CONSUmiedoRES

 

Somos unidades de consumo, no os engañéis, así nos ven los econolistos, y sacan toda la artillería para que muerdas el polvo sin compasión, ....y funciona: caemos como tontos en su trampas más o menos legales. Todos hemos vivido al menos un momento en el que se nos ha quedado cara de primo al ver con qué desparpajo el sinvergüenza de turno nos tima en la cara sin despeinarse. Ultimamente, cada vez son más los que no tienen el arrojo de hacerlo en la cara y lo hacen online gracias a que las autoridades competentes se están tocando los huevos, pero esa es otra historia. Aquí sólo pongo un espejo, ¿te reconoces?

 
 

AflickrGIDO

 
 

Como ya sabréis por otros contenidos de esta página, soy fotógrafo aficionado. De hecho, soy un fotógrafo casi compulsivo. No salgo de casa sin mi cámara de forma que en siete años he acumulado la friolera de 8.000 fotografías. Evidentemente, no todas tienen una calidad o merecimiento suficiente para subirlas a la red, pero había una buena porción de ellas que a mi juicio se dejaban ver, y así que las colgué en Flickr ya que ese host o lo como se llame a las empresas de almacenamiento de datos, me ofrecía espacio ilimitado en la nube de forma gratuita.

Pues bien, un buen día voy a subir la enésima foto y me encuentro con que me dicen que si quiero seguir teniendo espacio para más de 1.000 fotografías, que voy a tener que pagar. No es mucho dinero, no se trata de eso, se trata de seriedad y de buenas artes, se trata de no emplear la táctica de los camellos de regalar la droga hasta crear la adicción.

Pues aquí me habéis tenido estas navidades suprimiendo 7.000 fotos de su página, no tanto para no pagar, si no para que evitar a toda costa que se me carcajeen. Con que se me rían ya es suficiente.

De todos modos, como soy optimista en los ratos que me deja libre mi misantropía, considero que me han hecho un favor ya que casi 8.000 fotos no hay cristiano que las vea y me ha quedado una seleccióm más recoleta y más molona.

Bien visto, he de daos las gracias, chatos.

 

PATINES Y PATANES

Recientemente solté una diatriba sobre la opinión que me merecen los patines eléctricos que no han invadido como una peste para cretinos de lo último y lo más modelno (no tanto, prendas, mirad la foto). En aquella ocasión criticaba más bien los aspectos en materia de salud o falta de ella por usar ese puto artilugio por señores con toda la barba (mayoritariamente hipsters) para desplazamientos más dignos de ser recorridos mediante ejercicio aerobico.

En esta ocasión me dedicaré a ciscarme en los empresarios responsables de ese truño de negocio cuya consecuencia es patines circulando por las aceras que son abandonados en mitad de las mismas (y bicis, no olvidemos las traicioneras bicis) con la aquiescencia de nuestras mamporreras autoridades municipales en las que también me cisco con sumo placer por no regular, perseguir y castigar semejantes prácticas empresariales que permiten que cualquier gilipollas deje un patin o una bici en una zona peatonal sin consecuencias mas que para los inadvertidos viandantes que se las comen literalmente al darse de dientes con ellas.

Y mis conciudadanos, asumiéndolo. Manda huevos.

 

MENS MINIMIS IN CORPORE MAXIMUM

Alguna vez he afirmado que vivimos en los tiempos del ansia ya que todo lo queremos inmediatamente, sin tiempos muertos, sin tolerancia a la frustración de no disponer inmediatamente del capricho que apenas acaba de dibujarse en nuestra mente, y por supuesto que nos lo traigan al morro.

Hoy, además, hablaré de cómo este narcisismo se ha visto reforzado por la oferta de medios de locomoción, para que en el caso de que tengas que mover el culo, apenas suponga el esfuerzo necesario de subirte a un patín eléctrico que podrás luego abandonar donde te salga del chirri o de la parte masculina equivalente.

Nuestras autoridades municipales del país de Babia, están consintiendo, no solo que los ciudadanos midamos más de cintura y caderas que de pecho, si no que cualquier oligoescaso abandone un chisme de esos en mitad de una acera, del mismo modo que tira cualquier cosa en el suelo del bar, la compresa sucia en el baño, el perro en la gasolinera o el abuelo en el asilo (¿o es al revés?).

Nuestros diligentes agentes del orden que tanto gustan de ahuyentar manteros o multar ciudadanos por la más caprichosa nimiedad, parecen no ver esos chismes tirados en cualquier parte poniendo en peligro al inadvertido peatón que puede acabar mordiendo la acera por tan incomprensible dejación de autoridad y de buen sentido.

Del mismo modo toleran sin caérseles la cara de vergüenza que los cretinos de patín circulen por las aceras, las más de las veces, acompañados de corredores de patines en línea y “skaters” que, eso sí, consiguen driblar las más de las veces con filigranas de gran habilidad a los peatones sin provocarles una fractura de cadera.

En resumidos cuentos: pongamos en funcionamiento eso que tenemos bajo las mechas, ¿ok?

 

ESÑAPA

    Tengo dos ídolos a los que venero y a los que ofrezco en sacrificio -para mi estómago- en las lunas llenas un chuletón regado con Rivera de Duero: mi contratista de confianza, que me arregló la cocina y el baño cumpliendo fielmente fecha y presupuesto, y mi informático de guardia que siempre me ofrece la opción más razonable al mejor precio. Tendría que añadir mi funcionario de la agencia tributaria que me aconsejó la mejor manera de presentar mi declaración de la renta, pero me lo cambian cada año por obra y gracia de la cita previa.

    El resto: una cuadrilla de desgarramantas, chapuceros, informales, aprovechados, tramposos, objetores de impuestos, y exhibicionistas de la raja de su culo. Personajes que lo más que saben aproximarse a una cita es: "del lunes al viernes entre las nueve de la mañana y las nueve de la noche" y el presupuesto más ajustado es: "entre trescientos cincuenta y quinientos euros". Pluriempleados que redondean su sueldo redondeándote a tí la pared o la puerta que en realidad iban a escuadra. Autónomos con declaraciones trimestrales que son las cuentas del Gran Capitán. Inmigrantes que en su país eran ingenieros agrónomos, barrenderos o pinchadiscos y que saben de oficios lo que tú de nigromancia.

    Pero como imbéciles que somos recurrimos a ellos en una especie de pensamiento mágico, según el cual, ese simpático muchachote que fuma en tu salón y apaga su cigarrillo en el tiesto del ficus, que tiene ese lenguaje tan florido, salpicado de imprecisiones y retruécanos, sin duda nos hará un trabajo magistral cobrándonos una miseria, por supuesto sin IVA.

    Pues nada, cuando tengas que ponerte un by-pass, ya sabes, al cirujano que te enseña la hucha.

 

LOW COST

    Ahora mismo puedes viajar a tomar por culo por dos chavos, comprar un cachivache en los chinos por casi nada, contratar a un trabajador por una miseria o malversar fondos públicos gratis. Son baratos los bienes y servicios, las degradaciones morales y la propia vida. De puta madre.

LO NUEVO, LO BUENO Y LOS IMBÉCILES

Creo estar siendo atacado por el virus del viejo. Se trata de una dolencia que te hace ver los nuevos tiempos con desconfianza, cuando no con franca repulsión. Cuando me quejo de los derroteros que está tomando la sociedad actual, no falta quien se me echa encima automáticamente para reprocharme que soy un cenizo y un antiguo. Lo puedo entender de mis hijos que apenas acaban de salir de la adolescencia, pero cuando se trata de un cretino de más de treinta años, me cuesta un poco más reprimirme para enviarlo a lo que imagino como un montón de guano.

En lo económico (ya he tocado este tema), nos hemos convertido en una sociedad depredadora, sin piedad y sin paciencia, donde tu dinero pierde valor a cada momento y el de la banca y el de los especuladores crece exponencialmente en virtud de una magia que sólo entienden los lechuguinos de Harvard. Cualquier estrategia y táctica es válida para despojarte de lo poco que tienes, para engañarte con mentirosas ofertas o para que te suscribas inopinadamente a misteriosos servicios mientras navegas por internet. Se ríen de ti una vez más poniendote al teléfono una máquina o un ciudadano hondureño para que intentes hacerles razonar y para recordarte lo idiota que eres, además un negocio viene a tener una vida media de seis meses y las más de las veces sólo es una tapadera para blanquear dinero.

En lo social, se te pone delante un montón  de basura electrónica o de prendas de mierda cosidas por semiesclavos asiáticos y se te dice que eso te pone en la cresta de la ola de la modernidad y de la globalización, sin que las más de las veces pierdas un minuto en reflexionar para que necesitas tanta porquería ni por qué es tan barata. Las personas con trabajo, temerosas de perder tan fantásticas  prebendas, agachan la cabeza ante los abusos de sus empleadores y vuelven a votar en las próximas elecciones a los inútiles que los llevaron a esa situación.

Son tiempos de saldos, de low cost y de que la vida y la dignidad hayan entrado a cotizar en bolsa.

Pero no se lo digas a tu cuñado si quieres tener una sobremesa sin dispepsia.

 

LAS SEDUCTORAS CHICAS DE JAZZTEL


   
 Queridas teleoperadoras de Jazztel, os perdono. Me habeis jodido la siesta como cuarenta veces, pero existen elementos que contrarrestan y compensan vuestro iinquebrantable propósito de torturar al personal. No se trata de que me haya convertido a ninguna religión especialmente comprensiva con los cabrones, sino que tras reflexionar un rato, he descubierto que si bien vuestra tocadura de huevos persistente y diaria fue un suplicio durante un tiempo, lo cierto es que tambien la seductora y exótica voz con que me regalais en mitad de un sueño anodino, ha trocado éste en otro cálido y húmedo en muchas ocasiones apenas os he colgado. Y cuando esto no funciona, he instaurado la costumbre de ver la 2 de RTVE, que a esas horas emite también sin fatiga el documental donde el jodido guepardo caza la jodida gacela Thomson y las jodidas hienas le arrebatan la jodida presa por enésima vez.
    El sueño vuelve y yo me reconcilio con vosotras, seductoras chicas de Jazztel,....ahhhh.
 

 

LABANC@

    Recuerdo cuando las cajas de ahorros eran empresas con marcado contenido social que gestionaban las nóminas y los ahorros de gente sencilla y trabajadora de una forma eficaz al tiempo que amable en la mayoría de los casos. En el momento actual ni son entidades con vocación social, la eficacia sólo la entienden en forma de mayores beneficios y la amabilidad ha sido sustituida por la soberbia de quien se sabe que la competencia es prácticamente inexistente gracias a la fusión con otras cajas. Pues bien, el otro día fui a sacar dinero a un cajero de una de dichas entidades. Eran las siete de la mañana, estaba oscuro, y el cajero automático no tenía puertas. Sencillamente las habían quitado para evitar que los mendigos pernoctaran en su interior. Con ese gesto consiguieron dos cosas: primero acabar con la poesía que supone que un sin techo duerma al calor de una entidad bancaria, y que los clientes se encuentren expuestos e indefensos a posibles atracadores. Personalmente, en el pasado he sacado dinero de muchos cajeros en compañía del mendigo de turno, que al lado mío, lo único malo que hacía era aromatizar el espacio. Nunca me sentí amenazado por ellos, lo único que sentía era perturbarles el sueño con el ruido de la caja. En cambio, el otro día, cuando me encontraba en una calle oscura, desprotegido mientras sacaba dinero del cajero, si sentí miedo, no de un chorizo que me sacara mil euros de mi cuenta, si no de que valiéndose de la oscuridad, un ejecutivo de la banca me la vaciara por completo y me forzara a firmar una hipoteca.

 

 

LOS AÑOS DEL ANSIA

Bryant Park Summer Film Festival corriendo
    Me lo parece a mí o la sociedad está entrando en una deriva que sólo puede conducir a la total pérdida del norte, de valores y del oremus.
     Se nos ha ido inculcando solapadamente en el último par de décadas un modo de entender la vida basado en el narcisismo, en la idea de que eres tonto si no aprovechas las oportunidades que te brinda una sociedad de consumo, y de que lo consigas ya.
    Para posibilitar este nuevo paraiso artificial, las grandes empresas han ingeniado todo tipo de políticas agresivas de ventas, de reducir hasta la miseria las condiciones laborales y los salarios y, lo peor de todo: que nos parezca normal, o cuando menos inevitable.
    Con permiso de Sid Vicius: gasta rápido, muere pronto y deja un explotado cadaver.

 

COACHS Y CARADURAS VARIOS

        Yo ya no entiendo nada. Resulta que en los últimos años está prosperando en nuestro país una figura importada de los iuesei junto con su correspondiente palabrita: los coach -se pronuncia couch-.

    Esta simpática especie, aprovechándose de que cada vez hay más gilipollas en el planeta, se pega a los mismos como una rémora para explicarles como han de vivir, de pensar, de comprar y de relacionarse, y para ello esgrimen conceptos como la empatía, el pensamiento positivo, la autoestima, y medio millar de zarandajas más puestas de moda en las dos últimas décadas, amén de las socorridas chorradas orientales que las entenderá su meretriz madre.

     Todo débil de carácter necesita un coach siempre que pueda pagarlo, y si no, le queda el recurso de comprarse esas estupideces encuadernadas que son los libros de autoayuda, que, teniendo en cuenta que los titula quien los escribe, no me cabe la menor duda de que son de auto-ayuda.

    Venga chicos, a hacernos todos una lobotomía.

 

VINOS, VIANDAS Y VAINAS

      Vale, nos ha entrado la estupidez a todos. No sólo de ser expertos gourmets, conocedores de los más exquisitas esencias culinarias, si no, además ahora, de alquimistas de sartén y cacerola. Cualquier hombre que se precie de no vestir con taparrabos y gruñir como medio de comunicación, debe conocer al menos una docena de denominaciones de origen vitivinícolas, varias docenas de manjares multiculturales, la forma de preparar un pez globo, reconocer las setas comestibles y cómo servir -y pronunciar- "vichyssoise".

    Esta es una sociedad exigente y medio moñas en la que estar al día y saber un poco de todo es un imperativo cuasi legal. La verdad es que el personal, en general, somos cada día más tontos a puro de no conocer más que superficialmente el mundo que nos rodea.

    Hay que ver el daño que ha hecho Google.

 

EL SUEÑO DE TREINTA NOCHES DE VERANO

    Todos los años más o menos para estas fechas, quien tene suerte de disponer de cash o de crédito, puede vivir la fantasía de que dispone de su tiempo y de su persona para viajar donde le plazca. La realidad es que acabará en algún destino más o menos trillado compartiendo su fantasía con otras decenas o centenares de miles de personas que han depositado sus esperanzas, al igual que él, precisamente en esos días.

    Su ilusión de tiempo libre y de individualidad la perderá en la primera fila para repostar, en el primer atasco de tráfico, o en la cola de control de seguridad del aeropuerto.

    Llegará a su playa saturada, a su casa rural donde cristo perdió el gorro, a su parís, london, new york donde hace el mismo puñetero calor que en su ciudad, donde los precios están pensados para rentas mucho más altas, y donde no entienden un carajo de lo que les rodea.

    En las últimas veladas de estío contarán a sus amigos y demás peña lo mucho que disfrutaron, lo fresquitos que estaban y la cultura que han adquirido "conociendo" a otras personas y otros lugares.

    Luego se irán a casa a llorar un rato.

 

WEEKEND INTO HELL

    Servidor tiene alergia al personal. Cuatro tipos a mi alrededor y se me pone la glotis del tamaño de una sandía mediana. Por autoprescripción tengo prohibido entrar en cortesingleses, carrefures, mediamarks -yo no soy borrego- y en ikeascos.

    Conozco familias socialmente correctas que se pasan unos fines de semana chupiguays en ese tipo de establecimientos con aire acondicionado, música acondicionada, vendedores acondicionados y cajeros automáticos para que te acondiciones. Son padres con hijos en edad de tocarte las corcheas y las semifusas que tras tenerlos idiotas unas horas ante la tele, completan el programa educativo con una tarde berreando por los por los pulidos pasillos, corredores y escaleras automáticas de un centro comercial.

    Con tan brillante estrategia, consiguen volver a casa con una camisa para la pequeña, un bobesponja del macdonald para el mayor y una depresión para los papás.

    Y la semana que viene, pues hala, a volver, o a pegarte un tiro. Tu mismo.

 

TIEMPO DE CONGELACIÓN

    Vivo a cinco kilómetros de mi trabajo en un hospital, y desde la desaparición de la razonablemente buena red de transporte y la consiguiente imposición del tranvía dedico uno treinta minutos diarios a .... nada mientras espero que pase algún transporte que me lleve a cumplir mis obligaciones diarias. Cuando el tiempo es clemente -en Zaragoza casi nunca- la espera puede ser hasta enriquecedora mientras reflexiono e lo mucho que somos capaces de soportar los ciudadanos acostumbrados como estamos a que nos amen por la retaguardia, pero cuándo estamos a 7º centígrados soplando el cierzo como esta misma mañana a las 7 horas en la Plaza Aragón, y ves que el tiempo de espera es de 18 minutos hasta el próximo tranvía, puedes llegar a explorar los límites de tu deseo de maldad para los responsables de que esta ciudad se haya convertido en solo transitable por las privilegiadas personas que viven en el centro de la ciudad, en el Actur o en Valdespartera. Bravo chicos: espero veos y reconoceos cuando vuestro bienestar dependa de mí.