OPINIÓN

A ESTAS ALTURAS YA SÉ QUE NO VOY A CAMBIAR EL MUNDO, ASÍ QUE ME VOY A LIMITAR A DAR POR EL CULO A LOS PUERCOS HASTA QUE ME LLEVE LA PARCA.

... A LO MEJOR LES GUSTA

 

HOSPUTAL

He comentado en varias ocasiones que trabajo como enfermero en un hospital. Canónicamente, un hospital es un centro en el que unos equipos multidisciplinares de profesionales se ocupan de prevenir y tratar los problemas de salud de la población. Sin salirnos de la descripción canónica, está además dotado con los medios necesarios para ello y está gestionado por un cuerpo directivo capaz que ha accedido a sus puestos según los principios de mérito y capacidad.

Y ahora vamos a hablar de la realidad. Mi hospital (en adelante HOSPUTAL), es un centro con más de cincuenta años de antigüedad en el que se han hecho las reformas justas para que no se caiga a pedazos, está dotado de unos trabajadores sobrecargados de trabajo, mal tratados peor pagados y está liderado por unos personajes dignos de un vodevil, es decir, gentes de moral distraída (¿se va entendiendo lo de HOSPUTAL?)

Hagamos un rápido repaso a esos personajes:

Dirección: son puestos de libre elección, es decir, no han tenido que superar ningún concurso de competencia para sus cargos, simplemente han llegado a donde están maniobrando arteramente y haciendo la pelota a la gente adecuada.

Supervisión: más de lo mismo, con el agravante de que haberse vendido sólo les supone un miserable puñado de euros, nada de gloria.

Cuerpo facultativo: He hablado largo y tendido de ellos, gente ególatra y altiva, en parte sufridores, en parte responsables del sufrimiento de quienes tienen por debajo, es el mulo picado por un tábano: suelta coces.

No estaría completa esta bonita descripción si no hablara de otros colectivos. Empezaré por uno, que sin dirigir formalmente el HOSPUTAL, consigue que el mismo, funcione como les sale de los colleoni: estoy hablando de los celadores. Estos simpáticos muchachos y muchachas, no dirigidos al parecer por nadie, que son expertos en cabrear a todo cristo cuando desaparecen de sus puestos de trabajo, cuando extravían lo que tiene la mala suerte de caer en sus manos o cuando piensan que un enfermo forma parte del mueble donde lo transporta.

He de hablar también de los colegas de mantenimiento. El que suscribe se ha cansado de ver como se piran del HOSPUTAL treinta minutos antes de su hora, de cómo para cambiar una bombilla vienen dos propios y de como para arreglarle taquilla al menda fueron necesarios cuatro infructuosos intentos hasta que vino alguien con cerebro o ganas.

Soy consciente de que no menciono a un gran número de colectivos sobre los que no tengo queja alguna, así como de la injusticia que supone ignorar a aquellos escasos trabajadores que, perteneciendo a los grupos antes mencionados, no merecen ser asimilados a los cenutrios de sus compañeros. Que me disculpen si quieren.

 

CULTURISMO

No puedo pasar junto a una mujer tapizada hasta la barbilla sin preguntarme por qué su credo dispone tantos preceptos que las cosifican y las reducen a meras propiedades sin criterio ni opinión.

Lo sorprendente es que muchas de ellas, nacidas en nuestro país, escolarizadas junto a nuestros hijos, parecen haber decidido continuar con esos hábitos, nunca mejor dicho, como si la educación recibida en materia de libertad les hubiera resbalado, o se la resbalase.

He visto sus ojos desafiantes y su barbilla en alto, al coincidir nuestras miradas, como arrojándome una superioridad moral que no sé de dónde se han sacado.

No sé qué pretenden afincándose en occidente ignorando occidente.

No espero entenderlos ni que me entiendan cuando expreso libremente lo que pienso.

 

CITA PREVIA Y CABREO POSTERIOR

Desde hace algún tiempo se ha implementado en muchas instituciones públicas y privadas (banca, sobre todo) un sistema muy gracioso con el estupendo propósito de que los ciudadanos no procesionen en filas interminables y los empleados no se estresen. Es la cita previa. Di que estos prendas ya tenían mucha experiencia en ese campo de trabajar con la técnica del Tai Chi , pero ahora, además les quitamos la presión de unos usuarios que solían mirarlos con cara asesina desde la cola.

Como ya he dicho, este escrito sirve tanto para los servidores públicos (bonita redundancia), como para los sirvientes privados. Desde la comisaria donde he renovado esta mañana el carné en la que de seis mesas había ocupadas tres y se despachaba a los clientes sin prisa alguna (treinta minutos uno de ellos), a mi entidad bancaria donde los autoproclamados "gestores personales" ya no te reciben si no es previa petición de audiencia, porque al parecer han llegado ellos sólos a la conclusión de que los clientes somos escoria del populacho de la que se pueden reir hasta jartarse y a la que pueden tutear como feaciente desmostración de que les importamos un puñetero rábano y que aunque cambiemos de entidad vamos a recibir el mismo delicado trato.

Para hacer posible este super modelno procedimiento de sodomizarte, han cerrado la mitad de las oficinas en las que antaño (hace un año o dos), un propio te atendía con más o menos ganas y han colocado en ellas a estos individuos que te mienten cuando te dicen que las sucursales que quedan en pie han aumentado sus efectivos para atenderte y compensar esas oficinas cerradas.

Son los mismos que se te rien en la cara al decirte que te van a dar un truño por tus ahorros.

Dignos siervos de sus amos.

 

LA CERTEZA DE LA INCERTIDUMBRE

Tengo tres hijos y el marrón de orientarlos en la vida. Nunca antes ha sido tan difícil. En mi generación, los padres te enseñaban una serie de valores, las instituciones educativas te formaban en una serie de áreas del conocimiento,…y a chutar por la vida.

Hoy, no les sirven tus consejos ni valores y, salvo en muy contadas ocasiones, tampoco les sirven las ofertas formativas al uso.

En esta sociedad veleta, veleidosa y títere, los acaparadores del poder y del dinero, han impuesto unos usos y costumbres que han mandado a cascarla cualquier patrón que pudieras tener en tu ingenua  cabecita.

La fase de los valores,  ya la tengo más o menos superada ya que he conseguido que lleguen a la juventud pensando por su cuenta, sin que estén enganchados a ninguna droga, sin que vistan pantalones pirata y sin que hayan visto ni un programa de “Salvados”. Me ha costado lo suyo, la verdad, han sido años de nadar contra corriente y luchar contra demasiados elementos.

Pero lo peor ha sido encauzarlos profesionalmente. En mis tiempos, cualquier área formativa estaba grabada a fuego en los dinteles de la puerta de Olimpo profesional: notario, arquitecto, mecánico, ingeniero, farmacéutico, fontanero, ebanista, …, con carrera o sin ella, conseguías los conocimientos necesarios para ganarte la vida más o menos honradamente. Hoy todo eso ha desaparecido. Las profesiones importantes, los puntales de la sociedad aún se mantienen: médico, abogado, juez, militar…, pero son las menos y cada vez están más desprestigiadas merced al envilecimiento social y la permisividad política. Y lo que queda no es mejor ya que el nuevo mundo descubierto, no por Colón, sino por los sinvergüenzas, se compone de profesiones que han de flexibilizarse a los requerimientos del mercado y de sus santos huevos. Lo llaman flexibilidad funcional y reinvención, y esto incluye a toda profesión con nombre mutable en función de su volatilidad y que no permita pegarse a la administración del Estado y chupar de sus escuálidas tetas.

Así que, en este papelón de padre atribulado, les he aconsejado que estudien lo que más les guste y que para ganarse la vida se metan en política.

Creo que no me equivoco.

 

LA MANADA DE CERDOS, EN LIBERTAD

La justicia lo ha vuelto a hacer. ¿El qué? puedes preguntarte, iletrado ciudadano, pues lo que mejor sabe hacer: desconcertar y cabrear. Pero ¿no está para proteger y servir?, no, melón, eso es la policía americana, la justicia de aquí está para inflarte los huevos con decisiones incomprensibles, pero, claro, como sólo te dedicas a freirte las neuronas con las series de la tele y a destrozarte los pulgares con el WhatsApp y no has estudiado derecho, no puedes entender como funciona el alambicado cerebro de un jurista, así que te jodes y apechugas con lo que les salga de los tortelini.

Y si tienes una hija, la atas a la pata de la mesa, así no se irá buscando que la violen.

 

EL DERECHO A OPINAR LO QUE ME PASE POR L´ARC DE TRIOMPHE

Hemos asistido en los últimos tiempos al celo de la Fiscalía para empapelar a artistas y ciudadanos corrientes cuando hacían uso de su libertad de expresión. Claro que era una Fiscalía hija de un partido corrupto e intransiguente con la libertad, partido, que a dios gracias ya se ha ido a tomar por culo.

Pero no alegrarse aún. Todavía queda un montón de intransigetes, y no dudeis que los vais a ver también en los órganos y cargos que surgan de este nuevo orden, ...y en el ejercito de ciudadanos con alma represora que tuercen el gesto ante una opinión gruesa y siempre se muestran dispuestos a hacerte ver el error de juicio que cometes o a dispararte:  "esa es tu opinión" (no, será la tuya, no te jode), o también: "antes de opinar, informate" (si, claro, me haré experto en todas las áreas del conocimiento, no vaya a ser que emita un juicio que no se ajuste a la realidad o al criterio que a tí te salga de los huevos).

Me vais a permitir, dictadores de pacotilla, que opine lo que me pase por el arco del triunfo.

 

GANADO EN CONCESIÓN

Alguna vez he comentado que el alcalde de Zaragoza, un jurista y socialista para más señas, decidió un buen día cargarse el transporte público en mi ciudad. El procedimiento era fácil, caro, pero fácil, total, como no pagaba él...: se volvían a poner raíles sobre el asfalto y sobre los raíles un tranvía. Y digo se volvían, porque ya hubo tranvías en Zaragoza, pero el iluminado de la época decidió que dónde vamos con esos chismes que funcionan con energía electrica si podemos sustituirlos por otros chismes con motor de gasoil, y nada, se puso manos a la obra, arrancó los raíles y echó brea encima. Pues a lo que iba, su señoría, más moderno que un milenial, no contento con habernos endeudado con la Expo, se nos gasta el pastizal que fuera menester (por unos millones de euros vamos a discutir), y recorta los recorridos de varias lineas de barrios periféricos para que no nos queden otra alternativa que usar el tranvía mediante el penoso procedimiento para más inri que hacer transbordo. Una jugada maestra, éxito rotundo del tranvía como tuvo los huevos de decir. Sólo hay un problema. Bueno, varios: que la frecuencia del ecológico transporte de los cojones es penosa cuando no es hora punta, y el hacinamiento es tercermundista en las horas punta. Sólo he visto este sexo no consentido al que te obliga el enlatamiento en algún documental sobre los trenes de la India o del continente africano.

La jugada no le ha podido salir mejor, además de los beneficios políticos y personales -de tipo guay y modelno, preocupado por el medio ambiente- que haya conseguido, muchos viajeros dejan de utilizar un medio tan penoso y recurren a sus coches particulares, que aunque contaminen, dejan de suponer un gasto en subvención municipal del transporte público.

Y si esto no fuera suficiente los amables conductores de autobuses, salvo la excepción pertinente (una o dos), se encargan de recordarte que los que llevan el volante son ellos y tu a callar si se niegan a abrirte las puertas cuando ya las han cerrado, si frenan y aceleran como si estuvieran compitiendo en el circuito de burros de su pueblo, si paran donde les sale de los huevos para obligarte a ir caminando hasta ellos o para crear conflictos en la ya organizada fila, si no contestan a tu saludo pero se ofenden si no saludas, si te dan el cambio al que tienes derecho en la moneda más pequeña que son capaces de reunir, si se ponen la radio a todo volumen te apetezca o no escuchar la Cope, si no ponen la calefacción hasta que les sale de las gónadas, si te enchufan todos los voltios de luz que dan de sí los florescentes a las siete de la mañana o
si arrancan antes de que el pasajero, joven o viejo, les da igual, haya podido afianzarse. En la entrada anterior hablé de los piratas con licencia de taxi, hoy le toca a los bucaneros con cerebro reauchutado y carné del sindicato. Parece que agarrar una poltrona oficial o un volante transforma a la peña en neardenthales. Soy ciudadano de a pie vocacional. Creo que nunca lo entenderé.

Además, como ya dije una vez, estoy basntante contento con el tamaño de mis genitales.

 

PATAPALO ERA UN TAXISTA MALO

Quien me conoce ya sable lo dado que soy a enemistarme con colectivos cada vez más amplios, pero hay uno que no había tocado, no sé por qué, y al que le tenía unas pocas de ganas: los taxistas.

Antes de nada mi mayor solidaridad a aquellos profesionales que se juegan la vida para llevar un plato de móviles a su casa y mi más indignada repulsa por la violencia ejercida contra ellos.

Vamos a realizar el aburrido ejercicio de decir que generalizar está feo, que no todos los miembros de un colectivo son iguales, etc, etc, etc, de acuerdo, pero entonces hablemos de porcentajes vuela pluma, de experiencias con dichos individuos y realicemos unos percentiles pedrestres para afirmar que lamentablemente, mis experiencias han sido tan negativas que me quedan pocas ganas de salvar a los pocos que, con pleno derecho deben salvarse.

Puedo hablar de cómo un taxista, profesional de tomo y lomo, consiguió en una ocasión que no perdiera mi autobus de empresa y evitar así tener que pedirle que me llevara a mi centro de trabajo a treinta quilómetros de mi ciudad con el consiguiente agujero en mi bolsillo.

Puedo relatar cómo otro profesional se mostró comprensivo y amable conmigo y sobre todo con mi padre al que llevaba al hospital.

Puedo hablar de cómo algunos de los taxistas que me condujeron por la ciudad fueron respetuosos con mi silencio y no me endilgaron una conversación indeseada, unas opiniones impresentables y una atmósfera corrosiva en la cabina.

Pero lamentablemente, también tengo que recordar cómo han ignorado a mi esposa a las tres de la mañana para aceptar diez metros más adelante a un grupito de jóvenes pasajeros de los de: primero déjeme a mí aquí, luego a mi colega allá, y por último a su prima, acullá.

También tengo que referirme a los que han conseguido irritarme con su increible habilidad -y no exagero- para pillar todos los semáforos hasta mi destino en rojo.

Como subvariante, aquellos que te preguntan por dónde quieres ir y que se molestan cuando les contestas que por el camino más corto.

Como variante de la subvariante, aquellos que dan por echo que no tienes ni idea de como ir de "A" a "B" y te obsequian con el recorrido con más pasos de contador.

El "humanitario" profesional que recriminó a mi hermana el vómito de su hijo enfermo cuando lo llevaba a urgencias.

Como colofón, aquél que arrancó antes de poder reclamarle, ya fuera del taxi el cambio de cinco mil pesetas en un recorrido de mil doscientas.

No tengo carné de conducir por decisión personal y he hecho uso del taxi ocasionamente a lo largo de mi vida, y como ya he dicho, he conocido un pequeño y selecto grupo de profesionales con todas las letras, pero lamentablemente he tropezado en mayor número de ocasiones con elementos que si son una muestra de mi sociedad, me bajo de este carrusel en cuanto pueda.

 

EL CAPULLO HA MUERTO, ¡VIVA EL CAPULLO!

Pedro lo ha hecho, parecía mentira, pero ha desbancado a Mariano, los humoristas llevan una banda negra en la manga de la sudadera. Y hecho esto, convocará una noche a toda la peña con la que ha tenido que pactar y montará una orgía en la que quien pondrá el culo no será él, si no todos y cada uno de nosotros.

Buen provecho.

 

SIGLO XXI, CAMBALACHE, MUY CONFUSO Y MUY PUERIL

Si el siglo XX fue descrito en el tango como “cambalache, problemático y febril”, urge poner nombre al cuasi recién estrenado siglo XXI, siglo 21 para los milenials, ya que es su siglo por haber nacido en sus aledaños, pero el latín y los números romanos se la suele pelar bastante.

Si el siglo XX, según el tango, era un año en el que todo valía, nada ni nadie era mejor que otro, todo eran trapicheos y prisas, el XXI, viene caracterizándose por una increíblemente variada oferta de artículos y bienes de consumo, de propuestas estéticas, musicales y dietéticas, de orientaciones políticas, sociales y sexuales, pero sobre todo de provisionalidad, precariedad y baratura. Son baratos los bienes y servicios, los salarios y la dignidad.

En este estado de cosas he imaginado lo que podría ser una gran concentración de jóvenes en algo que les interese mayoritariamente y los mueva de la chaise-longue, como una protesta por la subida de los productos con contenido etílico.

Como toda masa informe al primer golpe de vista, ésta está configurada por grupúsculos sólo advertibles por un observador entrenado, o fijándose uno en las pancartas y enseñas, coño, que hay que decíroslo todo.

Pues bien, en el caso que nos ocupa encontraremos los siguientes grupos, subgrupos y grupúsculos, así como la interposición y transversalidad entre todos ellos:

1)     Los más aparentes: los integrantes de las diversas propuestas estéticas y/ musicales, verbigratia, y por nombrar sólo algunos:  punks, emos, lolitas, pijos, makineros, darks, inidies, canis, frikis, gamers, pokemones, y algún que otro despistado hípster.

2)     Los seguidores de posiciones políticas y sociales: feministas, ecologistas, animalistas, okupas, socialistas, comunistas, anarkos, podemitas, ciudadanitos, neo nazis y neo nazis negacionistas.

3)     Los integrantes de distintas orientaciones sexuales: lesbianas, gays, transexuales, bisexuales (LGTB) y otros que pudieran no estar adscritos como travestis o drags.

4)     Los defensores de las opciones dietéticas: omnívoros, veganos, ovo-lacteo-vegetarianos, proteinómanos de gym y cardio, amigos de los hidratos de carbono y enemigos de lo que come el grillo.

5)     El lumpen de bandas callejeras y chulos de barrio: Latin King, Ñetas, Dominican Don't Play, Forty Two, Trinitarios o Blood.

 

Así, entre esta gente tan chula, podemos encontrar, por ejemplo, un grupo de pijos en una conversación como ésta:

-Guau, que pasada, esto está lleno de pijos.

-Espera que saco el Iphone y lo subo.

-No jodas que se me ha estropeado el Mac y no lo voy a poder ver.

-Pues míralo en la Ipad.

-¡Hostia, es verdad, megaguay!

Justo al lado tenemos un grupo de emos que no dice nada y se limita a mirarlos con asco y a murmurar entre ellos cosas como

-“mierda de vida”

-“consumistas asquerosos”

-“voy a rajarme otra vez la muñeca”

-“me gustan las ojeras del rubito”

o cosas así de estimulantes.

Justo detrás de estos, las bases de los indignados podemitas se pone de puntillas y exclama:

               -¡Hostia que movida, qué capacidad de convocatoria tiene el coletas!

               -No te vengas arriba que he visto media docena con la esvástica tatuada en las encías.

               -No, eran reventadores de “Ciudadanos”.

               -A ver, consulta asamblearia, que esto iba de las birras.

               -Ya está la corriente discrepante tocando los huevos.

Un coro de feministas corea:

               -Nosotras parimos, nosotras decidimos.

               -Mi coño, mi decisión.

               -Contra la violencia de género, gasolina y un mechero.

               -Putas al poder, vuestros hijos ya lo ostentan.

Casi codo con codo, un colectivo de veganos/veganas, se pasa con por WashApp recetas de varias formas de simular entrecots con tofu, morcilla con carbón vegetal y san jacobos  con algas blancas, cera de abeja y muesli. Una que es anti tecnología arremete:

               -Los móviles están hechos con plástico orgánico de granjas de pollos.

Las demás quedan en suspenso un momento, niegan con la cabeza y siguen a su faena. Una dice sin dejar de teclear:

               -No le hagáis caso a esta que es una conspiranoica y una intransigente.

No muy lejos, un colectivo LGTB agita sus banderas arco iris mientras se intentan poner de acuerdo sobre las variedades de intercambios sexuales entre ellos.

               Trans: yo, activo y pasivo, pero nada de tías.

               Lesbiana: yo, sólo tías, nada de trans, ni bis machos, que veo un pene y me enfollino.    

               Bisexual, tío: joder cuánto inconveniente.

               Bisexual, tía: tú, lo que eres es un salido.

               Gay: tú, te callas, perra.

Por último, el colectivo neonazi, las bandas y los chulos se van diciendo en sordina:

               -En cuanto acabe esto, a esta cuadrilla nenazas les limpiamos las carteras y les ensuciamos los calzoncillos.

               En la cola de la mani, los maderos se contonean con suficiencia en los gestos y media sonrisa en la cara como diciendo: “haber aprobado las pruebas físicas para esta cagada”.

               Pero, tranquilos, que ya saldrán las autoridades a la palestra para decir que sólo eran unos pocos perro-flautas y un selecto grupito de hijosdalguien que se habían metido en eso por error.

 

 SAN JODERSE

 

Estando como está el que suscribe hastalos gemelos colgantes de madrugones y contando ya cuarenta y ocho años deexplotación laboral, fue a la Tesorería de la Seguridad Social para que lerealizaran el cálculo de lo que cobraría si se jubilara ya. Para empezar, allíno están por la labor de futuribles y te dicen que vuelvas cuando te llegue elmomento o cuando ya lo tengas decidido, que majos. Así que hago de valer miscontactos y me lo calculan de por favor. Pues resulta que lo que cobraría hoypor hoy es un zurullo prorrateado ya que se toman los últimos 21 años decotización y resulta que de los ya mencionados 48 años, estuve cotizando pornecesidades de fuerza mayor seis años a media jornada y tres a un tercio dejornada y esto, amigos mios, la Tesorería no lo puede consentir. ¿que hascotizado 48 años?, pues me alegro, más dinero para las arcas, ¿que te has vistoforzado a cotizar menos en los úlitmos 21 años?, pues san joderse, saca pecho,aprieta los dientes y procura no cargarte un paciente cuando ya te tiemble elpulso, confundas la gimnasia con la magnesia y no distingas un pene de unpeine.

Repito, que majos.

 

¡A CELEBRARLO, CON UN PAR!

 

Recientemente se ha celebrado el Día Internacional de los Trabajadores yestá bien que se le dedique un día para que no nos olvidemos que aún hay genteque trabaja, aunque sea por un sueldo de mierda, aunque sea lamiendo culos,aunque sea de falso autónomo, aunque sea un niño en el sureste asiático, aunquesea un trabajador sin nómina ni derechos. El resto del mundo, sencillamente, ovive subvencionado o se muere de hambre.

Y delante de las manifestaciones que se han celebrado por todo el mundo
"libre-que-te-cagas", los primeros, los sindicalistas con las
pancartas de sus respectivos sindicatos en cuyas sedes tienen un escritorio
para simular que hacen algo y una sala de reuniones para arreglar el país y
seguir liberados del puto curro cuatro años más.

Y detrás de los sindicatos, el pueblo, sintiéndose poderoso en la informe
masa mientras en su fuero interno sabe que no tiene más peso que los eslóganes
que corea, y si no lo saben ya se lo recordarán sus jefes el lunes cuando vayan
a trabajar o su parienta cuando le eche esa mirada de "¡qué vería yo en
éste!".

Acabada la manifestación, cada mochuelo a su olivo, o al bar a tomar una
caña, a sacar pecho, y a narrar los "le dije", "me niego" y
"exijo", que nunca pronunció ni pronunciará porque sabe perfectamente
que es un pusilánime y un cagón.

Y el domingo, tras un chapucero polvo durante la siesta, al fumbol, a
gritar al árbitro y al niño pijo que corre tras la pelota, a pitar el himno
nacional, a ciscarse en el precio de los bocadillos del estadio y a seguir
coreando himnos y gilipolleces.

Hemos celebrado el 1 de Mayo, pero no sé por qué.

 

UN PAÍS TONTO DEL CULO

 

¿Puede ser un país entero tonto del culo? Si lo dudas date una
vuelta por tu barrio, escucha los parroquianos del bar de la esquina y coge un
periódico para ver a quien han votado.

España lleva un retraso cultural, económico y mental del que me
temo no salga ya nunca. Desde los tiempos más remotos, reyes inútiles;
consejeros corruptos; militares veleidosos;  eclesiásticos hipócritas;
burgueses insaciables y políticos sinvergüenzas, deberían haber conseguido que
el español nunca se identificara con su país, que no se creyera en deuda con la
tierra que lo vio nacer, y sin embargo, se ha jugado el pellejo en innumerables
ocasiones dándolo "todo por la patria" mientras los hijos de los poderosos se
escaqueaban, eligiendo en las urnas a impresentables, que se les llena la boca
con "patria","honor" y "arrivaespañas" mientras llevan el fruto de sus saqueos
a Suiza, Andorra o las Islas Caimán y para reafirmarse en su tontuna, van
 colgando banderitas en sus balcones a la primera de cambio.

España forma a sus retoños según el criterio del último imbécil
que reforma por enésima vez el sistema educativo concediendo la misma
importancia curricular a la formación religiosa que a las ciencias o las
humanidades, primando la nemotecnia sobre el razonamiento, alentando a que lean
autores infantiles que escriben auténtica bazofia o clásicos con los que ni sus
abuelos fueron capaces de sintonizar.

La universidad forma profesionales en disciplinas tocadas de
muerte, les presenta una realidad social y económica falsa con supuestos que
están absolutamente al margen de la realidad, echa al mercado y a la sociedad
un número de jóvenes que no puede absorber el entramado económico y social del
país,  cerrando los ojos a aquellas formaciones que realmente conforman el
mundo en el que han nacido y el futuro que ellos deberían protagonizar.

Y ante todos esos desmanes, ¿reaccionamos de alguna manera?
Si.  Nos vamos al bar de la esquina y arreglamos el país levantando la voz
mientras una mano sujeta el vaso de cerveza y la otra rasca los genitales.
"Pero no haré sólo eso, ¡qué va!,  reflexiona uno: "en las próximas
elecciones les vuelvo a votar, ¡se van a enterar!"

 

ALUCINE

Mis primeros recuerdos de una sala de cine están firmemente ligados, como
ocurre con tantos otros recuerdos, a una algarabía olorosa: desde higiene
deficiente a desodorante de pino pasando por el del tabaco (se podía fumar), al
de las patatas fritas grasientas o la loción para después del afeitado "Floid"
que usaba mi padre y la mayoría de los hombres de la época. Si había palomitas,
no las recuerdo.

El caso es que la magia me llamaba desde aquel lienzo blanco, y cuando se
apagaban las luces y el murmullo de voces se iba apagando a los primeros sones
del NO-DO, se me erizaba el vello a pesar de la ausencia de aire acondicionado,
y no era por la bochornosa propaganda franquista que salía a chorros de la boca
del mítico Matías Prats, sino porque empezaba el milagro de imágenes desfilando
por la pantalla, luces y sombras compitiendo sincopadamente por ocupar el 
tensado tejido sobre el proscenio, haces de luz bombardeando el lienzo y
pintando a su paso el polvo de la sala. Las palabras grandilocuentes pesaban
menos que el grito de júbilo ante la aparición del 7º de caballería o del agudo
chillido de chicas y chacos cogidos por sorpresa ante la apertura del ataúd de
Drácula.

El cine no escapaba a la censura y nos perdimos títulos memorables como "El
gran dictador", "Viridiana", "Senderos de gloria" o "Por quién doblan las
campanas", por nombrar sólo algunas, y si esto fuera poco, las películas
"autorizadas" estaban brutalmente mutiladas y se adivinaba el corte censor
porque se empezaban a ver ralladuras de la emulsión que eran las huellas de la
chapucera manipulación del rollo original.

Pero entonces nada de eso importaba a un niño que abre sus ojos a la
fantasía de la luz y el sonido poblando los más inverosímiles rincones de su
fantástica imaginación.

Más tarde el niño crecería y el bagaje de cientos de películas poblando su
retina lo impulsó a crear sus propias fantasías, modestas, paupérrimas
creaciones compartidas por cuatro locos como él en una suerte de experiencia
cuasi religiosa cuyo dogma era la imaginación y su credo la impertinencia.

A ese cine lo mató la llegada del video y las canas, y al cine de la
pantalla grande, el precio de la entrada, las mini salas y los puestos de
palomitas premium que desterraron los ambigús.

Ya no voy al cine, no me interesa esa concepción pesetera de la exhibición
de películas. Las veo en mi casa merced a NETFLIX o a cualquier otra plataforma
que me permita levantarme a mear cuando quiera o empadronarme en la andorga
unos torreznos y una cerveza, pongamos por caso. No es lo mismo, lo sé, así que
voy a soltar una lagrimita en cuanto acabe estas líneas. Agur.

 

¿PREVENCIÓN O PREBENDA?

En sanidad, prevención primaria es aquella que evita la aparición de una
enfermedad. Esta se lleva a cabo principalmente con educación sanitaria que
incluye fomentar los estilos de vida saludables como la erradicación de hábitos
tóxicos, la buena alimentación y el ejercicio.

Los principales actores de esta primera barrera a la enfermedad  son
los responsables sanitarios, los padres y la escuela.

Se trata de uno de los principales determinantes de la salud según la
pirámide de Maslow y afrontarlo es el sistema más barato y eficaz para luchar
contra la enfermedad.

Pero como en tantas otras cosas, el ser humano prefiere actuar de la forma
más complicada posible y los gobiernos dedican las grandes partidas
presupuestarias a la prevención secundaria, terciaria y cuaternaria, que para
no aburrir, es actuar cuando la enfermedad ya está presente y esto amiguitos y
amiguitas nos está arruinando.

Sólo cabe ser mal pensado y preguntarse por qué se actúa de ese modo...y la
respuesta viene casi enseguida: hacer frente al progreso de la enfermedad
genera una actividad económica bestial, por no hablar de la incesante necesidad
de especialistas de todo tipo.

Piensen si no qué sería de la industria farmacéutica, de la ingeniería
médica, biomédica y quirúrgica, de la ortopédica, y de tantas y tantas
industrias que sobrevuelan  como buitres  los fracasos de la
prevención.

No digo que estas especializaciones sean innecesarias, sino que están
sobredimensionadas por el cuasi abandono de la prevención primaria y repito que
esta visión miope, si no interesada, acabará a medio plazo con la expectativa
de que tú o tus hijos tengan una sanidad decente.

 

ESPINAZO DOBLADO Y CULITO LIMPIO

Aunque venía oliéndomelo, no sabía hasta qué punto estaba enterrado en
estiércol y es que la profesión que elegí, ya en mi madurez, es una enorme,
inmensa, cósmica bosta de vaca. Recientes acontecimientos me han vuelto a
colocar en mi sitio de esclavo de la sanidad a pesar de mis estudios
universitarios y diecinueve años de ejercicio como enfermero.

En la universidad te enseñan a ser un profesional con criterio y capacidad
de toma de decisiones te forman para tener una visión holística del enfermo y a
poner en marcha los recursos y conocimientos necesarios para procurarle
cuidados de calidad, a respetarlo y por supuesto a hacerte valer y ser
respetado por ellos, por el resto de profesionales y por tus superiores.

Todo eso es mentira. La realidad es que no pasas de ser una criadita con
estudios que ha de estar siempre pronta a las exigencias de todo cristo, a
doblar el espinazo y a tener un culito limpio y presentable para que se sirva
quien lo desee.

Lo más triste es que la enfermería se engaña a sí misma negando todas estas
evidencias o las considera inevitables y por tanto no hay reacción a los
abusos.

Que Superman nos asista. Mientras tanto me he procurado una paja larga y
respiro como puedo desde el fondo de tanta mierda.

 

EL HORROR DE HABER ERRADO. TERCERA PARTE

 

Tras mis decepcionantes experiencias en Urgencias y Traumatología, decidí
que ya era hora de pasar a mejor vida y pedí traslado a Medicina Interna. Para
quien conozca el trabajo en estos servicios puede llegar a parecerle broma,
pero nada más lejos de eso. Si bien para una Auxiliar de Enfermería, una planta
de este tipo puede llegar a ser una pesadilla ya que se trata básicamente de
pacientes ancianos en mayor grado de dependencia que en menor grado y por tanto
una gran carga para ellas, para enfermería es un paciente muy agradecido ya
que, aunque necesitan mayor número de cuidados, cuando se les va la pelota
pueden llegar a ser muy graciosos y si resulta que les ha llegado la hora y se
mueren....., pues angelitos al cielo, y a otra cosa.

Tras estas palabras, y quien no conozca mi profesión, puede pensar que soy
un desalmado. Bueno pues que pase una temporada de oyente en una planta de
hospital y hablamos.

El caso es que aterricé en Medicina Interna y lo primero que recibí fue el
gran impacto del espacio compacto. Quiero decir: habitaciones minúsculas que se
caen a pedazos, timbres que no funcionan, almacenes caóticos con estanterías
derrengadas, techos con placas rotas, reparaciones de fontanería con
esparadrapo.... Y a esto le llama una doctora muy simpática que conozco "Hospital
de primera categoría" o no sé qué zarandajas. Solo debe visitar el escáner o la
resonancia, desde luego no mi planta ni las Urgencias. Y es que este hospital
tiene la misma edad que yo: sesenta y dos años, a nada que esté tan quemado
como yo lo raro es que no huela a chamusquina por las esquinas.

Otra ventaja que se me olvidaba:  aquí los médicos lo son de verdad,
no como en Traumatología, aunque algunos de ellos se crean Cristo redivivo, y
otros unos meapilas.


 

EL HORROR DE HABER ERRADO. SEGUNDA PARTE

En cuanto pude, pedí traslado fuera de Urgencias, y huyendo de la sartén
caí en el cazo ya que no se me ocurrió otra cosa que ir a Traumatología,
servicio del que había oído maravillas. Definitivamente la gente es tonta, con
estudios o sin ellos, y si no, mira a quien vota.

Traumatología, para un neófito, es un servicio en el que los únicos que
trabajan y además, en general, saben lo que hacen son los integrantes del
equipo de enfermería. Porque un traumatólogo es un elemento con título de
medicina que ha procurado olvidar a toda velocidad lo que aprendió en la
facultad para dejar sitio a las finanzas y no cumple el horario ni de coña
porque tiene que salir zumbando a atender a sus pacientes en la sanidad
 privada.

Allí me entretuve tres años ya que no pude salir antes, preguntándome cada
día qué había hecho yo para merecer esto.

 

EL HORROR DE HABER ERRADO. PRIMERA PARTE

En enero de 2.010 se me ofrece una interinidad como enfermero en el
hospital M.S. La acepto y solicito el servicio de Urgencias ya que mi
experiencia en los respectivos servicios de Urgencias en los hospitales P. y Q.
han sido muy satisfactorias por tratarse de destinos donde se aprende algo
nuevo cada día y se ponen a prueba tanto la capacidad de respuesta como la
discriminación de las prioridades, así como se entrenan las habilidades y
técnicas como en ninguna otra parte.

Pero el hospital M.S. es otra cosa, y sus Urgencias el mayor caos que uno
pueda imaginar. Sólo asomarse una tarde de invierno, pongamos por caso, a la
Admisión o Triaje con sus colas continuas que no parecen disminuir, con las
ambulancias y su penoso tráfico de camillas de forma que siempre hay un par de
ellas por atender, o con sus Salas de espera abarrotadas de pacientes e
impacientes que llevan esperando en muchos casos más de tres horas o el
estridente timbre de Vitales cuando llega un paciente en estado calamitoso o
este se ha producido como consecuencia de la larga espera en las Salas o en los
Boxes.

Si te armas de valor y penetras veinte o treinta metros por los pasillos,
accedes a las Salas de Observación, verdad sólo a medias ya que la mayor parte
de los ocupantes de esas camas sólo las ocupan hasta que tener sitio (a veces
varios días) en sus respectivas plantas.

Si aún no has salido corriendo, puedes enfilar el pasillo de Boxes y
encontrarte con las verdaderas trincheras de la Urgencia. Un ir y venir
continuo, casi siempre acelerado de sillas de ruedas, camillas, sanitarios de
todo tipo con equipos para canalizar vías, realizar sondajes, aparatos de toma
de constantes, de electrocardiogramas, entrevistando a enfermos, siendo
abordado por todo tipo de personas que exigen tu atención, esquivando personas
iracundas, y abriéndote paso entre camas ocupadas con pacientes que
sencillamente no pueden llevarse a otro lado porque puede que una de las Salas
de Observación, si ya no es invierno, permanezca cerrada intermitentemente para
ahorrar algún euro.

Pronto me di cuenta de mi error, pero ya no tenía remedio. Allí pasé casi
tres años, abrumado por la carga de trabajo y su premura, horrorizado además
por la responsabilidad de trabajar con esa presión, increpado por los pacientes
y sus familias, ignorado por las jefaturas, mareado por la indecisión de los
médicos residentes y maltratado profesionalmente por los médicos adjuntos.

Nunca me he sentido más insignificante y machacado. De allí emergió un
nuevo enfermero y una nueva persona: una que ya no se asustaba por nada y a la
que le daba igual todo.

CUANDO EL SABIO SEÑALA LA LUNA, EL NECIO MIRA EL DEDO. CONFUCIO. (EL QUE INVENTÓ LA CONFUCION)

Para quien no se haya enterado, que habrá dos o tres, el que suscribe está
hasta las gónadas de su profesión, de sus congéneres y del pastelero mundo. Lo
he ido insinuando en las perlas que cuelgan y preceden a este bonito artículo.

El problema es que mientras la humanidad sufre las vejaciones más o menos
en silencio, ya sea por prudencia, ya sea por miedo, servidor, que es de
epidermis fina, de tolerancia corta y de lengua viva (¿qué tal, Sabina?), no
sabe callarse ni con la lengua al revés, y claro, a puro de oírte barritar o
pasan de ti o te preguntan qué coño te pasa.

Es como si tienes un tumor del tamaño de la cabeza de un niño pequeño en
los huevos y el médico (genio y figura) sólo se fijara en lo molestos que son
tus alaridos. O como dijo Confucio, si alguien te señala lo hermosa que está la
luna y tú miras el dedo.

(Pista: soy el dedo).

 

MIEL AMARGA

Alguien buscando en las basura es una de las imágenes más terribles que se
puede incorporar a la normalidad en una sociedad como la nuestra.

A esa persona quizá le parece que es un chollo encontrar una lámpara rota,
una cinta en VHS de "El hombre y la tierra", un juego de compases caído en
desuso al que le falta una pieza o una botella de vino echado a perder. Claro,
que por el camino quizá deba mancharse un poco al apartar restos de comida en
descomposición y un par de pañales infantiles. Pero usted y yo no estamos en la
indigencia y pasamos a su lado sin mirarlos, forman parte del paisaje urbano
como el vendedor de lotería, el cartero y la señal de prohibido aparcar.

Para no pensar, decimos que están locos, que seguro que tienen dinero escondido
bajo el colchón o que los pone ahí Podemos para avivar nuestra aburguesada
conciencia.

Pero usted y yo sabemos que no es nada de eso, que quien mete las narices
en un apestoso contenedor está a un paso de la total desesperación y de ahí al
desastre sólo hay un paso.

No podemos hacer como que no los vemos y seguir votando a hijos de meretriz
que son los responsables directos de la pobreza y de la miseria moral a la que
conduce.

LA ABSURDA PULSIÓN DEL INSTINTO

El ser humano desde que nace se las arregla para complicarse la vida en
virtud de no sé qué obstinado atavismo que le impulsa a buscar una pareja y
formar una familia.

Para conseguirlo, históricamente, tenía que descalabrar a un rival, cazar
el mamut más gordo y peder más fuerte que sus oponentes. Hoy día viene a ser lo
mismo con alguna que otra minúscula variante. El premio a tan denodados
exfuerzos es una juventud rodeado de crios gritones, una madurez entre
adolescentes insoportables y una vejez entre viejos que huelen a amoniaco
cuando sus adorables vastagos lo archivan en el asilo. La parte buena es toda
una vida de sexo desenfrenado (snif).

El instito nos impulsa a buscar alimentos, a correr o defendernos de las
amenazas, a procurarnos calor en invierno y refresco en verano, a respetar la
furia de la naturaleza, a creer en dioses y hados, todo ello nos asegura la
supervivencia y el bienestar, pero también, inexplicablemente nos impulsa a
reproducirnos como si no fuera suficiente con sobrevivir y también hubiéramos
de perdurar como especie para cargarnos el planeta y con el a nuestra progenie.

De locos.

 

Los años sesenta, setenta y gran parte de los ochenta fueron los de la
televisión como medio de cohesión familiar y social. Las familias se reunían en
torno al televisor y veían juntos "Noche del sábado", "Directísimo", "Un millón
para el mejor", "Un, dos, tres", "¿Es usted el asesino?", "Historias para no
dormir", "Reina por un día", "Eurovisión" y por supuesto el "Telediario"
"teledirigido".

Al día siguiente, en el trabajo, el colegio o en la carnicería, las gentes
hablaban del programa o noticiario en cuestión y se creaba una comunión la mar
de chula al poder comentarlos y al haber experimentado todos unas emociones
similares.

Y lo mismo ocurría en los hogares: los miembros de la familia hablaban del
premio del apartamento o la calabaza del "Un, dos, tres", del tipo que partía
nueces con el culo frente a José María Íñigo o de la expectación del "desnudo"
de "Historias de la frivolidad".

Más caspa que el peine de un peluquero, pero unir, unía como el cemento
Portland.

Hoy veo pelis, series o documentales de una "app" en la "Smart tv" de mi
salón mientras mis hijos se parten la caja viendo youtubers chorras en sus
"Smart phones" tumbados en sus camas mientras mi mujer pasa de todos nosotros
mientras hace la cena.

A excepción de la gente más mayor, es casi imposible que dos personas hayan
visto la misma maldita cosa en la sobremesa o antes de acostarse.

Aunque no me considero un carcamal, soy poco propenso a aplaudir con las
orejas todo lo nuevo. Valoro en lo que vale la variedad de medios para
conseguir información o entretenimiento, pero en el camino hemos perdido algo
valioso y es la capacidad de conectar con los demás mientras nuestros
cacharritos se conectan a ese sin dios que es la nube.

Alea jacta est.

 

UNA NUBE SIN DIOS

Los años sesenta, setenta y gran parte de los ochenta fueron los de la
televisión como medio de cohesión familiar y social. Las familias se reunían en
torno al televisor y veían juntos "Noche del sábado", "Directísimo", "Un millón
para el mejor", "Un, dos, tres", "¿Es usted el asesino?", "Historias para no
dormir", "Reina por un día", "Eurovisión" y por supuesto el "Telediario"
"teledirigido".

Al día siguiente, en el trabajo, el colegio o en la carnicería, las gentes
hablaban del programa o noticiario en cuestión y se creaba una comunión la mar
de chula al poder comentarlos y al haber experimentado todos unas emociones
similares.

Y lo mismo ocurría en los hogares: los miembros de la familia hablaban del
premio del apartamento o la calabaza del "Un, dos, tres", del tipo que partía
nueces con el culo frente a José María Íñigo o de la expectación del "desnudo"
de "Historias de la frivolidad".

Más caspa que el peine de un peluquero, pero unir, unía como el cemento
Portland.

Hoy veo pelis, series o documentales de una "app" en la "Smart tv" de mi
salón mientras mis hijos se parten la caja viendo youtubers chorras en sus
"Smart phones" tumbados en sus camas mientras mi mujer pasa de todos nosotros
mientras hace la cena.

A excepción de la gente más mayor, es casi imposible que dos personas hayan
visto la misma maldita cosa en la sobremesa o antes de acostarse.

Aunque no me considero un carcamal, soy poco propenso a aplaudir con las
orejas todo lo nuevo. Valoro en lo que vale la variedad de medios para
conseguir información o entretenimiento, pero en el camino hemos perdido algo
valioso y es la capacidad de conectar con los demás mientras nuestros
cacharritos se conectan a ese sin dios que es la nube.

Alea jacta est.

 

CASTRATIS Y PICHAS FLOJAS

 

La bonita imagen que ilustra estas líneas la tomé en un bar que ya he
olvidado, centro de mi ciudad, zona facha. Podría decir que sobran las
palabras, pero nunca sobran para calificar al bellaco que diseñó los artefactos
y a los mamones que los compran e instalan.

Los que se mean en una boca de loza y les hace gracia no son sino castrati
que encuentran en ese jueguecito de niños la compensación a su falta de
hombría.

La vejación de la mujer no tiene líneas rojas para estos acomplejados picha
floja. Anda y vete a machacártela con esa imagen en la cabeza, es lo más cerca
que estarás nunca de tener sometida a una mujer.


SINVERGÜENZ@S

 

La bonita imagen que ilustra estas líneas la tomé en un bar que ya he
olvidado, centro de mi ciudad, zona facha. Podría decir que sobran las
palabras, pero nunca sobran para calificar al bellaco que diseñó los artefactos
y a los mamones que los compran e instalan.

Los que se mean en una boca de loza y les hace gracia no son sino castrati
que encuentran en ese jueguecito de niños la compensación a su falta de
hombría.

La vejación de la mujer no tiene líneas rojas para estos acomplejados picha
floja. Anda y vete a machacártela con esa imagen en la cabeza, es lo más cerca
que estarás nunca de tener sometida a una mujer.

 

DÍA DEL ORGULLO INRI

 

Un año más, los católicos de calendario sacan sus mejores galas de entre la
naftalina, templan sus cornetas y tambores, izan la imaginería y hacen que el
tráfico rodado y peatonal sea imposible.

Católicos cuya fe se limita a creer que algún día les tocará la lotería o
que su tío abuelo palmará sin más herederos que ellos, se encasquetan el
capirote o el tercerol de colorines, empuñan el mazo o la baqueta, y se llevan
la corneta a los morritos selfis para desentonar la nota que sea menester.

Manolas cuya caridad se limita a echarle un euro al pobre de pedir a la
salida de misa cuando se equivocan y entran al templo en lugar de ir a tomar el
vermú, revuelven entre las reliquias de la abuela y sacan la mantilla, la
peineta y el rosario, se lo envuelven en la muñeca como una filacteria, se
planchan el vestido de luto, se pones los zapatos de tacón y procesionan entre
penitentes descalzoas y los displicentes calzados.

Un año más triunfa el anacronismo y la rancia tradición de tintes
medievalistas frente al verdadero sentido de la fe en el siglo XXI y al sentido
común.

Un año más me joderán el transporte público y el plácido deambular por las
calles de mi ciudad, mareado por el incienso, aturdido por el tronar de
tambores e irritado por el despliegue de fastos y embozos.

El día del orgullo LGTB, cerraban la manifestación (bastante más divertida,
por cierto) un pequeño grupo de policías machotes de a pie sonriendo, no se por
qué, sólo con media boca. Los días del orgullo INRI cierran la solemne mani
otros policías con gesto circunspecto, compitiendo con sus uniformes de gala
con el enjaezado de sus monturas.

Siempre ha habido clases.

 

BASTANTE HOMBRE

 

Iniciaré mi paseo por este jardín tan
florido en el que me voy a meter intentando definir qué es ser un hombre en el
siglo XXI y más concretamente en el año del señor de dos mil y dieciocho.

Ser un hombre desde mi parcial punto de
vista sólo tiene una lectura posible, y es la referida a las características
físicas de un individuo de género masculino de la especie humana. Estas
características físicas las voy a obviar ya que sólo representaría la
descripción de una serie de topografías de sobra conocidas.

Culturalmente, en cambio, la sociedad
lleva siglos diciéndote que un hombre es un ser fuerte, duro, valiente,
responsable, trabajador, elemento útil a la sociedad, buen hijo, padre y
marido, protector de su hogar, proveedor de refugio, alimento y bienestar,
garante de seguridad y porvenir, siempre dispuesto a los mayores sacrificios
incluido la propia vida en caso necesario.

Sales al mundo con esa responsabilidad y
acabas convenciéndote a ti mismo que ser un depredador y un cafre, en determinados
momentos, está más que justificado.

Pero dejémonos ya de chorradas y
hablemos con claridad. La mujer, por derecho propio ganado con sangre, sudor y
lágrimas ha demostrado ser capaz de asumir esos roles tan rimbombantes y de
hacerlo sin ruido. Ha sido la proveedora de alimentos cuando no quedaba otra,
ha velado por los miembros más desvalidos de la familia sin sueldo ni
reconocimiento, ha sacado las uñas y los dientes para proteger a su familia, se
ha deslomado procurando un hogar cálido, confortable y seguro cuando ya venía
deslomada del trabajo, y como pago, en ocasiones ha muerto a manos de animales,
a menudo sus parejas, a los que me niego a incluir en la categoría de seres
humanos, en general, y de hombres en particular.

Tengo sesenta y dos años y me considero
una persona progresista, quítenle todas las connotaciones políticas que suelen
acompañar a este calificativo ya que se puede serlo desde muchos ángulos del
espectro social. He luchado toda la vida contra la educación recibida como
macho. He dado ejemplo a mis hijos desde el momento de su nacimiento ya que me
hice cargo de su cuidado al no tener empleo y ser mi mujer la que llenaba la
despensa. Los he educado en igualdad, y me entero por ellos que su generación
es aún más machista que la conocí yo.

Me siento asqueado como hombre porque
para la mayoría de mis congéneres, las únicas categorías apreciables entre las
mujeres sean las de que estén buenas o no, las estrechas y las zorras, las
femeninas y las machorras, las tortilleras y las guarras. Son reducidas a unos
genitales, y claro, así es mucho más fácil despreciarlas y atacarlas.

Soy enfermero y mis compañeras son
mayoritariamente mujeres. Las he visto atender a los enfermos de un modo que yo
no consigo hacerlo. La ternura, la empatía, la dedicación que he observado en
ellas me avergüenza a veces por comparación.

No me gustan los coches, los deportes ni
las pelis de tiros. Soy antimilitarista, anti taurino e iconoclasta, no me
gustan las barras de bar, los salva patrias ni fumar puros, pero a pesar de
todo ello me considero un hombre ya que conozco mis fuerzas y debilidades, y
ninguna de ellas tiene que ver con mi sexo.

 

DON DE LA OPORTUNIDAD

Y si no, juzguen ustedes.

 

ANACRONISMOS Y ANACROMISMOS

En un mundo tan cambiante como el que padecemos, una serie de instituciones
cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos permanece inmutable e
inamovible.

La iglesia o la monarquía, pongamos por caso, han visto florecer y morir
oficios, tecnologías, maneras de hacer negocios o política, corrientes
artísticas o culturales, modas, tendencias, formas de pensar y de vivir y
cualquier expresión del quehacer humano bastante más volátil, permeable y
efímero que esos vetustos pilares en los que se apoya la civilización
occidental.

Son fósiles procedentes de eras oscuras donde apenas se podía respirar y
pensar y contarlo podía costarte la vida, tiempos grises de sotanas raídas y
pardos de hábitos monacales.

Son dinosaurios que no saben que se han extinguido y que permanecen vivos
porque la noticia de su muerte tarda años en llegarles debido a su
hipertrofiada cadena neuronal-burocrática. Pierden trozos de piel y
extremidades sin enterarse porque su comunicación interna está descompuesta y
no prestan atención a lo que les llega del exterior porque están sordos, ciegos
e insensibles por su coriácea epidermis.

Como ellos, consumen recursos en ingentes cantidades y no aportan sino
estupor y a veces, miedo.

Desafían a Chronos y a Chromos y se nos chulean siglo tras siglo.

Espero que no sea necesario un meteorito para que desaparezcan.

 

NI MONA, NI DE SEDA

Estas líneas están ilustradas por tres fotografías tomadas por un servidor
entre los años 1.975 y 1.986 (hay una bella metáfora en que el plano sea cada
vez más cercano).

En la primera, un destacamento de policía antidisturbios, uniformados
de gris y a caballo, disuade con su presencia de veleidades
camorristas por parte de ciudadanos que están hasta los huevos del dictador. El
menda, privilegiado espectador, la inmortaliza a una prudente distancia de los
cascos de los caballos y las porras.

La del medio, 1.982, policía antidisturbios, esta vez de marrón,
vela por que los trabajadores en General Motors, entre ellos, servidor, no se
desmanden pidiendo cosas tan razonables como un salario digno. A mi izquierda,
fuera de plano, dándome ánimos, estaba la Puerta del Carmen, emblemático
monumento de la lucha ciudadana.

En la tercera, de 1.986, uniformados, por supuesto, también antidisturbios,
esta vez de color azul, intentan que no se les vaya de las manos la
protesta organizada y pacífica de ciudadanos antimilitaristas que quieren que
España salga de la OTAN. Me colé tras sus filas jugándomela un poco, pero ya
eran polis democráticos, ¿no?

Los poderes públicos, siempre más preocupados por la estética que por la
ética no tienen otra preocupación que la cosmética y la de hacer parecer que
las cosas no son lo que son. Igual juegan a cambiar el fondo de armario de las
fuerzas del orden para cambiar una imagen imposible de cambiar, que a manejar
eufemismos para llamar a la corrupción "irregularidad administrativa", a la
incompetencia "desajuste presupuestario" y al latrocinio "inexactitud
contable", y así hasta el aburrimiento y el abatimiento.

No hay momento más terrible para un político que una buena foto en un mal
momento, un micro abierto por descuido, o un "lapsus lingüe" en el que su
astucia vigilante se ha tomado unas vacaciones.

Son maestros del maquillaje, del dismulo y del camuflaje, como una drag
queen.

 

PENSAMIENTO MÁGICO

 

Cuando uno ya creía superado el pensamiento mágico, viene el mundo virtual
y nos vuelve a colocar en el punto de partida.

En el albor de la humanidad, un cazador del Neanderthal discutía con la
parienta nada más levantarse y se iba a cazar... y resulta que ese día abatía al
mamut más chulo de la manada, ergo discutir con la parienta de madrugada era
bueno para la caza (creo que esto no ha cambiado).

El pensamiento mágico es el fundamento de cualquier religión y de todas las
supersticiones, y hoy día, la forma de introducir las nuevas tecnologías en
nuestras vidas sin volvernos locos.

Mi abuela imaginaba que dentro de la radio había alguien hablando. No
importaba que fuera físicamente imposible, era lo único que explicaba aquél
extraño fenómeno. El cretino tecnológico del momento (seguramente algún yerno),
le explicaba que no, que se trataba de las ondas hertzianas que viajando por el
éter llegaban hasta la antena y ya está: podía escuchar al dicharachero Bobby
Deglané en "Cabalgata fin de semana", el programa solidario en tiempos de
escasez "Ustedes son formidables" radiado por Alberto Oliveras, o al
malagueño Antonio Molina cantando aquello de "Soy minero...", y mi abuela,
abandonaba la entrañable imagen de un señor bajito metido en la radio para
aceptar la menos evocadora idea de ondas invisibles que van por el espacio
llevando consigo actores, cantantes, corridas de toros y misas de domingo.

Hoy, todos mucho más cultos, ¡dónde va a parar!, aceptamos sin pestañear
que hay una nube la hostia de grande donde están "colgadas" todas las chorradas
que escribes y fotografías para compartirlas con más facilidad con tus colegas.

Hoy aceptas sin que se te mueva un músculo de la cara que toda la
información personal que regalas  a los buitres de la tecnología está
debidamente controlada y que si no lo está, los puedes demandar y te resarcirán
por el ataque a tu privacidad.

Hoy nos tragamos sin que se nos caigan los palos del sombrajo que todas
esas maquinitas, cablecitos y tecno-idioteces nos hacen la vida más fácil,
grata y segura.

Y si no, ahí está el cretino de yerno para sacarte de dudas.

Si esto no es pensamiento mágico que venga dios y lo vea.

 

LAS MANOLAS NO MOLAN

Si, ya sé que aún no estamos en Semana Santa, pero no puedo resistirme a
meter mi cuña en este momento ya que paseando por la calle he visto salir de
misa a la parroquia octogenaria habitual acompañada de sus familiares más
jóvenes para asegurarse de que no se rompen la cadera al bajar las escalinatas.
Era una parroquia céntrica, y por tanto gente bien, pero que muy rebien, de las
de abrigo de visón, chinchilla y astracan. Hace años que no veía abrigos de
bicho en tal abundancia.
Pues bien, allí estaban muy santificadas y muy dignas aunque con la cabeza baja
mirando al suelo por aquello de que las ñordas de perro y la osteoporosis no se
llevan muy bien.
Beatas de misa diaria si lo permite la artritis porque tienen mucho que
agradecer al de arriba ya que sus huesos que han conseguido sobrepasar los
ochenta años no pasarán frío ya que los pueden cubrir con pellejos de roedores
con pedigrí y disfrutan de pensiones que no se acabaran antes del día quince de
cada mes.
Señoras de don fulano, mengano o zutano que no saben lo que es doblar el
espinazo para limpiar su propia casa, no digamos la de otros.
Hipócritas que entonan el "mea culpa" en la iglesia pero nunca
reconocerán culpa alguna en la injusticia social que les rodea.
Madres de energúmenos con la cartera rebosante que no dudarán en meterlas en
una residencia de alto estanding (si no lo han hecho ya) en cuanto empiece a
olvidarse del valor del dinero y dé propinas de doscientos euros a sus nietos.
La muerte las igualará al resto de la humanidad, pero mientras tanto ellas y
sus versiones más jóvenes pasean con altivez su riqueza hasta donde deberían
ser más comedidas como en las manifestaciones religiosas, aunque sólo sea para
recordar que procesionan en el triste recordatorio de la pasión de un Cristo al
que dicen adorar y que pregonó la piedad con los que sufren y la caridad con
los menesterosos.
Manolas de mantilla y piadosas de mentirijilla.

 

MODCERDOS

Estoy apreciando en los últimos años una nueva categoría social que llamaré “modcerdos”. Son aquellas personas que independientemente de la edad te demuestran en cada uno de sus actos que son la hostia de modernos, entendiéndose como tal que no están constreñidos por las rancias normas de convivencia que sus padres y abuelos llamaban “urbanidad”.

Estos prendas igual te plantan los pies en el asiento donde vas  a mancharte los pantalones más tarde que siembran las aceras con la porquería de sus perros  ya que para hacerlo con la de sus cabezas tendrían que tener un derrame cerebral.

Estos figuras te tutean a la primera de cambio, te mienten con el seguro, te birlan la plaza de aparcamiento o te queman la ropa tendida con las colillas de sus cigarrillos.

Estos acémilas lo mismo te estafan no declarando a Hacienda, que te difaman en el trabajo o devuelven los recibos de la comunidad.

Estos mastuerzos te refrotan su mochila por las costillas, te meten su paraguas en el ojo y caminan por la izquierda en las aceras.

Estos mentecatos consumen tu oxígeno y sueltan metano a chorro, pero eso sí, son muy modernos y muy cerdos. Son “modcerdos” y han venido para quedarse y para hacerte el día a día más entretenido.

Mientras pienso en desearles algo bonito para su futuro, voy a quitarme el asqueroso chicle que se me ha pegado en la suela del zapato.

 

POLÍTICOS, PALETOS Y PELOTAS

En alguna ocasión he comentado cómo desde la casposa ética  y patética estética de los años setenta, apenas comenzada la nueva década de los ochenta, comenzó a florecer una estética también discutible a la que se podía perdonar porque venía acompañada de una nueva ética a cuyo calor medraba una creatividad desbordante y un hambre de libertad sin parangón en la historia de España.

Esto trajo consigo, es cierto, auténticos truños y estúpidos comportamientos en uso de dicha libertad, ya sea en forma de infumables "performances" o instalaciones artísticas en materia cultural o de una lamentable escabechina neuronal con psicótropos.

Pero eran tiempos de una fresca incorrección política, de no juzgar lo que hacían los demás y de darles un poco de aire para respirar.

Pero llegan los noventa y los meapilas peperos, los estreñidos por abuso de esnifar naftalina, los opusianos y los pervertidos en colegios religiosos a decirnos lo que podíamos y no podíamos hacer y mediante sus conexiones con el poder judicial a meter estopa a todo cristo que se meara fuera del tiesto.

Y las gentes de bien que tanto medran en regímenes autoritarios se suman a la merienda levantando sus estandartes rojigualdas y poniendo cartelitos de se prohíbe todo, por mis huevos.

Esta es la España que nos hemos regalado, un patio de Modipodio gobernado por truhanes y vigilado por mamporreros.

Buen provecho.

 

ESPAÑA CANI

Históricamente, las personas con estudios superiores, universitarios y demás, solían caracterizarse por una amplia cultura y formación más o menos humanista.

Pero hemos ridiculizado durante años la necesidad de aprenderse la lista de los reyes godos, la filosofía, la generación del 98, el latín, el griego y el pretérito pluscuamperfecto de subjuntivo, y las consecuencias las estamos pagando siendo dirigidos por una élite de políticos y profesionales más ceporra que un boniato hípster.

Todos conocemos abogados, farmacéuticos, médicos y licenciados en empresariales, pongamos por caso, que lo que saben del mundo que les rodea es a través de revistas profesionales, de los noticiarios de la televisión teledirigida y de las páginas culturales del País en el mejor de los casos, y lo peor de todo es que a menudo alardean de ello.

La erudición se castiga con sarcasmo en el mejor de los casos y con indiferencia en el peor.

Y la inteligencia, directamente con el fusilamiento social.

 

PERROS PELIGROSOS

El ciudadano, y en su representación los poderes públicos, ambos dos, regalan poder a verdaderos psicópatas que lo ejercen en beneficio propio, para satisfacer sus enfermas perversiones, para perpetrar sus corrompidos caprichos o para ejecutar sus inconfesables mezquindades.

Y es que no se puede ejercer un puesto de poder sin psicopatía ya que sus tomas de decisiones invariablemente afectan negativamente a otras personas y te tiene que importar un carajo destruir reputaciones, empleos, economías o vidas para no coger a continuación un revolver y volarte la tapa de los sesos.

Ningún ser humano tiene derecho a ejercer poder sobre otro, ni por iniciativa personal ni por la autoridad investida por otros. La autoridad bienintencionada no existe ni es un mal necesario. Lo realmente necesario es que el ser humano conduzca su vida sin la dirección y dictado de déspotas, inútiles y lameculos.

Es una verdadera plaga la de voluntarios que surgen en todo ámbito para decirte lo que tienes que hacer, cómo y cuándo. Si encima les confieres un poco de poder no tardan en escribirlo en reglamentos, ordenanzas y normas y con rango de ley.

No permitir atropellos de estos prendas ha de ser inherente a la dignidad como ser humano.

 

DESFACHATEZ INSTITUCIONAL

Las relaciones entre los empleados y sus jefes siempre son asimétricas, pero no se me ocurre mayor asimetría que la existente en mi propio trabajo.

Mientras que mi quehacer diario se desarrolla en las estrecheces de un viejo edificio, en medio de un torbellino de emociones primordiales, contestaciones desabridas, agresividad latente, órdenes imperiosas, tiranteces, quejas, prisas, dolor y angustia y soy salpicado, con orina, moco, heces, vómitos, sangre y todo tipo de secreciones, el de mis superiores se desarrolla en plácidos despachos y luminosos corredores aromatizados con las esencias de pino y limón de limpieza institucional.

Pues desde esa beatífica esterilidad tienen la desfachatez de pedirme templanza, moderación y buenos modos ante las exigencias y presiones de todo cristo.

¡Qué huevos tienen!

 

CLONALIZACIÓN

He hecho el experimento de mostrar a varias personas la foto que ilustra estas líneas y preguntarles en qué ciudad creen que fue tomada. La respuesta ha sido de lo más variada y desacertada por la sencilla razón de que es una calle europea estándar. Está en particular es de París, pero apuesto lo que quieras a que encuentras un buen rosario de ciudades en el mundo con el mismo esquema: avenida comercial céntrica con franquicias o delegaciones de McDonald´s, Zara, Mango, H&M, Pizza Hut, Starbucks o puticlub “La Pepi”, pongamos por caso.

Para los cursis esto es la globalización. Para mí , esto es la clonalización ya que no son sino fotocopias y estereotipos que amén de acabar con la identidad e idiosincrasia de las ciudades y de los ciudadanos, lo único que globalizan es la comida basura y la ropa barata fabricada en un apestoso rincón de extremo oriente.

Y es que la palabra globalización da un poco de miedo  ya que me suena a adocenamiento, a uniformidad, y a café para todos. Personalmente, como buen español, prefiero mantener mis diferencias culturales con el país de al lado, con mis conciudadanos y con el imbécil de mi vecino.

Si además la globalización te la vende tu gobierno como algo bueno, lo primero que deberíamos hacer es palparnos los bolsillos.

 

LA CUADRATURA DE UN ICOSAEDRO

No sé cómo me las apaño que en lo que llevamos de año he recibido toda clase de vituperios. En apenas un par de meses se me ha tildado de gilipollas, sobrado y demagogo… y todo en el ámbito familiar.  No quiero ni pensar que oiría si se quitaran la careta las escasas personas con las que me relaciono en el menos apacible mundo exterior.

Y sólo hablamos de mis cualidades personales, que si nos referimos a mi ideología se me ha etiquetado de rojo, populista, revolucionario e incluso racista. Algunos de estos cariñosos apelativos han sido emitidos fuera del ámbito familiar.

Y lo gracioso es que a veces estoy de acuerdo, pero casi siempre, no. Primero porque algunas personas somos algo más complejas de lo que les gustaría a otros elementos de la sociedad. Porque no hemos sido fotocopiados, porque nuestra biografía, nuestros sentimientos y nuestra química cerebral funciona aleatoriamente y no siguiendo los comportamientos de un rebaño. Porque lo que pienso sobre una materia puede cambiar de un día para otro en función de una cosa muy extraña que se llama vivir y reflexionar.

Puede que un día me levante socialista y gilipollas que a lo mejor es lo mismo, pero otro puedo levantarme pensando que tú, etiquetador, eres un cretino y uno de los dos días no estaré equivocado.

 

PARTIÉNDOSE LA CAJA

Uno que ha trabajado desde sus tiernos catorce años y que gracias al espíritu de pequeño burgués, pero con salario vulgar, ha conseguido ahorrar unos miserables cuartos para sobrevivir un par de meses o tres de jubilación y los ha depositado con la ilusión de un niño en una de esas instituciones de seriedad incuestionable como lo es una entidad bancaria, de pronto descubre que su dinero no merece el más mínimo interés para esa gente, porque eso es lo que recibes a cambio de depositar tu tesoro en su oficina: ni el más mínimo interés.

Es más, no les interesas ni tú y te lo demuestran haciéndote pedir cita previa y tuteándote desde el primer momento que te ven la jeta.

Luego pasan directamente a reírse de ti, y te cuentan la milonga de que su negocio va fatal, que por los ahorros de toda tu vida sólo pueden darte una mierda que no llega al uno por ciento, que el índice Dow Jones o Nasdaq, esto, que el Nikkei o Ibex 35, aquello, y que la vida de un banquero es un drama y la de sus accionistas una tragedia.

Y tú, con la faz recorriendo todo el espectro de la indignación, les recuerdas que has pagado el rescate de sus miserables amos los cuales se están descojonando en ese momento de ti y de su atribulado empleado que no sabe dónde esconderse cuando estalles en un ataque de ira y le recuerdes el oficio de su madre y el origen incierto de sus jefes.

La banca se nos ríe en la cara mientras el gobierno nos mete la mano en el bolsillo para llenárselos a ellos, son el hambre y la gana de comer aliados para reducirnos a la inanición mientras se parten la caja (¡qué doble sentido más aparente!).

Los papeles han cambiado. Antes, cuando entrabas en un banco y veías a un tipo con pasamontañas, normalmente era el que estaba a este lado del cristal blindado.

 

FORGES UN MUCHACHO EXCELENTE

Conocí a Forges hace cuarenta y siete años. No en persona, ¡qué más quisiera! Fue a través de sus viñetas en "La Codorniz". Yo tenía dieciséis años y estaba despolitizado como la mayoría de la gente durante la dictadura, pero comezaba a leer con avidez ese semanario de humor cuyo lema era "La revista más audaz para el lector más inteligente", no porque yo me considerara inteligente, sino porque me abría las puertas a un mundo para el que yo había nacido: el humor disimulado, la ironía, la rebeldía a la opresión,... y resulta que Forges se acomodaba a mi forma de ver el humor como un preservativo a un pene.

Empecé pues a dibujar monIgotes con una técnica similar a mi maestro y a decir cosas con el mismo estilo lingüistico de mi admirado Forges. Pero ¿qué haces a los dieciséis años criticando el régimen y la moJigataería franquistas con un padre guardia civil?, pues me dirigí al cura de mi parroquia que afortunadamente era uno de esos jóvenes eclesiásticos rojos que vio con buenos ojos mis monigotes y me permitió "colgarlos" en el Internet de la época que era el tablón de anuncios de la parroquia. A mi padre casi le da algo cuando se enteró y se dedicó a romperme en pedazos todos los dibujos que encontró y a prohibirme que me "señalara" de ese modo, y mucho menos que lo "señalara" a él si no quería que toda la familia fuera embarcada a la isla de Mahón que era donde iban los uniformados díscolos a cumplir condena.

Pasaron los años y un buen día La Codorniz crea una sección llamada "El rincón del espontáneo" donde exponen chistes dibujados por artistas noveles. Les mando uno, y para mi sorpresa me lo publican, ¡pagándome mil cuatrocientas pesetas! No me lo podía creer, era lo que ganaba en un mes como mancebo de farmacia que era a lo que me dedicaba en ese momento. Era una viñeta de características forgianas, ya que como he dicho, lo imitaba desvergonzadamente. Pensé que ahí se iniciaba mi carrera de humorista, pero lamentablemente, salvo algún que otro dibujito, apenas pude publicar más, al menos cobrando.

Pero eso es lo de menos, de Forges recibí el estímulo para seguir dibujando y aprendí a sintetizar mis pensamientos en esa maravillosa forma de expresión que es el dibujo humorístico. Le estaré siempre agradecido. He comprado todo lo que podido ver publicado desde sus recopilaciones, a la "Historia de aquí", o la "Historia Forgesporánea", pasando por toda publicación posterior hasta nuestros días.

Hace cuatro o cinco años, descubrí que tenía una página web con una cuenta de correo para poder contactar con él. Le escribí para contarle mi admiración y cómo influyó en mi vida. Para mi sorpresa me contestó agradeciéndome mi fidelidad a través de tantos años y animándome a seguir dibujando. Fue muy emocionante para mí.

Hoy lloro su pérdida como he llorado la de todas aquellas personas anónimas o notorias que han aportado algo positivo a mi personalidad o símplemente me han arrancado de la fealdad y la grisura con una sonrisa.

Un abrazo y espérame muchos años.

 

EL ARTE ES JODERTE DE FRIO

Soy un artista nato. También soy ingobernable y poco dado a dar su brazo a torcer, de modo que llevo muy mal que me digan los demás qué es arte y qué no lo es, y aumentando el espectro, quién es un artista y quién no lo es. Y es que hay que ver la cantidad de soplapollas que van repartiendo credenciales de esto o aquello a every thing y a every body.

Habría que empezar explicando qué es un artista, y según la definición de mis atributos varoniles, artista es aquél que crea arte.

Y ¿qué es arte?, chupado: aquello creado por un artista.

Todo esto viene a colación porque una de mis múltiples facetas es la de fotógrafo, de hecho, en en el menú principal de esta misma página hay un enlace a Flickr donde pueden ver más de siete mil fotografías realizadas por éste su humilde servidor.

Pues bien, resulta que sin yo saberlo, lo que hago no es arte sino “foto casual” a decir de otro fotógrafo al que le importa más la factura visual que el contenido.

Un primerísimo primer plano desenfocado, o un rayo de luz sobre un fondo negro sin duda pueden estar cargados de gran fuerza expresiva, pero también pueden ser una de las mayores tonterías que se han grabado en una memory card y como el arte es para mí la más alta expresión de libertad, te reconozco a ti como ser libre para hacerte pajas con lo que te plazca.

Si no te importa, permíteme que yo que me la pele con lo que crea conveniente.

Y no me etiquetes que nadie te ha pedido opinión.

 

LOS NUEVOS LISTOS

Tengo un conocigo (mezcla de conocido y amigo, que por otro lado es el tratamiento que debieran recibir la mayoría de nuestras relaciones amistosas) que lo es oficialmente desde hace treinta y seis años. Lo conocí siendo un chaval y no me caía del todo mal ya que era joven, ingenuo y medianamente modesto. Por una de aquellas cosas incomprensibles hemos mantenido la relación hasta el día de hoy, y digo incomprensible porque a estas alturas me he desprendido de la mayoría de mis conocigos.

Ocurrió que un día no pude tener acceso a este foro y creí que me lo había cerrado. No fue más que un mal entendido, pero me mosqueé lo suficiente para comentárselo y su respuesta fue "que no entendía cómo mis opiniones podían dar lugar a dicha medida". No pude evitar que me sentara mal ya que, sin ser un terrorista de la pluma, tiendo a ser bastante crítico, ácido e irreverente, y de sus palabras podía desprenderse que en realidad son cuentos infantiles, naderías, fruslerías que a nadie interesan ni pueden hacer daño. Se lo pasé por alto en honor a la vieja relación, pero resulta que hace algunas fechas, volví a verlo y tras expresar mi opinión sobre un asunto de actualidad me dijo que el mío era un punto de vista simplista.

¿Qué fue del joven no arrogante que conocí?, pues nada, que se matriculó en la universidad hace un par de años o tres y ha descubierto el mundo, un mundo que acoge con los brazos abiertos a pedantes y redichos.

Mira, chaval, te voy a modificar la categoría, desde hoy pasas a ser "conemigo".

 

 

EL DOCTOR CITO

Hoy, niños y niñas, explicaremos la definición, orígenes, evolución y devenir consuetudinario de un tipo de profesionales chachi pirulis que tienen como objetivo cuidar de tu salud, pero también mirarte por encima del hombro y trabajar lo menos posible. Lo habéis adivinado: nos referimos a los médicos.

Por mi profesión de enfermero he tenido un trato más cercano de lo que me hubiera apetecido con esos prendas, así que me siento sobradamente cualificado para afirmar cuanto afirmo, si bien, en honor de la verdad, en los veinte años que llevo ejerciendo la profesión  he llegado a conocer a media docena por los que he sentido un sincero respeto. No está mal, vendrá a ser un uno por cien.

Hoy un médico es un ser que se forma y transforma en una facualtad de medicina. Originalmente, médico era todo aquel que decía serlo y tenía el arrojo necesario para trepanar un craneo en busca de malos humores, luxar el cristalino opaco de una catarata o clavar un estilete en una vena para hacer una sangría, Se tendría que llegar al siglo XVI para que se necesitara alguna preparación teorico-práctica para ejercer la profesión siempre que se dispusiera de los cuartos necesarios para ello. En tiempos más modernos, era imprescindible pertenecer a una clase acomodada para llegar a tan alta distinción y por último, en la actualidad, cualquier joven de brillante inteligencia y capacidad de sacrificio es capaz de convertirse en un impresentable con título de licenciado en medicina y cirugía.

Pero, ¿en qué momento un joven pimpollo, fresco y alegre se transforma en un ser agrio, clasista e interesado? Una vez más la respuesta es compleja. Si procede de noble cuna o pertenece a una estirpe de doctores desde hace cuatro o cinco generaciones, la transformación se realiza desde el mismo momento que pisa la facultad de medicina, cuando todo lo que sabe del cuerpo humano es lo que consigue atisbar a escondidas cuando se desnudan sus hermanas o la criada. En estas jóvenes promesas el cretinismo viene de serie. Cuando el facultativo es de origen más humilde, las humillaciones de cátedros, adjuntos o enfermeros con más criterio que él consiguen el mismo efecto aunque más a largo plazo. En cualquier caso el resultado es el mismo: un profesional desmotivado que se pregunta cada día por qué se dedica a una profesión en la que siente un mal disimulado aburrimiento por ver siempre las mismas morbideces, una gran indiferencia por sus pacientes y un profundo desprecio por las familias.

Un día se me quejaba uno de estos profesionales que antaño le llamaba don Fernando y hoy lo llaman Fernandito. Hay les duele.

 

VAMOS A USTEARNOS, PLEASE, QUE YA TENGO CANAS EN LOS HUEVOS

Prácticamente acabo de cumplir sesenta y dos años y por marciano que parezca todo el mundo se empeña en tutearme. Y no hablo de mis hijos y mi santa, que parece que no, pero verte todos los días en gayumbos frena un poco el “vuesamerced” y lo mismo ocurre con tus jefes que para eso te dan para tabaco. Me refiero al señor de similar antigüedad, bien vestido pero no tan bien educado que te encuentras en la cola del autobús, a la madurita del mostrador de tu entidad bancaria, a la pava repetidora del Panishop y al facultativo de tu hospital que, eso sí, sólo responde al apelativo de “doctor”.

Este menoscabo de la apreciación que mereces a estos individuos suele obedecer a dos causas principales: a la deriva cretina que ha tomado nuestra amada sociedad y al puro, simple y rancio clasismo.

Ninguno de las dos razones me molan. La primera porque fui educado en unas normas de convivencia según las cuales las formas tienen un valor más que formal ya que actúan como lubricante en el roce social y como primera línea de defensa antes de llegar a la más primitiva y amarga agresión verbal o física, y la segunda porque “pa chulo mi pirulo” y ningún lechugino titulado merece más respeto ni tiene más honra que la de mis gemelos colgantes.

Alguna vez, al exponer en público esta reflexión, el atontao de turno me ha contestado que prefiere el tuteo porque es fresco y “modelno”, pues muy bien, pues me alegro, pero que sepas, imbécil, que gente como tú está haciendo de este mundo que lamentablemente compartimos el lodazal en el que nos revolcamos.

Un saludo y una patada en tus morritos selfi.

Fresco y “modelno”.

 

LÍDERES Y TÍTERES DE CACHIPORRA

Tengo abolido el sentido competitivo y hace tiempo que renuncié a liderar nada. Y es que aunque en general los líderes me dan bastante asquito, siento un gran respeto por la pequeña porción de ellos que asumen lo que supone ser un barandenfürer, es decir, un tipo que dirige un grupo humano. Se trata del talento para organizar, para motivar, la capacidad de sacrificio, la empatía, el compromiso con sus subordinados y un par de huevos/ovarios como dos melones.

Todo lo que no sea eso es servilismo y ruindad, vender tu alma para convertirte en una correa de transmisión, un títere con látigo, un déspota con el esfínter destrozado, un castrati con voz disonante, un bastardo y un memo.

He conocido un par de los primeros y un ejército de los últimos que es más o menos la proporción de bellaquería extrapolable a toda población humana.

Lo siento, no puedo renunciar a mi memoria.

 

TE VEO, TE VEO

Cuando empecé a moverme entre otros seres humanos, primero en el ámbito escolar y luego en el laboral, mi madre, sabia como todas las madres me aconsejó: “sobre todo no te señales, hijo mío”. Como en tantas otras cosas que me perjudicarían notablemente, tampoco le hice caso en ésta.

Pero es que es muy difícil no señalarse cuando tienes un sentido muy agudizado de la justicia y mala tolerancia a los gilipollas, así que empecé por señalarme primero ante profesores ganándome alguna que otra expulsión, un par de collejas y la renuncia a hacer de mí un adulto responsable y más tarde seguí señalándome ante mastuerzos cuyo concepto de la jefatura y el liderazgo era la de un capataz de un campo de algodón del siglo XIX. Ahí lo rematé y me cerré las puertas “per sécula seculorum” a un futuro brillante como capullo con galones.

La opción “B”, la aconsejada por mi sabia madre, es la de convertirte en un camaleón, una iguana o un insecto palo, inmóviles salvo para el papeo, feos de cojones pero supervivientes a tope. Y es que el mimetismo en toda organización social que te puede dar por culo tiene ventajas incuestionables, a saber: no alertas con tu presencia a quien se te puede merendar o hacerte trabajar, no gastas energías inútilmente, no irritas la retina de los que te rodean y combinas con todo el mobiliario. Te mueres de aburrimiento y de asco, vale, pero llegas a fin de mes sin sobresaltos.

No os sirve de nada, yo si os veo.

 

UNA DE VALIENTES

No soy valiente ya que si lo fuera estaría en este preciso momento cambiando el mundo, habría luchado por acceder a un puesto de poder para acabar con los gusanos que pudren el tejido social de la tierra.

Sólo soy un ser humano convencido de serlo, y por tanto con el orgullo suficiente para no ser tratado ni como un animal ni como un esclavo.

Pero tener la integridad necesaria se paga muy caro. Pronto me jubilaré y pondré fin a casi cincuenta años de sometimiento a gilipollas para disponer de cash y poder matarme con el tabaco y toda la demás química que nos suministra nuestros productores de alimentos.

Acabaré mis días laborales como enfermero raso tras haber conocido otras formas ni mejores ni peores de ganarse la vida como administrativo en General Motors.

Con buenas tragaderas hubiera podido llegar a ser un petimetre de dos mil quinientos euros al mes en esa empresa, o un arrogante supervisor con un sueldo de mierda en la actual. Pero no ha sido así por variadas y muy diversas razones, entre otras porque me gusta mirarme al espejo y ver lo viejo que soy y no lo miserable que sería.

En la multinacional me he solidarizado en los conflictos laborales con mis compañeros de talleres señalándome irremediablemente ante mis jefes y compañeros de “cuello blanco” sólo para ver cómo esos mismos trabajadores agachaban la cabeza como cabestros y recuperaban las horas perdidas para volver a congraciarse con la empresa y con la parienta, me he negado a hacer horas extras porque eran el pago a la sumisión, no he callado ni una sola vez ante una injusticia y me he negado a adoptar la corbata como símbolo de “chico de la empresa” con el consiguiente cabreo de mis jefes.

En mi actual trabajo me he negado a someterme a los caprichos de superiores, médicos, pacientes y familiares ganándome incomprensiblemente la animadversión de mis compañeras cuando mi postura sólo reportaba dignidad para la profesión.

Es increíble lo baratas que podemos llegar a ser las personas. Qué poco hace falta para comprarnos, tan sólo una palmadita en la espalda,  unos euros de propina al mes o una migaja de poder.

A veces con que no se fijen en nosotros nos conformamos.

 

UNA DE COBARDES

En estos días estoy atravesando una situación laboral chunga. Hace un par de entradas comenté que una familia gitana había invadido mi planta y como suele ocurrir, acaparan todo el espacio disponible, los recursos y la atención del personal.

En una de esas, el que suscribe se negó a atender la perentoria atención que siempre reclaman por ser injustificada, innecesaria y mucho menos urgente, y claro, como ya tardaban, el individuo me llamó racista.

Uno puede pensar que es un epíteto menor, que es prácticamente una costumbre de esos fulanos cuando ven frustrados sus egoístas intentos de ser los primeros y los únicos en ser atendidos, pero  yo no lo veo así, yo lo considero un agravio moral ya que ser racista implica pertenecer a una baja estofa que no tiene cabida en la taxonomía de seres humanos, a un tipo de individuos que aborrecen al diferente y cuya más fea cara la hemos visto en el nazismo, el estalinismo, el Ku Klus Klan o el ejército serbio-bosnio, por citar sólo algunos. Todos estos tristes protagonistas de la limpieza étnica se han caracterizado por ser responsables de grandes derramamientos de sangre. Creo que no es para bromear.

Y como no es para bromear, presenté un parte de agresiones por agresión verbal en mi centro de trabajo. El JEFE SUPREMO me contestó en un formulario de copia-pega que eso estaba muy feo y que así se lo harán saber a la persona que me insultó.

El problema es que el tipo de individuos de los que hablo no aceptan muy bien las críticas, y que si ya me miran mal cuando pasan a mi lado, que es unas cincuenta veces al día dado su número, no quiero imaginarme que ocurrirá cuando hayan sido reconvenidas.

La solución era bastante fácil y así lo pedí a la dirección: apartarme de ese paciente y su familia, pero se me contestó que esa situación “no era un motivo objetivo” para hacerlo. Con dos cojones.

Lo estoy solucionando como puedo, que es pidiendo a mis compañeras cambio de paciente, lo que como es de suponer no les hace pajolera gracia. No quisiera recordarles que mi problema se ha generado gracias a que todo el personal de la planta pierde el culo por atender sus más insignificantes requerimientos. ni que la cobardía de mirar a otro lado es la responsable de todos los atropellos que ha cometido el ser humano, ya llevaran una esvástica o una estrella de David. 

 

DÍA DEL ORGULLO REY

Por fin los machotes españoles tienen su día, el día de la declaración unilateral de independencia de Cataluña, 10 de Octubre al que concedo también unilateralmente el título “Día del orgullo Rey”.

Y es que sería imperdonable que mientras nuestros amigos homosexuales sacan sus alegres carrozas y banderas arco iris a ondear en brisas de libertad, nuestros cuñaos salvapatrias no puedan sacar sus vetustas carrozas y enseñas rojigualdas, símbolos de su sentido orgullo por la monárquica patria.

Faltaría más.

 

UN CALÉ, ¡AY QUE CALÓ!

Una vez más una familia gitana ha invadido la planta del hospital donde trabajo, el motivo, el abuelo Clavería, o Gabarre, o Vargas, o Heredia, apellidos que hemos aprendido a temer los que trabajamos en esto.

Y es que aunque se me quiera quemar en la hoguera por racista, el gitano es un individuo que no respeta nada ni a nadie que no lleve una placa y una pistola, Como ciudadano los llevo sufriendo desde mi más tierna infancia en el barrio en el que vivo. Los sacaron de las chavolas por que eran "presonas" y les colocaron por la cara en pisos de los que no pudieron beneficiarse otros ciudadanos que llevaban cotizando toda su vida porque por lo que parece, esos no eran "presonas".

Pero a lo que voy, amén de no dejarme trabajar exigiendo continuamente mi atención los ocho o diez familiares fijos o itinerantes, privando de mi tiempo y cuidados a los demás enfermos, estos individuos han hecho suya una diminuta sala de espera que debería servir para los familiares de los otros dieciséis pacientes, y lo hacen por el sencillo procedimiento de extender toda la suciedad que se les ocurre por las superficies y el suelo, con la concurrencia además de varios niños menores de doce años cuya presencia está totalmente prohibida pero que es resignadamente ignorada por el personal dada la desobediencia continua y persistente de tales personas y la inoperancia de las autoridades del centro.

No es una situación aislada, la llevo conociendo durante todos los años que llevo en este oficio y se repite en todos y cada uno de los ingresos en los que he participado. Es llegar al trabajo, ver una familia gitana en la puerta de urgencias y asaltarte el temor a que no te toquen precisamente a tí.

Y estos son de los buenos porque aún no he recibido amenazas claras o veladas. Espero que sobreviva y que si no lo hace, que no fallezca en mi turno.

Y ahora, pensand lo que querais.

 

BANDERAS Y BANDOLERAS

El genial Gila, en uno de sus más famosos esqueches parodia a un alguacil del ayuntamiento de un pequeño pueblo que pregona a toque de cuerno: “esta tarde se celebrará el esperado encuentro entre los valientes muchacho de nuestro Matalapuerca futbol club contra los desgraciados del pueblo de al lado”.

No se puede resumir mejor un nacionalismo, una contienda civil y una rivalidad insensata.

Imagino ya a los primeros homo sapiens tirando huesos de mamut a los habitantes de la cueva de al lado y no para que hicieran cocido sino para descalabrarlos porque, ….. bueno, porque no eran de su cueva, porque cazaban de otra manera, se vestían de otra forma y pintaban bisontes en lugar de gacelas en las paredes de granito.

El hombre sólo se ha fijado en las diferencias de sus congéneres para sospechar de ellas en lugar de para aprender de las mismas. En cuanto ha podido ha confeccionado un gallardete y lo ha pintarrajeado para que se supiera desde lejos que este grupo humano no tenía nada que ver con aquel otro con el que compartía un 99,95 % de sus genes y que trescientas generaciones atrás, es más que probable que sus respectivos antepasados salieran del mismo útero.

Con sociedades más complejas se han multiplicado las posibilidades de adhesión inquebrantable a tal o cual territorio, credo, peña recreativa o timba de mus, y es que el ser humano no ha perdido el ancestral miedo a la soledad en la fría taiga y pierde el culo por acoplarse al primer grupo que le diga “ojos negros tienes”, y por supuesto se tira de cabeza a partirle la crisma al primero que tenga una camiseta distinta, otro eslogan u otro himno.

Cuando se han acometido tímidos intentos por unificar los territorios o intereses, se ha llevado a cabo de manera meramente formal y cosmética o sólo ha servido para enconar aún más las posturas excluyentes.

La estupidez de rivalizar los grupos humanos ha derramado tanta sangre fértil, prometedora, impulsora de cambios hacia una sociedad mejor que ha retrasado el crecimiento humano de tal forma que puede que ya no tenga vuelta atrás.

Ni pertenezco ni simpatizo con ninguna manifestación gregaria y me declaro ácrata, agnóstico y apátrida desde ese mismo momento, un ser humano libre sin credos ni banderas

Y a quien no le guste, buen viento.

 

DE LOS JEROGLÍFICOS AL WHATSAPP Y SUS ICONOS: VOLVIENDO A LOS ORÍGENES


 

Soy usuario minimalista de ese invento, no tengo en nada en contra de innovaciones chorras, de hecho yo mismo lo empleo cuando me sale el gen rata para ahorrarme el coste de una llamada, pero la verdad es que como medio de comunicación es un pastelero truño.

En el viejo estilo epistolar, la comunicación fallaba en algo fundamental: faltaba la retroalimentación, las inflexiones de voz, las miradas y el lenguaje corporal en general, y como necesitabas arrancarle la pluma a un ganso, mezclar hollín con grasa, echar mano a un trozo de pergamino y a un trozo de fieltro como secante, escribir a la escasa luz de una vela, sellar lo escrito con lacre y pagar un par de maravedíes, pongamos por caso, al servicio postal de la época, solías comunicar cosas con algún fundamento y te pensabas mucho malgastar tanto esfuerzo en escribir sandeces, y además tenías tiempo de rectificar antes de hacerlo irreversible..

El correo electrónico ya empezó a mostrar signos de debilidad mental al ser empleado en gran medida para adjuntar archivos de Power Point no aptos para diabéticos y de archivos JPEG de walkirias no aptas para cardiacos.

Pero lo que se lleva la palma es WhatsApp. No hay mensajería más barata, más inmediata y más prescindible.

Al margen del absurdo uso que se hace de ella, ya sea formando grupos perfectamente dinamitables, ya sea de acoso a pobres trabajadores por parte de sus depravados jefes, el sólo hecho de que la chorrada que se te acaba de ocurrir sea difundida inmediatamente como un virus around the world, ya debería hacernos pensar que coño estamos haciendo.

El otro día cometí el error de comunicarme por ese medio con dos amigos. En el caso del primero, comentaba mis opiniones vertidas esta página de un modo un tanto confuso, así que le contesté del mismo modo. Su respuesta fue un icono igualmente críptico.

Con el otro amigo, curiosamente hermano del primero, entré sin darme cuenta en una polémica sobre un tema que no viene al caso, y como resultado de las deficiencas ya mencionadas en el lenguaje escrito, unido a la rapidez con que fluye este particular medio, me temo que en algún momento lo ofendí.

Me he propuesto renunciar a WhatsApp y gastarme un par de euros cuando sea menester transmitir ideas con alguna complejidad. A ver si lo consigo.

CÓMO PERDER UN IMPERIO POR UN CLAVO

 

He realizado el turno de noche en mi hospital como enfermero y ha sido una pesadilla. Merced a la epidemia de gripe A, las urgencias se han colapsado por enésima vez, y así, además de los cretinos que acuden a urgencias porque tienen mocos o un sabañón en el culo, han tenido que ser atendidas personas que creían que tenían todo el abecedario de la gripe, y alguna que otra que sí, que vale, que necesitaba ser hospitalizada. 

Lo siguiente es personal de los nervios y presiones a las plantas para que hagan hueco. Sólo hay un problema, bueno dos, el primero es que el número de celadores de que dispone las urgencias es el mismo que el de un plácida mañana de primavera, y el de limpiadoras, lo mismo. Los primeros realizan el traslado de enfermos desde urgencias a las plantas de hospitalización, y las últimas han de tener limpias las habitaciones antes de recibirlos.

Estamos hablando de los sueldos más bajos del hospital: un celador y una limpiadora, pero al parecer son inasumibles para un sistema de salud que derrocha a manos llenas en contratar carísimos servicios externos y haciendo uso descabellado de los costosísimos recursos internos.

Lo expuesto revela a estos modestos trabajadores como la verdadera piedra angular del hospital. A lo mejor merecía la pena contratar a media docena que es lo que viene a suponer el sueldo de un gestor inútil.

 

PODERDUMBRE

 

Me considero un librepensador (o "liebre-pensador" haciendo honor a la cabecera de la página), un francotirador intelectual y un ácrata incapaz de unirme a nada ni a nadie, desprecio especialmente el poder unipersonal o colectivo. Y es un problema porque aún estoy en vigencia.

Como ciudadano, hace sesenta y dos años que camino por el mundo y he sufrido al infame dictador y a los energúmenos “democráticos” que lo siguieron, como administrado y usuario he padecido los arbitrarios caprichos de  funcionarios capullos y de empleados cretinos más o menos el mismo tiempo y como trabajador  he soportado durante treinta y ocho años a una sucesión de déspotas y de gilipollas sin númro.

Y es que el poder, ya sea impuesto o estúpidamente elegido, está ahí no para dirigir y mejorar nuestra existencia sino para hacérnosla insoportable.

Al poder se llega por las armas, por astucia depredadora, o por miserable sumisión, y ningún camino me parece respetable.

Cuando un fulano levanta el dedo para ofrecerse como representante de alguien habría que convencerlo para que se lo metiera en el culo.

En una ocasión  oí una frase de la que he hecho bandera desde entonces: “el mejor líder  debería ser colgado con las tripas del peor”.

Todo ello, dicho de forma simbólica y sin acritud.

 
 

SUSTO O MUERTE

Esta sociedad católica apostólica y meapilas, o al menos sus miembros con pedigrí y capacidad de decisión, siempre han visto  “inaceptable” acabar con la vida de un prójimo cuando éste lo decide voluntariamente o cuando está tan deteriorado mental y físicamente que es incapaz de mostrar su deseo.

Esta peña hipócrita y estreñida que ostenta los más altos cargos eclesiásticos y seglares suele ver con mejores ojos el ajusticiamiento de un recluso “cuando lo tenga merecido” o mandar a morir a los jóvenes en los conflictos armados ya que esto siempre redunda en mantener e incluso aumentar sus privilegios.

Pues bien, tal como deriva nuestra economía, no me extrañaría que la eutanasia se plantee de forma práctica y descarnada cuando se produzca el colapso definitivo de la sanidad y esa cuadrilla de prendas, como han hecho históricamente, secunden la decisión y la aplaudan con las orejas.

Recientemente he vivido la situación de ver cómo un médico –manda huevos- ha permitido el ensañamiento terapéutico con su propia madre de noventa y siete años autorizando todo tipo de terapias, muchas de ellas carísimas, así como maniobras, muchas de ellas invasivas y cruentas, con el incompresible fin de alargarle la vida hasta la inevitable rendición de su machacado organismo.

Habitualmente este inconfesable comportamiento suele tenerlo personas con poco entendimiento o mucho prejuicio moral y religioso. En ambos casos es una decisión inaceptable, pero en el caso aludido es para fusilarlo al amanecer.

Esta práctica de prolongar artificialmente la vida, no es sólo moralmente discutible, sino económicamente inasumible y esta segunda razón será la que acabe provocando una de las siguientes situaciones en las puertas de urgencias:

Un anciano es llevado al hospital en su enésima visita ese año. Se trata de un ser humano cuyo fatigado cuerpo ha dado todo lo que puede dar. Puede ser consciente de su situación y decidir que ya no quiere luchar más, así que decide que le pongan una sedación que en un periodo más o menos corto acabe con su vida, o puede ser una persona cuya incapacidad mental le impide tomar esa decisión. En ambos casos, el facultativo legalmente amparado, realiza el mencionado procedimiento de sedación y nadie sufre.

Pero también puede ocurrir que quien acompaña a este segundo tipo de paciente decida que la vida es sagrada hasta en su más lamentable y mínima expresión, en cuyo caso, el médico responsable les conteste que muy bien, pues que o bien se lo pagan ellos o que lo haga quien se ocupa de las cosas sagradas.

Y es que todos somos muy cristianos hasta que nos tocan el bolsillo.

 

 

AGUJERO VERDE

Ya he comentado alguna vez que trabajo en la sanidad pública. Estoy convencido que es la mejor sanidad de Europa, si no del mundo, pero es como un Ferrari para un obrero: bueno, pero inasumible. Todos hemos contribuido a ello: los pacientes con exigencias a veces estúpidas, los políticos apoyando las estupideces de los votantes, los gestores con su habitual estulticia, y los médicos con su miedo a las demandas, en ocasiones, y con su cara dura casi siempre.

No voy a desgranar de momento el rosario de actuaciones dementes que habitualmente se llevan a cabo en la sanidad y que van a acabar con ella por la vía de la ruina total, hoy sólo hablaré del despropósito de la privatización de servicios y de las horas extras, más conocidas como peonadas, que ha de pagar la población para ser mal atendida por la chapucera obra de gestores y el inmenso morro de los cirujanos y traumatólogos, mayormente.

Para seguir con el razonamiento he de realizar primero una afirmación perfectamente verificada por quien trabaje en esto: no hay médico que cumpla su horario de trabajo, los cirujanos y traumatólogos trabajan prácticamente todos en la sanidad privada y los gestores lo saben, pero hay que entender que no lo solucionen PORQUE TAMBIÉN SON MÉDICOS, y es sabido que entre bomberos no se pisan la manguera.

Partiendo de esta premisa podremos entender mejor porqué se desvían a la sanidad privada tantas actuaciones que deberían realizarse en la pública, o porqué se realizan intervenciones en la pública fuera del horario habitual, es decir horas extras que por supuesto se les pagan a parte de sus sueldos.

Si los médicos cumplieran sus horarios se reducirían considerablemente las listas de espera y no sería necesario ni derivar actuaciones a la sanidad privada, de pésima calidad por cierto, ni pagar peonadas a esos caraduras.

Y ya para mear y no echar gota, lo último: si usted es desviado a una clínica privada para ser intervenido, que sepa que se puede llevar la desagradable sorpresa de que cuando acuda a la consulta de cirugía para el control postoperatorio,  el cirujano que lo atienda puede no querer responsabilizarse del seguimiento de esa cirugía y de sus posibles complicaciones.

A que mola.

 

EL MOVI-MIENTO

En la imagen vemos a Mariano Rajoy representando la perfecta metáfora de su política: aparentar moverse para seguir en el sitio.

España ha conocido a monarcas inútiles (perdón por la redundancia), consejeros reales sinvergüenzas, dictadores canallas y toda clase de políticos miserables, y cuando ya creías todo eso superado, se presenta a las elecciones un partido de fachas y los mismos ciudadanos que ya deberían estar vacunados contra toda clase de malhechores, les votan y aplauden con las orejas, y lo que es peor: lo hacen sabiendo que al frente de los prendas estará el presidente de gobierno más inverosímil (dejémoslo así) que han conocido los tiempos.

Nada, Mariano, tu sigue, que al final está el arco iris.

 

¿SABEN AQUÉL QUE DIU...?

Por una vez voy a reconocer que a veces generalizo demasiado. Por ejemplo: los catalanes. He realizado en ocasiones una descripción poco favorable de tan desternillante pueblo. Fíjense si no en Casen, Eugenio, Barragán, La Trinca, Tricicle, Els Joglars, Dagol Dagom, Pepe Rubianes, Andreu Buenafuente o Berto Romero,  todos pata negra del desgüeve, ilustres representantes de un pueblo "nasío p´a escojonar".

Vuelvo a ser injusto y mezclo churras con merinas. De los mencionados algunos ya no están con nosotros desgraciadamente, pero todos han gozado en algún momento de una característica común: un cerebro privilegiado capaz de ver el mundo con sentido crítico tomándose a chirigota las soflamas independentistas que tanto aplauden su paisanos, que también provocan la hilaridad, pero de puro burros.

 

MISTER BEAN-DEMONT

Ya no veo la tele ni escucho la radio ni leo la prensa como ya he mencionado algua vez, pero como no hay manera de evitar la agresión de las imágenes machaconeadas por los medios, de vez en cuando me veo obligado a ver la jeta de mister Bean-demont y reflexionar sobre tan patética figura e imaginármelo como una mezcla de sí mismo y del absurdo Mr Bean.

Hasta ahora sólo había demostrado ser un payaso, pero desde su huida a Bélgica ha demostrado ser también un cobarde, un acusica y un memo.

Mister Bean-demont imagina en sus sueños más húmedos que proclama la independencia de Cataluña, que el gobierno de España se rinde a sus pies y que el pueblo de butifarra y barretina lo aclama gritando: "t´estimu, t´estimu", pero cuando se despierta, se enfrenta ante la fria realidad de que el gobierno de España, por una vez, hace algo razonable y lo destituye y que los trasegadores de calsots le piden que se aclare de una puñetera vez.

Ante tan abrumadora realidad, el soplagaitas se pira a Bélgica a pedir asilo político y para evitar que la justicia española sea injusta y le haga pupa. Al menda le importa un carajo la que ha liado y sólo le preocupan las consecuencias de sus babeantes ocurrencias.

Se ha comportado peor que un sátrapa, lo ha hecho como un imbecil con poder. No entiendo qué diferencias proclaman los catalanes respecto del resto de españoles si regalar poder a imbéciles es una característica común y muy española.

 

 

MEA GRUPA

A menudo se me afean tres comportamientos: que generalizo en mis opiniones, que sólo veo la peor cara de las cosas, y que reacciono de forma visceral.

Las tres acusaciones son ciertas, señoría, pero vayamos por partes:

Generalizo. Sí, porque es del género oligoescaso además de imposible realizar afirmaciones excluyendo todas aquellas irregularidades que se aparten de la norma. Verbigratia: puedo afirmar: "hace calor", ¡ya está, ya he generalizado, llevazme al paredón!, porque ¿cómo me atrevo a realizar tal generalización?. Puede que yo sienta calor porque voy demasiado abrigado, tengo fiebre o estoy menopaúsico, y además, en la patagonia, en las cumbres nevadas, y en los círculos glaciares hace un frío que te rilas. Pues nada, la próxima vez tendré que decir: "hace calor, según mi percepción , mi configuración hormonal y mi situación geográfica" Las conversaciones de ascensor serán para oirlas.

Veo la peor cara de las cosas. Tocado. Pues nada, en adelante sólo veré la cara amable de mis conciudadanos sin criterio ni valores, el rostro guay de nuestros políticos incapaces y corruptos, la ternura de los déspotas, de los insolidarios, de los hipócritas, de los falsos, de los ruínes, de los avaros, de los sinvergüenzas, así como la bondad de la guerra, del hambre y de la injusticia creada por todos ellos. A partir de mañana tortilla de trankimazin para desayunar.

Reacciono de forma visceral. Vale, ya intentaré eviscerarme antes de actuar frente a aquellas situaciones injustas perpetuadas durante siglos gracias a las templadas actitudes del personal, a la pachorra, y al me la suda.

Intentaré cambiar para no ofender su fina epidermis. Faltaría más.

 

¡O NO!, KOLAGAYO. UN ESTUDIO BREVE Y POCO RIGUROSO DE LAS PAREJAS DE LOS ARTISTAS

No, no hay errores ortográficos en el título, se trata de un juego de palabras con los nombres de Yoko Ono y Gala al mismo tiempo que una frase no exenta de significado, ya que nada puede definir mejor a la mujer de un artista que "cola de gallo", ya que hace alusión al apéndice emplumado de alguién con el ego disparado, y que sirve para darle notoriedad y, por qué no, hacerle algo de sombra.

Porque el artista, es básicamente un ser inmaduro que busca crear belleza en la grisura y en la fealdad, y que mejores ocasión que emparejarse con un cayo malayo y ver que pueden hacer.

El artista, por mucho que lo sea, nunca podrá poner belleza en semejantes especímenes con los que se aparea, y ellas entran en su vida como un sargento chusquero dispuesto a organizar su caos, su nula visión de los negocios, darle el sexo que puede dar un boniato y heredar sus fortunas porque se las arreglan para vivir más que ellos.

Es un problema irresoluble: arte y sentido común nunca van juntos.

 

DÉJÀ VU

¿A alguien más se le ponen los pelos como escarpias ante el atronante desfilar de un paso procesional? Puede que en algún caso ese curioso fenómeno fisiológico se deba a una especial devoción, algo parecido a un fervor religioso, o a un discutible gusto por una tétrica representación medievalista. En mi caso, el fenómeno se debe más bien a la orden dada a mi piel por un cerebro aterrorizado, más o menos como cuando ves una película de miedo.

Todo colabora a ello: el sonido rítmico y ensordecedor de tambores y bombos con su tensa membrana salpicada de sangre, los marciales toques de corneta, las figuras encapirotadas al más puro estilo KKK, los encadenados penitentes con sus tintineantes ruido de cadenas, los rostros distorsionados por el dolor o la pena de las figuras de imaginería, las enlutadas manolas compitiendo por el atuendo más rico dentro de su dolor, claro, y todo ello bien ambientado con un mareante olor a incienso, que si no has tenido la suerte de colocarte antes, puedes hacerlo en el momento que pasan los incensarios a tu lado.

Todo me recuerda tiempos tenebrosos de la historia de España en los que el cura era una autoridad nada desdeñable y los obispos paseaban codo con codo bajo el palco con el dictador. Se me puede decir que exagero y que las cosas han cambiado, pero si me quedo un rato en la procesión no puedo evitar sentir un “déjà vu” que no me gustalo más mínimo.

Debe ser algún alcaloide del incienso.

 

CONFESIONES Y CONCESIONES

Según el artículo 16 de la Constitución española "ninguna confesión tendrá caracter estatal". Al menos dieciocho santos y vírgenes son patronos y patronas de las fuerzas armadas y de la Guardia Civil. Por citar algunos: San Juan Bosco, San Hermenegildo, Nuestra Señora del Buen Consejo, San Juan Nepomuceno, San Fernando, Nuestra Señor del Perpetuo Socorro, etc. Siempre me desconcierta esa querencia de los ejercitos hacia personajes tan elevados que sin duda odian la violencia. Así mismo me desconcierta ver como el estado español se pasa por el arco del triunfo el mandato de nuestra carta magna.

Qué, don Mariano, ¿hablamos de inconstitucionalidades?

 

PANDEMONIUM

Pandemónium, según la R.A.E. es la capital imaginaria del reino infernal. También se suele emplear como sinónimo de situación descontrolada: “aquello era un pandemónium”. Yo voy a emplear ambas acepciones para el entretenido escrito que estáis leyendo, solo que en lugar de “capital imaginaria”, me referiré a un país muy real: el nuestro, y como situación descontrolada, me referiré a la actual.

España se ha convertido en una nación de ciudadanos subvencionados ya sean etnias autóctonas problemáticas a las cuales los servicios sociales han sobreprotegido hasta fuera del límite de lo comprensible; parados de larga duración; u otras personas en situaciones más precarias como los inmigrantes.

Siempre he sido defensor de causas perdidas y entre ellas, la de ayudar a las personas sin recursos, pero para ello han de establecerse algunos criterios, verbigratia:

1) No se da un duro a etnias autóctonas por la sencilla razón de que jamás han aportado nada a este país y como recompensa se ejerce con ellos discriminación positiva negando recursos a ciudadanos que han contribuido a las arcas del estado con sus impuestos durante toda su vida. Personalmente he visto realizar una compra en un supermercado, cuyo pago realizaron con una tarjeta de ayuda social del Ayuntamiento, con el curioso contenido de marisco y refrescos, todo ello, sin duda, alimentos de primera necesidad, o saquear y destruir todos los elementos comunes de un inmueble gracias a la estúpida actuación de los servicios sociales que los "integraron" en una comunidad de gente trabajadora. Y no lo he oido: lo he sufrido en primera persona como damnificado, porque para mi desgracia, convivo con elementos como estos en mi barrio desde hace más de cincuenta años.

2) A todo ciudadano de nacionalidad extranjera sin ingresos se le concede un año de gracia, pasado el cual se le facilita el regreso a sus países con las únicas excepciones de que se trate de naciones con hambrunas o masacres.

3) A las naciones del primer mundo que sin duda protestarían por las medidas antes descritas, se les endosan aquellos inmigrantes contemplados como excepción en el apartado anterior.

4) Se da una patada en el culo a políticos y asistentes sociales más preocupados por mantener sus puestos que por la viabilidad de una economía al borde del colapso.

Y aquellos ciudadanos que se escandalicen con mis palabras, que realicen un ejercicio sincera introspección y procuren no echarse a llorar.

 

LA SUPERVIVENCIA O EL PRINCIPIO DE ARQUÍMEDES APLICADO A UN CAGARRO

No voy a hablar de los catalanes, que si siempre me han empalagado, ahora me tienen al borde del vómito.

El bonito tema que me ocupa hoy es el de la supervivencia. Concretamente: la de aquellas personas refractarias a cuanto les rodea siempre que no tengan la oportunidad de sacar algún beneficio de la situación. Estoy hablando de trepas que adquieren posición en sus empresas a costa de venderse y vender a los demás, de los sinvergüenzas que te atan a contratos tramposos sin posibilidad de llevarlos a un juzgado, de los “empresarios” que aprovechan la baratura laboral para contratar a trabajadores en régimen de semi esclavitud y a los mercachifles que ven perfecta la situación de enfrentamiento nacional que nos ocupa haciendo su agosto en octubre como vemos en las fotografías, por cierto,  la del chino la puedo entender porque soy un ciudadano imbécil que acepta sin rechistar su mafiosa instalación en España, pero la otra es de un ciudadano español al que se la pela todo menos “la pela”.

Todos ellos son supervivientes, los encontrarían vivos tras un holocausto, y es que como una vez leí no sé dónde, la mierda siempre sale a flote.

 
 
 

¡DE QUÉ VAIS!

 

Soy aragonés y estoy en contra de la independencia de Cataluña, y me fastidia un poco esta posición porque no me gustaría que se me asimilara a los salva patrias que estos días han engalanado sus balcones con banderitas de España.

Cataluña ha sido siempre un vecino indeseable para Aragón: sus fechorías han ido desde reclamar el trasvase del agua del Ebro hasta travestir la historia de Cataluña adueñándose con más cara que espalda de reinos, enseñas y patrimonio exclusivamente aragonés.

Pero cuando cruzan la línea definitiva de pretender desgajarse del cuerpo del país, como una extremidad que se ha vuelto loca, me tocan en un punto erógeno que viene a estar justo en mis gónadas.

Cataluña se ha convertido en una región rica y una de las dos más independientes de la nación,  entre otras cosas gracias a los aranceles textiles creados por el gobierno de España en el siglo XIX que obligaba a consumir sus productos al resto de españoles, a Manuel Hazaña, presidente del gobierno español en la república que les otorga el primer estatuto de autonomía, a un fascista que les tapó la boca con industria e infraestructuras. Su tejido productivo y humano ha crecido gracias a la inmigración nacional recibida en los duros años de la posguerra porque ahí se iba casi toda la industria gracias a Paquito “el rana”, inmigración, por cierto maltratada y vituperada con calificativos como “charnegos” por los simpáticos catalanes.

Así, hoy, sus políticos, se erigen en abanderados de la causa independentista como si su región no tuviera problemas más acuciantes, y el  pueblo, como una manada de borregos se deja arrastrar hacia una iniciativa descabellada, ilegal e injusta para el resto del país que vería como una región enriquecida a costa de empobrecer a otras, se va con las peras y las pelas.

Los machitos carpetovetónicos no han tardado en sacar sus enseñas nacionales del baúl con naftalina donde guardan el uniforme de la falange de su abuelo. Me la sudan sus estupideces y ardor guerrero. Yo estoy en contra de la independencia, no por idealizadas razones políticas, sino por puro pragmatismo.

Por mí como si os queréis tirar al mar, buen viento, pero devolved antes la pasta.

 

YA OS VALE

 

Maluenda, provincia de Zaragoza (Spain), ha tardado cuarenta años en descabalgar de sus calles a los fascistas. En 2015 subí las fotos de la izquierda a Flickr, y en 2017 he vuelto a fotografiar en dicha localidad llevándome esta agradable sorpresa. Aunque es poco probable, me gusta pensar que he tenido algo que ver.

 
 

LO NUEVO, LO BUENO Y LOS IMBÉCILES

Creo estar siendo atacado por el virus del viejo. Se trata de una dolencia que te hace ver los nuevos tiempos con desconfianza, cuando no con franca repulsión. Cuando me quejo de los derroteros que está tomando la sociedad actual, no falta quien se me echa encima automáticamente para reprocharme que soy un cenizo y un antiguo. Lo puedo entender de mis hijos que apenas acaban de salir de la adolescencia, pero cuando se trata de un cretino de más de treinta años, me cuesta un poco más reprimirme para enviarlo a lo que imagino como un montón de guano.

En lo económico (ya he tocado este tema), nos hemos convertido en una sociedad depredadora, sin piedad y sin paciencia, donde tu dinero pierde valor a cada momento y el de la banca y el de los especuladores crece exponencialmente en virtud de una magia que sólo entienden los lechuguinos de Harvard. Cualquier estrategia y táctica es válida para despojarte de lo poco que tienes, para engañarte con mentirosas ofertas o para que te suscribas inopinadamente a misteriosos servicios mientras navegas por internet. Se ríen de ti una vez más poniendote al teléfono una máquina o un ciudadano hondureño para que intentes hacerles razonar y para recordarte lo idiota que eres, además un negocio viene a tener una vida media de seis meses y las más de las veces sólo es una tapadera para blanquear dinero.

En lo social, se te pone delante un montón  de basura electrónica o de prendas de mierda cosidas por semiesclavos asiáticos y se te dice que eso te pone en la cresta de la ola de la modernidad y de la globalización, sin que las más de las veces pierdas un minuto en reflexionar para que necesitas tanta porquería ni por qué es tan barata. Las personas con trabajo, temerosas de perder tan fantásticas  prebendas, agachan la cabeza ante los abusos de sus empleadores y vuelven a votar en las próximas elecciones a los inútiles que los llevaron a esa situación.

Son tiempos de saldos, de low cost y de que la vida y la dignidad hayan entrado a cotizar en bolsa.

Pero no se lo digas a tu cuñado si quieres tener una sobremesa sin dispepsia.

 

PESCA DE ARRASTRE

A diferencia de las delimitaciones de paralelos y meridianos que forman una red de coordenadas tan necesarias para orientarnos para hacer, "verbi gratia", pesca de altura,, la otra red, la social, se ha revelado, en su más aborrecible cara, como un instrumento para sumergirnos en la más confusa desorientación y como un vertedero donde se arroja tanta basura que consigue robar nuestro valioso tiempo y, por qué no decirlo, también nos degrada un poco. Vamos que sirve para pesca de arrastre.

Cualquier prójimo por el que no sientes sino repulsión, tiene la santa potestad de incluirte en un grupo de retrasados para compartir mierda cibernética. Puedes no admitir semejante compañía o salirte de ella, pero mientras deshaces el entuerto, ya te ha robado el inapreciable tiempo que sueles emplear en masturbarte, por ejemplo.

No todas las opiniones merecen gasto eléctrico ni la foto de tus pies tiene relevancia mundial.

 Vamos a dejar de democratizar estupideces.

 

LOS HADOS Y LOS DADOS

 

Creo haber leído alguna vez que la fortuna era una furcia de carácter lábil que te otorga sus favores a su capricho cobrándote un alto precio por ellos.

No me gustan las furcias ni la suerte porque las primeras te detestan y la última, enmascarada semánticamente, esconde una personalidad ambivalente pudiendo reservarte el cielo o el infierno a partes iguales.

Rechazo sistemáticamente todo juego de azar, ya sea de mesa, electrónico, privado o público, ya sean dados, cartas, quinielas, bonolotos o loterías, apuestas, ruletas de casino o de las rusas (sobre todo evito éstas).

Y es que he llegado a un acuerdo con mis hados: yo no tiento a la suerte en los juegos de azar, renunciando de ese modo a hacerme rico por ese procedimiento, y el destino no me premia con la otra lotería: la del cáncer de páncreas, por ejemplo.

Ya sé que es un acuerdo unilateral, sin ningún compromiso explícito ni garantía alguna, pero soy poco dado a creer en dioses y otras milongas y siento un gran respeto por el sino, el destino, o el vaya-usted-a-saber, así que cada vez que paso al lado de un bingo, un salón de juego (vaya nombrecito para un tugurio), o de un local de apuestas múltiples, o se aproxima el veintidós de diciembre, miro al cielo y sin dirigirme a nadie en particular, le guiño un ojo como para recordarle nuestro acuerdo.

Alea jacta est.

 

APÓSDATA, Y AFRÁTIDA

 

He querido hacer un bonito juego de palabras con los términos “apóstata” y “data”, como persona que reniega de una religión y datar o situar en el tiempo, contrayéndolas en el chulísimo neologismo de “apósdata” cuyo significado vendría a ser: “persona que renuncia a su tiempo”.

Ese soy yo. Es una quimera, lo sé, no estoy loco aún. De momento he renunciado a mantenerme informado de la actualidad (llevo cerca de tres años sin leer prensa, ver la tele o escuchar la radio).

Pero no crean que me libro sin más ni más de estar informado. Para mi desgracia, todo el mundo se empeña en ponerme al día del último escándalo político, del último chorizo detenido, del cataclismo habido en la India o de la última masacre africana. Yo pongo cara de sorprendido y vuelvo al interior de mi cerebro.

Como ya he dicho no se trata de un trastorno y que haya que poner en guardia a mi familia, más bien se trata de un soberano hartazgo de sinsabores y desgracias que desgraciadamente no puedo evitar.

El otro juego de palabras viene dado por los vocablos “apátrida” y “frater” siendo el significado del primero: “persona sin patria” y el del segundo: “hermano”, en su origen latino, dando como resultado de “afrátida”, persona sin hermanos en el sentido amplio de la palabra, es decir, semejantes. En resumen, también he renunciado a la humanidad, si bien no a toda, sí a la mayoría.

También es una renuncia tonta, ya lo sé, pero es que uno puede hacer como que está cuando se encuentra en presencia de otros seres humanos, y sin embargo hallarse mentalmente en la tierra de Oz, pongamos por caso. Se puede, probadlo.

Y es que desgraciadamente, a estas alturas, uno ya ha conocido el suficiente número de semejantes para darse cuenta de que puede prescindir de interactuar con la mayoría de ellos ya que uno debe administrar con usura lo que le queda de existencia.

Me habéis cogido en un renuncio.

 

HIJOS, OJOS Y HOJAS

 

Tengo tres hijos, criados pero no emancipados: el infierno.

Cuando nacen, te entregan un bultito caliente y palpitante, un nuevo ser del que ignoras por completo que cambiará tu vida para siempre. Le entregarás tu libertad, tu descanso, tu tranquilidad y tu dinero, y en justo pago te recompensará con sus balbuceos, sus risas, sus movimientos torpes y todo un surtido de fluidos y escapes sobre toda tu persona, Esos son los buenos tiempos.

Cuando son medio humanos –entre el lenguaje articulado de los tres años y el sincopado de los trece, la vida es medianamente tolerable: aún puedes ejercer tu autoridad como padre y guiarlos en el proceloso mar de una sociedad que juega en tu contra. Son días de juegos en familia, de salidas al campo, de descubrirles el mundo y de sentir su admiración. Disfrútalo, no volverás a vivirlo.

Desde los primeros granos en adelante todo se va al carajo. Los que fueron la niña de tus ojos ya se han convertido en entidades extrañas que si no consumieran megas y dinero a partes iguales, podrían pasar por seres ectoplasmáticos que viven en una realidad paralela a la que tú no tienes acceso.

Sus pilosidades en el cuarto de baño te dice que son adultos, pero la absoluta incapacidad para retirarlas te dice que para rato tienes niños en casa. Tu eres el árbol y ellos las hojas que se desprenderán algún día, … o no. Dependerá de que tipo de familia has creado: perenne o caducifolia.

Yo tengo cara de pino.

 

 

AFECTOS ESPECIALES

Vivimos en una melé, y lo que es peor en una melé globalizada, es decir, no sólo formamos parte indiferenciable de una masa pugnante, sino que dicha masa se parece un huevo a cualquier masa de cualquier país around the world.

Como consecuencia, el ser humano, siempre preocupado por su singularidad, intenta de las más variadas formas de destacar de la grisura. Puede hacerlo cultivando su intelecto y disfrutar en lo más íntimo de su ser de las diferencias obtenidas, o puede hacerlo cosméticamente, con relumbrón y fanfarria.

En el primer caso se luce poco, como mucho puede hacerse merecedor de alguna distinción por su trabajo o investigación, y el resultado será a lo sumo el reconocimiento de un reducido número de intelectuales, artistas o científicos.

En el segundo caso, el individuo puede hacerse destacar por los más primarios procedimientos de engañar a sus semejantes, encaramarse sobre ellos, presentar una imagen física favorecedor y proyectar estereotipos intelectuales y emocionales falsos.

Son personajes con tendencia al histrionismo, a gustos y querencias excéntricos y amantes de lo más nuevo –adoran las nuevas tecnologías, las redes sociales y los medios telemáticos-, comen, se visten, se peinan y se relacionan con los demás de forma desconcertante y exótica, y se pasan por el forro los filtros y frenos necesarios para vivir en una sociedad de la que pretenden ser una referencia.

Les gusta verse como especiales, como lo son sus afectos: afectos especiales, con tanto ruido y humo como falsedad.

 
 

BOCADILLO DE CHORIZOS

 

                Y una vez aterrizado en su vida cotidiana, se impone orientarse: usted es el pan del emparedado de la imagen, que al contrario de lo que suele suceder, se encuentra entre dos chorizos.

                Por encima tenemos a los ibéricos, pata negra del embutido choricil, ladrones de guante blanco, cuello blanco y rostro Portland, con chollo partidario y coche oficial. Sacan tajada de comisiones de obras públicas, de concesiones, de falsas asesorías, de negocios incompatibles con su cargo, de recalificaciones y las más de las veces por el sencillo procedimiento de meter la mano en la caja pública.

                Por debajo de nuestro magro cuerpo de pan integral tenemos al chorizo arrabalero, de mano sucia –no sabe lo que es un guante-, cuello negro –no sabe lo que es el jabón- y dura jeta –no sabe nada de marcas de cemento-. Sólo sabe dar por culo a la gente trabajadora para menguarle su ya menguado patrimonio. No tiene cargo alguno, ni si quiera de conciencia. Roba miserias como mísera es su vida. Es un mierda con pedigree.

                El uno y el otro han nacido para joderte la vida, para hacer de este mundo un lugar asqueroso donde nunca puedas estar seguro ni tranquilo y a los que las autoridades no molestarán salvo para hacer el paripé de que hacen su trabajo de vez en cuando, porque la autoridad misma está moralmente tan corrompida como ellos.

                Bienvenidos al estado de su derecho.

 

DEPRESIÓN POST, PRE E INTRA

 

                Las vacaciones son ante todo una ruptura, normalmente de los nervios, pero hay gente que con pasmosa capacidad para el autoengaño, y así se convence a sí mismo e intenta hacerlo sin éxito con los demás, que ese paréntesis laboral servirá para:  cargar las pilas, para un reseteo, para pasar más tiempo con tus seres queridos, para hacer aquellas cosas que te hacen verdaderamente feliz, para la aventura, para la exploración de tu interior y de unas cuevas en Murcia, y para un montón de mierdas más.

                Lo cierto es que sólo consigues frustrarte porque el mismo proceso del viaje es una tortura gracias a las incertidumbres ante tu ordenador para encontrar y contratar online unos servicios sin muchas garantías de certeza, la lucha contigo mismo y con tus seres queridos para que metan lo justo en sus maletas para que se ajusten a los exigentes dictados de la miserable compañía aérea, los pesados controles aeroportuarios, los tediosos cambios de autobús, avión, autobús de nuevo, metro, taxi, etc , hasta que llegas por fin a tu hotel que no se parece ni por el forro a la foto de Internet, y al que piadosamente llegas tan cansado que sólo deseas tumbarte sobre la cama con edredón nórdico, tan útil en el mes de agosto.

                Tras pasarte el día discutiendo con tus seres queridos gracias a la convivencia forzada durante días y disfrutar del paisaje y paisanaje del lugar de destino y de maravillarte de la prodigiosa imaginación foránea para poner precios tan asombrosos a auténticas mierdas, sin entender por añadidura una puñetera palabra cuando pides explicaciones, derrotado, emprendes el camino de vuelta de forma inversa al mencionado, eso sí, gracias a no sé qué mecanismo mental, afortunadamente se hace más corto.

                Vuelves al trabajo (si tienes la potra de tener uno), no tan deprimido como agradecido porque se haya acabado esa pesadilla de paréntesis y sólo te vuelvan a joder las personas y situaciones conocidas.

                

ES DE LOW COST

    
 

                Abundando en las vacaciones y en todo lo que me irrita de ellas, no puedo pasar por alto las compañías aéreas de “low cost”. No daré nombres, pero me referiré a una de titularidad irlandesa. Ya sé que gracias a compañías como ésta ha sido posible popularizar los vuelos al extranjero para ciudadanos que no podían ni soñar con ellos, pero me pregunto si para hacerlo realidad era necesario que fuera todo tan cutre.

                Los compartimentos para el equipaje de mano son  insuficientes para el número de pasajeros y te obligan a facturarlo en el último momento, gratis, pero impidiéndote acceder a objetos que contabas tener a mano en la cabina.

                El espacio entre asientos es tan miserablemente cicatero que si te sales de la media carpetovetónica de un metro sesenta tienes serios problemas con el viajero de delante.

                La temperatura se elige para que un oso polar o un pingüino se encuentren como en sus respectivos polos.

                El idioma por defecto de lo que sale por megafonía es el inglés tanto para información general del vuelo como para las medidas de seguridad. Eso si, se pasa al español de Salamanca cuando te ofertan sus chuches a precio de gourmet y el rasca y gana.

                Para colmo, se ha establecido la tonta costumbre por parte del comandante de la cosa, de soltar una fanfarria al aterrizar, que es afanosamente aplaudida por el rendido pasaje.

                Tonto como soy no puedo evitar recordar lo que he visto en tantas películas donde personajes fascinantes eran obsequiados con una copa de champán por una despampanante azafata mientras les guiñaba el ojo en lo que podía ser la promesa de un revolcón en zonas habilitadas en el avión para ello. En cambio, esto en lo que viajamos los desprevenidos turistas del siglo veintiuno, es como oí definir tan acertadamente a un pasajero “autobuses con alas”

                Desgraciadamente en éstos no puede uno pulsar el timbre para bajarse.

                      

 

EL LOBO CUIDANDO DE LOS BORREGOS

 

                Me quedé con ganas en el anterior escrito de abordar el binomio libertad-seguridad con más amplitud, así que voy a explayarme un poquito más a gusto.

                El concepto “LIBERTAD” es para todos los ricos y poderosos un serio problema, porque al igual que las riquezas materiales, la libertad es algo de lo que se creen únicos y legítimos poseedores para seguir haciendo lo que les salga de sus santos cojones.

                Por tanto, el poder siempre ha ejercido un férreo control sobre los miserables bienes y libertades permitidos a los ciudadanos. Al igual que un avaro, el puñetero vigía de occidente, ha mirado receloso como crecía nuestra autoestima y dignidad al poseer pequeños bienes y míseras parcelas de libertad. Nunca le ha gustado demasiado vernos autosuficientes, así que ha interferido todo lo que ha podido sembrando el pánico a través de aquellos medios de comunicación, que casualmente son de su propiedad, anunciando la llegada del apocalipsis, no en su versión ecuestre, un poco pasada, sino en las nuevas y más chulas de terrorismo, delincuencia, paro y desgobierno.

                Y una vez expuestas al personal las calamidades que le pueden acaecer si va haciendo uso de su libre albedrío, ponerles el lazo está chupado: en aras de la “SEGURIDAD”, el usuario traga lo que le echen: Leyes como la “ley mordaza”, presencia policial hasta en la sopa, humillantes controles de seguridad y chulería institucional, medidas sorprendentemente aplaudidas por más de un ciudadano y más de dos, hay que joderse.

                Si le apetece usted puede ingerir estos cuentos tanto como le plazca, pero la realidad, es que, como se ha venido demostrando desde el 11-S, el 11-M y otros terribles días sin apellidos, las supuestas medidas de seguridad no han asegurado una mierda, y solo han servido para cernir un poco más la correa a nuestro cuello.

                Y si no me crees, abre los ojos.

 

TURIORRISTAS

 

    Todos los años para estas fechas tengo la inenarrable experiencia de pasar por un control de seguridad aeroportuario. Es imposible parecer inocente. Llevas un montón de objetos potencialmente peligrosos como las llaves, el cinturón, el movil, el reloj, el bolígrafo y los empastes. Y cuando ya te has despojado de todos estos objetos que configuran lo que te hace persona, un pichacorta uniformado al que le mola humillarte, te mira como a ese peligroso turista que sin duda eres y te señala el bote del champú y la crema hidratante y te dice que no puedes entrarlo en la cabina, que te tienes que deshacer de ellos. Tu te quedas con esa cara de gilipollas que se te pone ante una autoridad que te lee la cartilla y farfullando lo tiras a un contenedor "ad hoc" que han colocado a tu lado previendo lo imbécil que eres.

    Eso sí, tu subes al avión mucho más tranquilo sabiendo que nada ha escapado a la entrenada mirada de los guardias de seguridad y que, sin duda, ese contenedor donde has tirado tu excentricidades cosméticas será sellado y desactivado por el especializado cuerpo de la NRBQ (Defensa Nuclear, Radiológica, Biológica y Química) 

 

 

JUBILADOS Y JOROBADOS

    Igual que es importante para tu futuro por qué agujero has de salir cuando naces, no lo es menos por que otro agujero sales cuando te jubilas. Si sales del agujero de una gran empresa con capacidad de reírse de la Administración y de todo cristo, es posible que lo hagas con sesenta y dos o sesenta y tres años, te acojas a un E.R.E., al paro y, body-body, redondees hasta los sesenta y cinco librándote dos o tres años de madrugones, mastuerzos, explotadores y jefes en general.

    Si tienes la desgracia de salir por el agujero de una pequeña empresa, sin capacidad para descojonarse de la Administración, pues te jodes y pencas hasta los sesenta y siete si te descuidas.

    A más, a más, en este país, con una tasa de imbéciles superior a la media europea, vemos a los agraciados con un temprano retiro como seres tocados por la gracia de dios, como unos despabilados que se lo han sabido montar, un ejemplo a seguir, vamos. Deberíamos recordar a estos lumbreras de vez en cuando que el solaz de estos muchachos privilegiados se lo estamos pagando entre todos, y que los que han logrado beneficiarse con este despropósito, lo mejor que pueden hacer es callarse la puñetera boca en lugar de jactarse de lo listos y afortunados que son, ya que en tu caso, premio-novel-de-las-narices, la jubilación te llegará un pelín más tarde si aún sigues vivo, y si aún queda un puto duro para pagarte.

    ¡Hala, y cierra la boca que te va a entrar una mosca!

 

ESÑAPA

    Tengo dos ídolos a los que venero y a los que ofrezco en sacrificio -para mi estómago- en las lunas llenas un chuletón regado con Rivera de Duero: mi contratista de confianza, que me arregló la cocina y el baño cumpliendo fielmente fecha y presupuesto, y mi informático de guardia que siempre me ofrece la opción más razonable al mejor precio. Tendría que añadir mi funcionario de la agencia tributaria que me aconsejó la mejor manera de presentar mi declaración de la renta, pero me lo cambian cada año por obra y gracia de la cita previa.

    El resto: una cuadrilla de desgarramantas, chapuceros, informales, aprovechados, tramposos, objetores de impuestos, y exhibicionistas de la raja de su culo. Personajes que lo más que saben aproximarse a una cita es: "del lunes al viernes entre las nueve de la mañana y las nueve de la noche" y el presupuesto más ajustado es: "entre trescientos cincuenta y quinientos euros". Pluriempleados que redondean su sueldo redondeándote a tí la pared o la puerta que en realidad iban a escuadra. Autónomos con declaraciones trimestrales que son las cuentas del Gran Capitán. Inmigrantes que en su país eran ingenieros agrónomos, barrenderos o pinchadiscos y que saben de oficios lo que tú de nigromancia.

    Pero como imbéciles que somos recurrimos a ellos en una especie de pensamiento mágico, según el cual, ese simpático muchachote que fuma en tu salón y apaga su cigarrillo en el tiesto del ficus, que tiene ese lenguaje tan florido, salpicado de imprecisiones y retruécanos, sin duda nos hará un trabajo magistral cobrándonos una miseria, por supuesto sin IVA.

    Pues nada, cuando tengas que ponerte un by-pass, ya sabes, al cirujano que te enseña la hucha.

 

SOY ARAGONÉS, PERO NO ES PARA TANTO

    No sería un buen aragonés si no diera también un palo a mi tierra. Y es que nadie como nosotros para criticar lo nuestro, o por lo menos para restarle importancia y sobrevalorar cualquier tontada de fuera. Un buen aragonés se parece al español medio, como español medio que es, en echar por tierra lo suyo y minusvalorar los éxitos de sus paisanos en cuanto descuellan un poco. Eso sí, por un mecanismo que desconozco, se nos pone la carne de gallina en cuanto oímos una jota fuera de contexto, es decir, por ejemplo una transmisión desde Alemania donde un cuadro jotero baila o interpreta nuestro sones. Si la oímos aquí nos la pela bastante.

    Esta peculiaridad de nuestro carácter hace posible que otras comunidades se nos coman tranquilamente las migas con jamón, el patrimonio cultural y nuestra propia historia.

    El cachirulo ya sólo lo llevamos en pilares a dios gracias, pero es tan dificil quitárnoslo del cerebro que cuando he buscado imágenes para ilustrar estas líneas, no he encontrado una sola en que no aparezca el arlequín roji-negro.

    Se atribuye a Pio Baroja la frase: "La Jota es el grito de guerra de un pueblo sin civilizar". Ignoro si es de Pio Baroja, pero desde luego no puede estar más desacertada, ya que aunque es posible que seamos un pueblo sin civilizar, dudo mucho que gritáramos en una hipotética guerra cuando no lo hacemos, ni simbólicamente para defender lo nuestro y vivir en paz.

    Una cosa tenemos buena: que a puro de desidia y desinterés, nos ha importado un carajo las iniciativas para oficializar una lengua que históricamente se ha limitado a escasos territorios alto-aragoneses, o a pedir la autodeterminación y menos aún la independencia. Y es que en cuanto ponemos una competencia en manos de nuestros políticos locales, se las arreglan para cagarla.

    Ven, a eso me refería.

 

UNA GALICIA MUY, MUY LEJANA

       He visitado Galicia en un par de ocasiones y he conocido a tres gallegos, aunque no en esa tierra, que han representado una gran influencia en mi vida: Paquito "el rana", que estuvo dedicándose con fruición a joderme el futuro en mis primeros veinte años de vida gobernado el país inspirándose en su entrepierna, un jefe de sección en la G.M., rebotado de la marina mercante, que además de no saber si iba o venía, caminaba buscando equilibrio en un barco inesixtente dese hacía años, el cual gozaba creando la incertidumbre a su alrededor, y por último, nuestro actual presidente, que es la incertidumbre misma, persiguiendo continuamente el hilo de sus procesos mentales que pierde con más rapidez de la que emplea en fabricarlos.

    Sin duda hay gallegos amantes de la claridad y enemigos del liderazgo, pero desgraciadamente aún no han contactado con nosotros.

 

VASCOS, BOSQUES Y BOINAS

    He estado tres veces en el país vasco-euskady-vasconia-vascongadas, una cuando tenía dieciséis años, bañándome en la playa, en Irún, -perdón: Iruña-, otra, con el doble de esa edad en Bilbao, -perdón: Bilbo-, por trabajo, y la tercera el verano pasado (treinta años después), por gusto, fotografiándo la playa de La Concha de San Sebastián, -perdón: -Donostia-  (hay que ver la cantidad de geografía política que hay que manejar cuando sólo eres español de a pie, no nacionalista de ningún terruño "histórico" Como si los demás no tuvieramos historia).

    Pues de las tres veces me sobran dos. Y es que no he podido sacarme de encima la impresión de ser extranjero en mi propio país. No he podido abstraerme de la hostilidad latente en las pintadas que adornan sus calles, en el forzado uso de una lengua árida y en el restallar de una bandera que en muchas ocasiones ha sido baluarte de sus ciudadanos más intolerantes.

    Con las oportunas excepciones, hablamos de una sociedad machista, opulenta y belicosa que, no se por qué, me recuerda un poco al matón del instituto.

    Me gustaría decir que mis mejores amigos son vascos, pero como ya he referido en otro ocasión, mentiría.

 

CATALUNYA Y CATATONIA

    Según la Real Academia, catatonia es un síndrome esquizofrénico caracterizado por rigidez, estupor, y en ocasiones gran excitación.

    Según el diccionario de Google la catatonia es un síndrome neuropsiquiátrico que cursa con negativismo, oposición y estereotipos gestuales.

    Escojan el que más les guste, pero en realdad quería hablar de Cataluña.

    Los catalanes, ese gran pueblo al que tanto apreciamos en Aragón, se dividen entre razonables y nacionalistas. Los razonables opinan que, en manteniendo sus peculiaridades històrico-político-socioeconómico-pantagruélico-culturales, se la pela estar dentro o fuera de España. Los nacionalistas, pues eso, se dieron un golpe en la cabeza y están todo el día dando por el bottom.

    Como aragonés, me toca un poquito los coleonis que anden siempre retorciendo la historia atribuyéndose pasados gloriosos que no les corresponden y adueñándose de patrimonio artístico, aunque sea religioso, que tampoco es suyo. Me soba los gemelos del sur que me discrimine su administración para atenderme como paciente en sus centros sanitarios o para admitirme como funcionario en sus instituciones. Me carga bastante que utilicen su lengua como un arma arrojadiza a la menor ocasión, y además me resulta engolada y empalagosa.

    Iba a decir tengo amigos catalanes que son excelentes personas, pero mentiría: en realidad no tengo amigos.

 

DE LO EFÍMERO Y LO PERENNE

    ¿Qué os pasa valencianos?, ¿Pegais fuego a vuestras pequeñas obras de arte y convertis en ignifugos a vuestros grandes sinvergüenzas?

    He estado un par de veces en Valencia y estoy empezando a pensar que han sido más que suficientes.

 

ANIMALES

       Piel de toro. Así calificamos nuestra península debido al discutible parecido de su contorno con el fruto del desolle de ese animal. ¡Qué simpático epíteto!, ¡qué imagen más sugerente se forma en nuestro cerebro al pensar que si matas a un bóvido y le arrancas la piel y la estiras, puedes formar algo parecido a nuestro suelo patrio!

     ¿Por qué esta fijación nuestra por extraer de la violencia connotaciones cultarales, artísticas o patrióticas?, ¿qué sensibilidad puede extasiarse ante el dolor, el derramamiento de sangre y en definitiva, la muerte de otro ser vivo?, ¿qué país de chalados afirma que tradiciones como excitar, provocar, banderillear, picar y estocar toros son tradiciones respetables e indiscutiblemente protegibles?, ¿quién puede aún defender que acorralar un toro hasta su caida al mar, cubrirle los pitones con fuegos de artificio, derribarlo y torturarlo de la forma que se le ocurra a los descerebrados del lugar, sea un forma de mantener la cultura y tradiciones de un pueblo? Contestaré: la de uno sin civilizar que pretende asimilarse a una Europa moderna, igualitaria, progresista y defensora de los más altos valores.

    Es cierto que la fiesta de los toros ha servido de inspiración a gran número de artistas, y que por ejemplo, Goya, dedicó una colección de pinturas a la tauromaquia, pero también dedicó otra a la irracionalidad y la locura en sus "Caprichos" y plasmó en otro lienzo la sinrazón de la guerra en "Los fusilamientos" del tres de Mayo en Madrid, y a nadie se nos ocurre pensar que la locura o la guerra deben defenderse porque genera arte.

    Del trato que dispensamos a otros bichos y personas, ya hablaré en otra ocasión.

 

 

VINOS, VIANDAS Y VAINAS

      Vale, nos ha entrado la estupidez a todos. No sólo de ser expertos gourmets, conocedores de los más exquisitas esencias culinarias, si no, además ahora, de alquimistas de sartén y cacerola. Cualquier hombre que se precie de no vestir con taparrabos y gruñir como medio de comunicación, debe conocer al menos una docena de denominaciones de origen vitivinícolas, varias docenas de manjares multiculturales, la forma de preparar un pez globo, reconocer las setas comestibles y cómo servir -y pronunciar- "vichyssoise".

    Esta es una sociedad exigente y medio moñas en la que estar al día y saber un poco de todo es un imperativo cuasi legal. La verdad es que el personal, en general, somos cada día más tontos a puro de no conocer más que superficialmente el mundo que nos rodea.

    Hay que ver el daño que ha hecho Google.

 

EL SUEÑO DE TREINTA NOCHES DE VERANO

    Todos los años más o menos para estas fechas, quien tene suerte de disponer de cash o de crédito, puede vivir la fantasía de que dispone de su tiempo y de su persona para viajar donde le plazca. La realidad es que acabará en algún destino más o menos trillado compartiendo su fantasía con otras decenas o centenares de miles de personas que han depositado sus esperanzas, al igual que él, precisamente en esos días.

    Su ilusión de tiempo libre y de individualidad la perderá en la primera fila para repostar, en el primer atasco de tráfico, o en la cola de control de seguridad del aeropuerto.

    Llegará a su playa saturada, a su casa rural donde cristo perdió el gorro, a su parís, london, new york donde hace el mismo puñetero calor que en su ciudad, donde los precios están pensados para rentas mucho más altas, y donde no entienden un carajo de lo que les rodea.

    En las últimas veladas de estío contarán a sus amigos y demás peña lo mucho que disfrutaron, lo fresquitos que estaban y la cultura que han adquirido "conociendo" a otras personas y otros lugares.

    Luego se irán a casa a llorar un rato.

 

WEEKEND INTO HELL

    Servidor tiene alergia al personal. Cuatro tipos a mi alrededor y se me pone la glotis del tamaño de una sandía mediana. Por autoprescripción tengo prohibido entrar en cortesingleses, carrefures, mediamarks -yo no soy borrego- y en ikeascos.

    Conozco familias socialmente correctas que se pasan unos fines de semana chupiguays en ese tipo de establecimientos con aire acondicionado, música acondicionada, vendedores acondicionados y cajeros automáticos para que te acondiciones. Son padres con hijos en edad de tocarte las corcheas y las semifusas que tras tenerlos idiotas unas horas ante la tele, completan el programa educativo con una tarde berreando por los por los pulidos pasillos, corredores y escaleras automáticas de un centro comercial.

    Con tan brillante estrategia, consiguen volver a casa con una camisa para la pequeña, un bobesponja del macdonald para el mayor y una depresión para los papás.

    Y la semana que viene, pues hala, a volver, o a pegarte un tiro. Tu mismo.

 

CAPULLOS

    Desde los albores de su existencia, el hombre se ha visto obligado a poner en juego todo su ingenio para sobrevivir en una naturaleza generosa a veces y hostil casi siempre. Ha entrado en conflicto con otros depredadores por disputarse las presas, entre ellos sus propios congéneres. Ha tenido que competir.

    Pero una cosa es adelantarte al contrario para llevarte un trozo de bisonte a la mesa, y otra estar dando por el culo a every body para sobresalir dos puñeteros centímetros sobre los demás, porque no te engañes, cretino, siempre hay alguien más alto, más fuerte y que llega más lejos que tu. Siempre hay alguien que consigue la chica más rubia, el coche más potente y el infarto más catastrófico. Siempre hay alguien más capullo que tu.

    Pero como la naturaleza no es sabia, estos pimpollos florales tienen vástagos a los que inculcan sus estúpidas frustraciones pretendiendo que de sus músculos o de su cerebro brote la fuerza o el ingenio que, por genética, es imposible que hayan heredado.

    Les enseñarán a gritar a los árbitros, al conductor inseguro, a su anciano progenitor y sus futuros hijos: tus nietos, imbecil

 

MAS SIESTAS Y MENOS FIESTAS

    Uno, que ya peina canas y tiene la desgracia de vivir cuasi pegado a un espacio municipal donde, mira por donde, se celebran todos los saraos del puñetero barrio, está un poquito hasta las narices del personal que está deseando que toquen para bailar y de no pegar ojo la mitad de las noches estivales entre fiestas, ferias, verbenas y carnavales -sin haberlo deseado me ha salido un pareado-.

    Harto de borrachos, petardos, macarras, fulleros, crianças gritonas de padres huevones, harto de peñas, peñistas y peñazos que huelen a choto, harto de bares mugrientos regentados por orientales menudos y guarros o por españoles gordos y sin afeitar, con terrazas aún más mugrientas, llenas de clientes vocingleros que dificilmente superarían un test de inteligencia bovina.

    Si, mi barrio se ha vuelto espeso, lodoso, un barrio embarrado, como ya escribí hace algunas fechas, un lodazal humano que florece con los primeras notas de Paquito el chocolatero. Mastuerzos subvencionados con el pan del subsidio y la ayuda familiar y entretenidos con el circo de orquestas infames escupiendo metralla verbenera  para guripas y patanes. Pan y circo del de siempre.

    Válgame dios o superman.

 

ESTÚPIDAMENTE CORRECTO

  

    El otro día coincidí en mi deambular fotográfico por mi ciudad con una manifestación de ... no se muy bien qué, ya que cuando llegué a casa y lo comenté a mis hijos mileneals, saltaron como fieras a corregirme. Yo creía que era el día del orgullo gay, pero resulta que a lo que asistí fue a una concentración de LGBT, a saber: lesbianas, gays, bisexuales y transexuales.

    Voy a tener que ponerme al día en léxico-correcto-no homófobo-ni cavernícola. Y eso que me creía moderno, tolerante y chupiguay.

    He educado a mis hijos en los valores de libertad, pluralidad y respeto, pero también de la sencillez y el sentido común, y si resulta que no soy capaz de ponerme al corriente en la proliferación de nuevas siglas ni en el afán taxonómico de los amantes de la puñetera correcta clasificación de cada objeto, sujeto o concepto, pues bueno, pues vale, pues me alegro.

    Me vais a dejar en paz, por favor.

 

CUESTA ABAJO Y SIN BRÚJULA

    Los que hemos sido padres en democracia nos hemos encontrado con la papeleta de tener que educar a nuestros hijos en un país que había modificado la escala de valores, donde conceptos como respeto, disciplina y autoridad habían perdido parcial o totalmente su fuerza y razón de ser.

    Los que hemos sufrido los rigores de una educación religioso-tenebrosa con sumisión a todo lo que oliera a incienso y los temores a la autoridad paterna y seglar con su correspondiente anulación de la propia voluntad, nos hemos encontrado de pronto conque aquí mandan los huevos de los chavales y que si te resistes, te encuentras con una sociedad imbécil, que en un giro de péndulo, ha abolido tu autoridad como padre y ha anulado todas tus prerrogativas como educador.

    En este afán estupido-protrector de los menores hemos conseguido una generación que tutea a sus profesores, ningunea a sus padres y se cisca en cualquier intento de meterles sentido común en la cabeza.

    Una generación llamada a realizar en un próximo futuro una mejor distribución de la riqueza, hombres que llevarán a cabo un desarrollo sostenible de la economía con respeto a los hombres y al medio ambiente y unos hijos que sin lugar a dudas, en base al amor que siempre profesaron a sus mayores, cuidarán de ellos proporcionándoles unas esplendidas condiciones económicas y sociales para que se vayan de este puñetero mundo sin maldecir a su progenie.

    Tengo fe, estudié en un colegio de curas.

 

COACHS Y CARADURAS VARIOS

        Yo ya no entiendo nada. Resulta que en los últimos años está prosperando en nuestro país una figura importada de los iuesei junto con su correspondiente palabrita: los coach -se pronuncia couch-.

    Esta simpática especie, aprovechándose de que cada vez hay más gilipollas en el planeta, se pega a los mismos como una rémora para explicarles como han de vivir, de pensar, de comprar y de relacionarse, y para ello esgrimen conceptos como la empatía, el pensamiento positivo, la autoestima, y medio millar de zarandajas más puestas de moda en las dos últimas décadas, amén de las socorridas chorradas orientales que las entenderá su meretriz madre.

     Todo débil de carácter necesita un coach siempre que pueda pagarlo, y si no, le queda el recurso de comprarse esas estupideces encuadernadas que son los libros de autoayuda, que, teniendo en cuenta que los titula quien los escribe, no me cabe la menor duda de que son de auto-ayuda.

    Venga chicos, a hacernos todos una lobotomía.

 

DESOBEDIENCIA DEBIDA

   

    Hay que ver lo que le gusta al personal decirte lo que tienes que hacer. Nací en plena dictadura, en el cincuenta y cinco y desde mis padres, que con autoridad protectora te enseñaban a ser educado y no escupir a tu primo, el imbécil, desde mi primer maestro que a mis diez tiernos añitos me enseñó el sistema métrico decimal a hostia viva, pasando por cualquier siniestro ensotanado, que te metía el respeto a los diez mandamientos entre pecho y espalda con la administración de un sacramento apócrifo, o la figura de autoridad civil o militar que se les pasara por el arco del triunfo, cualquiera te podía inculcar por vía expeditiva el patriotismo, la disciplina, el deber y la adhesión al régimen.

     La mayoría de edad preconstitucional se otorgaba (con dos cojones) a los veintiún años, y como dio la casualidad que coincidió con el referéndum para la aprobación de la Ley de la Reforma Política, resulta que conseguí mi mayoría de edad civil y mi mayoría de edad política al mismo tiempo. Juré solemnemente que no me iba a someter nunca más a ninguna autoridad civil, militar o religiosa. Y lo conseguí en alguna medida.

     Me libré de la autoridad militar, primero porque se había acabado la dictadura, y segundo porque me fumé la mili gracias a una miopía galopante que resultaba altamente peligrosa para manejar armas de fuego.

     Para librarme de la autoridad eclesiástica no tuve que hacer nada más que ignorarla hasta que hice el paripé de pasar por vicaría para casarme.

     Ignorar la autoridad civil siempre ha sido más complicado. Desde la perentoria necesidad de trabajar, para la cual tenía que someterme a los absurdos dictados, de un cretino, hasta la arrogante exigencia de todo el puñetero código civil y penal, me ha resultado muy difícil sortear tanta normativa y tanto soplagaitas a los que me he pasado por el arco del triunfo siempre que he podido.

     Los sicarios de los tiranos siempre han alegado la "obediencia debida" para justificar sus tropelías y escaquearse de la acción de la justicia, como si no tuvieran el criterio necesario para discernir lo justo de lo inadmisible, ni la valentía precisa para sortear las órdenes recibidas. Yo alego la desobediencia debida para no admitir como borregos todo lo que se nos sigue intentando imponer a pesar de los cuarenta años que llevamos de democracia y a los más de tres millones de años de evolución de nuestro puñetero cerebro.

    Pues eso.

 

TONTOS DE LAS PELOTAS

 

     Ignoro por qué mecanismo mental un hombre adulto se humedece cuando ve a otro puñado de hombres correr para atrapar, arrojar, golpear y meter un objeto esférico u ovoide en un cesto, unos palos, un agujero o una tronera. Solo lo entendería si las que se afanan en tan esteriles tareas fueran mujeres, y es que ver señoras correr, sudar y pelearse, siempre nos ha puesto a los varones.

    Yo, como todos los niños,  he perdido el tiempo con pelotitas de todo tipo con el nada razonable fundamento de que fortalecía mis músculos, mejoraba mis reflejos, aprendía el concepto de equipo y un montón de chorradas más. Pero, bueno, uno crece y ha de aprender a tener criterio y mandar a tomar por saco todas esas estupideces, más cuando quien las practica es un niño pijo que cobra más de lo que tu linaje pasado, presente y futuro lo hará por los siglos de los siglos, ... y gracias a tí, que eres su alimento.

    No soy amigo de prohibir melonadas si  éstas no me afectaran personalmente, pero resulta que los deportes monopolizan los medios audiovisuales en una amplia franja horaria, los hinchas de mi ciuidad acaparan el transporte público cuando juega el desastroso equipo que los representa y tengo que volver andando del trabajo, y ya puedes olvidar hacer vida social si retransmiten cualquier estupidez de esa índole por televisión, aunque para los talibanes del deporte acudir en masa a espectáculos tan lamentables es también hacer vida social.

    Estoy dispuesto a admitir que ser espectador de un evento deportivo puede tener cierta similitud con ver un thriller por lo que tiene de inquietante e impredecible, pero el desenlace es casi siempre frustrante, vamos una mala película.

     Si a pesar detodo lo expuesto, el personal sigue acudiendo tozudamente, domingo a domingo, a estadios, pabellones o pistas, a fustigarse, cabrearse e incluso a infartarse, no me queda otro remedio que pensar que son tontos de las pelotas.

 

QUE SE REINVENTEN ELLOS

         

            Estoy un poco hasta las narices de una neo-expresión acuñada por los neo-liberales, que en su afán desinteresado de dirigir nuestras vidas han acuñado el concepto de “reinventarse”. Para ellos, reinventarse es que tires a la basura toda tu formación y experiencia cuando te despiden de sus reinventadas y cambiantes empresas buscando rendimientos a corto plazo con una plantilla volatil en la que sólo encajas durante seis meses y si te mola un sueldo bangladeshiano.

            Estos pijos que te piden que te reinventes a ver si encajas en su nueva y remodelada empresa haciendo lo que sea por una miseria, no se han reinventado jamás. Son ricos con un pedigree que se pierde en la noche de los tiempos.

            Sus padres, abuelos y tatarabuelos se hicieron ricos traficando con esclavos, explotando a sus trabajadores durante generaciones, especulando en bolsa o con el estraperlo. Sus reinventos, escasos y siempre conservadores solo iban encaminados a acumular patrimonio a costa de empobrecer a otros.

            Reinventate, que ellos ya están más que inventados.

 

VEGETARIANOS, VEGANOS Y VEGASICILIANOS

              Todas criaturas del Señor caben en este mundo, veganos incluidos, pero sin olvidar el undécimo mandamiento: ¡No serás cargante!

         En su afán taxonómico y de destacar en algo, el ser humano se pega la vida etiquetando y etiquetándose.

         En lo nutricional, se ha desplegado todo un surtido de calificativos:  frutívoros, insectívoros, carnívoros, omnívoros, antropófagos, xilófagos, coprófagos, anoréxicos, bulímicos, vegetarianos, ovo-lacteo-vegetarianos, vegetarianos estrictos, y más recientemente veganos. Humildemente yo me considero vegasiciliano.

         Y es que cada uno, en lo alimenticio, como en el sexo, puede elegir la opción con la que se sienta más cómodo, pero no se puede ni debe hacer proselitismo, ni demonizar a los que no te siguen el rollo.

         El ser humano ha desarrollado un volumen craneal de mil cuatrocientos centimetros cúbicos gracias a su alimentación omnívora, sin la cual tendríamos un aparato digestivo hipertrofiado similar al de un rumiante en detrimento del crecimiento del cerebro. En definitiva: somos lo que somos por consumir carne.

         No puedes acusarme de que como cadáveres cuando tú comes brotes de plantas que vienen a ser los corderos lechales del mundo vegetal. No puedes acusarme de que se ejecutan animales para mi supervivencia cuando tú no dudas en tomar un antibiótico que mata bacterias con el mismo fin. No puedes acusarme de necrófago cuando en cada inhalación metes en tus pulmones  y estómago miles de cadáveres de ácaros, no puedes atacar mi conciencia tildándome de asesino de animales cuando posas tu inmaculado culo sobre un sinfín de vida microscópica cuando te sientas en cualquier parte.

         Porque, ¿qué tamaño, naturaliza, o personalidad ha de tener un ser vivo para que tú decidas si merece vivir o no? ¿una ameba, no porque no tiene ojos?, ¿un pollo, sí porque es mono cuando nace?, ¿un insecto, no porque te pica?, ¿una ternera, sí porque parece que te entiende?, ¿una anaconda, no porque puedes ser tú su comida?

         No eres superior a mí por alimentarte con puerros, my friend.

         Yo jamás pensaría lo propio en mi condición de torreznivoro.

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YONQUIS DEL VOLANTE

 

         No tengo coche ni carné de conducir, ni puñetera falta que me hacen. Ya tengo unos genitales con los que estoy agusto.

         He podido prescindir de automóvil durante sesenta y un años, viviendo en una ciudad de tamaño medio, usando mis piernas y el transporte público y he viajado por todo el país y por toda Europa.

         Pero siempre habrá yonquis del volante que afirmarán que “no se puede vivir sin coche”, claro, que tampoco pueden vivir sin televisión, sin móvil, sin microondas y sin lavaplatos. Hay que ver la cantidad de cosas sin las que no podemos vivir.

         Hemos conseguido hacernos esclavos de un montón de chismes, pero, de todas ellas, la más prescindible es el coche.

         Hay excepciones, concretamente cuatro: profesionales (taxistas, comerciales, …), currelas sin transporte público ,discapacitados y funcionarios con coche oficial (asimilable al grupo anterior). El resto, queridos, permitidme que os desvele una realidad incuestionable, no necesitáis el coche para un carajo.

         Sé que muchos de vosotros vais a alegar que no es verdad porque perdéis  tiempo de tocaos los huevos en el sofá, no se puede comprar el periódico porque tenéis que caminar doscientos metros, ni podéis ir a ver la fuente del Jiloca cuando os salga de los gemelos del sur.

         Todo esto es verdad, pero pensad un momento en la porquería que soltáis a la atmosfera, el tiempo perdido en buscar aparcamiento, los cabreos con otros conductores, con peatones, con el taller y con el ayuntamiento, la Guardia Civil y la Dirección General de Tráfico,

         Si todo esto os la suda, pensad en algo que seguro que no: la pasta. Un coche de gama media puede costar unos trece mil euros, divididos para diez años de vida media, supone mil trescientos euros al año. Si añadimos el mantenimiento que incluiría combustible, seguro, aparcamiento, revisiones, mantenimiento, impuesto de circulación, limpieza y multas, añadan tres mil euros más al año. Total: cuatro mil trescientos euros al año, trescientos cincuenta y ocho euros al mes, doce euros al día.

         Por ese dinero voy en taxi donde me salga del níspero, como un marqués.

                Y que se estrese el taxista.

             

SOCARRONERÍA TRADEMARK

                El año pasado para estas fechas, mi hermano Mario me propuso un trabajo no remunerado que consistiría en ilustrar un libro que estaba pergeñando sobre la creatividad, al que yo me apresuré a sugerir el título de “La creatividad y la madre que la parió” cuando como ya digo no era más que una idea esbozada, y es que me pirra empezar la casa por el tejado. La idea era desenmascarar falsos conceptos sobre la creatividad y poner al microscopio a ese pintoresco personaje, el cual, gusta autodenominarse “creativo”.

                Como no sé decir que no a trabajar por la filo, acepté inmediatamente, si bien he de reconocer que tenía mis dudas sobre el buen fin del proyecto, no tanto por la asombrosa capacidad de trabajo que tiene mi hermano, sino por mi fidelidad y cumplimiento.

                Y es que los artistas e intelectuales pata negra entre los que me incluyo, somos veleidosos y temperamentales y lo que parece una idea genial durante una borrachera de absenta, puede no serlo tanto durante la resaca con ibuprofeno. Pero el fin era noble, y si algo caracteriza a esta familia mía es su inquebrantable tendencia a perder el tiempo en tareas de nula rentabilidad, eso sí, haciendo un alarde de creatividad  con la inevitable marca de la casa: la socarronería, la ironía o la retranca, como ustedes gusten.

                El libro, contradiciendo mis más oscuros augurios, se terminó y autoeditó en papel bueno y a todo color costándole una pasta a su autor como colofón a los cientos de horas empleadas en tan lucrativo proyecto.

                Pero, como otra de las características que adornan a esta familia mía es la tozudez, cabezonería o persistencia, como gusten, además de una memoria frágil, nos hemos zambullido de nuevo en otro proyecto quizá más ambicioso por lo específico: la publicidad, el cual, dios mediante, verá la luz en a la vuelta del verano,  básicamente por mi culpa, porque el texto ya está muy avanzado. Esta nueva maravilla de reflexión y arte torero se titulará: “Maldita publicidad, ¿quién consume a quién?” y es un ensayo irónico sobre la publicidad  y una denuncia de la manipulación que ejerce la misma sobre los incautos mortales.

                Estamos desbocados, preparaos para lo peor.

 

EN BOCA CERRADA NO ENTRAN HOSTIAS

    Ya es otro día, y de nuevo toca iglesia, fabricante de humo y fuente inagotable de humor y de horror. Queridos hermanos: hoy analizaremos cómo una institución milenaria, hipócrita siempre, criminal -sin castigo- en alguno de sus periodos, corrupta y corruptora ocasionalmente por obra y gracia de algunos de sus miembros -nunca separados de su seno-, se permite opinar sobre lo divino (allá ellos) y sobre lo humano (pobres de nosotros).

   Consejera matrimonial sin conocer las mieles ni las hieles de la convivencia marital -aunque sí de la coyunda de pascuas a ramos-, instigadora de comportamientos éticos para sus parroquianos -manda huevos-, vigilante de virgos -y despojadora de ellos ocasionalmente-, represora de lividos -dominus magister inter hominis-, la iglesia no ha perdido ocasión de meter sotana donde nadie la ha pedido opinión, ha bendecido baterías de artilleria golpistas durante la guerra civil, ha mirado a otro lado durante el holocausto, y ha compartido mesa y palio con dictadores, azote de la homosexualidad cuando es común entre sus miembros, obligados o no por unos dictados absurdos impuestos hace siglos por las mentes enfermas que habitualmente han gobernado la cosa.

    Personalmente, me contraeduqué en un colegio de curas. He visto a un religioso tirar del pupitre a un compañero de una hostia -sin consagrar-, he recibido yo mismo algún que otro sacramento de la misma índole del mismísimo fundador de mi personal Auschwitz, canónigo del Pilar para más señas,  y cuando quise huir, la única inquietud que desperté en mi ensotanado tutor fueron mis hábitos masturbatorios.

    Siempre que he recurrido al onanismo, he visto ante mí su anhelante jeta y todo se ha venido abajo. ¿Sería lo que pretendía?

   

HOMOSEXUALES, HOMOFOBOS Y MEDIOPENSIONISTAS

    Todo homófobo esconde un homosexual reprimido. Es una negación de sus verdaderos instintos. Odian lo que son y proyectan su odio a aquellos cuya homosexualidad es más evidente.
    Colectivos como fuerzas armadas, paramilitares, deportistas, trabajadores manuales, amantes de la automoción o de la maquinaria pesada, todos ellos semillero de homofobia donde lo haya,  tienen en común un sospechoso y exacerbado culto a la fuerza muscular o motorizada, a las duchas compartidas, y a darse palmaditas de camaraderia como signo de que son tan machos que pueden permitirse tocamientos equívocos.

    Algunos hemos sabido de homosexuales que han sufrido un auténtico calvario en el servicio militar siendo humillados por compañeros y superiores, quienes probablemente, se vestían con la ropa interior de sus novias y esposas frente al espejo.

    Muchos hemos asistido a conversaciones de barra de bar donde los machitos de turno hacen mofa del compañero, pariente o vecino homosexual por el simple hecho de que tiene más dignidad que ellos y no lo oculta.

    Todos hemos tenido conocidos personajes que se despelotan con cualquier escusa para exhibir sus depilados y musculados cuerpos haciendo ostentación de pectorales, culo prieto y genitales colgantes (no hay un espectáculo más lamentable desde mi punto de vista, nunca mejor dicho).

      De la iglesia, ya hablaré otro día.

 

FLEXIBILIDAD HORARIA

            No consigo que se me quite la cara de tonto cuando llego treinta minutos antes a mi trabajo y veo como médicos, enfermeros, celadores y maintenance men ya se están pirando (quien no lo haga, ¡premio!: piruleta de menta).

            La cara ya es de gilipuá cuando veo, que a más a más, los médicos entran, sin prisa, treinta minutos tarde.

            Eso si, cuando las listas de espera llegan hasta los medios de comunicación, abrimos consultas y quirófanos por las tardes porque en tan imaginario horario no se puede ver a todos los pacientes.

            Manda webs.

 

EL DESASTRE EN CIFRAS



    En mi profesión (soy enfermero para quien acabe de aterrizar aquí), es muy frecuente encontrarse con un tipo de paciente que ha metido tanto tiempo en hospitales que le podrían convalidar algún curso de medicina, ... o de gramatica parda. No hablo del paciente que desgraciadamente ha sufrido una serie de reveses de salud sin comerlo ni beberlo, sino de aquellos que su vida es un puro desastre porque han hecho siempre lo que les ha dado la real gana, pasándose por el forro escrotal  u ovarial las indicaciones médicas y de enfermería sobre medicación, dieta, hábitos de vida y seguiemiento de su enfermedad. Este segundo tipo de enfermos suele atesorar unos historiales clínicos que estoy empezando a medir en centímetros de grosor para hacerme una somera idea del gasto sanitario que han generado en sus caóticas vidas. Teniendo en cuenta que un sobre de un historial médico repleto puede medir quince centímetros de grosor, y teniendo en cuenta que este tipo de pacientes puede sumar hasta tres y cuatro tomos de historia clínica -pongamos dos tomos de media-, esto nos daría treinta centímetros de grosor de historial médico. Si tenemos en cuenta que en un centímetro caben unos treinta folios, esto nos da un contenido de novecientos documentos incluidos en dicha historia.
    Cada folio suele recoger resultados de analíticas, informes de todo tipo de pruebas complementarias (rayos, escáneres, ecografías, resonancias, gammagrafías, eco dopplers, etc), informes de resultado de diversos tratamientos, informes quirúrgicos, informes de consulta a especialistas, informes de asistencia en urgencias e informes de hospitalización. Si evaluamos económicamente cada uno de dichos documentos, podemos encontrar un gran surtido de costes: desde los treinta y cinco  euros de una analítica ordinaria a los cien euros de una resonancia o un TAC, pasando por los mil euros de un día en una cama hospitalaria o de los mil seiscientos de un día en una unidad de cuidados intensivos, por no hablar de los siete u ocho mil euros de media de una intervención quirúrgica. De tratamiento farmacológico podemos decir por ejemplo que saltibanquis como son estos personajes de los tratamientos antibióticos, han cosenguido hacer sus gérmenes resistentes a casi todo, así que una antibioterapia para esa peña puede costar mil euros y más diarios (verbigratia: zyvoxid: 678 euros/unidad). Se me olvidaba decir que la mayoría de estos pacientes o no han cotizado nunca o lo han hecho de forma irrisoria en relación al gasto que han generado. Haciendo un cálculo pedestre, teniendo en cuenta los costes referidos, podemos otorgar a cada documento, siendo muy conservadores, un valor medio de trescientos euros, y por tanto, a cada centímetro de grosor de una historia clínica puede salir fácilmene por unos nueve mil euros, es decir, un tomo: ciento treinta y cinco mil euros, dos tomos doscientos setenta mil euros, tres tomos cuatrocientos cinco mil euros, y así sucesivamente.
    Todo esto viene a cuento porque para más inri, estos pacientes son especialmente egoistas, insolidarios y acaparadores de recursos y de atención sanitaria, exigiendo constantemente el cumplimiento de sus absurdas peticiones, hablándote de sus derechos y riéndose en tu cara cuando les recuerdas sus obligaciones. Estos troles del género humano se están cargando los recursos sanitarios con la aquiescencia de políticos imbéciles, gestores pusilánimes y médicos complacientes.


   Si eres un ciudadano normal: responsable, respetuoso y considerado y acudes en ayuda de asistencia sanitaria para ser tratado como un borrego, ya sabes lo que tienes que hacer: di que perteneces a una minoría étnica y monta un pollo.
 

ANALISTOS

                Después del éxito de los socialistos y siguiendo su estela, llegan los analistos. Un analista es un tipo que tras pasar o no por la universidad se especializa en una determinada materia, verbigratia: la economía, la política,etc. Donde no llegan sus conocimientos, es decir, a todas partes, llega su capacidad innata de aprovechar las situaciones, reptar por los despachos, satisfacer egos ajenos y un total desinterés por la ética y la veritá. De este modo tan chulo, se dedican a calentar asientos en tertulias mediáticas y en foros de toda índole.

                De analista a asesor hay un paso y mucha pasta modorra de por medio, así que si perseveran puedes verlos en consejos de administración, sedes partidarias, organismos internacionales y en Alfa Centauri preparando su expansión.

                Lo chungo de todo esto es que no dan ni una en un  99,99 por ciento de los casos, pero a nadie le importa un carajo mientras los niveles de audiencia sigan subiendo y los dividendos lluevan como maná desde nuestros bolsillos.

                Si supieran un mojón de economía o política estarían tocándose los gemelos del sur en el caribe y no asistiendo a soporíferas veladas con gente aún más soporífera.

                Yo por mi parte voy a despedir a mis “coachs” que me tienen comiendo la oreja todo el rato.

                Ya hablaré de ellos algún día.

 

ERROR FATAL

    A riesgo de ser osado voy a exponer una teoria: a Martin Luter King se lo cargaron los propios negros norteamericanos porque en su enrevesado idioma, con su confusa pronunciación, "I had a dream" ( he tenido un sueño) suena peligrosamente parecido a "I had a drink" (he tomado un trago), y lo último que necesitaban sus hermanos y hermanas en ese momento histórico era un representante borracho.
    Y si me equivoco, la culpa es del inglés.
 

    EL INGLÉS Y LAS INGLES

 

           Ya manifesté hace algún tiempo mi renuncia a aprender inglés. La tontería se me puso en la cabeza hacia los veinte años, y tomé la decisión de aprenderlo tras un infructuoso intento de ligar con una inglesa en Mallorca. Los que afirman que el lenguaje del sexo es internacional suelen ser españoles con la incapacidad innata que nos caracteriza para aprender otras lenguas así como para manejarlas dentro de nuestras bocas.

         El inglés tiene sus orígenes en primitivos pueblos anglosajones que se tapaban con pieles y rendían culto al sol y a los objetos con forma de pepino y consideraban tocados por los dioses a los individuos con dislexia. De ahí su enrevesada lengua.

         Además dicho idioma es el responsable de la asimetría económica entre los países angloparlantes y el nuestro, debido a que el tiempo que nosotros dedicamos a aprender su jerga, ellos lo dedican a prosperar económicamente ya que ellos lo hablan de serie.

         Lo dicho: el inglés solo merece la pena ser aprendido para alegrar las ingles.

 

CONTRAINTELIGENCIA

    Seré breve: algún melón del Ayuntamiento de Zaragoza ha pensado que ese es un sitio excelente para sentarse a descansar. (Una pista: los contenedores ya estaban al poner el banco).(Una idea: poner los contenederos en el despacho del alcalde).

  

EL SILENCIO DE LOS BORREGOS

    España se ha convertido en una explotación ganadera. Y lo que es peor: a todo el mundo le parece la opción más sensata. El que tiene suerte tiene comida, Hacienda lo trasquila sólo una vez al año, el pastor sólo se la zumba de vez en cuando, y los medios de comunicación le liberan de la desagradable tarea de pensar. Por último, si balas armónicamente y sigue acompañándote la suerte, igual se te reserva para un puesto de privilegio en lugar de sacrificarte tempranamente te permiten vivir unos años más dando lana, montando otras ovejas y al final, no te equivoques, aún servirás para dar cecina.

    Tú pon la tele, ahí te lo explican.

 

HABLEMOS DE ENFERMERÍA

    Hoy, sintiéndolo mucho, tengo que volver a hablar de mi profesión. Soy enfermero como ya he dicho en otras ocasiones, y el motivo de volver a sacar a relucir la enfermería es una experiencia reciente a la que no voy a aludir por ser soporiferamente aburrida, sino a que la misma me ha recordado lo que supone el trabajo de enfermero y sus múltiples conexiones e implicaciones.

    Llegado a este punto, he de aclarar que la fotografía que ilustra este escrito no se ha introducido por error: es que refleja como nada en qué se ha convertido este trabajo. Y es que lamentablemente, por sexo, tradición, cultura, o debilidad de caracter, hemos conseguido que se cree una expectativa de sometimiento al capricho de pacientes, médicos y dirección.

    Quien teoriza sobre las importantísimas e insustituibles funciones de la enfermería, sobre su independencia, su expléndida formación y su papel en una sociedad igualitaria y más humana, no se entera de nada y no ha tenido que sufrir que un paciente te llame "la chica", te presione con exigencias absurdas o te amenace con lo primero que se le ocurre. Lo triste es que muchas compañeras no hacen frente a estos comportamientos ya sea por miedo o por estupidez y que si lo hacen pueda derivar en quejas en a la  dirección o lo que es peor para ésta, en una carta a un medio de comunicación, coco malo para los gestores del centro.

    Quien teoriza, ignora al parecer que nuestras funciones específicas son todo lo ambiguas que les salga de las gónadas a nuestros superiores funcionales y jerárquicos, y enfermería, traga.

   Quien teoriza, también parece ignorar que para las direcciones somos material fungible y no les importa un carajo nuestros problemas profesionales, ya no hablemos de los personales, enfermería sigue tragando.

    Si un enfermero o enfermera sigue soportando la humillación de tratos vejatorios y chulescos por parte de los pacientes, la humillación de actitudes decimonónicas y arrogantes por parte de los médicos, la humillación de desprecio y soberbia por parte de las direcciones, debería preguntarse para qué realizó el tremendo esfuerzo que supone la formación universitaria si al final lo que tiene es un triste empleo de geisha.

    Hala, a pensar.

  

CANTO GREGARIANO

    La socialización del individuo está sobrevalorada. Uno nace sólo y se muere sólo,  y en el ínterin, está también solo. Porque ¿qué supone la comparsa que te acompaña durante dicho periodo?: las más de las veces compromisos que no te apetece asumir con personas que no te apetece ver.

    Ah, y ¡viva Buñuel! (el surrealista, no el pueblo).

 

COGÉRSELA CON PAPEL DE FUMAR

    Soy enfermero y trabajo en una planta de hospitalización y ustedes como clientes que son según la última moda en gestión, han de saber que tienen derecho a insultarme, vilipendiarme, manipularme y humillarme sin la menor consecuencia, y mi menda a callar. Y si no callo, pues nada, ustedes ponen una reclamación, que mis superiores no moveran un dedo por defenderme temerosos de que vaya usted a la prensa a contar lo que les salga del arco del triunfo y se entere every people de como gestionan esos preclaros gestores sus respectivos chiringuitos.

    A disfrutar, que es barra libre.

 

COMPAÑEROS DE FUSTIGAS

            Desde mis más tiernos inicios en el mundo laboral se me ha intentado inculcar que uno ha de integrarse en los equipos de trabajo para ser más operativos y rentables. Y ésto no sólo se lleva a cabo cumpliendo con tus deberes personales, sino respondiendo permanentemente a las necesidades de dicho equipo con el sobreessfuerzo que sea necesario. Según las reglas no escritas, además, siempre en mor de la eficacia,  debes establecer con dicho equipo una relación amigable y chachipiruli.

            Vayamos por partes: ¿quiénes forman parte de dicho equipo? Habitualmente el mando intermedio y varios currelas de distinta categoría laboral. Empezamos mal, ya que el jefe sempiternamente escurre el bulto ante los problemas y “delega” su resolución a sus acólitos, entre los cuales, como ya he dicho suele haber de distintas categorías profesionales, y el acomentimiento de los problemas se sustancia echandose el muerto unos a otros, eso sí, siempre con la sonrisa en los labios y el puñal en la mano tras la espalda.

            Sólo en una sociedad solidaria y responsable sería posible tal entelequia. Desde luego, no en la nuestra.

          Y si sigues predicando la idea, o eres un capullo, o crees que los demás lo són.

 

PATRONES Y PATANES

    Mis hijos están descubriendo el mercado laboral y flipan. Estudian y trabajan a tiempo parcial (tanto lo uno como lo otro) para disponer de algo de cash, y las alternativas laborales para jóvenes como ellos no son muy imaginativas, ... vamos, fundamentalmente de camareros.

    La hostelería en particular es un sector en el que probablemente más leyes laborales se incumplen y donde, gracias a incumplirlas, más se ahorra en salarios. Además cualquiera puede ser empresario de la hostelería, y cuando digo cualquiera, quiero decir cualquiera. Ingresas en tan prestigioso club desde que abres un bar o lo coges en traspaso (¿eh, Chin Lu?), hasta si lo que montas un emporio de cadenas hoteleras. En toda la gama de todos ellos hay un denominador común: los empleados son seres sumisos con horarios flexibles, contratos de apretón de manos (o de testículos) en muchos casos y salarios no menos flexibles, sujetos a menudo al complemento de las propinas.

    Gracias a una población cada día más empobrecida y a una juventud cada día menos preparada, los empresarios, en general, estan consiguiendo lo que siempre han ambicionado: mano de obra esclava, sin recursos económicos ni intelectuales que les toquen los dividen-dos (tienen dos).

    Y dicho ésto, me bajo al chino a tomar un carajillo de ginseng.

 

SURICATOS Y SINDICATOS

                Estas simpáticas mangostas llamadas suricatos lanzadas a la fama entre otros por el inolvidable Rey León de la factoría Disney, con sus nerviosos movimientos y adorables caritas, me han robado el corazón, …. Igual que los sindicatos, de torpes movimientos y embotadas carazas me han robado la ilusión. Ambos son de hábitos sociales, están acostumbrados a la vida subterránea y trabajan lo menos posible, pero mientras los primeros me suelen hacer reír, los últimos me hacen llorar y preguntarme que pintan además de pancartas. Nunca ha estado la clase obrera más jodida en democracia como ahora y nunca he sentido más nauseas que cuando se pasan por mi puesto de trabajo, casualmente sólo en vísperas de elecciones sindicales.

                Los suricatos se alzan de puntillas sobre la madriguera para vigilar el acecho de depredadores. Los sindicatos sólo salen de la suya para que comprobemos que siguen vivos.

                Hakuna matata.

 

HOMO DISPENSABILIS

            El hombre es un ser vivo disfuncional. Es milagroso que haya medrado hasta ser tan peligroso y prolífico como una plaga.

            Desde el mismo momento del alumbramiento se percibe que ese ser cabezón amenaza seriamente la vida de su madre cuando distiende el canal del parto y genitales maternos hasta el punto de dislocación y desgarro.

            Más tarde, en la adolescencia, es incapaz de mantener sus joyas pudendas a buen recaudo con el consiguiente riesgo de ser responsable de la creación de una familia cuando aún es incapaz de servirse un desayuno sin derramar la leche.

            Cuando por fin se hace adulto, por decir algo, se dedica a cargarse su entorno con tozuda dedicación, y cuando por fin se hace viejo y en pura lógica debería ser devorado por un depredador, ahí lo tienes todavía gastando recursos y tocando los huevos a todo el mundo.

            Si no fuera tan cobarde, le haría un favor al planeta y empezaría ahora mismo a eliminar peña empezando por unos cuantos que yo me se.

            

BARRIOS Y BARROS

                       Me considero perteneciente a la clase trabajadora, por extracción y por vocación y como tal vivo en un barrio popular, o mejor obrero que es como me gusta llamarlo a mí. Hoy gracias a la crisis nacional es más popular que obrero y gracias a la crisis internacional es más interracial que nunca. Vienen de otros países a compartir nuestra miseria, manda huevos.

             En los barrios de toda la vida, cuando salías a la calle temprano veías señores y señoras (de verdad, pata negra) que iban a trabajar y algo más tarde al resto de la familia, esposas, esposos y escolares ocupándose en sus menesteres. Luego estaba la población desocupada por obligación o por devoción repartida entre jubilados, inválidos y vagos. De chorizos y gitanos ya hablaremos en otra ocasión, cuando se extingan los melones que te llaman racista sin haber tenido que soportar a uno de cerca.

            Era un ecosistema más o menos delicado, pero que se sostenía por la simple proporción de un mayor número de personas ocupadas que desocupadas. Había ingresos en las casas, se pagaban impuestos, las tiendas se abrían, se limpiaban las aceras y en las instituciones había un número aceptable de sinvergüenzas.

            Hoy, se ha ido todo a tomar por culo. La proporción ocupados/subvencionados se ha invertido y los sinvergüenzas nublan el sol. Políticas y mercados depredadores, personificados en vástagos de meretriz que han saqueado sistemáticamente los recursos,  han envilecido el empleo y han provocado una explosión migratoria fuera de todo control que hace imposible una mínima cobertura de las necesidades de la población, amén de haber conseguido también el envilecimiento moral de los ciudadanos, que miopes como siempre, acusan a los inmigrantes de su empobrecimiento acaparando empleo y recursos sociales.

            Ya no puedo decir que me guste mi barrio, pero seguramente moriré en él y no cambiaría mis pintorescos vecinos por otros que se consideran hombres de bien y no son más que lechuguinos y salvapatrias.

 

AL PAN, SIN SAL Y AL VINO, SIN ALCOHOL

    Cada día que pasa me encuentro con más mojigatos around the world. Gente siempre dispuesta a poner sordina en la intención o en el tono de tus palabras. Personas a las que ofende más la expresión del desacuerdo que la injusticia que lo provoca. Nos hemos vuelto una sociedad de gheisas frente a los poderosos. Pues venga: polvos de arroz en la cara y vaselina en el culo.

 

DESPOTISMO CAZURRO

    No voy a hablar de dictadores, o sí, ya veré según discurra este escrito. La foto es porque no encontraba otra más aparente para ilustrar a los despotas de bajo nivel cultural.

    En realidad quería reflexionar sobre aquellas personas con cierto nivel económico o social que no habiendo leido un libro en su puta vida, se permiten tener una opinión sobre todo, y lo que es peor: imponerla. Los de arriba por lo menos se han leído el reglamento de sus respectivas armas, incluso uno de ellos escribió uno muy tocho sobre su lucha o su ducha o su trucha, no estoy seguro.

    Lo gracioso es que, como tienen dinero o poder -habitualmente ambas cosas-, el común de los pelotas, como apóstoles de un cretino que son, obedecen y predican sus rebuznos a quien quiere y a quien no quiere oirlos.

    Esta sarta de indocumentados expone, y si les dejas, impone sus opiniones, estúpidas pero inofensivas en algunos casos -digamos rico hecho a sí mismo-, o áltamente peligrosas en sátrapas en blanco y negro -ut supra-, o en oligoescasos de color naranja que no mencionaré para que no se me prohiba la entrada en Estados Unidos.

      

LOS MASTERS DEL UNIVERSO

                Las relaciones entre proveedor y cliente nunca dejaron mucho lugar a equívocos: el primero ofrece y el segundo demanda (primera ley de la termodinámica capitalista) Dicha relación perfectamente establecida dentro del marco de intereses mutuos venía regulada (salvo lamentables excepciones)  por la honestidad y el cumplimiento de los compromisos.

                Habrá quien argumente que siempre ha habido sinvergüenzas en ambos lados de la ecuación (habitualmente más en uno que en otro), pero en general, el tendero casi no te engañaba en el peso, la mercancía casi no estaba podrida y te devolvía el cambio casi siempre bien (¡qué risas más buenas en la viñeta de 13 Rue del Percebe).

                Pero llegaron a los mercados esos pijos repeinados con master en una universidad norteamericana con una renovada visión del taylorismo y de esos cretinos, también conocidos como clientes, a los que pensaban comerse vivos.

                Esos cabrones de la gomina decidieron en primer lugar que las honestas directrices del negocio de toda la vida les soplaba bastante la polla. No era necesario mantener los aceptables niveles de calidad, los precios ajustados, la publicidad veraz, el servicio posventa,  la atención personalizada, la fidelidad, y sobre todo decidieron saltarse el decimoprimer mandamiento: no tocar los cojones a los clientes ni marearlos con campañas agresivas, trámites farragosos, direcciones virtuales, servicios digitales y la hostia en vinagre.

                Los hijos de puta titulados que decidieron dedicarse a la política en lugar de al comercio redondearon la operación privatizando servicios públicos y legislando a favor de sus compañeros de fraternidad. Ya se lo devolverán "ensobradamente"de forma "sobrepticia". Mamoneo y endogamia again.

                Y el ciudadano, una vez más, haciendo el gilipollas.

 

EL NAZILIBERALISMO

         Podríamos definir naziliberalismo como la corriente ideológica que persigue los ideales del neoliberalismo con métodos nazis o fascistas. Así pues, si el fin perseguido por el neoliberalismo es el adelgazamiento del estado en lo social y la obesidad mórbida en lo económico con cierta formalidad democrática, el naziliberalismo persigue lo mismo pero con métodos dictatoriales. Y a tomar por culo las formas.

         A juicio de este humilde librepensador es lo que tenemos ahora en España.

         El Partido Popular, nido de chorizos liderado por un inútil, ha conseguido lo que no pudo llevar a cabo Paquito “el rana” en cuarenta años de dictadura: tener al pueblo sometido y empobrecido, eso sí, con su aquiescencia.

         Podemos ilustrar lo afirmado con un breve curriculum del mencionado patio de Monipodio: apartar al juez Baltasar Garzón de la judicatura porque tocaba las narices con la persecución de asesinos durante la dictadura o a cualquier otro magistrado que hurgue en sus vilezas, la aprobación de la ley “mordaza” que atenta contra la libertad del ciudadano para expresar su discrepancia con el gobierno y el estado, el uso mafioso de la fiscalía para atacar cualquier iniciativa  en contra de sus intereses partidarios, el sistemático boicot a cualquier comisión de investigación de sus tramposas actividades, la actitud chulesca con los medios de comunicación –es decir, los responsables de informar a los ciudadanos-, largándoles un monólogo en un plasma sin la posibilidad de réplica… ¿seguimos?

         He pasado casi rozando lo de la aquiescencia de los gobernados, pero merece cierta matización: no todos los españoles somos tan jodidamente gilipollas como para haber votado a tan sublime imbécil, … pero ¿qué vamos a hacer?, esto es una democracia y vale lo mismo tu voto que la de un descerebrado cualquiera.

               ¡Viva Robespierre!

 


LAS SEDUCTORAS CHICAS DE JAZZTEL


    Queridas teleoperadoras de Jazztel, os perdono. Me habeis jodido la siesta como cuarenta veces, pero existen elementos que contrarrestan y compensan vuestro iinquebrantable propósito de torturar al personal. No se trata de que me haya convertido a ninguna religión especialmente comprensiva con los cabrones, sino que tras reflexionar un rato, he descubierto que si bien vuestra tocadura de huevos persistente y diaria fue un suplicio durante un tiempo, lo cierto es que tambien la seductora y exótica voz con que me regalais en mitad de un sueño anodino, ha trocado éste en otro cálido y húmedo en muchas ocasiones apenas os he colgado. Y cuando esto no funciona, he instaurado la costumbre de ver la 2 de RTVE, que a esas horas emite también sin fatiga el documental donde el jodido guepardo caza la jodida gacela Thomson y las jodidas hienas le arrebatan la jodida presa por enésima vez.
    El sueño vuelve y yo me reconcilio con vosotras, seductoras chicas de Jazztel,....ahhhh.

 

VIEJOS: NO TE HACEN CASO EN EL OCASO

            En mi calidad de enfermero ya hablé en otra ocasión del anciano hospitalizado donde hacía un alegato en favor de la eutanasia. En estas líneas voy a abrir el foco y hablaré del anciano en general. Para ello estableceré tres categorías: 1) el viejo en cautividad: se trataría del que acabo de mencionar, 2) el viejo en semilibertad: anciano institucionalizado en un asilo o residencia para los amigos de los eufemismos, en casa de la hija, o -¡Dios nos asista!- en la de la nuera, y que tiene cierta autonomía de movimientos extramuros, y 3) el viejo en libertad que es aquél aún vive en su casa.

            Sobre el primero no me extenderé más y les remito a una entrada que hice hace algún tiempo y que titulé “Una consideración ética” en la que hablo del abandono que sufren ese tipo de ancianos y del encarnizamiento terapéutico del que son objeto en muchas ocasiones.

            He conocido de cerca al viejo en semilibertad ya que también he trabajado en un asilo (¡huy!, residencia, para los mojigatos) En estos centros hay toda una variedad de personas mayores, muy mayores y extremadamente mayores, los cuales son clasificados por los profesionales también en tres categorías: autónomos, semiautónomos y dependientes (como podrán ustedes apreciar no paramos de clasificarlos como si fueran cerezas del Jerte).

Pues bien, sin entrar en consideraciones de si se trata de centros públicos (¡oh my God!) o privados (¡oh my Jesus Christ!), realizaré una descripción del ambiente que se respira en los mismos: amoniaco, ya está. Bueno perdón por la broma, porque aunque es cierto, aún no está del todo explicado el surrealista mundo de un centro de este tipo, hasta el punto que merece un punto y aparte.

            Situémonos: un montón de ancianos en distintos tipos de dijievolución que o bien se encuentran en su habitación haciendo cosas de viejo, o compartiendo espacios comunes: la sala de estar, el comedor, o la sala de espera del médico –si lo hay- del centro. Dejaremos a los que están en su habitación en su preciado espacio de seudointimidad, como ya he dicho haciendo sus cosas, y nos damos una vuelta por la sala de estar. Si tenemos suerte los veremos mirando el televisor, mirando el vacío o jugando al cinquillo con otros colegas de juerga de haloperidol. Si no tenemos suerte, los veremos en un animado baile organizado por el personal y que mostrará la cara más fea, patética y abracadabrante de la vejez: ancianos con osteoporosis haciendo méritos para el próximo ingreso en traumatología, eso sí, con forzadas sonrisas que exhiben sus perfectísimos dientes de resina acrílica.

            En la antesala del médico, bueno, pues ya se sabe: compitiendo por quien tiene más bypass, más artritis o toma más Sintrom. Pueden ser batallas encarnizadas. De aquellos que conmueren con familiares hablaré en otra ocasión.

            El viejo en libertad es mi favorito, todavía conserva algo de nobleza: come lo que quiere, se administra las pastillas con creatividad y revienta un día con la sonrisa en la boca porque se ha pulido en putas la herencia de sus deudos.

            Reciba un cálido homenaje.

 

LOS NUEVOS PIJOS

                Es difícil abandonar un cliché, y uno de los más poderosos es el de los pijos. Históricamente, un pijo era una persona –generalmente joven, aunque no necesariamente-, que provenía de una familia adinerada o con la suficiente tontería para creerse que era así.

                Tenían gustos caros: vivían en lujosas urbanizaciones o en el centro de la ciudad,  llevaban ropa de marca, comían en los mejores restaurantes, viajaban a destinos exclusivos, hablaban siseando y su expresión facial oscilaba entre una sonrisa resplandeciente y la de materialización del hastío dependiendo si los mirabas o no. Sus preocupaciones intelectuales nunca iban más allá de “que me pongo esta tarde” o de “como le jodo esta tarde a Pituca”

                Bueno, pues esa especie de pijos ha muerto aunque ellos no lo sepan.

                El pijo de hoy está convencido que tiene un pensamiento progresista, un cónyuge triunfador y unos hijos portentosos. Sigue teniendo gustos caros, aunque como "progresista", no presumirá de ello, sino que lo que manifiesta es que lo que le gusta son los productos ecológicos, la ropa cómoda – y si es de marca, ¡mira que casualidad!-, viajar por todo el mundo con su inglés rudimentario, la gastronomía internacional y un montón de pijadas más siempre que estén sujetas a las leyes de una economía sostenible. Lo que no parecen ver, es que si toda la población aspirase a ese modo de vida no habría economía humana que la sostuviera, salvo, claro está, que sostengas ese edificio con una fuerza de trabajo esclava, que ¡mira qué casualidad!, es la que tenemos en estos momentos.

                Pues ¡hala, majos: a disfrutarlo!

 

UNA DE ZOMBIS

 

    La literatura fantástica se ha nutrido históricamente de seres malévolos que chupan la sangre, se convierten en lobos en noches de luna llena, de momias que despiertan de sus tumbas milenarias cuando se aplica el adecuado ritual, de fiambres ambulantes, de monstruos fabricados con trozos de cadáveres, etc…… que desperdicio de imaginación cuando tienes a los fachas ahí mismo.

    La derecha “civilizada” y la derecha ultramontana dan suficiente miedo para no tener que perseguir pesadillas en la ficción.

    Si quieres conocer chupasangres, zombis, momias o cualquier otra sabandija repulsiva, sólo tienes que darte una vuelta por cualquier círculo de poder político, económico o social,  donde los verás materializados en un asqueroso chapapote que lo contamina todo, una mierda unida, cohesionada por intereses espurios, una porquería soberbia, endogámica y depredadora una masa corporativa pútrida, un lixiviado tumoroso presentando un frente sólido, un tejido social compuesto de "eminentes doctores", "insignes juristas", "preclaros políticos" , "beatíficos clérigos", "ejemplares alumnos", "virtuosas madres", "sacrificados soldados",  y "esforzados empresarios", todos ellos impermeables a cualquier cambio que no hayan decidido sus santos cojones.

    Y parece que va para largo. A joderse o a las barricadas (simbólicas, por supuesto, señor juez).

 

SUPERVÍBORAS, ENCARGADOS Y OTROS MANDOS INTERMEDIOS

        Servidor ha tenido la desgracia de ser un contestatario tocapelotas desde que recuerda, y por tanto ha ocupado siempre puestos de trabajo en un lugar bastante desfavorecido en las cadenas de mando.

    Esto me ha posibilitado sin embargo conocer la rica fauna de los arribistas, pelotas y mierdecillas que suelen optar y conseguir el discutible honor de ser un mando intermedio.

    Para los profanos, un mando intermedio es el jamón de york del sándwich, es decir, empanado por arriba (dirección) y empanado por abajo (compañeros), en otras palabras, y empleando otro término más nuestro: emparedado, para que no parezca tonto del todo y nos dé un poco de lástima.

    Se trata de compañeros renegados que se ha pasado al lado oscuro de la fuerza mediante la ingesta de una poción que los convierte en cancerberos de discrepancias, concertina de disensiones, ejecutores de disciplinas y muralla protectora de los dioses del Olimpo, amén de correa de transmisión de cualquier ocurrencia de los mismos.

    El menda que sufre alergia congénita a la autoridad ha conocido suficientes elementos de esa especie para asegurar que el mundo estaría mejor sin ellos. ¡Señores Dioses de la Jefaturas: llenen sus plantillas de trabajadores serios y competentes y no tendrán necesidad de una figura tan lamentable!

    Para ser sincero solo se me ocurre un inconveniente: no les quedaría nadie para hacerles la pelota.

 

CUIDADORES DE CUIDADO, DEUDOS DE DUDOSA MORAL

    Habla de nuevo el enfermero más dicharachero de la zona Salud. Hoy sobre humor y horror, digamos hurror.

        Respecto a la parte humorística, sobre estas líneas vemos dos tarjetas que servidor se encontró el otro día en el lavabo del baño de la planta: dos teléfonos diferentes de cuidadores, dos precios idénticos, … pero sólo en apariencia, porque si miráis con detenimiento la tarjeta de la derecha de la imagen veréis que parece sugerir que Nuestro Señor tiene algo que ver, y por lo tanto, comparativamente es bastante más barato frente a lo que ofrece la agnóstica y funcional de la izquierda.

        En lo que se refiere al horror, en la realidad nos encontramos con que las personas que al final vienen a cuidar a los enfermos, habitualmente con otros acentos y diferente color de piel, no vienen en compañía tan noble, sino arrastrando una existencia cargada de desengaños, humillaciones y fatigas.

        La tentación de compadecer a dichas personas es grande, pero no lo haré en beneficio del más débil: el enfermo, habitualmente anciano, semi o totalmente abandonado por su familia que le parece bien pagar 25 Euros para que una persona pase la noche en vela, pendiente del viejito, de si se destapa, de si se arranca las vías, de si se come sus propias heces, o de si se muere. La cantidad mencionada es miserable si de verdad pretendemos tener a una persona dedicada en cuerpo y alma durante toda una laaaaaaarga noche desvelada, preocupada y ocupada con un enfermo de esas características. Pero nos han enseñado que las leyes del mercado son así: oferta y demanda, es decir ofrece una mierda y demanda cuidados cinco estrellas. Mira, a veces no me extraña que en muchos casos dichos cuidadores se peguen la noche durmiendo.

 

 

    CON LA CARA Y EL CULO AL AIRE

 

             Que quienes nos administran son tontos del culo creo que ha quedado sobradamente demostrado, pero abundaré un poco más en la idiotez institucional con un detalle de oligofrenia administrativa. Resulta que en el hospital donde trabajo me exigen que lleve un carnet identificativo colgando de mi uniforme donde figura mi nombre, apellidos y categoría profesional. Estoy hablando de una profesión –soy enfermero, como ya he dicho otras veces- que los pacientes y sus familias creen vocacional, y por tanto que tenemos que aguantar sus manías, caprichos, imaginativas exigencias, etc., y si no les mola nuestra actitud, el psicópata de turno sólo tienen que mirar nuestra identificación para saber con qué esclavo de la sanidad están tratando. Luego les basta con teclear ese nombre en Google para averiguar su teléfono particular y dónde vive el y su familia.

                A pesar de la enorme responsabilidad que cargamos sobre nuestras espaldas tiene más protección cualquier otro servidor público. ¿Os imagináis a un funcionario con su nombre y apellidos prendido en su ropa o a un policía plenamente identificado con una tarjetita junto a la chapa?  Pues eso, amados líderes: ¡al rincón de pensar!

 

POLARIDAD

   

    Como ya he dicho en otras ocasiones, soy enfermero de hospitalización y como todo el mundo sabe elegimos esta profesión por vocación de servicio, abnegación y altruismo. Somos ángeles que en virtud de dicha vocación hemos de estar dispuestos a aguantar impertinencias, faltas de educación, de respeto, manías, caprichos y habitos higiénicos deficientes..., vamos como una puta.

    Esto se hace patente sobre todo en dos tipos de paciente y sobre todo en sus familias: gitanos y "marqueses" entendiendo este último colectivo como personas de cierto nivel económico y social que presumen que la humanidad ha sido parida para servirles. Pues bien, aunque pudiera parecer que dos extremos del espectro social no resistirían similitudes, la realidad es que se parecen como un huevo a otro. Los denominadores comunes son incapacidad para sentir empatía, exigencias hasta acaparar todos los recursos, egoismo, intolerancia a las normas que vulneren sus santos cojones y clasismo que a menudo deriva en la endogamia.

    Conociendo como conozco las consecuencias de esta última, yo, personalmente los animo a seguir con ella.

 

 

LOS TIBIOS

Censura
       Cuando me indigno por algo (que cada día es por más cosas), no falta alguien de mi entorno que esté raudo a limar mi aspereza, a suavizar mi acritud, a explicarme como funciona el mundo y a intentar convencerme de que lo que mejor puedo hacer es tomármelo de otra manera. Son los tibios. Los que te aconsejan que "no te des mal", que "las cosas no son ni blancas ni negras", maestros del "siempre ha sido así y siempre será", de que "con los ricos ya se sabe". Posiblitan la grisura intelectual y la negrura social, alzan al poder a miserables, se someten ante los poderosos y justifican sus actos en un ejercicio de incompresinble autovejación que curiosamente incluye la palabra oveja.
    Pues nada, beeeee.
    

LOS AÑOS DEL ANSIA

Bryant Park Summer Film Festival corriendo
    Me lo parece a mí o la sociedad está entrando en una deriva que sólo puede conducir a la total pérdida del norte, de valores y del oremus.
     Se nos ha ido inculcando solapadamente en el último par de décadas un modo de entender la vida basado en el narcisismo, en la idea de que eres tonto si no aprovechas las oportunidades que te brinda una sociedad de consumo, y de que lo consigas ya.
    Para posibilitar este nuevo paraiso artificial, las grandes empresas han ingeniado todo tipo de políticas agresivas de ventas, de reducir hasta la miseria las condiciones laborales y los salarios y, lo peor de todo: que nos parezca normal, o cuando menos inevitable.
    Con permiso de Sid Vicius: gasta rápido, muere pronto y deja un explotado cadaver.
 
 

IGLESIA NOSTRA

              

                La iglesia católica lleva dos mil años funcionando. Es la organización más veterana del mundo. Ha superado cismas, escisiones, expolios, traiciones, guerras, caída de imperios, y hasta su propia podredumbre.

                Sólo se me ocurre otra organización con suficientes méritos para igualarla: la mafia.

                Mafia es un nombre propio que encierra un concepto más amplio: crimen organizado, y aunque a menudo la confundimos con “Cosa Nostra”,  ésta última sólo es la expresión siciliana de la primera, como la Camorra en Nápoles y la Campania, o la Yacuza japonesa, o la que les plazca en Rusia, China o en las chimbambas holandesas. En resumen, mafia es un epiteto que abarca cualquier actividad humana organizada, jerarquizada y con recursos humanos y económicos suficientes para enriquecerse a costa de vender falsa seguridad,¿les suena? Además según  algunos historiadores está entre nosotros desde el siglo XV. Dale tiempo.

                De hecho no es difícil encontrar algunos paralelismos a vuela pluma: preceptos rígidos, curiosamente muy similares en algunos puntos como los que se refieren a la fe ciega, respeto a las mujeres de los demás, decir siempre la verdad, o no prodigarse por las tabernas. Otros puntos coincidentes ya menos confesables son no contribuir a los impuestos, presionar a  los gobiernos, enterrar sus secretos y mentir y atemorizar a la población con terrores inmediatos o futuros.

                La iglesia siempre olerá a hipocresía y hoguera inquisitorial como la mafia huele a miedo y a pólvora.

                Amén.

 

HERALDO DE ARAGÓN CENSURA LO QUE SE LE ANTOJA

    

    Hace unos meses escribí una carta al Heraldo de Aragón para quejarme del sevicio de tranvía que nos metió por vía del articulo 33 el Excelentísimo señor, socialista, alcalde, magistrado y pareja de Mari Cruz Soriano, señor Belloch, la pera limonera, vamos.

    Para mi regocijo fue publicada con presteza, pero para mi asombro el texto fue reescrito a gusto del redactor suprimiendo de paso un pasaje que por alguna razón que se me escapa hería los sensibles sentimientos del periodista.

    Pues lo dicho, el redactor en cuestión no debe ser muy partidario de la reciprocidad y decidió suprimir dicha frase. Mostré mi desconcierto en otra carta que jamás fue contestada.

    ¡Viva la libertad de expresión!

 

MI VERDADERA CARTA Y LA PUBLICADA EN HERALDO DE ARAGÓN

ENTRAR EN EL VESTUARIO Y SALIR DEL ARMARIO

    Estoy empezando a pensar seriamente que mi empresa quiere empujarme a la homosexualidad. Por un lado ha construido unos vestuarios con unos pasillos tan estrechos entre las taquillas que forzosamente he de tener contacto carnal por muy epidérmico que sea con mis vecinos y ya se sabe que el roce hace el cariño.

     El tamaño de las taquillas no ayuda ya que son tan exiguas que al sacar una prenda arrastras otra y te obliga a agacharte con cierta frecuecia: tentación añadida.

    Luego está el grosor del papel higiénico, delicado tissue que es constantemente atravesado por los dedos que irrumpen irremisiblemente en territorios reservados para la exploración de la próstata.

    Por último,  y no menos grave, cuando entro al vestuario treinta minutos antes del cambio de turno y ya se están pirando los médicos y algún que otro compañero no facultativo insinuando "maricón el último" y esto también da bastante por el culo.

 

MEFISTÓFELES COTIZA EN BOLSA

                En 1981, el menda, entró a trabajar en una multinacional recién aterrizada en mi ciudad. Evitaré dar nombres, pero si daré pistas: fabrica automóviles y está ubicada en una capital aragonesa. Seré sincero: se me abrió el cielo. Era un contrato indefinido y yo tenía 25 años, estaba esperando el momento adecuado para casarme, y si había una alineación propicia de estrellas en el firmamento, era ésta. Eres guapo y con dinero: ¿qué más quieres, Baldomero? Bueno, pues eso, que me casé, primero con una puta y luego con una santa (la puta sigue fabricando coches y la santa aún me soporta).

                En mi bisoñez creía que una empresa de ese calibre, con la solvencia y la filosofía germano-americana era el microcosmos adecuado para que un joven como yo volcara todo su potencial de trabajo y que en justa recompensa alcanzara un puesto de responsabilidad suficiente para verme colmado personal y profesionalmente.

                Es increíble lo que puede alejarse de la realidad lo que preconizan este tipo de empresas. He mencionado la filosofía, y es que te crees como un pavo los argumentos de que has entrado en una gran familia donde cualquier horizonte futuro es posible si trabajas duro y eres un buen chico. Solo es cierto la mitad, la segunda mitad. Lo de trabajar duro se puede negociar si eres suficientemente “buen chico”.

                Ser buen chico en una empresa de éstas representa vender tu alma: te tragas toda su palabrería sin rechistar, apechugas con lo que te echen, mantienes informados a tus superiores del quién es quién y de quién ha dicho o ha hecho qué, llevas café y pones el culo. ¿Quién necesita trabajar bien teniendo todas esas virtudes?

                                 Me piré en el 89.

                Las cosas han cambiado sensiblemente en estos 28 años. Hoy parece una blasfemia quejarse de un empleo fijo en una multinacional. Pero hay dos cosas que no ha cambiado: mi alma inmortal y la integridad de mi esfinter.

 

LO SERIO Y LO SOLEMNE

                En este país de chirigota cualquier indocumentado habla con mayúsculas y escribe con escoplo sobre mármol, se da importancia, saca pecho, imposta la voz y hace el gilipollas de variadas maneras: confunde lo serio con lo solemne. Seriedad es el patrón-oro de nuestra conciencia y sentido de la responsabilidad. Solemnidad es lo que hacen los catedráticos cuando se disfrazan con toga y birretes al menor pretexto.

                En esta corrala quevedesca donde la capacidad de discernimiento está tan abolida como el pleno empleo, es frecuente confundir ambos términos. Yo he oído a un presidente de gobierno decir con una solemnidad de rilarse que España nunca entraría en la Otan y a un fontanero con gesto solemne que el lunes, sin falta, me arregla la gotera. Y también he visto gente seria, anónima y escasa, preocupándose y ocupándose, cumpliendo su palabra.

 

PURETAS, DOGMATAS Y CATETOS

 

      Con frecuencia nos encontramos en cualquier actividad humana personas que no comen, mean ni follan fuera del tiesto, es decir, todos sus actos han de estar bendecidos por la normativa vigente, cualquier veleidad digresora se castiga con fusileras críticas y garroteras viles. Son los que pueden cargase la creatividad amparándose en los cánones y quemar brujas que vuelan sin escoba y a fotógrafos o pintores que no respetan los tres tercios, profetas de la ortodoxia y el protocolo. Son los catetos que creen que sus formas y sus pueblo son mejores que los ajenos. Imbéciles esclavos del formulismo y formalismo, cretinos con reglas y normas para todo, mastuerzos del donde-fueres-haz-lo-que-vieres, merluzos del convencionalismo y la repetición, cenutrios mataingenios y meapilas de lo correcto. Perdeos en papel milimetrado.

 

REYEZUELOS, REYECILLOS Y REYES CON DOS COJONES

    La Audiencia de Palma ha absuelto a la Infanta Cristina de los delitos fiscales que se le imputaban en el caso Nóos. No así a su marido el señor Urdangarín que ha sido declarado culpable de los delitos de prevaricación, malversación, fraude a la Administración y falsedad documental… todo al parecer sin que su alteza real doña  Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia se coscara un ápice. Sinceramente…, yo estoy casado y mi mujer sabe con sólo mirarme qué he hecho en las últimas veinticuatro horas, meses e incluso años.

    No hablaré más sobre el asunto infanta-infanto-pasta, sino de una cosa menor:  la monarquía española.

    Los españoles, que tanto hemos disfrutado de esa forma de estado que es ser liderados por derecho de bragueta, hemos conocido a reyezuelos godos en la baja edad media, reyecillos regionales en la alta edad media y reyes ya con dos cojones en tiempos más contemporáneos: las dinastías de los Austrias primero y de los Borbones después.

    Consanguinidad con lo que conlleva de replicación e incremento congénito de la idiotez, displicencia, o sencillamente maldad, han aportado a este desgraciado país los mimbres para ser uno de los más atrasados de Europa.

    Cuando Juan Carlos I accede al trono de España lo hace con la trampa de meterlo en el título II, Artículo 56 de la Constitución Española, mediante la añagaza de que si no aceptamos este imperativo, no aceptamos la Constitución. Ríete tu del caballo de Troya.

    A pesar de dicha imposición, en general el nuevo monarca es aceptado por la sociedad española debido al markenting institucional, al silencio mediático de su vida privada y al espaldarazo que supone su aparición en los medios –tras cuatro horas de iniciado- del intento de golpe de estado escenificado por un teniente coronel de la Guardia Civil: Antonio Tejero del que …hasta el nombre es cutre.

    Pues bien, cuando la sociedad española casi se había reconciliado con la monarquía, reaparecen los viejos vicios de la sangre azul que hacen sangrar una vez más al pueblo por muy soberano –¡hay!- que se crea el muy cretino.

    Una vez más los Borbones nos toman el pelo, se ríen de nosotros y se fuman un puro. El que suscribe, como tantos otros españoles, en su candidez, confió en el monarca de los rizos de oro como un tipo guay que venía a una incipiente democracia a lavar la cara a una España andrajosa de cuarenta años de dictadura, pero, lo siento, Juancar, habéis perdido mi confianza. Sólo confío en que los prohombres que dirigen mi patria también hayan caído en la decepción y convoquen a referéndum para aprobar una reforma de la Constitución, ya sin figuras anacrónicas al frente de este maravilloso país.

    ¡Qué le vamos a hacer, sigo siendo un iluso!

 

PODEROSOS HIJOS DE PUTA Y GUSANOS MAMPORREROS

   

     Soy creativo, pero a ratos, a temporadas. Puedo pasar de una actividad febril a la más paralizante abulia en cuestión de un par de días. Observo que tan peculiar fenómeno obedece a diversas causas: la inactividad puede desencadenarse bien por un periodo de inusitada paz interior; bien por desinterés de lo que le pase a este jodido mundo; o como ocurre en el presente periodo lectivo , por sobrecarga emocional.

    Y es que el viejo axioma con sus variaciones de “si los cerdos volaran nublarían el sol” ya se está dando, como una profecía de Nostradamus. Desde todos los rincones del  poder político, económico, social y religioso, despegan cada día piaras de cerdos para tapar el sol y privarnos de algo imprescindible para el buen discernimiento: la claridad, la luz que desvelaría sus chanchullos. Son los poderosos hijos de puta cagándose desde las alturas sobre el guano donde se arrastran los gusanos mamporreros incapaces ni tan siquiera de levantar la voz para quejarse.

    Que te den por el culo, humanidad.

RETRATO DE UN HOSPUTAL

    Antes de nada: el título no contiene una errata.

    Hace unos días presenté una breve semblanza de un centro sanitario que conozco bien. En él hablaba de las zancadillas que la acción  o inacción de la dirección del mismo nos pone a los profesionales que trabajamos en allí. Hoy realizaré una exposición más detallada de lo que se puede conseguir con la sanidad pública poniendo el suficiente empeño.

    Al hosputal se puede acceder de dos maneras: de forma programada o por Urgencias. Si tiene usted la desgracia de llegar por este servicio, va a encontrarse en primer lugar a unos administrativos de Admisión que le van a tomar datos y lo encaminan a una enfermera mal pagada que en un máximo de dos minutos (tiempo establecido por sus superiores) ha de determinar la gravedad del mal que lo aqueja con el fin de establecer la prioridad conque le deberán atender. Es la enfermera de Triaje. Esta labor, como toda aquella que incomode a un médico, se delega graciosamente a la enfermería vendiéndole la moto de que así se amplían sus responsabilidades y se da valor a su profesión. Valor puramente simbólico ya que cobra exactamente lo mismo de lo que cobraba antes de tragarse ese bombón.

    Pues bien, a toda prisa, es usted redirigido a una sala de espera donde ha de aguardar a que suene por megafonía su nombre. Igual tiene suerte y hay partido de futbol –casi nadie se pone enfermo en esas ocasiones-y sólo tiene que esperar un  par de horas a que lo atiendan, y vuelve a tener suerte cuando lo llaman por megafonía y ésta funciona. Por ella le piden que acuda a un box -habitáculo- donde si le vuelve a acompañar la fortuna por decir algo- y se ha puesto enfermo entre el lunes y el viernes y ha coicidido que es por la mañana, lo verá un médico adjunto.

    Un médico adjunto es un señor-barra-señora que hace mucho que ha perdido la pasión por su profesión pero que tiene los conocimientos imprescindibles para que salga vivo del edificio. Si no es afortunado lo verá un médico residente.

    Un médico residente es un joven-barra-jovena que es posible que haya perdido tempranamente la pasión por su profesión gracias al millón de guardias y el otro millón de marrones que les ha empujado el médico adjunto. Es un médico que está aprendiendo a no matar pacientes y a sobrevivir en el hosputal. Por lo que sea hay una gran profusión de latinoamericanos con los que la comunicación no siempre es fluida gracias a compartir un idioma común separado por ocho mil kilómetros y cinco siglos de evolución dispar. Sólo imagínese que está hablando en esa supuesta lengua común intentando solucionar un problema con su compañía telefónica, y cambie el concepto “teléfono” por el concepto “salud”. Da un poco de miedo.

    Si consigue pasar esta pantalla y accede a la siguiente tras recibir una serie de agresiones a su integridad tisular y personal, tiene dos caminos en perspectiva: vuelve a tener suerte y sólo tiene gases y se pira, o le dicen que se vaya poniendo un pijama uni-talla y uni-sex y lo aparquen en el pasillo ya que una de las salas de observación está cerrada porque es caro mantenerla abierta y es mejor gastar el dinero en pagar indemnizaciones cuando se sustancien tras un proceso judicial impulsado por un usuario.

    Si los hados vuelven a serle propicios y es una persona relativamente joven y su salud no es preocupante en las próximas veinticuatro horas, puede que sobreviva a la experiencia de estar acostado en una camilla dura como la madre que la parió hasta que lo puedan pasar a una cama para trasladarlo a una planta de hospitalización.

    Se le acaba a usted la fortuna ya que su dolencia pertenece al campo de la traumatología. Lo siento. Usted creía que lo iba a atender un médico ¿verdad? Eso creen todos, ¡ilusos!

    Un traumatólogo ha estudiado en verdad medicina, pero como lo hacía con el rabillo de su consciencia ya que su enfoque principal estaba dirigido a la pasta que se puede ganar en la sanidad privada, resulta que sólo se ha enterado fugazmente de la anatomía y los problemas consuetudinarios del esqueleto y anejos. Esto quiere decir en román paladino que más vale que su problema sólo sea musculoesquelético, y de aquella parte de su anatomía que dieron en clase aquél día que se equivocó y asistió.

     Otra peculiaridad de los traumatólogos – y de los cirujanos en general- es que tienen una especie de pensamiento mágico según el cual, aquello de lo que deberían haberse preocupado y ocupado y no lo hicieron, es resuelto por unos “umpa-lumpas” –seres que viven permanentemente en el hosputal que se alimentan de pastillas para la tos y beben suero glucosado- a los que habitualmente se les llama enfermeros-barra-enfermeras.

…to be continued.

 

KEEP OS DEN

      

   A veces, cuando voy por la calle me pongo creativo y en lugar de pensar en el puto país de mierda en el que vivo me da por perderme en ideas tontas para volcar en esta página. Como soy presbítero (no sé cómo se llaman los que tienen presbicia) y tengo los dedos diez veces más grandes que los tipos del teclado del móvil, en lugar de escribir las monerías que se me ocurren las grabo en una aplicación con reconocimiento de voz de mi teléfono: se llama KEEP, término de la lengua inglesa una de cuyas traducciones al castellano es “guardar”, lo que tiene cierto sentido ya que lo que le hablas te lo transcribe y lo guarda…., bueno, no exactamente.

                Resulta que como tengo tendencia a ser mal hablado (estudié con curas, pero no me aprovechó, ¡qué le vamos a hacer!), pues de vez en cuando empleo términos como los que encabezan este escrito, por ejemplo: “puto país de mierda”, pues bien, la dichosa aplicación que debe haber sido diseñada por un jodido opusiano de la factoría Google, que es la responsable del engendro, ¡te los reproduce en texto censurado! He empleado a posta estos epítetos para que los podáis comprobar por vosotros mismos si disponéis de dicha aplicación. Así pues, puto es p***, mierda es m***** y jodido es j*****, y es que el nombrecito de la aplicación tiene truco, ya que otras acepciones de “keep” es “detener”, "retener” o "preservar”, Por ejemplo: detener malhablados o preservar la mojigatería.

                También es muy entretenido musitarle vocablos para gente con algún estudio o frases elaboradas. De ahí puede salir cualquier cosa, y es que Google, una vez más nos sorprende con ocurrencias que o no funcionan, o maldita la falta que hacían en nuestras vidas como Google+, My business, o Hangouts, por citar algunas. Yo en particular ya cerré mi cuenta de Picassa (hoy muerta y enterrada) y mi página de Blogger harto de que me pusieran trampas para acceder a ellas, así que, con todos mis respetos,  señores de Alphabet Inc (Google owners), ¡Keep os den!

 

NAVEGAR CON VIENTO DE PROA

      Un hospital que yo me sé, buque insignia de la sanidad en mi región,  está para que lo demuelan y planten un huerto berzas.

            Construido hace sesenta años, hoy es un vetusto edificio tan difícil de gobernar como una nave desarbolada y sin timón cuyos aparejos, además, se han abandonado al desgaste del tiempo y los temporales sin hacer apenas esfuerzo por repararlos o sustituirlos. ¿Qué suerte de desidia lleva a que se sucedan las direcciones-gobiernos de la nave perpetuando el desinterés por dotar a este barco de aquellos elementos que le confieren utilidad y razón de ser?, ¿no estará acaso el castillo de popa –donde se cobija la oficialidad- sobredimensionado en pertrechos y personal?, ¿no estaremos malgastando recursos en ocurrencias perfectamente prescindibles como cambiar plantas enteras de hospitalización de un edificio a otro, esternalizar servicios y crear figuras tan inútiles como se ha demostrado con la experiencia como la del gestor de camas? ¿no conocemos  todos a personas absolutamente incompetentes e inoperantes ocupando cargos para los que no están cualificados?

            Entre tanto, el sanitario se ve diariamente torpedeado en el ejercicio de su profesión por material que no funciona  por viejo o porque en su adquisición han primado razones inconfesables. Y el paciente lo sufre sin entender por qué a la silla de ruedas le faltan piezas, los timbres de la cama no funcionan, las tuberías huelen a rayos, o el esparadrapo no consigue contener el vendaje en su sitio, por qué faltan almohadas, colchones antiescaras, no tiene luz en la cabecera de la cama, o el espacio de la habitación es tan reducido que introducir algo tan poco necesario como un carro de parada cardio-respiratoria, un aparato portátil de rayos o uno de electrocardiogramas es imposible si realizar previamente una suerte de tetris mobiliario.

            Pero, tranquilos, algún día se hará cargo de todo esto alguna persona razonable y con vergüenza torera. Creo en la magia.

 

UNA CONSIDERACIÓN ÉTICA

                      

    Como ya he comentado en otras ocasiones, soy enfermero. En la actualidad trabajo en una planta de hospitalización de medicina interna. La media de edad de mis clientes es de ochenta y seis años y subiendo. El organismo humano tiene la asquerosa tendencia de deteriorarse poco a poco y en llegando a los ochenta  lo hace en progresión geométrica de forma que en cuatro días te haces con una buena colección de deterioros, insuficiencias y otras pachucheces.

    Esta sociedad católico-apostólica, hipócrita y pacata nos dice que desde que se unen un óvulo y un espermatozoide hasta que como consecuencia de ello, noventa años más tarde, el ser humano pasa a tener la misma conciencia que ese primitivo huevo, la vida es sagrada y hay que preservarla caiga quien caiga.

    Sólo estoy de acuerdo en la etapa intermedia, es decir cuando tienes los atributos de un ser humano, no de un embrión o de un puñetero geranio.

    Quienes estamos en contacto con ancianos enfermos sabemos muy bien lo que es la morbidez, soledad y desamparo que sufren estos pacientes: empaquetados al servicio de urgencias media docena de veces al año, ingresados al menos en la mitad de las ocasiones y abandonados en la planta por sus familiares a los diez minutos de haber aterrizado.

    Eso sí, en los miserables minutos que les hacen compañía dichos deudos han de demostrar a todo bicho viviente lo mucho que se preocupan del paciente y para ello marean lo que haga falta al personal exigiéndole todos los cuidados y atención que llevan años negándole ellos mismos.

    Como consecuencia, y ante la indefensión legal e institucional del personal sanitario, se practica la llamada “medicina defensiva” que consiste en hacer prácticamente todo lo que se le demanda, es decir: escáneres, maniobras invasivas, costosos procedimientos médico-quirúrgicos y toda la mandanga que haga falta para que las familias no se querellen con uno.l

    Ni qué decir tiene que dichas actuaciones, además de ser costosísimas, son absurdamente desproporcionadas, negándoseles dichos recursos a personas que sí se beneficiarían de los mismos.

    Es hora pues de hablar claro: eutanasia, si, ya, por favor. Por lo menos para mí y las personas a las que quiero.

 

DOS ANIMALADAS

   Voy a narrar dos experiencias vividas por el que suscribe: una en directo con un orangután enjaulado, la otra, a través de un documental de la 2 de RTVE que mostraba el día a día de una hembra de leopardo y sus cachorros.

 Respecto al orangután, éste se encontraba prisionero en el Zoo de Madrid. Yo, estúpido de mí,  iba con mis hijos pequeños a que vieran fieras (curiosa paradoja cuando mis propios hijos de 9 y 10 años merecían más ese apelativo), pues bien, nos paramos en el campo de concentración de los orangutanes. Era la primera vez que lo hacía y juro por la entidad divina que ustedes quieran que jamás volverá a suceder: aquel pobre individuo que teníamos al otro lado de la reja, un ejemplar adulto de pelo sedoso y mirada triste, mataba su tiempo, sentado en el suelo, dibujando formas abstractas con un palo en la tierra. Entonces ocurrió algo que nunca olvidaré: alzó su abúlica mirada hacia mí, la sostuvo unos segundos y volvió a su particular mandala.

    Si nunca has sostenido la mirada a un ser no humano, pero indiscutiblemente inteligente, nunca serás capaz de comprender que debemos dejar de mirarnos el ombligo y abandonar la absurda creencia de que somos seres superiores.

    La leoparda: Un leopardo hembra tiene dos cachorros que ya han entrado en la adolescencia. Todos los días sale a cazar para llevarles comida a la copa del arbol donde holgazanean. Intenta repetidamente que la acompañen en sus cacerías, pero los muy cachondos deciden que hace mucho calor para abandonar la sombra de las ramas. La esforzada mamá tolera la situación unos días, pero llega un momento que se le hinchan las gónadas y obrando "contra-natura" abandona su territorio de caza con sus dos vástagos bastardos en la copa del arbol.     Nuevamente parece que las diferencias entre especies no son tan abismales como creíamos. ¡Padres: os invito a una reflexión!

 

JUSTICIA POÉTICA

    Soy enfermero. No siempre lo he sido: he trabajado de aprendiz en una farmacia, de administrativo, he vendido pisos, me he dedicado al audiovisual en todas sus facetas, pero sólo en este trabajo, la enfermería, he encontrado los estímulos suficientes para ir cada día a trabajar sin preguntarme que coño hago yo de interés en esta vida.

     Esta ocupación me ha permitido además rodearme (escasas excepciones aparte) de compañeras de extraordinaria calidad profesional y humana. Hablo de enfermeras y auxiliares de enfermería. A los médicos no puedo considerarlos compañeros ya que marcan perfectamente las distancias con su actitud y su clasismo.

    Pues bién, este fantástico colectivo de profesionales es sistematicamente puteado por las direcciones de los hospitales: bien aumentando las cargas de trabajo, bien privándolos cicateramente de los recursos humanos y materiales necesarios para el digno ejercicio de su profesión.

    Ahora sí, como dichos gestores o sus familias también enferman -justicia poética-, y como saben que fuera de la sanidad pública, todo son intereses económicos, se hacen ingresar en un hospital público, eso sí, haciendo valer todo su poder para ser atendidos como si de una clínica privada se tratara, es decir, exigiendo al esforzado personal todo aquello que le niegan en cuanto les dan el alta.

    Todos los días rezo para que reciban lo que administran.

 

CINCUENTA AÑOS PARA MEAR Y NO ECHAR GOTA

DECADA 1970
    Corría 1976, yo cuplía 21 años y la mayoría de edad de la época, manda güevos ya que los 21 años de entonces eran como los 41 de ahora, vamos que te salía conocimiento por las orejas. Pues bien, quiso el destino que mi primera ocasión de votar como súbdito de la dictadura fuera ese año, recien estrenada mi mayoría de edad, fuera para la aprobación en referendum de la Ley de la Reforma Política, vamos que si nos apetecía un poco de democracia después de cuarenta años de palo y tentetieso. Esta maravillosa gesta fue propiciada entre otros por un falangista: Adolfo Suarez Gonzalez, a la sazón primer presidente de la recien nacida democracia española.
    Los 70, años convulsos e ilusionantes trajeron la democracia, el fin de la prohibición del Partido Comunista, pero también los asesinatos de ultras de toda calaña, bestias protohumanas con 9 mm Parabellum y Goma-2 en lugar de garras y colmillos.
DECADA 1980
    La decada de los 80, no menos convulsa (intento de golpe de estado en 1.981), casi se inaugura con algo impensable tan solo cinco años antes: el Partido Socialista Obrero Español gana las elecciones generales de 1.982. Los rojos habían llegado al Gobierno. Primer ejecutivo progresista en cuarenta y seis años, los chicos de la chaqueta de pana con Felipe Gonzalez Marquez a la cabeza, se pusieron a hacer cosas para quitarle la caspa y el olor a naftalina a nuestro querido y maltratado país y a devolver la dignidad de ciudadanos a sus moradores.
    Pero los años pasan, el miserable polvo desgasta el granito y los escándalos y los chorizos desgastan los partidos, y el PSOE toma una deriva “de culo y cuesta abajo”, las panas se cambian por sedas y la conciencia por un puesto en un consejo de administración.
DECADA 1990
    Pedro J. Ramirez, director de El Mundo se pasa unos cuantos años vendiendo periódicos y echando en dosis homeopáticas toda la mierda posible sobre el PSOE, el cual merecidamente pierde las elecciones frente al PP en 1996… y llega el mejor imitador de acentos que ha conocido el mundo: José Mª Alfredo (si. si, Alfredo) Aznar López que nos introduciría en un nuevo mundo de sensaciones (o al menos así llaman los sado-maso a sus prácticas). El guripa se dedicaría sistemáticamente a besar el culo a empresarios, ultraconservadores, neoliberales y presidentes de naciones de piel blanca y de pelo rubio. Después de apoyar el bombardeo de Irak (que no tiene la piel blanca y el pelo rubio), siguió contribuyendo al bien de la humanidad mirando a otro lado mientras sus  chorizos más próximos (íntimos) y menos próximos se dedicaban a dilapidar el dinero público que escamoteaba miserablemente a la enseñanza, la sanidad, las pensiones y la investigación, por ejemplo.
DECADA 2000
    El país se enfadó un montón con él, y en la siguiente década (2.004) dice que ya no le ajunta, que ha encontrado un doble de Mr Bean muy apañado cuyas cejas circunflejas le confieren un aspecto de espabilado de aupa:  José Luis Rodriguez Zapatero…, que acabaría demostrando que muy espabilado no era y dio la puntilla definitiva a la PSOE.
DECADA 2010
    Y llega en 2011 al poder el vertebrado con metabolismo más lento después de los úrsidos: Mariano Rajoy Brey. Tras demostrar sobradamente su total inutilidad como lider y su absoluta miopia como jefe de casting, los españoles, a falta de “algo” mejor, y a través de sus cenutrios representantes, vuelven a elegir al merluzo de presidente de gobierno por otros cuatro años.
DECADA 2020
    España se va a la mierda. A disfrutarlo.
 
 

CARTOON PIEDRA

    Una vez más, los norteamericanos, salvo honrosas excepciones, tienen el presidente que se merecen: un rico facha, hortera, machista, xenofobo, homofobo, un cerdo impresentable hasta en un burdel, que deja en buen lugar a Nixon, Reagan y George Bush junior juntos . Es un “cartoon”, una caricatura con patas que por desgracia va a dirigir la política interior y exterior de iuesei, es decir de todo quisque. Alguien dijo hace muchos años que la mejor demostración de que cualquier norteamericano puede llegar a presidente es el propio presidente. Dios nos salve a todos.   

 

TO THE PRESIDENT (THE TRUE ONE)

  Dear Mr Obama. Would you be so kind to send us your sixth fleet to remove our actual government and add our country like your 51th state?. We celebrate allready Christmas with Santa and Halloween, we eat burgers, hot dog, popcorn, we watch your films, wear jeans, drink Coca Cola and we consume all your shits. Virtually we are already americans. You can send to Donald Trump to governor: we no appreciate the difference, he is allready rich and speak english at last.

    Yours faithfully: an spanish of shit.

 

Y EL DINOSAURIO CONTINÚA

    Cuando desperté, el dinosaurio aún estaba allí, iniciando nueva legislatura gracias al mamoneo de Ciudadanos y al mirar para otro lado del PSOE.

    De Podemos, Juntos Podemos y Juntos nos vamos a la Mierda, sólo se me ocurre decir que quieren hacer una nueva política con tácticas más viejas que la sífilis y sin estrategias reconocibles.

    Los niños bonitos de Ciudadanos apoyarán a cualquiera que tenga alguna posibilidad de ganar y por tanto de obtener réditos ellos mismos, pero se les puede perdonar porque aún no han tenido oportunidad de destrozar España.

    Pero que el PSOE se abstenga para que pueda volver a gobernar el rey de los merluzos, con la escusa de que unas nuevas elecciones harían pupita a España, no se lo creen ni hartos de grifa. Ellos sabrán lo que pasa por sus podridos cerebros.

    Lo que de verdad hace daño a España es la cantidad de sinvergüenzas con acta parlamentaria, presidentes autonómicos saqueadores, alcaldes  y concejales chorizos que PP Y PSOE han repartido por toda nuestra geografía, y cualquier llamada a las urnas siempre será mejor que la permanencia en el poder de unos individuos que en el mejor de los casos son tan solemnemente gilipollas que no se han enterado que tienen la casa llena de ratas.

 

LABANC@

    Recuerdo cuando las cajas de ahorros eran empresas con marcado contenido social que gestionaban las nóminas y los ahorros de gente sencilla y trabajadora de una forma eficaz al tiempo que amable en la mayoría de los casos. En el momento actual ni son entidades con vocación social, la eficacia sólo la entienden en forma de mayores beneficios y la amabilidad ha sido sustituida por la soberbia de quien se sabe que la competencia es prácticamente inexistente gracias a la fusión con otras cajas. Pues bien, el otro día fui a sacar dinero a un cajero de una de dichas entidades. Eran las siete de la mañana, estaba oscuro, y el cajero automático no tenía puertas. Sencillamente las habían quitado para evitar que los mendigos pernoctaran en su interior. Con ese gesto consiguieron dos cosas: primero acabar con la poesía que supone que un sin techo duerma al calor de una entidad bancaria, y que los clientes se encuentren expuestos e indefensos a posibles atracadores. Personalmente, en el pasado he sacado dinero de muchos cajeros en compañía del mendigo de turno, que al lado mío, lo único malo que hacía era aromatizar el espacio. Nunca me sentí amenazado por ellos, lo único que sentía era perturbarles el sueño con el ruido de la caja. En cambio, el otro día, cuando me encontraba en una calle oscura, desprotegido mientras sacaba dinero del cajero, si sentí miedo, no de un chorizo que me sacara mil euros de mi cuenta, si no de que valiéndose de la oscuridad, un ejecutivo de la banca me la vaciara por completo y me forzara a firmar una hipoteca.
 
 

ECONOSUYA

 

    Una vez más hemos metido zorras a cuidar del corral. Y lo sabíamos, ¿verdad? ¿Somos tontos? Si. Pues eso, pero tu sigue quejándote de los recortes y de la corrupción, llorale a tu vecina, caliéntale la oreja a tu conyuge y sigue doblando la cerviz. I love you, cretino.

 

LOW COST

    Ahora mismo puedes viajar a tomar por culo por dos chavos, comprar un cachivache en los chinos por casi nada, contratar a un trabajador por una miseria o malversar fondos públicos gratis. Son baratos los bienes y servicios, las degradaciones morales y la propia vida. De puta madre.
 
 

ESCHERICHIA COLI

    Cuando me siento oprimido y pienso en aquellas fuerzas responsables de la opresión, me cuesta hacerme una imagen clara de las mismas, porque ¿qué es al fin y al cabo el poder?, ¿un montón de individuos encumbrados que toman todas la decisiones por nosotros?, no se, un poco abstracto, así que me he puesto a pensar y he llegado a la conclusión de que el poder no es la suma de una serie de individualidades, sino un solo organismo, un organismo vivo dentro del cual vivimos. Un mastodonte insaciable, con un hipertrofiado aparato digestivo, y dentro, nosotros: bacterias intestinales, Escherichia Coli, trabajando desde el nacimiento hasta la muerte para abastecerlo de nutrientes, y alimentándonos de lo que desecha, vamos, una mierda. Sólo me consuela pensar que al fin y al cabo, somos muchas bacterias, y algún día bajará sus defensas. Paciencia.

 

ES LO QUE HAY

            Corría 1970 delante de los grises. Mi menda, 15 añitos, adolescente inquieto, currante en una oficina de una inmobiliaria, ignorante de lo que pasaba en mi país, y de la lucha que libraba la izquierda en la clandestinidad. Pero, desde mi bisoñez, ya había cambiado los tebeos por La Codorniz: “La revista más audaz para el lector más inteligente”, quizá fuese ese el reclamo que consiguió que gastara unas pesetas en una publicación de la que entendía muy pocas cosas. Pero algo dentro de mí me decía que allí había sabiduría, …. y algo más, no sé, rebeldía, cuestionar el sistema, lo que encajaba perfectamente con el carácter de un adolescente inquieto. A La Codorniz –en la que conseguí colocar mi primera viñeta algunos años después-,  le siguieron Hermano Lobo, Por Favor, El Papus, El Jueves, Haraquiri, y puede que alguna más que en este momento no consigo recordar. Tenían el terreno abonado, ya que los acontecimientos políticos que se desarrollaban en España propiciaban ese tipo de humor. El que firma, tuvo una epifanía: eso era lo que quería hacer, pero ¡tenía tanto que aprender y tantos maestros! Chumi-Chumez, Perich, OPS, Summers, Ivá, Forges, ….Forges me cautivó desde el principio. Desde los primeros esbozos de mis dibujos, a pesar de intentar apartarme de su estilo, no lo conseguí. Aún no lo he conseguido, y lo he intentado, pero cada vez que me aparto, no se, me parece que lo traiciono y me traiciono a mi mismo. Ellos, los humoristas, han sido mis verdaderos maestros, los que me han enseñado a mirar la vida con un guiño que dice: “No te des mucho mal, es lo que hay”.
 

DESPOJOS VIVOS

    Hace unos meses un grupito de nostálgicos cuarenta-cincuenta-sesentones acudíamos de nuevo a una cena más o menos ritual celebrada una o dos veces al año. Éramos los despojos vivos de lo que fue la más potente asociación de cinastas que ha tenido Zaragoza desde la invención del quinetoscopio: Cineceta.
    Como suele ocurrir con los vapores etílicos de la sobremesa, uno de sus miembros, el único que ha permitido que el veneno de la imagen dicte su quehacer profesional, José Ángel Alegre, nos propuso que los allí presentes recogiéramos retazos de memoria, fotos amarillentas y películas corroídas por el abandono de lo que fue el efímero esplendor de tan variopinto cenáculo.
    En lo que al que firma respecta, lamento no poder aportar gran cosa. Por lo que se refiere a material gráfico no conservo nada, y en cuanto a las remembranzas, los diez años que permanecí en sus filas bailan en mi memoria en un totum revolotum de sensaciones más que de recuerdos concretos: las reuniones inacabables en Zumalacárregui, 42 a horas intempestivas, la exposición de proyectos y la jodida financiación, los chistes, las bromas, la elección de fecha para una cena, la risa fácil de quien aún va ligero de equipaje… todo eso me queda. Y algo más. Me uní a Cineceta porque me había comprado un tomavistas de súper 8 y tenía un par de ideas para filmar, sin otra pretensión que la del puro divertimento, pero en Zumalacárregui 42, flotaban las miasmas de una terrible enfermedad cuyos síntomas eran la compulsión a coger una cámara y ponerla a trabajar. En mi caso, la enfermedad tuvo fatales consecuencias, ya que, descontento como estaba de mi trabajo fijo, y enardecido por los gritos de ¡que le den por culo a todo! que resonaban en mi mente, di la patada de Charlot a mi jefe, quemé mis naves y me metí de cabeza en el umbroso pozo del realizador por cuenta propia, desastre del que aún no me he recuperado.
    Jodido pero contento, hoy el cine queda lejos, pero los amigos de (salvo el querido y no olvidado Arsenio)  Cineceta siguen ahí, y mientras esto suceda, la dorada juventud no se marchará del todo. No puedo aportar gran cosa como ves, José Ángel, sólo mi experiencia vital. Espero que te sirva de algo. 
 

TIEMPO DE CONGELACIÓN

    Soy enfermero en el Servet y vivo en Las Fuentes y desde la desaparición de la razonablemente buena red de transporte y la consiguiente imposición del tranvía dedico uno treinta minutos diarios a .... nada mientras espero que pase algún transporte que me lleve a cumplir mis obligaciones diarias. Cuando el tiempo es clemente -en Zaragoza casi nunca- la espera puede ser hasta enriquecedora mientras reflexiono e lo mucho que somos capaces de soportar los ciudadanos acostumbrados como estamos a que nos amen por la retaguardia, pero cuándo estamos a 7º centígrados soplando el cierzo como esta misma mañana a las 7 horas en la Plaza Aragón, y ves que el tiempo de espera es de 18 minutos hasta el próximo tranvía, puedes llegar a explorar los límites de tu deseo de maldad para los responsables de que esta ciudad se haya convertido en solo transitable por las privilegiadas personas que viven en el centro de la ciudad, en el Actur o en Valdespartera. Bravo chicos: espero veos y reconoceos cuando vuestro bienestar dependa de mí. 
 

URBANIZACION EL HUERTO DE LOS CALLAOS

    Nos vamos al huerto de los callaos más pronto que tarde para nuestro gusto, y nos empeñamos en seguir con el simulacro de que aún tenemos, estamos o somos algo que merezca la pena perpetuar. Veánse si no las pirámides egipcias u otros templos funerarios de barandas de peso que edificaban unos tinglados de la ostia para que les sirviera de morada en el más allá, y de paso, para dejar constancia de su importancia en vida. En nuestra modestia clasemedianera hacemos lo que podemos. Los chalets se convierten en panteones, los adosados en tumbas y los pisos en nichos bien apiladitos, en comunidad, como de costumbre, todo bien organizado, para que cuando llegue el Día del Juicio, quien organice la vista no tenga problemas para encontrar a los comparecientes.

Nos empeñamos en reproducir nuestra capacidad adquisitiva hasta el el huerto de los callaos. En la foto: chavolos, pisitos, chaletitos y casoplones. La naturaleza humana es así de gilipollas, qué le vamos a hacer. 

    No pretendo ser irreverente con las creencias de cada quisque, pero una vez más quizá convendría reflexionar con aquello de regalar flores antes del funeral, hacer la vida aceptable, y dejarnos de historias cuando ya no hay remedio.

 

DISTIGUIDAS AUTORIDADES: ¡QUE OS FOLLEN!

 

    El que suscribe es un currito sin empleo fijo, contratado por la administración hasta que le salga de los gemelos del sur, poco más que mileurista y ¡jódete! fumador.
    Al parecer a sus señorias no les parece suficiente tenernos a la people en situación de empleo precario, jodidos y descontentos. Como se tienen que aburrir la hostia contándose los pelos pudendos, se ponen a pensar qué más pueden hacer para amargar la vida al personal y se les ocurre que sin humo de cigarrillo se vive mejor (el de la industria o el de sus coches oficiales no cuenta) y nos joden los pocos reductos en los que podiamos ejercer como fumadores. No entraré en la hipocresía que supone recaudar impuestos con el tabaco, que esa es otra, por hoy sólo recuperaré una pijadita que ya escribí al entrar en vigor la ley anterior, ya que sigue plenamente vigente:
    Soy fumador, pero desde hoy me he impuesto la terea de hacer campaña para que los demás dejen de fumar. Me propongo con esta medida que el colectivo de fumadores pase a ser una verdadera minoría minoritaria como lo son la etnia guachupichu, pongamos por caso, que vive en el profundo Amazonas u Orinoco o donde coño sea y que como su población se reduce a unas decenas de individuos, se protege desde todos los ámbitos su cultura y costumbres (menos la antropofagia, que es de muy mal gusto para todo quisque).
    Y es que estoy cabreado con las autoridades sanitarias, (y con cualquier tipo de autoridad), porque se han empeñado que me muera de viejo, achacoso, alzheimeroso y babeante. Y me pregunto ¿por qué en lugar de tocar las narices con el tabaco no se dedican a renunciar al coche oficial que contamina un güevo, a meter mano a la industria o a meterse mano entre ellos, sin más?
 
 

ME JODE LA MALA EDUCACIÓN

    Cualquiera de nosotros ha sido testigo de escenas como la de la avalancha de pasajeros que sin respetar la cola de un autobús, se abre sitio a codazos para conseguir un asiento, o del adolescente o no tan adolescente poniendo los pies sobre el asiento de ese mismo autobús, o sin bajar de dicho transporte, como todo el mundo, o casi, tiene un súbito interés por saber lo que pasa al otro lado de la ventanilla cuando sube un anciano o una mujer embarazada.
    Todos hemos sido testigos del ciudadano que arroja ostensiblemente o con disimulo la porquería que tiene en la mano a la acera aunque tenga una papelera en sus narices. O del ciclista o peatón que pasándose por el arco del triunfo las prioridades de circulación invade el camino del otro. O del fulano que permite que su perro siembre de bombas antipersonas las aceras de nuestra ciudad.
    Los que tenemos hijos en edad escolar, además hemos conocido a través de ellos cómo el profesor del instituto se presenta como Paco, Fernando o Johnatan y pide a la concurrencia que lo tutee. O cuando, sin pedírselo, cualquier lechugino se dirige a nosotros como si tuviéramos algo más en común que pertenecer a la misma especie.
    No estoy hablando de normas de urbanidad tan desgraciadamente denostadas en los últimos tiempos y que a mi juicio son el aceite o el bálsamo que suaviza la fricción de una convivencia social. No. Hablo de dejación de la sociedad civil de sus responsabilidades educadoras. La sociedad muelle en la que vivimos nos ha llevado a evitar la confrontación, el mal rato, a dedicar el tiempo que sea necesario a ilustrar a nuestro hijos o a conciudadanos sobre lo feo que es insultar a un profesor, pegar a la pareja o dejar solos a nuestros mayores.
    Nos vamos muy tranquilos a la cama sabiendo que llevamos a nuestros hijos al colegio para que los eduquen, colocando a nuestros padres en algún agujero infecto para que los cuiden o pensando que si hay actos de violencia, incivismo o canalleria varia, ya están las autoridades para corregirlo.
 

¿GRACIAS?

 

    A veces no hay como los amigos para ponerte las pilas. Este es mi caso. Siempre me he considerado una persona creativa, lo fuí sobre todo en los 80 y principio de los 90, pero vinieron obligaciones familiares y laborales que me colocaron en "stand by" casi 15 años. En ese momento estaba cuando en una cena de viejos roqueros de Cineceta -léase Cenaceta- José Antonio Vizarraga, director a la sazón del "El Comarcal del Jiloca" me propuso que le enviase viñetas para publicarlas en su periódico. Me hizo gran ilusión, al tiempo que me planteaba el problema de salir del "dolce far niente" en el que estaba instalado. Accedí y comencé a reciclar viejos chistes y crear nuevos para este propósito. Algún tiempo más tarde, fué Servando, con su recien creado blog quien me animó a que le enviara mis viñetas. También accedí a esta petición, al tiempo que se me colaba el gusanillo de crear mi propio blog. Dicho y hecho, diseñé mi blog y antes de que me diera cuenta ya estaba contagiado con el virus de internet: creé una web, consecuencia: apenas tengo tiempo para atender a tantos vástagos, virtuales y reales (de éstos últimos, 3). En una palabra, gracias amigos por devolverme la ilusión de volver a hacer pijaditas, pero me estan entrando muchas ganas, y sobre todo a mi mujer, de darle un hachazo al ordenador. Os enterareis si observais un ominoso silencio por mi parte.
 

EPISTOLA

    Quién iba a sospechar que con el advenimiento de la informática, y con él, el de internet, el viejo género epistolar renacería con tanta fuerza. Cuando ya casi habíamos renunciado a comunicarnos con nuestros semejantes mediante el engorroso procedimiento de coger la pluma de ganso, el tintero, el papel secante y el pergamino -hay quien empleaba otros métodos más modernos-, comprar una estampilla filatélica de adecuada tasa en la estafeta de correos, rellenar unas lineas con cuidada caligrafía, y meter todo eso en un buzón para que Correos te lo perdiera, bueno, pues como decía, cuando casi habíamos renunciado a ello, viene internet y sus correos electrónicos E-mail, y todos descubrimos de pronto la cantidad de cosas que tenemos que comunicar a quien nos rodea. Todo esto está muy bién, nada que objetar... salvo lo referente a su denominación. Me niego a llamarlos E-mail, y lo de correo electrónico me resulta demasiado rebuscado. Me gustaba más el simple nombre de "carta", o el más antiguo de "epístola", por lo que me he puesto a jugar con las palabras para ver si encuentro un término más preciso. Lo de carta electrónica queda descartado por la misma razón que correo electrónico, existen otras posibilidades como "ordenorreo", que ignoraré al mismo tiempo que la escribo, "cartaputadora", que suena fatál, "correotrónico", "electrocarta", o la que más me mola: E-pistola, bonito sincretismo anglo-spanish que define perfectamente lo que son a veces nuestras comunicaciones, un arma mortífera, cuando no soporifera. Si mi idea calara, podríamos decirnos por ejemplo: "te mando una E-pistola con tál o cuál comunicacion-munición para que la reenvies o te suicides directamente", o "he recibido tu E-pistola y me ha encantado volarle las pelotas a fulano con ella", en fín se abre todo un mundo ante nuestros ojos con esta posibilidad, pero como pasa con tantas cosas referidas a la ciencia y la tecnología, su empleo puede servir para intenciones contrapuestas, así que usadla con moderación.
 

PINTAMONAS

   

 En alguna ocasión, al decir que hago humor gráfico, he obtenido respuestas que van de un sorprendido "¡Ah!", como si hubiera dicho que venía de Marte, a un condescendiente "vaya, vaya, muy bien" como si hubiera afirmado que estaba aprendiendo a dejar de usar pañal. Y es que la viñeta, esa pobre incomprendida, no es sólo minimalismo expresivo, es un trabajo de síntesis a partir de una idea más o menos abstracta. En otras palabras, cuando tengo pereza, en lugar de dibujar escribo.

 

ADIÓS, ALBERTO

    Me he enterado de la muerte de Alberto Sanchez. Cineasta, fotógrafo, crítico de cine, contertulo impenitente y muchas cosas más. Lo conocí en la Tertula Cinematográfica Aragonesa en el Café Levante junto a Pedro Aguaviva, Santiago Choliz, Manolo Moreno, José Luis Gota y los también ya tristemente fallecidos José Luis Pomarón y Pedro Marqueta. Tenía aspecto de sabio despistado con su alborotado pelo gris y sus gafas de hipermétrope que magnificaban sus ojos y conferían a su mirada un aire de permanente asombro. Asombro por otro lado real, ya que como persona creativa, no hubiera sido tal sin la necesaria capacidad para asombrarse de cuanto nos rodea. Ingenio que se hacía patente en algunas frases muy suyas cuando decía que el cine amateur hay que mirarlo con las gafas de ver cine amateur, o que la televisión es el chicle de los ojos, o como cuando le decías que estabas metido en tal o cual proyecto, indefectiblemente te preguntaba: "y tu ¿qué estropeas ahí?. Siempre dispuesto a colaborar en las pelis de los amigos como en  "Las cuevas del flaco" junto a Pedro Aguaviva y éste que escribe. En nuestras cenas en Casa Emilio siempre eran seguras la buena pitanza y la divertida velada con su inacabale anecdotario. Entañable, vital, querido Alberto, mis más afectuosa despedida, descansa en paz.
 

LADRILLO Nº 1 (TEXTOS POLITICAMENTE CORRECTOS QUE ME VEIA OBLIGADO A ESCRIBIR PARA APROBAR LAS PRUEBAS DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD)

SALUD Y BIENESTAR MEDIO AMBIENTAL

                    Los procesos industriales contaminantes son una amenaza para el medio ambiente, para la salud y y para el bienestar ciudadano.  También lo son la extracción de materias primas y los núcleos urbanos masificados donde se comercializan los productos y se dan las coberturas administrativas, financieras, etc.

            La sangre de la civilización moderna, la economía, en sus tres manifestaciones más importantes: sector primario, secundario y terciario, contaminan todo el organismo. ¿Qué se puede hacer ante tan grave problema? La única solución viable parece ser la racionalización del uso de recursos, la explotación de éstos de forma limpia y ante todo la moderación en el consumo.

            En la ecuación: recursos/explotación, el resultado no sólo debe ser un número entero, debe ser además un guarismo alto. Es lo que se ha dado en llamar desarrollo sostenible, es decir, no desarrollo que permita su continuidad sin agotamiento de recursos y sin empobrecimiento o destrucción del medio ambiente.

            Y aquí se presenta la segunda parte del problema: ¿Cómo se hace esto? Para llevarlo a cabo se han de seguir dos caminos simultáneos: legislación y concienciación. El uno sin el otro serían ineficaces.

            Controlar legalmente el consumo es no sólo imposible sino contraproducente en una economía de mercado: sólo cabrían penalizaciones fiscales cada vez más discutidas. El camino que queda es el de la concienciación.

            En la utilización de recursos y su explotación, si cabe, además de la concienciación, la fórmula legislativa: limitar concesiones de extracción, legislar sobre procedimientos, control de residuos industriales, eliminación de productos tóxicos y procesos contaminantes, etc.

            Aunque pueda parecer que todo este rosario de limitaciones perjudicaría la competitividad por encarecimiento del producto, lo cierto es que la publicidad que realizan fabricnates que utilizan medios no nontaminantes se ha revelado como la màs efectiva ante una población altamente concienciada de la importancia que un medio ambiente sano tiene para su desarrollo personal y bienestar físico y mental.

 


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