ALGO PERSONAL

 

Todo lo vertido en el apartado de "OPINIÓN" está tratado desde un punto de vista personal, pero en esta sección rizo el rizo ya que trato temas que me llegan a la médula. Unos son más festivos y otros menos. Cuando emito un juicio, a menudo se me corrige con la expresión: "esa será tu opinión", por supuesto, no va a ser la tuya.  Uno ve el mundo como lo ve, a través de la lente de sus experiencias y sentimientos, faltaría más.

 
 

UNA CIUDAD INVEROSIMIL

Del mismo modo que nos disgustan determinados nombres porque los asociamos a personas que los ostentan y nos revientan, algunos lugares nos resultan antipáticos por las experiencias sufridas en ellos.

En mi caso es la ciudad de Teruel. Para empezar, servidor recibió en una ocasión un premio en un festival de cine aficionado en esa ciudad y solo tuve acceso al pecunio que comportaba dicho premio tras denunciarlo en la radio casi un año después, cuando los organizadores tenían el morro de hacer publicidad del siguiente festival sin haber satisfecho los premios del anterior.  Todas las personas que conozco vinculadas a ese territorio me han decepcionado sin excepción por lo superficiales y poco sólidas. Y por último, mi hija ha tenido que ir a Teruel para estudiar una carrera que sólo se ofrece por la Universidad de Zaragoza en esa capital, de la cual sólo hay cuatro alumnos matriculados, los demás alumnos tienen que desplazarse del resto de Aragón.

La sensación que tengo es de farsa, de decorado de vodevil, de gente de comedia, de ciudad inverosímil.

 
 
 

HOLA, MADRID, QUE TE LLENAS DE GENTE

He estado en Madrid y he visto algún madrileño. Sólo hace un par de meses, era septiembre, con calles levantadas a modo de trincheras del "no pasarán", y aglomeración de metrópoli que sí ha pasado a pesar de todo. Guirigay de lenguas, pantone de colores, Madrid, siempre ruidosa, caótica, peligrosa y entrañable para este madrileño accidental que, en los albores de su existencia, apenas disfrutó de un par de años de sus purísimas aguas y prístinos cielos antes del smog del desarrollismo. Llego a la villa y corte y me siento en casa. Que se quede Zaragoza con sus nieblas, con sus cierzos, con sus gigantes y sobre todo con sus cabezudos.

 
 
 
 

ELOGIO DE LA ESTULTICIA

Para quien no lo sepa, la dinámica de este apartado de Opinión es la siguiente: estoy cabreado por una cosa en particular, cojo el teclado, lo quemo con mis impresionantes ciento cincuenta pulsaciones por minuto, busco una foto chula, y lo subo.

Opción número dos: estoy cabreado por todo en general, cojo el teclado, lo quemo otra vez, busco foto y “upload”.

Opción número tres: no estoy cabreado, reflexiono, me cabreo, cojo el teclado, me derramo en él, selecciono una imagen y parriba.

Cualquiera de estas tres opciones acaban de la siguiente manera: copio el enlace, lo mando a mis escasos amigos-conocidos-conamigos-conocigos y a mi familia y con un poco de suerte, alguno lo lee, otros lo abren sin curiosidad porque ya saben lo que van a encontrar, y los más ni lo abren. El resultado es la impresionante cifra de 6.396 visitas a mi página en los tres años que lleva funcionando, de las cuales, más de la mitad son entradas mías para la publicación o cambios de configuración, unas 2.000 son por mi hábil estrategia de propaganda, y el resto, el dedo tonto de algún despistado, puro random.

El caso, es que hace un par de días envié el enlace de nuevo a los viejos colegas de Cineceta o “cenaceta”, por aquello de que de cine sólo tenemos la nostalgia y de cena, un par de ellas al año, y uno de ellos (¿qué tal J.A.?), me contestó diciéndome que le gustaría verme escribir algo elogioso alguna vez.

Tiene toda la razón. Prácticamente todo el contenido de esta sección es fruto de los cabreos antes mencionados, pero voy a hacer un esfuerzo y desgranaré aquí lo que llamaré  “ELOGIO DE LA ESTULTICIA”, título original del “Elogio de la locura”, del latín “Stultitiae Laus”, de Erasmo de Róterdam.

El pegote me ha quedado fetén, pero he de admitir, que conocía el título y el autor, pero todo lo que he leído de él, lo acabo de hacer en un resumen de “Wikipedia”.

Así pues, en esta visión particular de mi “ELOGIO DE LA ESTULTICIA”, comentaré que sólo desde la ignorancia, necedad o estupidez, que tales son los sinónimos de la palabreja, puede uno tener una visión amable del mundo y sumarse a su vorágine con fruición.

También puede uno plantearse que la humanidad es la pareja tonta y fea con la que uno se ha casado, y que lo que toca es ajo, agua y resignación cristiana, verla a ser posible sólo a media luz o drogado, y si se tercia, ambas cosas a la vez.

Soy consciente de que camino por la cuerda floja que cuelga sobre el frenopático si no acudo rápido al psiquiatra, pero lamentablemente, también ellos me parecen gilipollas.

 
 
 
 

PROTESTO, SEÑORITA

En algún momento del atribulado devenir de los últimos años de mi existencia, comencé, no sé muy bien por qué, a pensar que iba a ocultar muy poco de lo que pensara y que no perdería ocasión ni ahorraría esfuerzos para exponer,  y en su caso denunciar, en el foro en el  que me encontrara, lo que pienso de lo divino y lo humano.

Pronto aprendí que a nadie le interesan un carajo tus opiniones y que, expresarlas en voz alta y a menudo, sólo genera rechazo e incomodidad.

Y es que no es plato del gusto de nadie oír lo que piensas del poder político, religioso o económico, al que todos estamos sometidos.

A nadie le place que lo incomodes con alusiones a su propia dignidad al aceptar sus dictados.

No mola que te recuerden actitudes adocenadas y serviles.

Nadie quiere realizar la introspección necesaria porque hay demasiada mierda en ese pozo que es la conciencia.

Me alejo cada día más de mis congéneres.

Lo siento.

Y no lo siento.

 
 
 

SIN PENA NI GLORIA

La inmensa mayoría de bípedos pasamos sin pena ni gloria por la vida. Es una cuestión de perspectiva. En un par de periodos legislativos, por ejemplo, Rajoy se nos hizo bola y no había manera de tragarlo. Ahí estaba presente en todos los informativos y en todos los panfletos de RTVE, de forma que parecía omnipresente y omnisciente ya que no paraba de largar discursos disparatados a través de los plasmas. Y en realidad sólo gobernó siete años mal contados, y ¿puede alguien decirme con sinceridad cuáles fueron las líneas maestras de su política?, mejor aún: ¿puede decirme alguien si en ese tiempo manifestó alguna idea coherente?

Si disminuimos la escala, pongamos, ampliando un milenio, el muchacho forma la fracción  infinitesimal de una recua de gobernantes olvidables y olvidados (yo ya lo he hecho), salvo para curiosos y nostálgicos, así como prescindibles a todas luces en vista de la derrota que ha llevado este país en ese periodo.

Y si un muchachote de esos pasa sin pena ni gloria en cuanto amplias la perspectiva, tú pequeñajo mortal no esperes dejar tus ideas grabadas en mármol para la posteridad, porque, de hecho, todos las van a olvidar apenas las despliegues.

Y si ese desinterés por tus reflexiones e inquietudes por parte de las personas con las que convives habitualmente en la última capa de las relaciones sociales, te permite percibir el nivel  de tu insignificancia, a ver cómo te sientes cuando gente mucho más cercana no se ha enterado de un carajo de tu biografía, intereses y fobias, pongamos por caso.

Me ha sorprendido en varias ocasiones que gente bastante cercana creyera que servidor era semiidiota, con la formación justa para marcar con un dedo en un papel la palabra “pedo”.

Aún en círculos más íntimos, se me han aconsejado lecturas de autores que, o ya disfruté en la adolescencia, hace casi cincuenta años como Joseph Conrad, Stendal,  o Juan Marsé, o deseché por puro aburrimiento, como las historias sobre los intestinos del sistema judicial norteamericano en las novelas de John Grisham o todo un plantel de writers of best sellers que por tener origen anglosajón y escribir en guachi-guachi, venden de forma automática a los palurdos del sur. Así mismo, y dentro del mismo círculo, se ha creído conocer mi sentido del humor recomendando ver “Mister Bean” o seguir al incombustible José Mota (mis respetos a tan aburridos humoristas).

En una palabra, vista la huella que deja uno en su entorno más inmediato, ¿alguien puede tener la pretensión de ser recordado más allá del tiempo de marchitarse las flores de los chinos de su tumba?

Admito réplicas, aunque las olvidaré de inmediato.

 

CUESTA ABAJO Y SIN FRENOS

No lo puedo evitar, primero me quedé sin pelo, y ahora me estoy quedando sin amigos. Ya he aludido alguna vez que la vejez se conjuga con el verbo perder. Primero pierdes el pelo, luego la visión, más tarde el oído, en mi caso, además he perdido el olfato, una bendición para algunos, luego pierdes la potencia sexual, más tarde el control de tus esfínteres y entreverado con ese lindo panorama, pierdes las ganas de aguantar gilipolleces, y por tanto, relaciones de todo tipo, entre los que se encuentran, conocidos, amigos y conocigos que viene a ser lo que en realidad supone esa informe masa de personas a las que puedes pedirle un cigarrillo pero no un riñón en caso de necesidad.

Pues como decía, me temo que de estos últimos se me están cayendo de la agenda unos cuantos, ya sea por mi boca, ya sea por mi pluma-teclado, que viene a ser lo mismo.

Y es que, como trabajo por las noches de vez en cuando, y de vez en cuando no trabajo, aunque me ubique en el curro, me da por filosofar y por pegarle fuego a lo que me quedaba de mi naufragio vital. Así, he enfadado a algún familiar, a algún amigo y a varios conocigos.

Se me achaca que se me ha agriado el genio y no lo dudo, pero se ignora que el caldo en el que nos movemos es tan denso y maloliente como la hiel.

Así que, hoy por hoy, y mientras no sufra un derrame cerebral que algunos calificarían de diarrea, o un meteorito de bondad y sensatez impacte sobre nuestro planeta, creo que seguiré erre que erre, irritando a los pocos humanos que aún tenían alguna fe en mí y a los que tarde o temprano les llegará la hora de pasar inadvertidos ante mi punto de mira.

Tampoco estoy encantado de conocerme, que quede claro.

 

FELIZSTESIA

Para quien no se haya percatado, he de decir que llevo algún tiempo sin volcar mis intestinos en esta página. Sigo vigente, así que la explicación sólo puede ser que he encontrado algún tipo de paz espiritual a la que llamaremos felizstesia, a saber: felicidad alcanzada a través de la anestesia de los sentidos y la inteligencia.

Esto se produce ocasionalmente sin motivo condicionante porque a decir verdad, acabo de discutir duramente con mi supervisora y con una compañera de trabajo (otra más) y mis erecciones son cada vez más caprichosas en tiempo y forma, circunstancias más que suficientes para no estar tan “zen”, así que he de pensar forzosamente que el gobierno está echando orfidales o algo más contundente en las potabilizadoras, después de todo no sería la primera vez, porque como todo el mundo recordará  nuestro insigne Aznar repatrió en un avión subsaharianos atiborrados de haloperidol, fármaco antipsicótico con efecto sedante.

Pregunta: ¿nos están medicando subrepticiamente? Aún más inquietante: ¿nos están condicionando el pensamiento con toda esa mierda mediática? Peor aún: ¿están los gobiernos conchabados con  Mark Zuckeberg y otros responsables de redes sociales para volvernos zombis de abolida sensibilidad y discernimiento?

Lo más probable es que los gobiernos no tengan nada que ver, somos más que suficientes para auto atontarnos.

 

LOS HADOS Y LOS DADOS

 

Creo haber leído alguna vez que la fortuna era una furcia de carácter lábil que te otorga sus favores a su capricho cobrándote un alto precio por ellos.

No me gustan las furcias ni la suerte porque las primeras te detestan y la última, enmascarada semánticamente, esconde una personalidad ambivalente pudiendo reservarte el cielo o el infierno a partes iguales.

Rechazo sistemáticamente todo juego de azar, ya sea de mesa, electrónico, privado o público, ya sean dados, cartas, quinielas, bonolotos o loterías, apuestas, ruletas de casino o de las rusas (sobre todo evito éstas).

Y es que he llegado a un acuerdo con mis hados: yo no tiento a la suerte en los juegos de azar, renunciando de ese modo a hacerme rico por ese procedimiento, y el destino no me premia con la otra lotería: la del cáncer de páncreas, por ejemplo.

Ya sé que es un acuerdo unilateral, sin ningún compromiso explícito ni garantía alguna, pero soy poco dado a creer en dioses y otras milongas y siento un gran respeto por el sino, el destino, o el vaya-usted-a-saber, así que cada vez que paso al lado de un bingo, un salón de juego (vaya nombrecito para un tugurio), o de un local de apuestas múltiples, o se aproxima el veintidós de diciembre, miro al cielo y sin dirigirme a nadie en particular, le guiño un ojo como para recordarle nuestro acuerdo.

Alea jacta est.

 

DESOBEDIENCIA DEBIDA

   

    Hay que ver lo que le gusta al personal decirte lo que tienes que hacer. Nací en plena dictadura, en el cincuenta y cinco y desde mis padres, que con autoridad protectora te enseñaban a ser educado y no escupir a tu primo, el imbécil, desde mi primer maestro que a mis diez tiernos añitos me enseñó el sistema métrico decimal a hostia viva, pasando por cualquier siniestro ensotanado, que te metía el respeto a los diez mandamientos entre pecho y espalda con la administración de un sacramento apócrifo, o la figura de autoridad civil o militar que se les pasara por el arco del triunfo, cualquiera te podía inculcar por vía expeditiva el patriotismo, la disciplina, el deber y la adhesión al régimen.

     La mayoría de edad preconstitucional se otorgaba (con dos cojones) a los veintiún años, y como dio la casualidad que coincidió con el referéndum para la aprobación de la Ley de la Reforma Política, resulta que conseguí mi mayoría de edad civil y mi mayoría de edad política al mismo tiempo. Juré solemnemente que no me iba a someter nunca más a ninguna autoridad civil, militar o religiosa. Y lo conseguí en alguna medida.

     Me libré de la autoridad militar, primero porque se había acabado la dictadura, y segundo porque me fumé la mili gracias a una miopía galopante que resultaba altamente peligrosa para manejar armas de fuego.

     Para librarme de la autoridad eclesiástica no tuve que hacer nada más que ignorarla hasta que hice el paripé de pasar por vicaría para casarme.

     Ignorar la autoridad civil siempre ha sido más complicado. Desde la perentoria necesidad de trabajar, para la cual tenía que someterme a los absurdos dictados, de un cretino, hasta la arrogante exigencia de todo el puñetero código civil y penal, me ha resultado muy difícil sortear tanta normativa y tanto soplagaitas a los que me he pasado por el arco del triunfo siempre que he podido.

     Los sicarios de los tiranos siempre han alegado la "obediencia debida" para justificar sus tropelías y escaquearse de la acción de la justicia, como si no tuvieran el criterio necesario para discernir lo justo de lo inadmisible, ni la valentía precisa para sortear las órdenes recibidas. Yo alego la desobediencia debida para no admitir como borregos todo lo que se nos sigue intentando imponer a pesar de los cuarenta años que llevamos de democracia y a los más de tres millones de años de evolución de nuestro puñetero cerebro.

    Pues eso.

 

ALUCINE

Mis primeros recuerdos de una sala de cine están firmemente ligados, como ocurre con tantos otros recuerdos, a una algarabía olorosa: desde higiene deficiente a desodorante de pino pasando por el del tabaco (se podía fumar), al de las patatas fritas grasientas o la loción para después del afeitado “Floid” que usaba mi padre y la mayoría de los hombres de la época. Si había palomitas, no las recuerdo.

El caso es que la magia me llamaba desde aquel lienzo blanco, y cuando se apagaban las luces y el murmullo de voces se iba apagando a los primeros sones del NO-DO, se me erizaba el vello a pesar de la ausencia de aire acondicionado, y no era por la bochornosa propaganda franquista que salía a chorros de la boca del mítico Matías Prats, sino porque empezaba el milagro de imágenes desfilando por la pantalla, luces y sombras compitiendo sincopadamente por ocupar el  tensado tejido sobre el proscenio, haces de luz bombardeando el lienzo y pintando a su paso el polvo de la sala. Las palabras grandilocuentes pesaban menos que el grito de júbilo ante la aparición del 7º de caballería o del agudo chillido de chicas y chacos cogidos por sorpresa ante la apertura del ataúd de Drácula.

El cine no escapaba a la censura y nos perdimos títulos memorables como “El gran dictador”, “Viridiana”, “Senderos de gloria” o “Por quién doblan las campanas”, por nombrar sólo algunas, y si esto fuera poco, las películas “autorizadas” estaban brutalmente mutiladas y se adivinaba el corte censor porque se empezaban a ver ralladuras de la emulsión que eran las huellas de la chapucera manipulación del rollo original.

Pero entonces nada de eso importaba a un niño que abre sus ojos a la fantasía de la luz y el sonido poblando los más inverosímiles rincones de su fantástica imaginación.

Más tarde el niño crecería y el bagaje de cientos de películas poblando su retina lo impulsó a crear sus propias fantasías, modestas, paupérrimas creaciones compartidas por cuatro locos como él en una suerte de experiencia cuasi religiosa cuyo dogma era la imaginación y su credo la impertinencia.

 

A ese cine lo mató la llegada del video y las canas, y al cine de la pantalla grande, el precio de la

Pero no alegrarse aún. Todavía queda un montón de intransigetes, y no dudeis que los vais a ver también en los órganos y cargos que surgan de este nuevo orden, ...y en el ejercito de ciudadanos con alma represora que tuercen el gesto ante una opinión gruesa y siempre se muestran dispuestos a hacerte ver el error de juicio que cometes o a dispararte:  "esa es tu entrada, las mini salas y los puestos de palomitas premium que desterraron los ambigús.

 

Ya no voy al cine, no me interesa esa concepción pesetera de la exhibición de películas. Las veo en mi casa merced a NETFLIX o a cualquier otra plataforma que me permita levantarme a mear cuando quiera o empadronarme en la andorga unos torreznos y una cerveza, pongamos por caso. No es lo mismo, lo sé, así que voy a soltar una lagrimita en cuanto acabe estas líneas. Agur.

 

CUANDO EL SABIO SEÑALA LA LUNA, EL NECIO MIRA EL DEDO. CONFUCIO. (EL QUE INVENTÓ LA CONFUCION)

Para quien no se haya enterado, que habrá dos o tres, el que suscribe está hasta las gónadas de su profesión, de sus congéneres y del pastelero mundo. Lo he ido insinuando en las perlas que cuelgan y preceden a este bonito artículo.

El problema es que mientras la humanidad sufre las vejaciones más o menos en silencio, ya sea por prudencia, ya sea por miedo, servidor, que es de epidermis fina, de tolerancia corta y de lengua viva (¿qué tal, Sabina?), no sabe callarse ni con la lengua al revés, y claro, a puro de oírte barritar o pasan de ti o te preguntan qué coño te pasa.

Es como si tienes un tumor del tamaño de la cabeza de un niño pequeño en los huevos y el médico (genio y figura) sólo se fijara en lo molestos que son tus alaridos. O como dijo Confucio, si alguien te señala lo hermosa que está la luna y tú miras el dedo.

(Pista: soy el dedo)

 

 

LA CUADRATURA DE UN ICOSAEDRO

No sé cómo me las apaño que en lo que llevamos de año he recibido toda clase de vituperios. En apenas un par de meses se me ha tildado de gilipollas, sobrado y demagogo... y todo en el ámbito familiar.  No quiero ni pensar que oiría si se quitaran la careta las escasas personas con las que me relaciono en el menos apacible mundo exterior.

Y sólo hablamos de mis cualidades personales, que si nos referimos a mi ideología se me ha etiquetado de rojo, populista, revolucionario e incluso racista. Algunos de estos cariñosos apelativos han sido emitidos fuera del ámbito familiar.

Y lo gracioso es que a veces estoy de acuerdo, pero casi siempre, no. Primero porque algunas personas somos algo más complejas de lo que les gustaría a otros elementos de la sociedad. Porque no hemos sido fotocopiados, porque nuestra biografía, nuestros sentimientos y nuestra química cerebral funciona aleatoriamente y no siguiendo los comportamientos de un rebaño. Porque lo que pienso sobre una materia puede cambiar de un día para otro en función de una cosa muy extraña que se llama vivir y reflexionar.

Puede que un día me levante socialista y gilipollas que a lo mejor es lo mismo, pero otro puedo levantarme pensando que tú, etiquetador, eres un cretino y uno de los dos días no estaré equivocado.

 

FORGES UN MUCHACHO EXCELENTE

Conocí a Forges hace cuarenta y siete años. No en persona, ¡qué más quisiera! Fue a través de sus viñetas en "La Codorniz". Yo tenía dieciséis años y estaba despolitizado como la mayoría de la gente durante la dictadura, pero comezaba a leer con avidez ese semanario de humor cuyo lema era "La revista más audaz para el lector más inteligente", no porque yo me considerara inteligente, sino porque me abría las puertas a un mundo para el que yo había nacido: el humor disimulado, la ironía, la rebeldía a la opresión,... y resulta que Forges se acomodaba a mi forma de ver el humor como un preservativo a un pene.

Empecé pues a dibujar monIgotes con una técnica similar a mi maestro y a decir cosas con el mismo estilo lingüistico de mi admirado Forges. Pero ¿qué haces a los dieciséis años criticando el régimen y la moJigataería franquistas con un padre guardia civil?, pues me dirigí al cura de mi parroquia que afortunadamente era uno de esos jóvenes eclesiásticos rojos que vio con buenos ojos mis monigotes y me permitió "colgarlos" en el Internet de la época que era el tablón de anuncios de la parroquia. A mi padre casi le da algo cuando se enteró y se dedicó a romperme en pedazos todos los dibujos que encontró y a prohibirme que me "señalara" de ese modo, y mucho menos que lo "señalara" a él si no quería que toda la familia fuera embarcada a la isla de Mahón que era donde iban los uniformados díscolos a cumplir condena.

Pasaron los años y un buen día La Codorniz crea una sección llamada "El rincón del espontáneo" donde exponen chistes dibujados por artistas noveles. Les mando uno, y para mi sorpresa me lo publican, ¡pagándome mil cuatrocientas pesetas! No me lo podía creer, era lo que ganaba en un mes como mancebo de farmacia que era a lo que me dedicaba en ese momento. Era una viñeta de características forgianas, ya que como he dicho, lo imitaba desvergonzadamente. Pensé que ahí se iniciaba mi carrera de humorista, pero lamentablemente, salvo algún que otro dibujito, apenas pude publicar más, al menos cobrando.

Pero eso es lo de menos, de Forges recibí el estímulo para seguir dibujando y aprendí a sintetizar mis pensamientos en esa maravillosa forma de expresión que es el dibujo humorístico. Le estaré siempre agradecido. He comprado todo lo que podido ver publicado desde sus recopilaciones, a la "Historia de aquí", o la "Historia Forgesporánea", pasando por toda publicación posterior hasta nuestros días.

Hace cuatro o cinco años, descubrí que tenía una página web con una cuenta de correo para poder contactar con él. Le escribí para contarle mi admiración y cómo influyó en mi vida. Para mi sorpresa me contestó agradeciéndome mi fidelidad a través de tantos años y animándome a seguir dibujando. Fue muy emocionante para mí.

Hoy lloro su pérdida como he llorado la de todas aquellas personas anónimas o notorias que han aportado algo positivo a mi personalidad o símplemente me han arrancado de la fealdad y la grisura con una sonrisa.

Un abrazo y espérame muchos años.


 

 

EL ARTE ES JODERTE DE FRIO

Soy un artista nato. También soy ingobernable y poco dado a dar su brazo a torcer, de modo que llevo muy mal que me digan los demás qué es arte y qué no lo es, y aumentando el espectro, quién es un artista y quién no lo es. Y es que hay que ver la cantidad de soplapollas que van repartiendo credenciales de esto o aquello a every thing y a every body.

Habría que empezar explicando qué es un artista, y según la definición de mis atributos varoniles, artista es aquél que crea arte.

Y ¿qué es arte?, chupado: aquello creado por un artista.

Todo esto viene a colación porque una de mis múltiples facetas es la de fotógrafo, de hecho, en en el menú principal de esta misma página hay un enlace a Flickr donde pueden ver más de siete mil fotografías realizadas por éste su humilde servidor.

Pues bien, resulta que sin yo saberlo, lo que hago no es arte sino "foto casual" a decir de otro fotógrafo al que le importa más la factura visual que el contenido.

Un primerísimo primer plano desenfocado, o un rayo de luz sobre un fondo negro sin duda pueden estar cargados de gran fuerza expresiva, pero también pueden ser una de las mayores tonterías que se han grabado en una memory card y como el arte es para mí la más alta expresión de libertad, te reconozco a ti como ser libre para hacerte pajas con lo que te plazca.

Si no te importa, permíteme que yo que me la pele con lo que crea conveniente.

Y no me etiquetes que nadie te ha pedido opinión.

 

 

LOS NUEVOS LISTOS

Tengo un conocigo (mezcla de conocido y amigo, que por otro lado es el tratamiento que debieran recibir la mayoría de nuestras relaciones amistosas) que lo es oficialmente desde hace treinta y seis años. Lo conocí siendo un chaval y no me caía del todo mal ya que era joven, ingenuo y medianamente modesto. Por una de aquellas cosas incomprensibles hemos mantenido la relación hasta el día de hoy, y digo incomprensible porque a estas alturas me he desprendido de la mayoría de mis conocigos.

Ocurrió que un día no pude tener acceso a este foro y creí que me lo había cerrado. No fue más que un mal entendido, pero me mosqueé lo suficiente para comentárselo y su respuesta fue "que no entendía cómo mis opiniones podían dar lugar a dicha medida". No pude evitar que me sentara mal ya que, sin ser un terrorista de la pluma, tiendo a ser bastante crítico, ácido e irreverente, y de sus palabras podía desprenderse que en realidad son cuentos infantiles, naderías, fruslerías que a nadie interesan ni pueden hacer daño. Se lo pasé por alto en honor a la vieja relación, pero resulta que hace algunas fechas, volví a verlo y tras expresar mi opinión sobre un asunto de actualidad me dijo que el mío era un punto de vista simplista.

¿Qué fue del joven no arrogante que conocí?, pues nada, que se matriculó en la universidad hace un par de años o tres y ha descubierto el mundo, un mundo que acoge con los brazos abiertos a pedantes y redichos.

Mira, chaval, te voy a modificar la categoría, desde hoy pasas a ser "conemigo".

 

 

 

MEA GRUPA

A menudo se me afean tres comportamientos: que generalizo en mis opiniones, que sólo veo la peor cara de las cosas, y que reacciono de forma visceral.

Las tres acusaciones son ciertas, señoría, pero vayamos por partes:

Generalizo. Sí, porque es del género oligoescaso además de imposible realizar afirmaciones excluyendo todas aquellas irregularidades que se aparten de la norma. Verbigratia: puedo afirmar: "hace calor", ¡ya está, ya he generalizado, llevazme al paredón!, porque ¿cómo me atrevo a realizar tal generalización?. Puede que yo sienta calor porque voy demasiado abrigado, tengo fiebre o estoy menopaúsico, y además, en la patagonia, en las cumbres nevadas, y en los círculos glaciares hace un frío que te rilas. Pues nada, la próxima vez tendré que decir: "hace calor, según mi percepción , mi configuración hormonal y mi situación geográfica" Las conversaciones de ascensor serán para oirlas.

Veo la peor cara de las cosas. Tocado. Pues nada, en adelante sólo veré la cara amable de mis conciudadanos sin criterio ni valores, el rostro guay de nuestros políticos incapaces y corruptos, la ternura de los déspotas, de los insolidarios, de los hipócritas, de los falsos, de los ruínes, de los avaros, de los sinvergüenzas, así como la bondad de la guerra, del hambre y de la injusticia creada por todos ellos. A partir de mañana tortilla de trankimazin para desayunar.

Reacciono de forma visceral. Vale, ya intentaré eviscerarme antes de actuar frente a aquellas situaciones injustas perpetuadas durante siglos gracias a las templadas actitudes del personal, a la pachorra, y al me la suda.

Intentaré cambiar para no ofender su fina epidermis. Faltaría más.

 

APÓSDATA, Y AFRÁTIDA

 

He querido hacer un bonito juego de palabras con los términos “apóstata” y “data”, como persona que reniega de una religión y datar o situar en el tiempo, contrayéndolas en el chulísimo neologismo de “apósdata” cuyo significado vendría a ser: “persona que renuncia a su tiempo”.

Ese soy yo. Es una quimera, lo sé, no estoy loco aún. De momento he renunciado a mantenerme informado de la actualidad (llevo cerca de tres años sin leer prensa, ver la tele o escuchar la radio).

Pero no crean que me libro sin más ni más de estar informado. Para mi desgracia, todo el mundo se empeña en ponerme al día del último escándalo político, del último chorizo detenido, del cataclismo habido en la India o de la última masacre africana. Yo pongo cara de sorprendido y vuelvo al interior de mi cerebro.

Como ya he dicho no se trata de un trastorno y que haya que poner en guardia a mi familia, más bien se trata de un soberano hartazgo de sinsabores y desgracias que desgraciadamente no puedo evitar.

El otro juego de palabras viene dado por los vocablos “apátrida” y “frater” siendo el significado del primero: “persona sin patria” y el del segundo: “hermano”, en su origen latino, dando como resultado de “afrátida”, persona sin hermanos en el sentido amplio de la palabra, es decir, semejantes. En resumen, también he renunciado a la humanidad, si bien no a toda, sí a la mayoría.

También es una renuncia tonta, ya lo sé, pero es que uno puede hacer como que está cuando se encuentra en presencia de otros seres humanos, y sin embargo hallarse mentalmente en la tierra de Oz, pongamos por caso. Se puede, probadlo.

Y es que desgraciadamente, a estas alturas, uno ya ha conocido el suficiente número de semejantes para darse cuenta de que puede prescindir de interactuar con la mayoría de ellos ya que uno debe administrar con usura lo que le queda de existencia.

Me habéis cogido en un renuncio.

 

SOCARRONERÍA TRADEMARK

                El año pasado para estas fechas, mi hermano Mario me propuso un trabajo no remunerado que consistiría en ilustrar un libro que estaba pergeñando sobre la creatividad, al que yo me apresuré a sugerir el título de “La creatividad y la madre que la parió” cuando como ya digo no era más que una idea esbozada, y es que me pirra empezar la casa por el tejado. La idea era desenmascarar falsos conceptos sobre la creatividad y poner al microscopio a ese pintoresco personaje, el cual, gusta autodenominarse “creativo”.

                Como no sé decir que no a trabajar por la filo, acepté inmediatamente, si bien he de reconocer que tenía mis dudas sobre el buen fin del proyecto, no tanto por la asombrosa capacidad de trabajo que tiene mi hermano, sino por mi fidelidad y cumplimiento.

                Y es que los artistas e intelectuales pata negra entre los que me incluyo, somos veleidosos y temperamentales y lo que parece una idea genial durante una borrachera de absenta, puede no serlo tanto durante la resaca con ibuprofeno. Pero el fin era noble, y si algo caracteriza a esta familia mía es su inquebrantable tendencia a perder el tiempo en tareas de nula rentabilidad, eso sí, haciendo un alarde de creatividad  con la inevitable marca de la casa: la socarronería, la ironía o la retranca, como ustedes gusten.

                El libro, contradiciendo mis más oscuros augurios, se terminó y autoeditó en papel bueno y a todo color costándole una pasta a su autor como colofón a los cientos de horas empleadas en tan lucrativo proyecto.

                Pero, como otra de las características que adornan a esta familia mía es la tozudez, cabezonería o persistencia, como gusten, además de una memoria frágil, nos hemos zambullido de nuevo en otro proyecto quizá más ambicioso por lo específico: la publicidad, el cual, dios mediante, verá la luz en a la vuelta del verano,  básicamente por mi culpa, porque el texto ya está muy avanzado. Esta nueva maravilla de reflexión y arte torero se titulará: “Maldita publicidad, ¿quién consume a quién?” y es un ensayo irónico sobre la publicidad  y una denuncia de la manipulación que ejerce la misma sobre los incautos mortales.

                Estamos desbocados, preparaos para lo peor.

 

 

ES LO QUE HAY

            Corría 1970 delante de los grises. Mi menda, 15 añitos, adolescente inquieto, currante en una oficina de una inmobiliaria, ignorante de lo que pasaba en mi país, y de la lucha que libraba la izquierda en la clandestinidad. Pero, desde mi bisoñez, ya había cambiado los tebeos por La Codorniz: “La revista más audaz para el lector más inteligente”, quizá fuese ese el reclamo que consiguió que gastara unas pesetas en una publicación de la que entendía muy pocas cosas. Pero algo dentro de mí me decía que allí había sabiduría, …. y algo más, no sé, rebeldía, cuestionar el sistema, lo que encajaba perfectamente con el carácter de un adolescente inquieto. A La Codorniz –en la que conseguí colocar mi primera viñeta algunos años después-,  le siguieron Hermano Lobo, Por Favor, El Papus, El Jueves, Haraquiri, y puede que alguna más que en este momento no consigo recordar. Tenían el terreno abonado, ya que los acontecimientos políticos que se desarrollaban en España propiciaban ese tipo de humor. El que firma, tuvo una epifanía: eso era lo que quería hacer, pero ¡tenía tanto que aprender y tantos maestros! Chumi-Chumez, Perich, OPS, Summers, Ivá, Forges, ….Forges me cautivó desde el principio. Desde los primeros esbozos de mis dibujos, a pesar de intentar apartarme de su estilo, no lo conseguí. Aún no lo he conseguido, y lo he intentado, pero cada vez que me aparto, no se, me parece que lo traiciono y me traiciono a mi mismo. Ellos, los humoristas, han sido mis verdaderos maestros, los que me han enseñado a mirar la vida con un guiño que dice: “No te des mucho mal, es lo que hay”.
 

DESPOJOS VIVOS

    Hace unos meses un grupito de nostálgicos cuarenta-cincuenta-sesentones acudíamos de nuevo a una cena más o menos ritual celebrada una o dos veces al año. Éramos los despojos vivos de lo que fue la más potente asociación de cinastas que ha tenido Zaragoza desde la invención del quinetoscopio: Cineceta.
    Como suele ocurrir con los vapores etílicos de la sobremesa, uno de sus miembros, el único que ha permitido que el veneno de la imagen dicte su quehacer profesional, José Ángel Alegre, nos propuso que los allí presentes recogiéramos retazos de memoria, fotos amarillentas y películas corroídas por el abandono de lo que fue el efímero esplendor de tan variopinto cenáculo.
    En lo que al que firma respecta, lamento no poder aportar gran cosa. Por lo que se refiere a material gráfico no conservo nada, y en cuanto a las remembranzas, los diez años que permanecí en sus filas bailan en mi memoria en un totum revolotum de sensaciones más que de recuerdos concretos: las reuniones inacabables en Zumalacárregui, 42 a horas intempestivas, la exposición de proyectos y la jodida financiación, los chistes, las bromas, la elección de fecha para una cena, la risa fácil de quien aún va ligero de equipaje… todo eso me queda. Y algo más. Me uní a Cineceta porque me había comprado un tomavistas de súper 8 y tenía un par de ideas para filmar, sin otra pretensión que la del puro divertimento, pero en Zumalacárregui 42, flotaban las miasmas de una terrible enfermedad cuyos síntomas eran la compulsión a coger una cámara y ponerla a trabajar. En mi caso, la enfermedad tuvo fatales consecuencias, ya que, descontento como estaba de mi trabajo fijo, y enardecido por los gritos de ¡que le den por culo a todo! que resonaban en mi mente, di la patada de Charlot a mi jefe, quemé mis naves y me metí de cabeza en el umbroso pozo del realizador por cuenta propia, desastre del que aún no me he recuperado.
    Jodido pero contento, hoy el cine queda lejos, pero los amigos de (salvo el querido y no olvidado Arsenio)  Cineceta siguen ahí, y mientras esto suceda, la dorada juventud no se marchará del todo. No puedo aportar gran cosa como ves, José Ángel, sólo mi experiencia vital. Espero que te sirva de algo. 

 

 

¿GRACIAS?

 

    A veces no hay como los amigos para ponerte las pilas. Este es mi caso. Siempre me he considerado una persona creativa, lo fuí sobre todo en los 80 y principio de los 90, pero vinieron obligaciones familiares y laborales que me colocaron en "stand by" casi 15 años. En ese momento estaba cuando en una cena de viejos roqueros de Cineceta -léase Cenaceta- José Antonio Vizarraga, director a la sazón del "El Comarcal del Jiloca" me propuso que le enviase viñetas para publicarlas en su periódico. Me hizo gran ilusión, al tiempo que me planteaba el problema de salir del "dolce far niente" en el que estaba instalado. Accedí y comencé a reciclar viejos chistes y crear nuevos para este propósito. Algún tiempo más tarde, fué Servando, con su recien creado blog quien me animó a que le enviara mis viñetas. También accedí a esta petición, al tiempo que se me colaba el gusanillo de crear mi propio blog. Dicho y hecho, diseñé mi blog y antes de que me diera cuenta ya estaba contagiado con el virus de internet: creé una web, consecuencia: apenas tengo tiempo para atender a tantos vástagos, virtuales y reales (de éstos últimos, 3). En una palabra, gracias amigos por devolverme la ilusión de volver a hacer pijaditas, pero me estan entrando muchas ganas, y sobre todo a mi mujer, de darle un hachazo al ordenador. Os enterareis si observais un ominoso silencio por mi parte.
 

PINTAMONAS

   

 En alguna ocasión, al decir que hago humor gráfico, he obtenido respuestas que van de un sorprendido "¡Ah!", como si hubiera dicho que venía de Marte, a un condescendiente "vaya, vaya, muy bien" como si hubiera afirmado que estaba aprendiendo a dejar de usar pañal. Y es que la viñeta, esa pobre incomprendida, no es sólo minimalismo expresivo, es un trabajo de síntesis a partir de una idea más o menos abstracta. En otras palabras, cuando tengo pereza, en lugar de dibujar escribo.

 

ADIÓS, ALBERTO

    Me he enterado de la muerte de Alberto Sanchez. Cineasta, fotógrafo, crítico de cine, contertulo impenitente y muchas cosas más. Lo conocí en la Tertula Cinematográfica Aragonesa en el Café Levante junto a Pedro Aguaviva, Santiago Choliz, Manolo Moreno, José Luis Gota y los también ya tristemente fallecidos José Luis Pomarón y Pedro Marqueta. Tenía aspecto de sabio despistado con su alborotado pelo gris y sus gafas de hipermétrope que magnificaban sus ojos y conferían a su mirada un aire de permanente asombro. Asombro por otro lado real, ya que como persona creativa, no hubiera sido tal sin la necesaria capacidad para asombrarse de cuanto nos rodea. Ingenio que se hacía patente en algunas frases muy suyas cuando decía que el cine amateur hay que mirarlo con las gafas de ver cine amateur, o que la televisión es el chicle de los ojos, o como cuando le decías que estabas metido en tal o cual proyecto, indefectiblemente te preguntaba: "y tu ¿qué estropeas ahí?. Siempre dispuesto a colaborar en las pelis de los amigos como en  "Las cuevas del flaco" junto a Pedro Aguaviva y éste que escribe. En nuestras cenas en Casa Emilio siempre eran seguras la buena pitanza y la divertida velada con su inacabale anecdotario. Entañable, vital, querido Alberto, mis más afectuosa despedida, descansa en paz.
 

DISTIGUIDAS AUTORIDADES: ¡QUE OS FOLLEN!

 

    El que suscribe es un currito sin empleo fijo, contratado por la administración hasta que le salga de los gemelos del sur, poco más que mileurista y ¡jódete! fumador.
    Al parecer a sus señorias no les parece suficiente tenernos a la people en situación de empleo precario, jodidos y descontentos. Como se tienen que aburrir la hostia contándose los pelos pudendos, se ponen a pensar qué más pueden hacer para amargar la vida al personal y se les ocurre que sin humo de cigarrillo se vive mejor (el de la industria o el de sus coches oficiales no cuenta) y nos joden los pocos reductos en los que podiamos ejercer como fumadores. No entraré en la hipocresía que supone recaudar impuestos con el tabaco, que esa es otra, por hoy sólo recuperaré una pijadita que ya escribí al entrar en vigor la ley anterior, ya que sigue plenamente vigente:
    Soy fumador, pero desde hoy me he impuesto la terea de hacer campaña para que los demás dejen de fumar. Me propongo con esta medida que el colectivo de fumadores pase a ser una verdadera minoría minoritaria como lo son la etnia guachupichu, pongamos por caso, que vive en el profundo Amazonas u Orinoco o donde coño sea y que como su población se reduce a unas decenas de individuos, se protege desde todos los ámbitos su cultura y costumbres (menos la antropofagia, que es de muy mal gusto para todo quisque).
    Y es que estoy cabreado con las autoridades sanitarias, (y con cualquier tipo de autoridad), porque se han empeñado que me muera de viejo, achacoso, alzheimeroso y babeante. Y me pregunto ¿por qué en lugar de tocar las narices con el tabaco no se dedican a renunciar al coche oficial que contamina un güevo, a meter mano a la industria o a meterse mano entre ellos, sin más?