda su palabrería sin rechistar, apechugas con lo que te echen, mantienes informados a tus superiores del quién es quién y de quién ha dicho o ha hecho qué, llevas café y pones el culo. ¿Quién necesita trabajar bien teniendo todas esas virtudes?

                                 Me piré en el 89.

                Las cosas han cambiado sensiblemente en estos 28 años. Hoy parece una blasfemia quejarse de un empleo fijo en una multinacional. Pero hay dos cosas que no ha cambiado: mi alma inmortal y la integridad de mi esfinter.

 

LOS MASTERS DEL UNIVERSO

                Las relaciones entre proveedor y cliente nunca dejaron mucho lugar a equívocos: el primero ofrece y el segundo demanda (primera ley de la termodinámica capitalista) Dicha relación perfectamente establecida dentro del marco de intereses mutuos venía regulada (salvo lamentables excepciones)  por la honestidad y el cumplimiento de los compromisos.

                Habrá quien argumente que siempre ha habido sinvergüenzas en ambos lados de la ecuación (habitualmente más en uno que en otro), pero en general, el tendero casi no te engañaba en el peso, la mercancía casi no estaba podrida y te devolvía el cambio casi siempre bien (¡qué risas más buenas en la viñeta de 13 Rue del Percebe).

                Pero llegaron a los mercados esos pijos repeinados con master en una universidad norteamericana con una renovada visión del taylorismo y de esos cretinos, también conocidos como clientes, a los que pensaban comerse vivos.

                Esos cabrones de la gomina decidieron en primer lugar que las honestas directrices del negocio de toda la vida les soplaba bastante la polla. No era necesario mantener los aceptables niveles de calidad, los precios ajustados, la publicidad veraz, el servicio posventa,  la atención personalizada, la fidelidad, y sobre todo decidieron saltarse el decimoprimer mandamiento: no tocar los cojones a los clientes ni marearlos con campañas agresivas, trámites farragosos, direcciones virtuales, servicios digitales y la hostia en vinagre.

                Los hijos de puta titulados que decidieron dedicarse a la política en lugar de al comercio redondearon la operación privatizando servicios públicos y legislando a favor de sus compañeros de fraternidad. Ya se lo devolverán "ensobradamente"de forma "sobrepticia". Mamoneo y endogamia again.

                Y el ciudadano, una vez más, haciendo el gilipollas.

 

EL NAZILIBERALISMO

         Podríamos definir naziliberalismo como la corriente ideológica que persigue los ideales del neoliberalismo con métodos nazis o fascistas. Así pues, si el fin perseguido por el neoliberalismo es el adelgazamiento del estado en lo social y la obesidad mórbida en lo económico con cierta formalidad democrática, el naziliberalismo persigue lo mismo pero con métodos dictatoriales. Y a tomar por culo las formas.

         A juicio de este humilde librepensador es lo que tenemos ahora en España.

         El Partido Popular, nido de chorizos liderado por un inútil, ha conseguido lo que no pudo llevar a cabo Paquito “el rana” en cuarenta años de dictadura: tener al pueblo sometido y empobrecido, eso sí, con su aquiescencia.

         Podemos ilustrar lo afirmado con un breve curriculum del mencionado patio de Monipodio: apartar al juez Baltasar Garzón de la judicatura porque tocaba las narices con la persecución de asesinos durante la dictadura o a cualquier otro magistrado que hurgue en sus vilezas, la aprobación de la ley “mordaza” que atenta contra la libertad del ciudadano para expresar su discrepancia con el gobierno y el estado, el uso mafioso de la fiscalía para atacar cualquier iniciativa  en contra de sus intereses partidarios, el sistemático boicot a cualquier comisión de investigación de sus tramposas actividades, la actitud chulesca con los medios de comunicación –es decir, los responsables de informar a los ciudadanos-, largándoles un monólogo en un plasma sin la posibilidad de réplica… ¿seguimos?

         He pasado casi rozando lo de la aquiescencia de los gobernados, pero merece cierta matización: no todos los españoles somos tan jodidamente gilipollas como para haber votado a tan sublime imbécil, … pero ¿qué vamos a hacer?, esto es una democracia y vale lo mismo tu voto que la de un descerebrado cualquiera.

               ¡Viva Robespierre!