RELATOS

LA MAYORÍA DE LA GENTE PIENSA QUE LO GUAY ES ESCRIBIR NOVELAS. DE MUCHAS PÁGINAS, QUE COJAS EL LIBRO Y SE TE DUERMAN LOS BRAZOS. YO ESTOY BASTANTE DE ACUERDO CON ESO, PERO NACÍ VAGO Y MORIRÉ VAGO, ASÍ QUE EN LUGAR DE UN CUBIERTO DE CINCO PLATOS, OS BRINDO LO QUE HE PODIDO ELABORAR CON UNAS SOBRAS QUE TENÍA EN EL FRIGORÍFICO.
 
 
 
 

DÉJÂ VU

           He salido a la calle y me he vuelto a encontrar a los mismos imbéciles.
 
 
 

DESPERTAR

       Cuando desperté por segunda vez la tapa del ataud aún seguía ahí.
 
 
 

IMPACTO

    El impacto en las cervicales fué tremendo, giré sobre mí mismo, oscilé dos veces y me quedé quieto, boca arriba, viendo como se iba oscureciendo el brillante sol del mes de Termidor.
 
 
 

VIRUS

    EL VIRUS SE EXTENDIÓ POR LA TIERRA Y ACABÓ CON LA BUENA EDUCACIÓN.
 
 
           

 EFICACIA

    Con nuestro mecánico de confiaza ya eran cuatro los profesionales que sorprendentemente habían empezado a prestarnos servicios de forma rápida y económica. Así se lo hice saber a mi mujer que en ese momento, con su habitual sentido práctico, ordenaba las cajas de leche por orden de caducidad. Ella no prestó mayor atención a mi comentario y se limitó a emitir un sonido de conformidad. Sonó el timbre, era el electricista que se disponía a revisar algunos enchufes de la casa. Eficacia una vez más: ni siquiera hubo que indicarle como se iba a nuestro dormitorio.
 

ENERGIA

    Desde que tengo turno de noche apenas coincidimos en casa, y es que con el cambio horario cuando yo me voy a trabajar, ella aún duerme. Ahorraremos toda la energía que quieras, pero a mi chica le trae sin cuidado: obtiene toda la que quiere de mi hemoglobina.
 

REPROCHE

      ¿Por qué me mira asi? Se adivina reproche en su expresión, sin embargo estoy seguro de haber sido respetuoso y exhaustivo en el examen. No abrigo ninguna sospecha acerca de las causas naturales que lo han traído aquí, así que procuro pensar en otra cosa mientras suturo maquinalmente la incisión en y griega.
 

UNA SEMANA AGOTADORA

    -Por cierto, ¿hoy es domingo?-, se preguntó. Nadie podía contestarle como bien sabía. Lo cierto es que estaba muy cansado, había sido una semana agotadora. Miró su obra que a todas luces era imperfecta y decidió que ya bastaba. Esas dos indefensas criaturas, su última creación, se las tendrían que apañar en el futuro como mejor supieran.
 

TODA LA VIDA

    -¡Acelera, los alemanes no van a esperar toda la vida! La perentoria orden del déspota sentado a su lado interrumpió y se confundió con la rememoración de la tarde anterior cuando Clara hacía sus maletas: “Yo necesito alguien que sepa dónde quiere ir y no voy a esperar toda la vida
    El familiar calambre en el estómago no le mejoró el estado de ánimo. Aquella úlcera era el testigo de demasiados apremios. Miró a su jefe que tenía el rostro congestionado por la exasperación que le producía la extremada lentitud. Le sonrió, miró hacia el barranco y cumplió sus órdenes.
 

UNA NUEVA SENSACIÓN

    “Con este amargor tan extraño no puedo concentrarme”, pensó mientras encendía otro cigarrillo en la penumbra del interior de su coche. Aquella sensación le dejó perplejo. No provenía de su boca, era más bien …., ¿cómo definirlo?, un estado de ánimo que lo desazonaba, jamás había sentido algo parecido. De pronto, seguir a su decimotercera víctima ya no le pareció tan atractivo, así que apagó el cigarrillo, arrancó el coche y volvió a su madriguera.
 

DEMASIADO VULGAR

    Era un día cualquiera del mes de mayo de 1.785. El cadete se levantó de la cama y se dirigió al aguamanil del rincón. Se miró en el espejo que le devolvió la imagen de un rostro vulgar con cabellos lacios que comenzaban a escasear en el nacimiento del pelo. La piel, macilenta, sin brillo y una sombra violácea bajo unos ojos que, eso si, escapaban a la vulgaridad por su mirada penetrante, aquilina. Se enfundó su uniforme de paseo que a pesar de su vistosidad, no lucía en todo su potencial debido a su baja talla.”-demasiado vulgar- dijo para sí. Probó algunas poses que no le convencieron. Su estómago protestó. Tenía hambre y comenzó a sentir la quemazón de su dispepsia crónica. Metió la mano derecha entre dos botones y comenzó a masajearse el abdomen. En esta postura: la mano dentro de la guerrera del uniforme, una pierna adelantada y la cabeza erguida, el joven militar se detuvo un momento ante el espejo:  “bueno esto ya es otra cosa –se dijo- creo que la adoptaré en adelante”.
 

JODIDO FUTBOL

    Estaba yo en Saturno, jodido de frio pero contento, cuando me llegó el lejano pero aún así audible sonido de una palabra: "goooool". Intenté concentrarme en la lectura de mi libro, pero fue imposible. Las ondas sonoras de la multitud enfervorizada que cruzaban el espacio  hacían imposible la lectura, así que conecté mi telescopio y lo dirigí hacia el ruidoso planeta. Cuando conseguí enfocar, vi un edificio circular abierto donde unos seres luchaban entre sí mientras eran animados por otros a seguir destrozandose con primtivas armas. -Extrañas gentes estos terrícolas reflexioné-. En ese momento no caí en la cuenta de que lo que estaban viendo había transcurrido hacía algunos miles de años, y que por tanto el sonido todavía tenía que ser más antiguo. Los ciclos culturales seguían repitiéndose en la tierra inexorablemente: -pobres terrícolas, reflexioné mientras me arrellanaba en mi sillón de orejas y volvía a tomar mi reconfortante lectura.
 

EYE4EYE

    Cuando sonó el timbre de la puerta aquella lluviosa mañana, David dormía. Fueron necesarios tres insistentes timbrazos para que se disiparan loas brumas del sueño. Perezosamente, se levantó y se puso una camisa. Abrió la puerta a un hombre de unos treinta y cinco años vestido con un traje gris oscuro, cabello rizado de color negro y una amable sonrisa. Se identificó como Alberto Suarez, empleado de Eye4Eye, compañía estadounidense dedicada a todo tipo de transacciones con ojos humanos.
    -¿David Fuentes?-preguntó el extraño.
    David lo miró con recelo y franca antipatía. No le gustaba que lo sacaran de la cama para verderle cosas que no necesitaba, no obstante contestó de mala gana:
    -Si, soy yo, y no necesito …-  Sin dejarle acabar, el visitante abrió una cartera de plástico y extrajo un documento  que colocó a la altura de sus ojos..
    -Vengo a ejecutar este contrato firmado por usted.
    David lo miró con asombro: -¿firmado por mí?, no sé a que se refiere.
    Alberto Suarez llevó su dedo hasta la parte inferior del folio y golpeó suavemente junto a una rúbrica.
-¿No es esta su firma?
    David miró lo que le señalaban: efectivamente, era su firma, un tanto trémula, pero era su letra.
    -Así es, pero ¿qué coño …?- .Arrebató el documento de manos de Alberto Suarez y se puso a leerlo desconcertado, el texto era breve: “Por el presente documente, el abajo firmante David Fuentes Gonzalezm, cede a Eye4Eye sus ojos para la extracción de sus corneas con fines médicos”.
    -Oiga, un momento, yo no recuerdo haber firmado este documento, y tampoco me queda muy claro su contenido.
    -Yo le aclararé con mucho gusto ambas cuestiones- . dijo el extraño. Su firma se produjo en julio del año pasado. Usted se hallaba en aquel crucero por el Mediterráneo donde conoció a Evelyn Odge, delegada comercial de Eye4Eye para Europa. Y el contenido está meridianamente claro en el texto: cede a nuestra compañía ambos globos oculares con los que se podrá beneficiar a otra persona necesitada de ellos.
    David no podía creer lo que estaba oyendo, le temblaron las piernas un segundo, recordó fugazmente a la rubia que llevó a su camerino tras una noche de bailes sensuales y alcohol en la discoteca del barco, recordó los bronceados senos y el blanco papel que extendió ante sus ojos, la pluma que puso en su mano, …. y nada más. Y después de estos meses, venía un sujeto de pelo ensortijado a reclamar sus ojos.
    -Pero. Bueno, ¿no se supone que debo estar muerto para que dispongan de ellos?
    -Así es –respondió aquel sujeto-, es lo que vengo a solucionar. Dicho esto, metió de nuevo su mano en la cartera de plástico y sacó una jeringuilla provista de una aguja hipodérmica, se llevó la aguja ecapuchada a la boca y desprendió la funda con los dientes. Sin darle tiempo a reaccionar, clavó la aguja en la vena yugular izquierda de David que se desplomó en el suelo del recibidor. Alberto Suarez entró en el piso, cerro la puerta de entrada, abrió su cartera de plástico y extrajo un estuche médico estéril.